Tensión entre Abelardo de la Espriella y Álvaro Uribe marca la transición política en Colombia

La transición presidencial en Colombia, previa a la toma de posesión del presidente electo Abelardo de la Espriella el próximo 7 de agosto, ha dejado al descubierto diferencias con el uribismo, principal fuerza de la derecha tradicional. Disputas en el Congreso, cuestionamientos a nombramientos y divergencias sobre la estrategia política evidencian que la unidad del bloque conservador atraviesa un momento de tensión. Por Julio Guzmán Acosta El Congreso revela las primeras fracturas de la derecha colombiana La etapa de transición entre el gobierno saliente de Gustavo Petro y la próxima administración de Abelardo de la Espriella ha estado marcada por señales de distanciamiento entre el presidente electo y el sector político liderado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Aunque ambos comparten una orientación de derecha y coincidieron en enfrentar al oficialismo durante la campaña electoral, los acontecimientos de las últimas semanas reflejan diferencias sobre el rumbo del nuevo gobierno. La primera gran muestra de esas discrepancias se produjo durante la elección de la presidencia del Senado. De la Espriella promovió la candidatura del congresista Alfredo Deluque, un aliado cercano, mientras que el Centro Democrático, partido fundado por Uribe, defendió la aspiración del senador Honorio Henríquez. Una votación inédita deja un mensaje político La disputa rompió con la tradición de alcanzar acuerdos previos entre las distintas bancadas para distribuir las principales posiciones del Congreso. Finalmente, Henríquez obtuvo la victoria tras recibir el respaldo del Centro Democrático, del Pacto Histórico y de legisladores de otras colectividades, en una alianza coyuntural que sorprendió al escenario político colombiano. Aunque el presidente electo restó importancia al resultado, la votación fue interpretada como un revés simbólico para su liderazgo y evidenció que el uribismo mantiene autonomía frente a la futura administración. Cruces públicos profundizan las diferencias Tras la elección comenzaron los intercambios de críticas entre figuras cercanas a De la Espriella y dirigentes del Centro Democrático. El director de esa organización, Gabriel Vallejo, publicó un mensaje defendiendo el estilo político de su partido y cuestionando, sin mencionar nombres, las estrategias basadas en la confrontación permanente desde las redes sociales. Posteriormente, Vallejo advirtió que el Centro Democrático enfrenta una estrategia para debilitar su influencia política, declaraciones que fueron interpretadas como una respuesta a los sectores más cercanos al presidente electo. Polémica por la ceremonia de posesión presidencial Otro de los puntos de fricción surgió a propósito del interés de De la Espriella de realizar su toma de posesión en una instalación militar fuera de Bogotá. La propuesta generó debate en el Senado y encontró resistencia tanto en el gobierno saliente como en algunos dirigentes del propio uribismo. Aunque la iniciativa obtuvo respaldo suficiente para seguir adelante en el Congreso, voces del Centro Democrático expresaron reservas al considerar que una ceremonia de esa naturaleza podría afectar la institucionalidad de las Fuerzas Militares. Nombramientos también generan críticas Las diferencias aumentaron después del anuncio de Didier Blanco como futuro director de la Unidad Nacional de Protección (UNP), organismo encargado de brindar seguridad a dirigentes políticos, defensores de derechos humanos y personas en situación de riesgo. Tras conocerse publicaciones antiguas del funcionario designado en redes sociales con ataques a dirigentes de izquierda, medios de comunicación y comunidades afrocolombianas, varios dirigentes del Centro Democrático solicitaron públicamente que el presidente electo reconsiderara ese nombramiento. Hasta el momento, De la Espriella no ha respondido a esas peticiones. Una nueva derecha busca espacio propio Las tensiones también se reflejan en la conformación del gabinete. Hasta ahora, De la Espriella ha privilegiado la incorporación de dirigentes provenientes de distintos sectores conservadores, sin otorgar posiciones relevantes a figuras identificadas con el uribismo tradicional. Entre las designaciones destacan Juliana Gutiérrez en el Ministerio del Deporte, Paola Holguín en Cultura, Miguel Gómez Martínez en Hacienda, Rodrigo Lara en Interior, Elsa Noguera en Transporte y Mauricio Gómez Amín en Comercio, una composición que reúne dirigentes de diversas corrientes de la derecha colombiana. Al mismo tiempo, el presidente electo impulsa la creación de un nuevo movimiento político denominado Defensores de la Patria, con el propósito de obtener reconocimiento legal y participar con candidatos propios en las elecciones regionales previstas para 2027. La relación entre ambas fuerzas será clave para la gobernabilidad Aunque el uribismo continúa respaldando en términos generales al próximo gobierno, los acontecimientos recientes muestran que la relación entre ambas corrientes políticas está lejos de ser plenamente armónica. Las diferencias sobre la conducción del Congreso, las designaciones gubernamentales y la estrategia política revelan la existencia de dos proyectos distintos dentro del espectro conservador colombiano. Las próximas semanas, una vez Abelardo de la Espriella asuma formalmente la Presidencia de la República, serán determinantes para establecer si estas discrepancias se transforman en una competencia abierta por el liderazgo de la derecha o si ambas fuerzas logran recomponer su relación para garantizar la estabilidad política del nuevo gobierno.
El juego electoral sucio en Colombia

Una señora humilde de Colombia se acercó a un observador electoral europeo y lo dejó en medio del mayor asombro posible, al preguntarle cómo podía votar por dos candidatos. La mujer le dijo que quería votar por el candidato A que le gustaba, pero que el aspirante B le había pagado para que sufragara por él. El observador quedó virtualmente anonadado y sin respuesta posible, solo pensando si estaba en presencia de algo verdadero o surrealista. Solo pudo decirle a la mujer que eso no era posible en un régimen electoral donde se respetaran las reglas. De hecho, no es posible ni siquiera en Colombia, donde se tiene uno de los sistemas electorales más atrasados y de fácil manipulación, no solo a través de la compra del voto—muy frecuente—sino ya en el propio acto electoral, pues muchos de sus procesos son altamente vulnerables. Y luego le sigue la fragilidad de su escrutinio puesto en manos privadas, en este caso, bajo el control de una empresa de unos empresarios procesados por la justicia en Estados Unidos por fraude fiscal y otros delitos. Bajo este panorama es que se dirimen en Colombia los procesos electorales como el desarrollado el domingo 31 de mayo, donde las urnas parieron un escenario en el que cualquier cosa puede suceder en el balotaje del 21 de junio. El señor Abelardo de la Espriella—abogado de narcotraficantes, de paramilitares y de evasores de impuestos—emergió como el candidato más votado con el 43.7% de los votos, frente al 40.9% de Iván Cepeda. Este cuadro no estaba previsto, aunque de antemano se sabía la dificultad para que un candidato resultase electo en primera vuelta. Es evidente que la modificación del cuadro que adelantaban las encuestas, donde Cepeda lideraba hasta la última semana, se debió al vuelco de la derecha encabezada por el expresidente Álvaro Uribe, uno de los personajes más dañinos y despreciables que ha engendrado la política colombiana. Lo más probable es que el propio Uribe, ladino como es, pasara la señal para que sus seguidores sacrificaran a la candidata Paloma Valencia y mandarla a volar. El domingo 21 de junio, los colombianos tienen la oportunidad de escoger entre un aparecido que ni siquiera vive en ese país, o Iván Cepeda, un experimentado funcionario público
¡Golpe de timón en Colombia! De la Espriella y Cepeda se juegan el futuro en segunda vuelta
El candidato de derecha sorprende en las urnas y encabeza el escrutinio, mientras el heredero político de Petro logra su pase al duelo final. El próximo 21 de junio, los colombianos definirán si apuestan por la continuidad del cambio o por una refundación desde la mano dura. Por:Redacción Internacional El tablero político colombiano ha temblado. Nadie lo cantaba en los pronósticos, pero la noche electoral deparó un desenlace tan ajustado como electrizante: Abelardo de la Espriella, abogado de derecha y empresario mediático, se alza como el candidato más votado en la primera vuelta de los comicios presidenciales, seguido de cerca por Iván Cepeda, el senador de izquierda que promete mantener vivo el legado de Gustavo Petro. La presidencia se definirá el próximo 21 de junio en un balotaje que enfrentará dos modelos de país irreconciliables. Con más del 90% de las mesas escrutadas por la Registraduría Nacional, De la Espriella obtiene un 43% de los sufragios, mientras Cepeda alcanza un 41%. La victoria en primera vuelta, que exigía superar el 50% de los votos válidos, quedó a un suspiro de distancia. En tercer lugar, muy rezagada, aparece la conservadora Paloma Valencia con apenas un 6%, lejos de cumplir el sueño de convertirse en la primera mujer en gobernar el país. La jornada transcurrió sin sobresaltos mayores, aunque bajo una atmósfera de polarización extrema. Por un lado, quienes respaldan la continuidad de las políticas sociales de Petro para combatir la pobreza y la desigualdad. Por el otro, los que exigen mano firme contra el deterioro de la seguridad, el respeto irrestricto a la empresa privada y un corte radical con un gobierno que, denuncian, ha sido incapaz de frenar a los grupos armados ilegales que florecen entre el narcotráfico y la minería ilícita. La izquierda llegó unida a la contienda; la derecha, dividida; el centro, desdibujado. Y el resultado ha sido una campaña que se encamina a un duelo entre dos visiones antagónicas: la de la continuidad reformista y la de la refundación conservadora. ¿Quiénes son los dos finalistas? Abelardo de la Espriella (47 años), líder del movimiento Defensores de la Patria, se presenta como un outsider: abogado de alto perfil, empresario exitoso, autofinanciado y ajeno a las élites políticas y económicas, aunque en las últimas semanas recibió apoyos públicos de figuras de esos mismos sectores que dice repudiar. Su bufete ha defendido desde paramilitares hasta celebridades, pasando por casos de corrupción y violencia de género. Entre sus clientes más polémicos figuró Álex Saab, el supuesto testaferro de Nicolás Maduro recientemente extraditado a Estados Unidos. Su discurso gira en torno a la seguridad, la lucha contra la corrupción, la libre empresa, Dios y la familia. Es un declarado admirador de Nayib Bukele, Donald Trump y Javier Milei. Propone una ofensiva total contra los grupos armados, fortalecer las Fuerzas Armadas, alcanzar un crecimiento económico del 5% anual y financiar programas de reducción de pobreza sin ceder al estatismo. Asegura que Cepeda representa “una amenaza para la democracia y la economía”, sobre todo por su intención de extender la prohibición de nuevos proyectos petroleros. Iván Cepeda (63 años), hijo del líder comunista Manuel Cepeda Vargas —asesinado en 1994 por paramilitares en colusión con agentes del Estado—, ha dedicado su vida a la memoria de las víctimas del conflicto, la negociación con grupos armados y la investigación del paramilitarismo. Vivió en el exilio, estudió filosofía en Bulgaria en los años ochenta y absorbió allí un socialismo reformista, alejado de la ortodoxia soviética. Congresista desde 2010, fue facilitador de los diálogos de paz con las Farc en 2016 y es parte activa de la política de “paz total” de Petro, pese a las críticas por sus magros resultados. Propone continuar las reformas sociales del actual presidente, ampliar el rol del Estado en la economía, combatir la corrupción, disminuir la desigualdad y profundizar en la educación universitaria gratuita y la cobertura de salud. Sin embargo, su agenda genera inquietud entre los economistas por la delicada situación fiscal del país y rechazo entre quienes se niegan a negociar con grupos armados. El 21 de junio, Colombia elegirá entre dos destinos: el del cambio con continuidad o el de la ruptura con mano firme. El país, acostumbrado a las paradojas, se apresta a vivir una segunda vuelta que promete ser inolvidable.