UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Nosotros ante el mundo

En la referida investidura estuvo presente ese amasijo de personajes y primeros ejecutivos de países que integran la internacional reaccionaria: xenófoba, ultranacionalista, misógina y homófoba que comparten algunos sectores sociales, políticos, eclesiales y de la academia de nuestro país y que de esas taras hacen religión… y proselitismo político. Ágora Por César Pérez A lo largo de la historia, todos los imperios se expandieron a través del avasallamiento a pueblos vecinos y lejanos. La fuerza y la humillación fue un recurso generalmente utilizado para someter a la obediencia a las comunidades avasalladas, sin importar diferencias o jerarquía social de los grupos que la integraban. Toda gran potencia tiende a justificar su expansión militar, cultural y económica por un sentimiento de superioridad pretendidamente étnica o cultural, y no pocas veces pensando tener un mandato divino. En esencia, la soberbia es el dínamo impulsor de ese sentimiento. El discurso de investidura de Trump en un escenario que reunía la crema y nata del pensamiento que pretende ser único y guía del mundo, es un ejemplo. De esa circunstancia no podemos abstraernos. En efecto, el mundo vive un peligroso y angustiante momento, el momento en que en varios países los sectores del conservadurismo y la derecha tradicional son desplazados por grupos económicos emergentes que controla los medios de comunicación, a través de los cuales manipulan gran parte del mundo haciéndola consumidores todo tipo y presas de sus ideas, además de otros medios de la producción del capitalismo moderno. Estos amasan fortunas violando las reglas tradicionales para la reproducción del capital y al margen de cualquier conciencia de clases que guía su acumulación originaria. Una nueva clase capitalista desclasada, lumpen, como es llamado ese sector de la clase trabajadora que, falto conciencia de clase, se vende y traiciona su propia clase, situándose al margen de todo principio, de toda ley. En la referida investidura estuvo presente ese amasijo de personajes y primeros ejecutivos de países que integran la internacional reaccionaria: xenófoba, ultranacionalista, misógina y homófoba que comparten algunos sectores sociales, políticos, eclesiales y de la academia de nuestro país y que de esas taras hacen religión… y proselitismo político. En ese sentido, no están descaminados aquellos que temen que esos sectores traten de incidir en varias instancias sociales y del poder para que nuestro país se sume al diseño de dominación que para esta región del mundo quiere imponer el sector que en esta semana ha asumido el total control de las instituciones de EEUU. Ese sector, en materia de expansionismo imperial se propone metas que violan toda regla de mínimo respeto a derechos de países a su soberanía e integridad territorial. En ese tenor, las amenazas contra países como México, Panamá y la propia Canadá causan temor aunque es sea cierto que estas difícilmente vayan más allá de pura retórica porque llevarlas a cabo en el plano militar es en extremo difícil y oneroso para el país agresor. Pero, en la esfera de la economía sí ha de esperarse acciones que tensen no sólo la situación de esta región, sino del mundo. Pienso en la presencia China en esta zona, y en las pretensiones del núcleo duro del poder norteamericano de ponerle límites sin importar medios ni consecuencias. EEUU nunca le ha interesado la suerte de los países que están al sur de su frontera, siempre los ha tenido como su patio, mal cuidado, pero con plena y malhadada conciencia de que le pertenece. La sostenida y activa presencia China en este patio motiva celos a su pretendido dueño. Por consiguiente, la guerra avisada para proteger áreas de influencias y de dominio imperial en el contexto de cómo se nueve el mundo y en la búsqueda de una hegemonía irremediablemente perdida por la acción del tiempo y de la historia puede conducir a acciones desestabilizadora y trágicas para algunos países. A la corta o a la larga, esta circunstancia obligará a una toma de posición que no podrá ser otra que el apoyo a los que eventualmente puedan ser víctimas, no sólo en defensa de su integridad, sino porque alinearse a proyectos de dominación imperial se paga al final con el subyugamiento, con aceptar la soberbia de quien se arroja el derecho de asignar a un país, a una comunidad o a un grupo social un lugar de inferioridad o de infancia perpetua (incapacidad de llegar a la adultez, de valerse por sí mismo). La era de los imperios omnipotentes y omniscientes ha terminado, pero no así el sueño de algunos grupos, esta vez económicos de vocación profundamente política e ideológica que intentan crear un sistema que, con absoluta propiedad, sí podría llamarse un imperio del mal. Hay quienes piensan que esa amenaza debe enfrentarse conformando un bloque alternativo defensor de los históricamente “pueblos olvidados y saqueados” del mundo. Otra ilusión, eso difícilmente puede lograrse si en ese bloque prevalecen países que han sido también invasores/opresores y negadores de derechos humanos fundamentales. Por consiguiente, estos tiempos invitan a la prudencia, la inteligencia y la sabiduría, apostando por un mundo sustentado en valores que no han perimido, entre otros: la libertad, la igualdad y la solidaridad. Es lo menos a lo que como país podemos y debemos aspirar. Defendiendo esos principios, es la mejor manera de defender nuestro futuro como nación, lo contrario es apostar a la pérdida irremediable de esa condición.

EDITORIAL

El Regreso de Trump: Un nuevo capítulo en la ola reaccionaria global   La semana pasada, el mundo se sacudió con la noticia del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, un acontecimiento que marca el inicio de un nuevo capítulo en la política estadounidense y, por extensión, en el escenario global. La victoria del expresidente no solo representa un cambio de liderazgo, sino también el resurgimiento de una ola reaccionaria que amenaza con deshacer años de avances en derechos humanos y sociales. Desde su primera campaña, Trump ha sido un abanderado de políticas de derecha que han fomentado la xenofobia y la criminalización de los inmigrantes. Su retórica incendiaria, que lo ha llevado a referirse a los migrantes como \\\»enemigos internos\\\», ha creado un ambiente de hostilidad y miedo. Con su regreso, se anticipa un endurecimiento de las políticas migratorias, que podrían incluir expulsiones masivas y un aumento en la vigilancia de comunidades inmigrantes. El trumpismo, más que una simple agenda política de extrema derecha es un fenómeno que se alimenta de la desinformación y la manipulación. Trump ha demostrado una habilidad inquietante para contaminar el debate público, utilizando mentiras y medias verdades para socavar la confianza en las instituciones democráticas. En un mundo donde las noticias falsas pueden cambiar el rumbo de la opinión pública, su regreso a la presidencia plantea serias preguntas sobre el futuro de la democracia en Estados Unidos y más allá. La victoria de Trump también tiene implicaciones geopolíticas significativas. Su estilo impredecible y su falta de complejos en el manejo de relaciones internacionales podrían alterar los equilibrios con potencias como China y Rusia. La situación en Gaza y el papel de Vladímir Putin en la escena global son solo algunos de los temas que se verán afectados por la reactivación de una agenda que prioriza el nacionalismo y el aislamiento sobre la cooperación internacional. En este contexto, el papel del periodismo se vuelve más crucial que nunca. La necesidad de un periodismo riguroso, veraz e independiente se hace evidente ante la amenaza de la desinformación que Trump y sus aliados han cultivado. La lucha contra la ola reaccionaria no solo es una cuestión de política, sino de defender los valores democráticos y los derechos humanos que han sido conquistados con tanto esfuerzo. La agitación que se avecina no solo afectará a Estados Unidos, sino que también tendrá repercusiones en Europa y América Latina, donde los movimientos de extrema derecha se ven fortalecidos por el ejemplo de Trump. La historia ha demostrado que el ascenso de líderes autoritarios a menudo va de la mano con la erosión de los derechos civiles y la persecución de aquellos que se atreven a disentir. En este nuevo tiempo de incertidumbres, es fundamental que la sociedad civil se mantenga alerta y comprometida en la defensa de la verdad y la justicia. La lucha contra la desinformación y la promoción de un discurso inclusivo son tareas que deben ser asumidas por todos. La historia nos enseña que la democracia no es un estado permanente, sino un proceso que requiere vigilancia constante. Así que, en este momento crítico, hacemos un llamado a todos: apoyen el periodismo independiente y comprometido. La verdad es nuestra mejor arma contra la ola reaccionaria que amenaza con arrastrarnos hacia un pasado que creíamos superado. La lucha apenas comienza, y cada voz cuenta.