UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

El Pentágono en Palacio: Hegseth Afila la \»Lanza del Sur\» en Santo Domingo

En una visita de alto nivel, el secretario de Defensa de EE.UU. se reunió con el presidente Abinader para sellar una ofensiva bilateral contra el narcotráfico, una alianza que Washington proyecta como un \»modelo\» regional mientras incrementa su presión sobre el gobierno legítimo de Maduro. Por Servicios umbral.local/ SANTO DOMINGO.— Con la discreta solemnidad que imponen los asuntos de Estado, el secretario de Defensa de los Estados Unidos, Pete Hegseth, descendió este miércoles de un C-32 de la Fuerza Aérea norteamericana en el Aeropuerto Internacional de Las Américas para sellar, tras puertas cerradas en el Palacio Nacional, una alianza estratégica que trasciende las fronteras dominicanas. Su reunión con el presidente Luis Abinader, previamente anunciada por el mandatario como un esfuerzo para “profundizar el trabajo conjunto” contra el narcotráfico internacional, consolida a la República Dominicana como un bastión clave en la geopolítica de seguridad hemisférica y convierte al gobierno de Luis Abinader y el PRM en un lacayo al servicio sin condiciones del gobierno de Donald Trump. La comitiva del jefe del Pentágono, integrada por la embajadora Leah Francis Campos y un séquito de asesores de alto rango, fue recibida con honores militares por el ministro de Defensa, teniente general Carlos Fernández Onofre. El protocolo, impecable, no pudo ocultar el trasfondo urgente de la visita: coordinar la ofensiva contra las redes del narcotráfico que, según Abinader, han incrementado su producción “especialmente de cocaína” desde Sudamérica. Frente a este desafío común, la administración Trump ha desplegado en el Caribe un operativo militar sin precedentes, donde la “Operación Lanza del Sur” ha destruido embarcaciones y neutralizado a decenas de presuntos traficantes. El Telón de Fondo Geopolítico: La Sombra de Caracas Más allá del refuerzo a la cooperación bilateral, la visita de Hegseth no puede disociarse del gran tablero regional. El comunicado del Departamento de Defensa, que habla de “proteger a nuestros socios regionales”, enmarca una estrategia donde la mira está puesta en Venezuela. Washington acusa al presidente Nicolás Maduro y al cartel creado por la administración Trump llamado “Cartel de los Soles” de liderar una “organización terrorista” que inunda la región de drogas, una designación que Caracas ha tildado de “ridícula patraña”. La presencia del portaaviones USS Gerald Ford, el más grande del mundo, en aguas del Caribe, envía un mensaje de fuerza disuasoria. Mientras Hegseth y Abinader conversaban en Santo Domingo, el presidente Trump dejaba entrever en declaraciones públicas la dualidad de su aproximación: “Si podemos salvar vidas, si podemos hacer las cosas por las buenas, está bien. Y si tenemos que hacerlo por las malas, también estaría bien”. Una retórica que mantiene la tensión entre la vía diplomática y la acción militar directa. Una Alianza con Rostro de \»Modelo\» En este contexto, la colaboración con República Dominicana emerge para Washington como un prototipo de éxito. La “Operación Lanza del Sur”, que ha permitido a autoridades de ambos países interceptar cargamentos de droga procedentes del sur del continente, es la punta de lanza de esta asociación. Hegseth, en declaraciones previas, no ha dudado en calificar esta alianza como un “modelo para la región”, un ejemplo de cooperación táctica y de inteligencia que esperan replicar con otras naciones. La agenda del secretario, que incluyó además un encuentro técnico con el alto mando militar dominicano, busca institucionalizar este modelo. Se trata de una asociación que, según las fuentes, combina el despliegue provisional de efectivos y aeronaves estadounidenses con un firme compromiso local, simbolizado por la presencia en la reunión de los titulares de Relaciones Exteriores, Defensa, la Presidencia y la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI). La declaración conjunta ante los medios al cierre de la jornada se anticipa como el escenario donde ambos gobiernos proyectarán una unidad inquebrantable. Mientras el secretario Hegseth regresa a Washington, Santo Domingo se consolida no solo como un aliado, sino como la piedra angular de una estrategia estadounidense que busca contener el flujo de drogas y, de paso, aumentar la presión sobre el gobierno legítimo de Caracas que se resiste y que ha puesto a su pueblo en alerta ante el desplegue militar de Estados Unidos. En ese escenario, el gobierno de Luis Abinader y el PRM se han destacado como serviles y lacayos ante la administración de Donald Trump, cosa que ningún otro gobierno había hecho.

El Jefe del Pentágono Desembarca en Santo Domingo

En una visita histórica que marca el nuevo eje de la seguridad hemisférica, el secretario de Guerra Pete Hegseth se reúne con el presidente Abinader para fortalecer la ofensiva contra el narcotráfico, en medio de la creciente tensión con Venezuela y las sombras de casos locales que manchan la escena política. Por Julio César Guzmán Acosta  SANTO DOMINGO.— Con la precisión de un movimiento estratégico en el tablero geopolítico del Caribe, el secretario de Guerra de los Estados Unidos, Pete Hegseth, arribó este miércoles a suelo dominicano. Su aeronave, un avión ejecutivo de la Fuerza Aérea norteamericana, tocó tierra en el Aeropuerto Internacional de Las Américas, iniciando la primera visita de un jefe del Pentágono en funciones a la República Dominicana, un gesto que trasciende el protocolo para convertirse en un símbolo de alianza reforzada en tiempos de complejas turbulencias. La agenda del alto funcionario, meticulosamente coreografiada, incluyó un primer diálogo privado con el personal de la Embajada estadounidense a bordo de su nave, antes de ser recibido con honores en el Salón de Embajadores y dirigirse al Palacio Nacional. A las 2:30 de la tarde, en la solemnidad del Salón Verde, el presidente Luis Abinader le dio la bienvenida, sellando un encuentro cuyo objetivo central, según adelantó el mandatario, es “continuar la coordinación” en la lucha contra un narcotráfico que calificó de creciente. “Esta es una lucha fuerte y más en algunos países, principalmente de Sudamérica, que han aumentado la cantidad de producción de narcotráfico, especialmente de cocaína”, afirmó Abinader días antes, delineando el escenario de urgencia. La Sombra Alargada de Venezuela y los Fantasmas Locales La visita de Hegseth no opera en el vacío. Se produce en el contexto de un despliegue militar estadounidense sin precedentes en aguas del Caribe, una operación que Washington justifica como una respuesta directa a las actividades del llamado “Cartel de los Soles” un engendro inventado por Estados Unidos, y que atribuye al gobierno legítimo de Nicolás Maduro. Desde agosto, el mundo ha sido testigo de cómo lanchas rápidas, presumiblemente venezolanas, son interceptadas y atacadas por las fuerzas norteamericanas en una demostración de fuerza que Caracas interpreta como una amenaza abierta. Sin embargo, el narcotráfico no es un fantasma lejano. Mientras las más altas esferas diplomáticas se estrechan la mano, la realidad dominicana se ve empañada por una siniestra galería de casos que vinculan a figuras políticas locales con el tráfico de estupefacientes. La nota de Hegseth resuena con eco particular ante los recientes procesamientos en cortes estadounidenses de dirigentes del mismo partido de gobierno, el PRM. El caso del regidor Edición Herrera Silvestre, quien admitió su culpabilidad, o la condena del exdiputado Miguel Gutiérrez, permanecen como un recordatorio incómodo de que el cáncer del narcotráfico también corroe las estructuras domésticas. Una Alianza en Acentuado Fortalecimiento Esta es la segunda visita de alto nivel desde Washington en menos de una semana, tras la de una comisión congresional encabezada por el republicano Brian Mast. El ritmo de los intercambios evidencia la decisión de la administración Trump de estrechar lazos con el gobierno de Abinader de una manera decidida, una política que ya se materializó con el envío de la nueva embajadora, Leah Campos, quien presentó sus credenciales apenas el pasado 19 de noviembre. El cierre de la jornada estuvo marcado por una declaración conjunta ante la prensa, el escenario donde ambos gobiernos buscaron proyectar una unidad inquebrantable. La visita del secretario Hegseth, por tanto, queda inscrita no solo en los anales de la diplomacia bilateral por su carácter histórico, sino como un capítulo más en la reconfiguración de las alianzas de seguridad en la región, una jugada donde la República Dominicana se erige como un peón crucial en un juego cuyas reglas se escriben entre los despachos de Washington y las aguas turbulentas del Caribe y donde el gobierno de Luis Abinader y el PRM se han mostrado con un entreguismo que no se conocía hacia las políticas de Donald Trump.

Caribe Bajo Tensión: La Visita Estratégica del Secretario de Defensa de EE.UU. A República Dominicana 

La llegada de Pete Hegseth a Santo Domingo, enmarcada en un masivo despliegue militar norteamericano y la crisis venezolana, trasciende la cooperación antidrogas para revelar una región convertida nuevamente en frontera geopolítica prioritaria para Washington. Por Julio Guzmán Acosta Santo Domingo. – La República Dominicana se apresta a recibir en los próximos días al secretario de Defensa de los Estados Unidos, Pete Hegseth, en una visita que, si bien fue oficialmente anunciada como una jornada de coordinación contra el narcotráfico, se proyecta sobre un telón de fondo de creciente tensión militar en el Caribe, la más significativa en tres décadas. Hegseth se convierte así en el primer titular de la Pentágono en realizar una visita oficial al país, una circunstancia que subraya el peso estratégico que Washington otorga a la isla en un momento de alta volatilidad regional. El presidente Luis Abinader confirmó el encuentro, señalando que su propósito es \»continuar la coordinación de acciones conjuntas\» en la lucha antinarcóticos. \»Seguimos trabajando con los Estados Unidos porque esta es una lucha fuerte, y más con algunos países que han aumentado la producción de drogas, especialmente de cocaína\», afirmó el mandatario. No obstante, entre líneas de la comunicación oficial se percibe un alcance mayor, uno que conecta la cooperación binacional con la urgente necesidad de Estados Unidos de consolidar alianzas en su patio trasero inmediato. Un Mar Militarizado El contexto inmediato de esta visita es una movilización de recursos navales y aéreos estadounidenses en el Caribe que no se observaba desde el ocaso de la Guerra Fría. Cerca de una cuarta parte de toda la flota desplegada globalmente por la Armada de los EE.UU. opera actualmente en estas aguas. La pieza más emblemática de este despliegue es el portaaviones USS Gerald R. Ford, el buque de guerra más grande del mundo, que navega acompañado de su grupo de ataque: destructores, fragatas, aeronaves de última generación y sistemas de vigilancia de vasto alcance. A esta fuerza de superficie se le suma la silenciosa pero poderosa presencia de al menos un submarino nuclear, un instrumento de disuasión por excelencia. Esta acumulación de poderío no es un ejercicio abstracto. El Comando Sur ha intensificado sus operaciones, desplegando aviones de patrulla marítima, drones de largo alcance y helicópteros antisubmarinos desde bases estratégicas como Puerto Rico. El resultado es un control férreo de las rutas marítimas, con interceptaciones constantes de embarcaciones sospechosas, en un esfuerzo por estrangular las redes del tráfico ilícito. El Epicentro Venezolano El legítimo gobierno de Venezuela funciona como el motor principal de esta tensión. La clara política antiimperialista del gobierno de Caracas y la procura constante de EE.UU. de fracturar las Fuerzas Armadas venezolanas y la supuesta influencia de redes criminales asociadas al aparato estatal han empujado a Caracas a diseñar toda una estrategia de resistencia que desde Washington responden con un endurecimiento de las sanciones y la evaluación de escenarios que buscan contrarrestar la influencia del gobierno chavista. Esta dinámica ha transformado el Caribe en un espacio de fricción potencial. El cierre de espacios aéreos, la cancelación de vuelos comerciales y la militarización de las rutas marítimas elevan el riesgo de incidentes en una zona históricamente sensible, donde cada movimiento es interpretado a la luz de un pulso geopolítico más amplio. La Diplomacia del Poder En este tablero reconfigurado, la República Dominicana emerge como un nodo estratégico indispensable. Su privilegiada ubicación geográfica la convierte en un punto de cruce vital para el monitoreo de tráfico aéreo y marítimo. Los acuerdos de interoperabilidad e intercambio de inteligencia que ya mantiene con Washington adquieren, en el actual clima de crispación, un valor incalculable. La visita de Hegseth, por tanto, aunque de contenido formalmente operativo, es un acto de diplomacia cargada de simbolismo. Para Estados Unidos, se trata de reafirmar alianzas y proyectar una imagen de estabilidad y control en una región que ha vuelto a ser una frontera prioritaria. Para la República Dominicana, el reto consiste en navegar el delicado equilibrio de asegurar una cooperación estratégica que fortalezca su seguridad, sin verse arrastrada al vértice de una confrontación ajena. El Caribe, una vez más, es escenario donde la diplomacia y la fuerza operan en una sinfonía de alta tensión, y Santo Domingo se encuentra en el centro de la orquesta.

Trinidad y Tobago moviliza a su ejército ante crisis caribeña

Trinidad y Tobago moviliza a sus fuerzas ante la creciente tensión entre Estados Unidos y Venezuela, mientras el gobierno insiste en la normalidad operativa y la ciudadanía, presa del nerviosismo, vacía estantes de supermercados. Por Julio Guzmán Acosta PUERTO ESPAÑA, Trinidad y Tobago.— Un silencio elocuente, cargado de la pesada humedad del trópico, se cierne sobre el Cuartel Teteron en Chaguarama y se extiende por todas las bases militares de esta nación archipiélago. Es el silencio que precede a la tormenta, o al menos, el que sigue a una orden inusual: las Fuerzas de Defensa de Trinidad y Tobago (TTDF) han sido puestas en Alerta Estatal Uno, la fase primigenia de su plan de defensa nacional, y se ha dictaminado el regreso inmediato de todo el personal a sus cuarteles. La medida, confirmada a esta redacción por un alto oficial castrense bajo condición de anonimato, surge en el contexto de una escalada retórica y militar en el Caribe, donde los buques de guerra estadounidenses navegan a escasas millas de las costas venezolanas. Trinidad y Tobago, cuyo territorio insular se encuentra a un suspiro geográfico—apenas 11 kilómetros—de Venezuela, parece haberse convertido en el tablero donde se juega una partida de alto riesgo entre Washington y Caracas. Fuentes castrenses bien informadas aseguran que altos mandos mantuvieron conciliábulos a puerta cerrada durante largas horas este viernes, deliberando sobre la respuesta adecuada a la volatilidad del entorno regional. El oficial consultado por EFE arguyó que la alerta es, ante todo, “una medida de precaución destinada a garantizar la plena operatibilidad” de las fuerzas armadas. Sin embargo, la brusca convocatoria ha desatado un vendaval de especulaciones y un palpable clima de inquietud entre la población civil. La Negación Oficial y el Pálpito Ciudadano Frente a la alarma, la voz gubernamental ha intentado erigir un dique de tranquilidad. En el hemiciclo parlamentario, el ministro de Defensa, Wayne Sturge, se negó con evasivas diplomáticas a confirmar o desmentir los movimientos, amparándose en el interés público y la seguridad nacional. Su homólogo de Seguridad Nacional, Roger Alexander, fue más lejos al tildar la movilización de “mero ejercicio operativo rutinario”. No obstante, tales afirmaciones chocan frontalmente con la realidad que vive la calle. En la capital, Puerto España, y sus alrededores, se registró un éxodo temprano de oficinas y fábricas. Padres acudieron presurosos a recoger a sus hijos de los colegios, mientras los supermercados veían cómo sus estantes de agua embotellada, alimentos enlatados y otros víveres de primera necesidad se vaciaban con celeridad inusual. El temor a quedar atrapados en el fuego cruzado de un conflicto ajeno, pero geográficamente próximo, se propagó con la velocidad de un rumor. La primera ministra, Kamla Persad-Bissessar, salió al paso de los temores: “No hay evidencia alguna de un ataque inminente de los Estados Unidos contra Venezuela”, declaró en un intento por serenar los ánimos. Sus palabras, no obstante, parecen flotar en un mar de incertidumbre, navegando entre las advertencias de Caracas y las negaciones de Washington. La Sombra de dos Gigantes El origen de esta crisis de confianza se encuentra en la creciente presencia militar estadounidense en aguas del Caribe oriental, un despliegue ordenado por la Administración Trump que ya incluye un destructor y que, según los reportes, pronto se verá reforzado por la llegada del mayor portaaviones de la flota. El pretexto público es la intercepción de narcóticos, pero la prensa norteamericana, con el Miami Herald y The Wall Street Journal a la cabeza, ha insinuado que los planes podrían ser más ambiciosos y contemplar ataques contra instalaciones militares en Venezuela. Desde Caracas, el presidente Nicolás Maduro, cuya voz ha encontrado eco en su canciller, Yván Gil, ha lanzado un dramático llamamiento al pueblo trinitense: evitar que Estados Unidos “meta una guerra en el Caribe”. La advertencia va más allá: son las naciones vecinas, como Trinidad y Tobago, las que sufrirían “las consecuencias más lamentables de una intervención”. Mientras el presidente Trump desmiente cualquier intención belicista, la maquinaria se ha puesto en marcha. Las unidades del Primer y Segundo Batallón, los ingenieros en Cumuto y el Batallón de Servicios en Teteron han recibido la orden de presentarse en sus puestos. La nación contuvo el aliento, preguntándose si esta movilización es el preludio de una tormenta geopolítica o simplemente, como insisten sus gobernantes, un ejercicio de rutina en un día extraordinariamente tenso.

Trump ensañado contra Cuba

Desde su regreso a la casa Blanca el excéntrico y megalómano Donald John Trump, partidario de la Teoría del destino Manifest, ha enfilado su política contra sus vecinos a ambos lados de sus fronteras (Canadá y México), y siguiendo la política de su antigua administración se ha ensañado mucho más contra Cuba, Venezuela y Nicaragua. Dentro de sus primeras medidas fue la revocación de una de las últimas medidas de la administración de Joe Biden sacando a Cuba de los supuestos países que propician el terrorismo, para incluirla nuevamente en tan nefasta e injusta lista. No se han conformado con haber sometido a la revolución y al pueblo cubanos a un bloqueo criminal económico y financiero de más de 64 años. Desde aquel histórico primero de enero de 1959, fecha del triunfo de la Revolución, trece administraciones estadunidenses han tratado por todos los medios derrotarla y no han podido. A tan solo tres meses de su juramentación como el trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos el ex senador del Estado de Massachusetts, John Fitzgerald Kennedy, siguiendo los planes de su antecesor Dwight D. Eisenhower, ordenó una invasión a Cuba. El 19 de abril de 1961,  tropas  mercenarios reclutadas  y financiadas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), brazo ejecutor de la política subversiva  y de terror exterior de  todas las administraciones de los EEUU, desembarcaron en Playa Girón, en el  municipio de la Ciénaga de Zapata de la provincia de Matanzas, siendo derrotadas  en menos de 72 horas por el gobierno y pueblo cubanos dirigido personalmente por el líder de la revolución Fidel Castro Ruz, hecho del que nunca se han repuesto los halcones del Pentágono. Es de ahí que lo que no pudieron con las armas, las administraciones yanquis de ambos partidos, Demócrata y Republicano, han pretendido hacerlo recurriendo a un bloqueo criminal económico y financiero que lleva más de 6 décadas, privando a esa hermana República y su heroico pueblo de elementos fundamentales para su desarrollo, económico, científico y de salud. Más de 240 leyes y medidas han sido dictadas contra el pueblo y la revolución cubana. Medidas como la Ley de Asistencia Exterior promulgada el 4 de septiembre de 1961; seguida de la Proclama Presidencial 3447, del presidente Kennedy, del 3 de febrero de 1962, que implementó el bloqueo comercial y financiero. A estas se suman otras regulaciones como la del Control de Activos Cubanos de 1963, y medidas administrativas que restringen el comercio, las finanzas y otras actividades. Como la Ley de Comercio con el Enemigo de 1917, Ley para la Administración de las Exportaciones (1979):  la Ley Torricelli de 1992, Ley Helms-Burton de 1996. Desde 1992, el embargo estadounidense a Cuba tiene un carácter extraterritorial estableciendo sanciones a terceros países que acojan a subsidiarias de empresas cubanas. A esto se agrega la inclusión nuevamente de Cuba en la lista de países que supuestamente apoyan el terrorismo, y nuevas medidas que endurecen las ya existentes restricciones financieras y comerciales contra el gobierno y el pueblo cubano. Frente a esa política criminal, la Asamblea General de la ONU ha venido evacuando durante los últimos 33 años de manera permanente una resolución contra el bloqueo criminal. La última resolución de la ONU, la número 34 que condena el bloqueo a Cuba fue en 2024 dónde de 190 países presentes, 187(98%) votaron repudiando el bloqueo, dos a favor de mantenerlo, como es lógico Estados Unidos y sus socios sionistas de Israel, y una (1) abstención de la pequeña Moldavia. Frente a la posibilidad de que la condena abrumadora de los países miembros de la Organización de la Naciones Unidas se repita, la administración Trump amenaza y presiona a gobiernos en todo el mundo, especialmente en América y Europa, para que se sumen a votar por el mantenimiento de bloqueo contra el pueblo cubano, o que se abstengan de votar en ninguna dirección, lo cuál sería un triunfo para el gobierno estadounidense. El gobierno del presidente Luis Abinader no puede ceder frente al chantaje de la administración Trump frente al caso del bloqueo, como lo hizo con la exclusión de ese y otros países  de  la Cumbre de las Américas, y debe mantener la solidaridad fraternal entre nuestros pueblos sellada en el Manifiesto de Montecristi hace 130 años entre José Márti y Máximo Gómez, y la solidaridad del pueblo cubano en nuestra  lucha contra la tiranía de Trujillo expresada en la fallida gesta de Cayo Confites en 1947 y en las patrióticas  de 1959 de Constanza, Maimón y Estero Hondo. La política militarista y agresión de Trump debe ser rechazada. América Latina y el Caribe deben ser zonas de paz entré nuestros pueblos y naciones. No al bloqueo criminal contra Cuba.

América, una zona de paz 

VISIÓN GLOBAL  Durante décadas, América Latina ha vivido en completa paz, sin conflictos de consideración, estabilidad política como pocas zonas del mundo, en fin, una región sin las terribles realidades de otras latitudes. Podemos asegurar que los demás continentes envidian la paz que se respira en el llamado nuevo mundo. Este largo periodo de paz no ha sido un regalo de nadie, sino que se ha debido a la determinación de su gente de olvidar la conflictividad que sean las cuestiones menudas del día a día. No es que los americanos sean gentes cobardes; todo lo contrario, pues cuando se nos busca, se nos encuentra, para referir una expresión popular. Sin embargo, la vuelta de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos ha alterado ese clima, pese a que él se autodefine abanderado de la paz, al extremo de hacer campaña para obtener ese galardón que otorga la Academia Sueca. Su discurso se afinca en que ha eliminado varios conflictos armados y lucha para detener la guerra ruso-ucraniana, y que logró la firma de un acuerdo para detener la guerra entre Israel y Hamas, que no ha sido una guerra en el sentido clásico, sino una horrible masacre de la población civil en la Franja. Ahora bien cabe la pregunta siguiente: ¿Si el presidente estadounidense tiene estás pretensiones de considerarse un adalid de la paz, cómo al mismo tiempo abre dos conflictos con países de su mismo continente que no son amenaza bélica para Estados Unidos? La verdad que no entiende la lógica ni tampoco la razón para que Trump quiera alborotar militarmente a la región con su hostilidad hacia Colombia y Venezuela. Todos reconocemos el derecho y hasta la obligación que tienen Trump y el Gobierno estadounidense para tratar de frenar el ingreso de drogas al territorio. En eso nadie puede estar en desacuerdo. Pero la lucha contra el tráfico de drogas sería mucho más efectiva si se empezara por eliminar las conexiones internas que tienen los carteles a muy alto nivel. Acabando con la altísima demanda interna y con golpes severos a las estructuras financieras que manejan el producto del narcotráfico, de seguro que los procesadores en sudamérica dejarían el criminal negocio. nelson.encarna10@gmail.com

Nuevo Golpe a la Cumbre: Presidente de Colombia Boicotea Cita Hemisférica

Gustavo Petro se suma a la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum en el rechazo a la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela, dejando al evento diplomático dominicano sin dos de sus principales figuras. Por Theo N. Guzmán BOGOTÁ.— La X Cumbre de las Américas, que debía consolidar la posición internacional del gobierno de Luis Abinader, se enfrenta a una crisis de legitimidad tras el anuncio del presidente de Colombia, Gustavo Petro, de no asistir al evento en protesta por la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela. La decisión, comunicada  a través de la red social X, representa el segundo golpe consecutivo a la cita diplomática programada para diciembre en Punta Cana, luego de que la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum confirmara similar determinación el pasado lunes. \»El diálogo no comienza con exclusiones\», escribió Petro en una extensa publicación que dejó claro el creciente malestar en la región frente a lo que varios gobiernos perciben como una política de segregación impulsada desde Washington. El mandatario colombiano, además, vinculó su decisión al reciente ataque de Estados Unidos contra una supuesta narcolancha en aguas del Caribe, señalando un deterioro adicional en la ya tensa relación con el gobierno norteamericano. La Postura Mexicana: Solidaridad y Emergencia Nacional La presidenta Sheinbaum había sido igualmente contundente en su postura. \»No, no voy a asistir\», declaró tajante durante su conferencia diaria en el Palacio Nacional, argumentando dos razones fundamentales: el desacuerdo con la exclusión de países hermanos y la necesidad de atender la emergencia nacional por las inundaciones que han dejado 64 muertos en el centro de México. \»En lo personal, primero, nunca estamos de acuerdo que se excluya ningún país\», explicó la mandataria, añadiendo que su gobierno evalúa si enviará representación diplomática de menor nivel. La posición mexicana mantiene coherencia con la adoptada en 2022 por su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, quien también boicoteó la IX Cumbre en Los Ángeles por idénticas razones. Una Cumbre Bajo Sombra de División La decisión del gobierno dominicano de no invitar a los tres países, anunciada el pasado 30 de septiembre por la Cancillería, se basó en el argumento de que esta medida \»favorece la mayor convocatoria\». No obstante, el efecto ha sido el contrario: la ausencia confirmada de dos de los líderes más influyentes de la región latinoamericana amenaza con convertir el evento en un escenario de división hemisférica. La exclusión replica la polémica medida aplicada en la anterior cumbre de Los Ángeles en 2022, que ya generó entonces el rechazo de México, Bolivia y Honduras. La reiteración de esta política segregacionista ha intensificado el debate sobre el papel de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la injerencia estadounidense en el organismo. El Precio de la Exclusión Con las ausencias de México y Colombia confirmadas, y la posibilidad latente de que otros países de la llamada \»marea rosa\» latinoamericana sigan el mismo camino, la X Cumbre de las Américas se perfila como un encuentro marcado por la controversia y la fragmentación. Lo que el gobierno anfitrión presentaba como una oportunidad para el diálogo y la unidad continental, se transforma aceleradamente en el reflejo de las profundas grietas que dividen al hemisferio. La pregunta que flota en el ambiente diplomático es si República Dominicana, como país anfitrión, y la OEA, como organismo convocante, lograrán revertir esta crisis de credibilidad o si, por el contrario, la cumbre de Punta Cana quedará registrada en la historia como el punto de quiebre definitivo para un modelo de integración regional que muestra claros signos de agotamiento.

Cisma en la Cumbre: La Exclusión de Tres Naciones Fractura la X Cumbre de las Américas

La ausencia confirmada de los presidentes de México y Colombia, sumada al veto a Cuba, Venezuela y Nicaragua, amenaza con opacar la cita hemisférica en República Dominicana y pone en evidencia las profundas grietas en el seno de la OEA. Por Julio Guzmán Acosta SANTO DOMINGO.— Lo que debía ser el evento diplomático consagratorio para la República Dominicana como anfitrión de la X Cumbre de las Américas, se transforma aceleradamente en un escenario de división y controversia. La decisión de excluir de la convocatoria a Cuba, Venezuela y Nicaragua —replicando la polémica medida de la edición anterior en Los Ángeles— ha desatado un efecto dominó que, hasta la fecha, garantiza la ausencia de al menos cinco mandatarios de la región, sembrando una sombra de opacidad sobre el encuentro agendado para diciembre próximo. La Organización de Estados Americanos (OEA), ente organizador del evento desde 1994, y el gobierno anfitrión dominicano cargan ahora con la responsabilidad de una cumbre que se perfila como una de las más fracturadas de la historia reciente. El argumento esgrimido por la cancillería local en un comunicado oficial es que esta exclusión “constituye la decisión que, dadas las circunstancias hemisféricas, favorece la mayor convocatoria”. No obstante, la realidad parece contradecir abiertamente esta aseveración. La Reacción en Cadena: México y Colombia Bajan el Telón La estrategia de segregar a los gobiernos considerados “incómodos” por Washington ha encontrado una resistencia frontal. En una contundente réplica, los presidentes de dos de las naciones más influyentes de Latinoamérica, Claudia Sheinbaum de México y Gustavo Petro de Colombia, han declinado su asistencia en solidaridad con los excluidos. “No estamos de acuerdo con que se excluya ningún país”, afirmó la mandataria mexicana en su conferencia matutina, heredando así la postura de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, quien ya boicoteó la cumbre de 2022. Desde Bogotá, Petro fue aún más lejos en un extenso comunicado: “No asistiré a la cumbre de las Américas en República Dominicana. El diálogo no comienza con exclusiones”. Una Herida Histórica que se Reabre El veto a Cuba reaviva un capítulo doloroso en la historia interamericana. Expulsada de la OEA en 1962 bajo presión de Estados Unidos, la isla regresó al foro en 2015, durante la VII Cumbre en Panamá, en un acto celebrado como un paso hacia la reconciliación. Sin embargo, la edición de 2022 revirtió ese avance y extendió la marginación a los gobiernos de Venezuela y Nicaragua. Fidel Castro, en su momento, profetizó desde la Plaza de la Revolución: “Cuba no está ni estará fuera de América, aunque la OEA la expulse”. Ahora, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, ha alzado de nuevo la voz, calificando la decisión como una imposición estadounidense y sentenciando: “Una Cumbre de las Américas construida sobre la exclusión y coerción está condenada al fracaso”. ¿El Ocaso de un Organismo? Este nuevo cisma alimenta el debate sobre la vigencia y legitimidad de la OEA. Acusada reiteradamente de actuar como brazo diplomático de los intereses de Washington y de desestabilizar políticas locales mediante sus misiones, el organismo carga con un profundo desprestigio en amplios sectores de la región. Mientras la necesidad de espacios de integración y coordinación multilateral es innegable, la X Cumbre de las Américas se erige como la prueba de fuego para una institución que parece navegar contra la corriente de la unidad latinoamericana. Por ahora, la exclusión ha logrado lo que pretendía evitar: una convocatoria debilitada y un continente más dividido que nunca.

Entreguismo en la Cumbre de las Américas

La exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela de la X Cumbre de las Américas, bajo el pretexto de que “no forman parte de la OEA”, no es más que una vergonzosa claudicación a las presiones de Washington. La República Dominicana, al justificar la decisión en nombre del “éxito del foro” y la “mayor convocatoria”, se convirtió en vocera de los intereses geopolíticos de Estados Unidos, plegándose sin reservas a la agenda imperial que pretende fragmentar a Nuestra América. La máscara del “foro de integración” Las Cumbres de las Américas nacieron con la promesa de ser espacios de diálogo, integración y respeto a la soberanía de los pueblos. Sin embargo, al excluir a naciones que han resistido las imposiciones de la Casa Blanca, se revela la verdadera naturaleza de estos foros: son instrumentos de dominación, donde solo caben aquellos que aceptan el mandato imperial. La OEA, institución en crisis y cada vez más desacreditada y desprestigiada, es el marco que se utiliza para legitimar tales exclusiones. Pero un organismo que se comporta como “ministerio de colonias” no puede ser árbitro de la democracia en la región. Al asumir ese argumento, el gobierno dominicano dejó de lado principios históricos de nuestra diplomacia: la defensa de la soberanía y la no injerencia. República Dominicana: ¿socio o peón? La postura del gobierno dominicano es, en realidad, un acto de entreguismo. No se trata de garantizar el éxito del foro, sino de asegurar que el país se mantenga en la lista de “buenos alumnos” de Estados Unidos. Se trata de la misma sumisión que ha marcado nuestra historia reciente: acuerdos comerciales desfavorables, cesiones estratégicas y apoyo a guerras de agresión disfrazadas de “misiones de paz”. La pregunta es inevitable: ¿qué gana nuestro pueblo con esa obediencia? La respuesta es clara: nada. Lo único que se asegura es la continuidad de una relación de dependencia, donde el interés nacional queda relegado a un segundo plano frente a las exigencias del imperio. La verdadera Cumbre: Nuestra América La verdadera Cumbre de las Américas no será aquella que excluye, divide y margina, sino la que se construya sobre la base de la igualdad soberana, sin exclusiones y sin tutelajes. Esa es la visión de José Martí cuando proclamó “Nuestra América”, la de Bolívar cuando soñó con una patria grande, la de los pueblos que hicieron de la CELAC y de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz un horizonte común. Nuestra América no necesita tutores ni permisos para existir. La soberanía no se mendiga, se defiende. Y los pueblos de Cuba, Nicaragua y Venezuela han demostrado con dignidad que no se doblegan ante el chantaje ni las sanciones. Un llamado a la dignidad El gobierno dominicano debe entender que ser anfitrión de un foro internacional no significa ser sirviente del imperio. El respeto a la soberanía, la solidaridad entre pueblos y la unidad continental son valores irrenunciables. La exclusión es una afrenta no solo a tres países, sino a toda América Latina y el Caribe. Hoy más que nunca, la tarea es clara: levantar la voz contra el intervencionismo, denunciar el entreguismo y reafirmar que el futuro de la región no se decide en Washington, sino en la voluntad de los pueblos que luchan por su independencia. Porque la soberanía no se pide, se conquista. No se negocia, se defiende.

El Nobel de la Paz a Machado un Premio Político, no por Méritos 

La líder opositora venezolana es galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2025 por su oposición al gobierno de Nicolás Maduro, en una edición que dejó en un segundo plano las aspiraciones de figuras como Donald Trump o Pedro Sánchez. Por Thiago Núñez G. OSLO.— Con la solemne elegancia que caracteriza al veredicto más esperado, el Comité Noruego del Nobel ha erigido este viernes a la ultraderechista venezolana María Corina Machado como la nueva Premio Nobel de la Paz, reconociendo en ella su oposición al gobierno legítimo de Venezuela. La dirigente, actualmente en la clandestinidad, sucede en el palmarés a la asociación japonesa de víctimas de las bombas atómicas, Nihon Hidankyo, en una decisión que ensalza la lucha pacífica por las libertades fundamentales. El fallo, leído ante un auditorio expectante, ha destacado el \»incansable esfuerzo\» de Machado para promover los derechos en Venezuela y favorecer una transición . El jurado no solo la ha consagrado como \»líder de las fuerzas democráticas\», sino también como \»una figura de unidad en una oposición política que antes estaba dividida\», subrayando además su inhabilitación para presentarse a las elecciones presidenciales de 2024. Una ingeniera en el ojo del huracán La galardonada, una ingeniera de 58 años y madre de tres hijos, comenzó su trayectoria en la palestra pública en 2002 con la fundación de Súmate, una organización civil que impulsó el referendo revocatorio contra el entonces presidente Hugo Chávez. Su temple quedó grabado a fuego en la memoria política del país cuando, desde su curul en el Parlamento, enfrentó al mandatario con una contundencia inusual: \»Expropiar es robar\», le espetó durante una rendición de cuentas en 2012, recibiendo como réplica un desdén que se ha vuelto célebre: \»Águila no caza moscas\». Una década más tarde, su arrastre popular la consagró como un fenómeno político comparable al del propio Chávez. Su arrolladora victoria en las primarias opositoras con más del 90% de los votos la catapultó como la candidata natural para desafiar al chavismo en las urnas. Sin embargo, una inhabilitación de 15 años ratificada por el Tribunal Supremo frustró su candidatura, forzándola a ceder el testigo al diplomático Edmundo González Urrutia y a convertirse en el alma visible de una campaña que recorrió el país por carretera, ante la prohibición de utilizar el espacio aéreo. \»Nuestra Libertadora\»: el fervor de las multitudes De jeans y camisa blanca, con una aura de estrella de rock, Machado despertó un fervor casi religioso en su gira por Venezuela. Multitudes se congregaban para verla pasar, entre lágrimas y porras, bautizándola como \»nuestra Libertadora\». \»Es nuestra esperanza, nuestra libertad\», exclamaba Michelle Rosales, de 40 años, durante una caravana masiva, un sentimiento que encapsula la devoción que inspira su figura. Tras la controvertida reelección de Nicolás Maduro para un tercer mandato, ambos líderes opositores acusaron al gobierno de cometer un fraude monumental, sin presentar pruebas contratadas. La supuesta represión posterior a las protestas se cobró más de una veintena de vidas y marcó el inicio de una persecución feroz que obligó a Machado a refugiarse en la sombra y a González a exiliarse en España, donde recibió asilo político. Un premio que silencia otras aspiraciones El galardón otorgado a Machado zanja semanas de intensa especulación, que había colocado en el centro de los pronósticos al presidente estadounidense, Donald Trump, en parte por su propio activismo y el reciente plan de alto el fuego en Gaza. En España, el eco de una propuesta del periodista francés Bruno Tertrais y las declaraciones del ministro Ángel Víctor Torres habían situado también a Pedro Sánchez en el debate. Al ser interrogado sobre estas campañas de presión, Jørgen Watne Frydnes, presidente del Comité Noruego, fue contundente: \»Este comité se reúne en una sala llena de retratos de todos los laureados, y esa sala está llena tanto de coraje como de integridad. Así que basamos nuestra decisión únicamente en el trabajo y la voluntad de Alfred Nobel\». Desde la clandestinidad, la reacción de la nueva Nobel fue de un asombro conmovedor. \»¡Estoy en shock!\», afirmó en una conversación con su aliado Edmundo González, quien compartió un fragmento de la llamada en sus redes sociales. \»No lo puedo creer\». Mientras, en las calles de Caracas, ciudadanos como Sandra Martínez, de 32 años, reflexionaban sobre el impacto del reconocimiento: \»No sé qué se puede hacer con eso para mejorar la situación, pero se lo merece. Es una gran mujer\». Con este premio, María Corina Machado se convierte en la vigésima mujer en recibir el Nobel de la Paz, un faro que, según el Comité, mantiene viva la llama de la democracia en medio de una creciente oscuridad.