UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

El Gran Chantaje: Cómo Trump fuerza a aliados a financiar la reindustrialización de EE.UU. 

La administración Trump instrumentaliza aranceles y acuerdos de inversión para redirigir capitales extranjeros hacia proyectos estratégicos estadounidenses, en una estrategia que críticos tildan de \»extorsión mafiosa\». Por Julio Guzmán Acosta Washington.— En lo que economistas y analistas geopoliticos no dudan en calificar como un \»chantaje arancelario\», la administración del presidente Donald Trump ha diseñado un mecanismo audaz para financiar la reindustrialización de Estados Unidos con capitales de sus principales aliados: Europa, Japón y Corea del Sur. La estrategia, revelada en una entrevista en Fox News entre el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el exjefe económico de la Casa Blanca Larry Kudlow, expone un plan que trasciende lo comercial para adentrarse en la reconfiguración coercitiva de las finanzas globales. La arquitectura de la \»apropiación offshore\»  El núcleo del plan, según Bessent, son acuerdos que obligan a estos países a invertir sus superávits en \»industrias y empresas que el presidente elija\». Es decir, fondos de inversión extranjeros —europeos, japoneses y surcoreanos— financiarán fábricas e infraestructuras críticas en suelo estadounidense, bajo la supervisión directa de la Casa Blanca. El objetivo declarado es contrarrestar el \»Dilema de Triffin\», una teoría de los años 60 que señala cómo el status del dólar como moneda de reserva global fuerza a EE.UU. a mantener déficits crónicos, encarece sus exportaciones y erosiona su base industrial. Un círculo que se cierra con amenazas Pero la elegancia técnica esconde una crudeza geopolítica alarmante. Como explicó el economista Yanis Varoufakis, se trata de un pacto donde los países exportadores financian el dólar comprando bonos del Tesoro, permitiendo a EE.UU. comprar sus productos con déficit, para luego reinvertir los excedentes en Wall Street. Trump rompe este ciclo con aranceles y una demanda explícita: que sus aliados \»compartan la carga\» del patrón dólar. La amenaza subyacente es clara: si no aceptan, Washington podría \»expulsarlos del paraguas de seguridad estadounidense\». Las cifras de una coerción Los números hablan por sí solos: solo en junio, EE.UU. recaudó 26.600 millones de dólares en gravámenes a importaciones, cuatro veces más que en 2023. Los acuerdos de inversión prometidos —como los 550.000 millones de Japón— son en realidad préstamos y garantías, no donaciones. Pero la administración Trump los presenta como victorias, amenazando con subir aranceles si no se cumplen las metas. \»Se aumentarán si el presidente no está satisfecho\», advirtió Bessent. La incómoda realidad de los aliados  Europa, Japón y Corea del Sur navegan en aguas turbulentas. La UE matizó que \»no puede influir en decisiones de privados\», Japón rechazó que el 90% de las ganancias fueran para EE.UU. y Corea del Sur cuestionó abiertamente la lógica de reparto. Pero la presión es tangible: desde la industria de chips hasta la naval, empresas como Nvidia ya pagan impuestos extra por operar en China, en lo que el New York Times describe como \»la incursión federal más agresiva en la economía desde el rescate de Obama en 2009\». Conclusión: ¿Hegemonía renovada o declive forzado? Trump y su equipo ven esto como la corrección de décadas de errores: priorizar importaciones baratas permitió a China y Alemania \»manipular el sistema\». Sus críticos, como Varoufakis, lo ven como un intento desesperado de \»dañar deliberadamente a aliados para prolongar la hegemonía estadounidense\». La realidad es que, más allá de la retórica, se está escribiendo un nuevo capítulo en la economía global: uno donde la fuerza, no la cooperación, dicta las reglas. Y el mundo está pagando por ello.

El rearme es la nueva austeridad: una receta peligrosa para Europa y el mundo

Por Guzmán Acosta Hace una década y media, el mundo occidental se vio sacudido por una crisis financiera sin precedentes. Los bancos, que habían jugado con los ahorros de las familias y los países en un casino global, colapsaron, y la respuesta de las élites políticas y económicas fue imponer la llamada \»austeridad\». Esta política, disfrazada de necesidad técnica, no fue más que un mecanismo para transferir riqueza de los de abajo hacia los de arriba, mientras millones de personas sufrían las consecuencias de recortes sociales, desempleo masivo y un deterioro generalizado de las condiciones de vida. Hoy, en un contexto global radicalmente distinto, Europa y el mundo enfrentan una nueva consigna sistémica: el rearme. De la austeridad al rearme: la misma lógica, distintos actores La austeridad de hace quince años fue vendida como la única solución posible. Los medios de comunicación, los \»expertos\» y los políticos nos repetían una y otra vez que no había alternativa. \»Es por vuestro propio bien\», decían. \»Es lo que tenemos que hacer si queremos seguir formando parte del club europeo.\» Sin embargo, hoy sabemos que aquella receta no solo fue un fracaso económico, sino también un acto de violencia contra las clases trabajadoras. La crisis que provocó duró una década, y sus efectos aún se sienten en muchas partes del mundo. Hoy, el escenario global ha cambiado drásticamente. China y los países BRICS desafían la hegemonía económica de Estados Unidos y la Unión Europea. La producción industrial, la innovación tecnológica y las cadenas de suministro se desplazan hacia el Este, mientras Occidente pierde su capacidad de dominar el mundo a través del expolio colonial y la supremacía tecnológica. A esto se suman desafíos como la emergencia climática y la bancarrota moral de las potencias occidentales, que han decidido apoyar uno de los peores genocidios del siglo XXI en la Franja de Gaza. En este contexto turbulento, la nueva consigna sistémica es el rearme. Liderada por figuras como Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, esta política ha sido abrazada por la mayoría de los gobiernos europeos, incluido el de España. La narrativa es clara: Rusia, a pesar de su evidente debilidad militar demostrada en Ucrania, representa una amenaza existencial para Europa. Según esta lógica, es necesario aumentar de forma exponencial el gasto en armamento para garantizar la seguridad del continente. El rearme: una solución falsa para problemas reales La retórica del rearme es tan engañosa como lo fue la de la austeridad. Aunque Rusia ha demostrado ser incapaz de conquistar incluso una fracción del territorio ucraniano, los medios y los políticos insisten en que Moscú podría atacar cualquier punto de Europa. Esta narrativa, repetida como un mantra, busca justificar un aumento masivo del gasto militar, incluso a costa de recortes en áreas esenciales como la sanidad, la educación y la vivienda. En España, el presidente Pedro Sánchez intenta vender la idea de que es posible aumentar el gasto militar en 11.000 millones de euros sin afectar otras partidas presupuestarias. Sin embargo, esta afirmación es, como mínimo, cuestionable. Para financiar este gasto, las opciones son limitadas: aumentar la deuda pública, subir impuestos o recortar servicios sociales. Ninguna de estas alternativas es deseable, y todas tendrán un impacto negativo en la calidad de vida de la ciudadanía. La pregunta que debemos hacernos es clara: si el gobierno español puede conseguir 11.000 millones de euros adicionales, ¿por qué no invertirlos en mejorar la sanidad pública, garantizar un ingreso mínimo vital o asegurar el acceso a una vivienda digna? ¿Por qué priorizar la industria de la guerra sobre las necesidades básicas de la población? El peligro de repetir los errores del pasado La imposición del rearme sigue la misma lógica que la austeridad: garantizar los beneficios de las oligarquías a costa del sufrimiento de los pueblos. Del mismo modo que la austeridad fue una forma de violencia económica, el rearme es una forma de violencia militarizada que desvía recursos esenciales hacia una carrera armamentística innecesaria y peligrosa. En España, como en el resto de Europa, la ciudadanía debe estar alerta. No podemos permitir que se repitan los errores del pasado. La lucha contra la austeridad nos enseñó que la movilización social es fundamental para resistir las políticas que nos perjudican. El 15M y las protestas masivas que siguieron demostraron que, cuando la gente se une, puede desafiar incluso a los gobiernos más poderosos. Hoy, frente al rearme, no nos queda otra opción que volver a las calles. Debemos exigir que los recursos públicos se destinen a mejorar la vida de las personas, no a financiar una industria de la muerte. Debemos rechazar la narrativa del miedo y recordar que la verdadera seguridad no se construye con armas, sino con justicia social, igualdad y solidaridad. Conclusión: un llamado a la acción El rearme no es la solución a los problemas de Europa y el mundo. Es, como la austeridad, una receta diseñada para beneficiar a unos pocos a costa de muchos. Frente a esta política, debemos organizarnos, movilizarnos y exigir un cambio de rumbo. La historia nos ha enseñado que, cuando la gente se une, puede lograr lo imposible. Hoy, más que nunca, es el momento de levantarnos y decir: ¡No al rearme! ¡Sí a la justicia social!