UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Más allá del muro: Una visión coincidente para una relación inteligente RD-Haití

El presente artículo constituye una reseña elaborada a partir del análisis de diversos trabajos publicados por varios autores con respecto a la compleja situación de Haití y el enfoque que, desde la República Dominicana, particularmente a nivel oficial, y con énfasis en la gestión del presidente Luis Abinader, se ha adoptado frente a la coyuntura de violencia e inestabilidad que aflige al vecino país. Se busca identificar y destacar los puntos de convergencia entre las perspectivas de estos autores, con el objetivo de ofrecer una visión consolidada de los desafíos y las posibles vías para una relación binacional más constructiva y pragmática. En ese sentido, se presentan los aspectos coincidentes identificados en los artículos analizados, estructurados en los temas centrales que abordan la dinámica actual y las perspectivas futuras de la relación entre la República Dominicana y Haití. Me ha permitido tomar, sin su consentimiento, los articulos publicados Bernardo Vega, César Pérez, Esther Hernández-Medina, Manuel Salazar, Rosario Espinal y el autor de lo que tambien me he permitido llamar articulo-reseña, denominación que no he visto en género periodístico. En este trabajo busqué identificar y destacar los puntos de convergencia entre las perspectivas de estos autores, con el objetivo de ofrecer una visión consolidada de los desafíos y las posibles vías para una relación binacional más constructiva y pragmática.  República Dominicana-Haití: Momento crítico La intrincada relación entre la República Dominicana y su vecino Haití se encuentra en un momento crítico, donde las políticas del presente demandan una reflexión profunda y una visión de futuro que trascienda las barreras físicas y retóricas. Los diversos artículos analizados convergen en una idea central: la necesidad apremiante de que la República Dominicana adopte una política más inteligente y pragmática hacia Haití. Esta visión compartida reconoce la profunda interdependencia de ambos lados de la isla y aboga por estrategias que fomenten la estabilidad y el desarrollo mutuo, en contraposición a las medidas puramente defensivas o excluyentes. Los autores coinciden en señalar que el auge de discursos ultranacionalistas y anti-haitianos, aunque puedan ofrecer réditos políticos a corto plazo, representan un obstáculo significativo para la construcción de una relación sostenible y beneficiosa. Estas narrativas, que a menudo se traducen en políticas migratorias severas y la simbólica construcción de muros, ignoran la realidad de que un Haití en progreso y con instituciones sólidas redundaría en una mayor prosperidad y seguridad para la República Dominicana. Y ahí apuntan que la clave reside, por lo tanto, es abandonar la lógica de la confrontación y abrazar un enfoque colaborativo que reconozca los desafíos compartidos y las oportunidades inherentes a una vecindad responsable y visionaria, que debería proclamar lo indisoluble que obliga a la República Dominicana y Haití… \»La geografía nos ha hecho vecinos. La historia nos ha hecho amigos. La economía nos ha hecho socios. Y la necesidad nos ha hecho aliados.\» Esta frase, pronunciada por el presidente John F. Kennedy en su discurso ante el Parlamento Canadiense en Ottawa el 17 de mayo de 1961, resume de manera concisa e impactante los lazos multifacéticos e inquebrantables que unen a Estados Unidos y Canadá. Destaca cómo la proximidad geográfica, una historia compartida, la interdependencia económica y la necesidad de cooperación en asuntos globales han forjado (debería forjar, para este caso) una relación única y esencial entre ambas naciones.  El Impacto de la crisis haitiana en la República Dominicana La violencia y el deterioro institucional en Haití exacerban el discurso ultranacionalista en la República Dominicana. El temor a la inestabilidad vecina alimenta discursos excluyentes que recuerdan episodios oscuros del pasado, como la Masacre del Perejil. Los articulistas señalan que la historia dominicana está marcada por episodios de violencia y exclusión hacia los haitianos, y que es crucial aprender de estos errores para construir una sociedad más inclusiva. La migración haitiana es un tema central en los autores, en que todos coinciden en que, si bien se reconoce el derecho del Estado dominicano a regular la migración, se critica la forma en que se ha gestionado, con deportaciones masivas y violaciones de los derechos humanos, por lo tambien coinciden en abogar por una política migratoria responsable, exenta de odio y xenofobia, que respete la dignidad y los derechos de los migrantes haitianos. Propuestas para una nueva política dominicana hacia Haití Un aspecto importante en que coinciden es en proponer un cambio en la política dominicana hacia Haití. Se sugiere abandonar el populismo nacionalista y buscar un consenso entre personas conocedoras del tema para diseñar estrategias más efectivas. Una propuesta concreta es la construcción de tres modernas estaciones fronterizas en Dajabón, Elías Piñas y Jimaní, que facilitarían el comercio y el tránsito legal, además de mejorar el control migratorio. También se plantea la necesidad de una mayor colaboración internacional para ayudar a Haití a superar su crisis. Sin embargo, se enfatiza que la solución final debe venir de los propios haitianos, y que la República Dominicana debe jugar un papel constructivo en este proceso. Un Haití estable y próspera traería beneficios económicos, sociales y ambientales para la República Dominicana. El peligro del ultranacionalismo y la xenofobia Los artículos advierten sobre el peligro del ultranacionalismo y la xenofobia, que se manifiestan en discursos de odio y exclusión, al tiempo que se critica el uso político del \»peligro haitiano\» para movilizar sentimientos nacionalistas y ganar apoyo electoral, por lo que entienden que este discurso ignora la realidad de la interdependencia entre ambos países y promueve la división y el conflicto. Un aspecto trascendente recogido de los análisis es la importancia de combatir la desinformación y el discurso de odio en las redes sociales, donde se propagan mensajes xenófobos y racistas, al tiempo que coinciden en proponer  por un debate público basado en el análisis riguroso de los hechos y la búsqueda de soluciones multilaterales, donde la inclusión y la solidaridad sean los pilares de una política migratoria justa y humana. Coincidencia en “puntos cruciales” En primer lugar, enfatizan la necesidad de que la República Dominicana abandone el discurso populista y ultranacionalista anti-haitiano, al considerarlo contraproducente y

No subestimar el auge de las corrientes de ultraderecha: un llamado a la acción

La reciente marcha en Friusa y los anuncios de la llamada Antigua Orden Dominicaca —que ahora planea una movilización hacia el Palacio Nacional y amenaza con un paro nacional— confirman un fenómeno preocupante: grupos que antes operaban en los márgenes están ganando audiencia y organización, imitando el patrón de crecimiento de movimientos ultraderechistas en Europa y América Latina. No se trata de un hecho aislado. El discurso del odio, el racismo, el autoritarismo y la retórica antiinmigrante han encontrado eco en figuras como Jair Bolsonaro en Brasil y Javier Milei en Argentina, y ahora buscan arraigarse en República Dominicana. Lo más alarmante es que estos grupos ya no son marginales: abogados, exmilitares, políticos e incluso antiguos militantes de izquierda se han sumado a sus filas, legitimando un proyecto que amenaza la convivencia democrática. El peligro de normalizar el odio La marcha de Friusa dejó al descubierto no solo la capacidad de movilización de estos sectores, sino también la complicidad de ciertos medios y \»influenciadores\» que amplifican sus mensajes. Peor aún: algunos partidos de oposición, como el PLD y la FP, han cedido a la presión de esta agenda reaccionaria, llegando incluso a criticar las medidas de contención frente a actitudes claramente provocadoras y violentas. Mientras tanto, el PRM en el gobierno, que se autodenomina socialdemócrata, guarda un silencio cómplice. Ante el avance de estas corrientes, no basta con la neutralidad: el Estado y las fuerzas políticas democráticas deben tomar una posición clara frente a quienes promueven el divisionismo, la intolerancia y el odio. Lecciones de Europa y América Latina: no esperar a que sea tarde En Europa, partidos de ultraderecha han logrado llegar al poder o influir en políticas migratorias represivas, mientras que en América Latina, figuras como Bolsonaro y Milei han demostrado cómo el discurso del miedo y la demonización del \»otro\» pueden ganar elecciones. Si República Dominicana no actúa a tiempo, este movimiento podría consolidarse como una fuerza política capaz de alterar el equilibrio institucional. Un llamado a la definición Frente a este escenario, la sociedad dominicana no puede permanecer indiferente. Los partidos políticos, las organizaciones civiles, los medios de comunicación y la ciudadanía deben: 1. Denunciar sin ambigüedades las prédicas de odio y las estructuras paramilitares que puedan estar surgiendo bajo este movimiento. 2. Exigir al gobierno y a la oposición democrática una postura firme contra la ultraderecha, más allá de cálculos electorales. 3. Fortalecer el debate público con argumentos sólidos, desmontando las falsedades y el alarmismo que alimentan estos grupos. La historia ha demostrado que los movimientos autoritarios no se detienen solos: se les enfrenta con decisión. República Dominicana aún está a tiempo de evitar que el odio y el extremismo se normalicen. El momento de actuar es ahora.

Violencia y crisis institucional en Haití exacerban el discurso ultranacionalista en RD

El reto para la República Dominicana es trascender las viejas narrativas y construir una identidad nacional que integre la diversidad como elemento enriquecedor. Este proceso implica reconocer la complejidad de la crisis haitiana y sus múltiples dimensiones, evitando reduccionismos que conduzcan a la exclusión. La historia, con todos sus episodios dolorosos, puede servir como una lección para fomentar una convivencia basada en el respeto mutuo y la solidaridad. La violencia y el deterioro institucional en Haití se han convertido en un factor decisivo que repercute en la sociedad dominicana, generando un ambiente de tensión y polarización. En un contexto donde la historia y la memoria colectiva están marcadas por episodios oscuros, las imágenes de caos y desesperación al otro lado de la frontera reavivan viejos temores y alimentan discursos excluyentes que, lejos de ofrecer soluciones, profundizan la división social. Ante esta coyuntura, la República Dominicana se enfrenta a una encrucijada: por un lado, el riesgo de caer en narrativas simplistas y peligrosas, y por el otro, la oportunidad de transformar el debate público hacia un enfoque más humano y solidario. Es en este escenario donde los discursos ultranacionalistas, amplificados por las redes y algunos actores políticos, se presentan como una respuesta emocional que recuerda, sin quererlo, episodios como la Masacre del Perejil, poniendo en tela de juicio la capacidad del país para aprender de su pasado. El legado histórico del ultranacionalismo La historia dominicana está marcada por episodios en los que el ultranacionalismo se manifestó de forma violenta y excluyente. Durante la dictadura de Trujillo, se instauró una política de odio que culminó en la Masacre del Perejil en 1937, donde la diferencia étnica se utilizó para justificar actos atroces en contra de los haitianos. Este episodio no solo dejó una herida profunda en la memoria colectiva, sino que también estableció un precedente sobre cómo se pueden manipular las identidades nacionales para legitimar la violencia. Con el paso de los años, y en períodos posteriores como el gobierno de Joaquín Balaguer, las políticas de control migratorio y los discursos excluyentes se mantuvieron latentes. Aunque los métodos y la retórica han cambiado, la sombra de un pasado de intolerancia continúa influyendo en el presente. La utilización de episodios históricos para justificar el rechazo a los inmigrantes se reconfigura en discursos que, en el contexto actual, encuentran en la crisis haitiana un nuevo impulso para su difusión. El impacto de la era digital en la propagación de discursos Las nuevas tecnologías y las redes sociales han transformado la manera en que se difunden las ideas y se configuran las opiniones públicas. En el caso del discurso ultranacionalista, las plataformas digitales han permitido que mensajes de odio y exclusión se propaguen con mayor rapidez y alcance, desafiando los mecanismos tradicionales de control y verificación informativa. Esta nueva dinámica digital no solo intensifica la polarización, sino que también facilita la normalización de actitudes que históricamente han tenido consecuencias devastadoras. Al presentarse en formatos accesibles y virales, estas narrativas simplificadas transforman la complejidad de la crisis en argumentos emocionales, desprovistos de análisis profundo, que refuerzan estereotipos y alimentan la desconfianza hacia el otro. Desafíos contemporáneos y la búsqueda de soluciones inclusivas La situación actual exige una reflexión profunda sobre las raíces del rechazo y la hostilidad que se han observado en la sociedad dominicana. Es fundamental reconocer que, si bien la migración requiere regulaciones que garanticen la seguridad y el orden, estas no deben transformar el debate en un terreno fértil para el discurso de odio. La crisis en Haití demanda respuestas coordinadas y humanitarias, que consideren tanto la dignidad de los migrantes como la seguridad y estabilidad de la comunidad local. Frente a este escenario, es imperativo que los actores políticos y sociales impulsen un debate basado en el análisis riguroso de los hechos y la búsqueda de soluciones multilaterales. La inclusión y la solidaridad deben ser los pilares sobre los cuales se construya una política migratoria que reconozca la diversidad como una fortaleza y no como un riesgo. Solo mediante el diálogo y la cooperación se podrán evitar las tragedias del pasado y construir un futuro de paz y convivencia. Hacia una identidad nacional renovada El reto para la República Dominicana es trascender las viejas narrativas y construir una identidad nacional que integre la diversidad como elemento enriquecedor. Este proceso implica reconocer la complejidad de la crisis haitiana y sus múltiples dimensiones, evitando reduccionismos que conduzcan a la exclusión. La historia, con todos sus episodios dolorosos, puede servir como una lección para fomentar una convivencia basada en el respeto mutuo y la solidaridad. En este sentido, es necesario promover iniciativas y políticas públicas que incentiven la integración, la educación intercultural y el diálogo entre comunidades. La transformación del discurso público pasa por la construcción de espacios en los que se aborden los temores y prejuicios de forma constructiva, reconociendo que la seguridad y el desarrollo social se fortalecen en sociedades inclusivas y pluralistas.

¿Está el nuevo Hitler en la Casa Blanca?

Algunos discursos han exaltado un nacionalismo extremo, con frases como “América First” (América Primero). Aunque el patriotismo es común en la política, el ultranacionalismo implica un enfoque excluyente que puede marginar a comunidades inmigrantes o minorías étnicas. En ocasiones, altos funcionarios incluido el presidente han promovido políticas que restringen la inmigración, justificándolas con retorica que describe a ciertos grupos como amenazas a la seguridad o la identidad nacional. Por Julio Disla El análisis de las tendencias ideológicas y prácticas de los funcionarios públicos siempre ha sido un tema delicado y de gran relevancia, especialmente cuando se trata de lideres y representantes de una nación tan influyente como Estados Unidos. Sin embargo, es importante abordar el tema con rigor, contexto histórico y una definición clara de términos como el “fascismo”. El fascismo, como ideología, se caracteriza por el autoritarismo, el ultranacionalismo, la supresión de la disidencia, el militarismo, el culto a la personalidad y el uso de propaganda para consolidar el poder. Aunque este término es frecuentemente asociado con figuras histórica como Benito Mussolini y Adolfo Hitler, en el discurso contemporáneo suele utilizarse para describir practicas o discursos percibidos como autoritarios o antidemocráticos. Raíces históricas del fascismo En las primeras décadas del siglo pasado, los ideales socialistas iban ganando terreno a pasos agigantados. Como corolario de ello, en 1917 se produjo la primera revolución socialista de la historia en la Rusia Zarista. Un año después, en 1918, se produce un movimiento revolucionario similar en Alemania, que no logró imponerse en el tiempo. Simultáneamente van surgiendo movimiento de izquierda en diversos países, e innumerables partidos comunistas se van creando en el mundo, siguiendo el ejemplo de la revolución bolchevique. La clase obrera industrial, con poderosos y combativos sindicatos, desafiaban abiertamente el orden capitalista e imperialista. Los aires de cambios se difundían por todo el planeta. En ese mar revuelto, aparecen los planteos nazis en Alemania, con su enfermiza idea eugenésica de “raza superior”, enarbolada básicamente por la figura de Adolfo Hitler, y fascista, como Benito Mussolini, en Italia. Secundariamente, siguiendo ese clima de derechización, en España triunfa sobre el intento de revolución socialista el ultraconservador y archicatolico falangista de Francisco Franco. Ese fascismo/nazismo intentó disciplinar al proletariado “subversivo” en sus propios países, sometiéndolo, tratando de borrar toda referencia al “socialismo”, aplastando brutalmente, con sangre y fuego, todo intento de cambio social. En el singular caso de Alemania, las élites económicas de aquello tiempos buscaron, a través de ese personaje tan singular que fue Adolfo Hitler, un psicópata y criptorquidico. Con el propósito de recuperar el terreno cedido en la Primera Guerra Mundial, saliendo a conquistar el mundo luego de la humillación del Tratado de Versalles, donde el país perdió el 13 % de su territorio y una decima parte de su población. En Italia y en España, salvando las distancias, se dieron propuestas políticas casi similares. El miedo visceral al socialismo en las burguesías europeas y su ánimo de destruir ese “mal ejemplo” de la Revolución Bolchevique, propiciaron esos movimientos de ultraderecha. Hoy, casi un siglo después, asistimos a un renacer de políticas hiper conservadora y anticomunistas que recuerdan aquellos engendros. Un espíritu de ultraderecha, nazi fascista (con grupos que incluso adoptan su simbología) empiezan a recorrer el mundo, con proyectos ultraconservadores siempre basados en una perspectiva antipopular radical, pero, curiosamente, manejados de tal manera, que son aprobados por las grandes mayorías, y votados alegremente en elecciones libres dentro del orden democrático-burgués. En ese clima de generalizado avance de las ultraderechas (Javier Milei, Jair Bolsonaro, Georgia Meloni, Viktor Orbán, Marine Le Pen, Vox en España, Geert Wilders, AFD en Alemania) etc., y se inscribe la figura del nuevo presidente de los Estados Unidos Donald Trump, quién asumió su segundo mandato el pasado 20 de enero. A continuación, se identifican elementos del fascismo que algunos intelectuales y sectores progresistas han señalado en ciertas practicas o discursos de los actuales funcionarios de la Casa Blanca en este nuevo periodo que encabeza Donald Trump. 1.Ultranacionalismo y retórica de exclusión Algunos discursos han exaltado un nacionalismo extremo, con frases como “América First” (América Primero). Aunque el patriotismo es común en la política, el ultranacionalismo implica un enfoque excluyente que puede marginar a comunidades inmigrantes o minorías étnicas. En ocasiones, altos funcionarios incluido el presidente han promovido políticas que restringen la inmigración, justificándolas con retorica que describe a ciertos grupos como amenazas a la seguridad o la identidad nacional. 2.Culto a la personalidad El liderazgo carismático, una de las características centrales del fascismo, se ha observado en la forma en que ciertos funcionarios, incluido el presidente han centralizado su figura como símbolo casi indiscutible de autoridad y éxito. La lealtad absoluta y la glorificación de la figura del presidente Donald Trump han sido promovidas, incluso con declaraciones públicas que descalifican a opositores como “enemigos del pueblo”, una terminología que resuena con regímenes autoritarios. 3.Desinformacion y propaganda La manipulación de información y el uso de propaganda son herramientas clásicas de los regímenes fascistas. Algunos funcionarios han sido acusados de difundir desinformación o de atacar a los medios de comunicación como “falsos” o “enemigos de la verdad”. Esta desconfianza hacia las instituciones mediáticas independientes puede erosionar la transparencia y la rendición de cuentas, pilares fundamentales de una democracia funcional. 4.Estrategias de polarización La división intencional de la sociedad, con discursos que enfrentan a diferentes sectores de la población, ha sido una táctica recurrente en regímenes fascistas. Algunos funcionarios de la Casa Blanca han empleado un lenguaje divisivo, fomentando antagonismos entre “nosotros” y “ellos”, ya sea en términos políticos, raciales o económicos. Reflexión final Trump no es Hitler, aunque sus estilos histriónicos y avasalladores los acerquen, igual que a Javier Milei, pero tiene un aire de matón de barrio que lo evidencia como un peligro para la humanidad: ¿Qué otro mandatario se refiere a otros Estados como países de la mierda”?