Trinidad y Tobago instala radar de EE.UU. en frontera con Venezuela
La Primera Ministra Kamla Persad-Bissessar confirma la instalación del sistema como parte de un acuerdo de cooperación en seguridad regional, medida percibida como un paso más en la presión de Washington sobre el gobierno de Nicolás Maduro. Por Julio César Guzmán Acosta PUERTO ESPAÑA, Trinidad y Tobago. – Con la sobria formalidad que caracteriza a la diplomacia de alto nivel, la Primera Ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, ha confirmado la instalación operativa de un sistema de radar de tecnología estadounidense en la zona costera de este país insular, geográficamente vecino a las costas venezolanas. Este despliegue, enmarcado en un acuerdo bilateral de cooperación en materia de seguridad regional, trasciende con creces el mero intercambio técnico para erigirse como un significativo movimiento en el complejo ajedrez geopolítico del Caribe oriental. La decisión, comunicada desde la sede del gobierno en Puerto España, consolida una alianza estratégica que Washington ha cultivado de manera metódica con varias naciones caribeñas. Según analistas consultados, estos acuerdos forman parte integral de una estrategia más amplia diseñada por la administración norteamericana para incrementar el cerco político, económico y ahora militar-informativo, alrededor de la administración del presidente venezolano, Nicolás Maduro. El radar, cuya capacidad de vigilancia se extiende sobre un amplio corredor marítimo y aéreo, proporciona a los Estados Unidos una capacidad de inteligencia sin precedentes en una zona de alta sensibilidad. Fuentes bien situadas dentro de los círculos de defensa regional interpretan esta maniobra no como un fin en sí mismo, sino como un componente que, junto a otras presiones, está contribuyendo a crear las condiciones operativas y de justificación política para una eventual intervención militar, presentada bajo el paraguas de la \»estabilidad regional\» o la \»acción humanitaria\». La narrativa oficial de Puerto España y Washington insiste en los beneficios para la seguridad común, destacando la lucha contra el narcotráfico, la pesca ilegal y el tráfico de personas. Sin embargo, la ineludible proximidad a la frontera marítima venezolana y el timing geopolítico imprimen a la operación un significado que resuena en las cancillerías de toda la región. El gobierno de Caracas, previsiblemente, ha recibido la noticia con severas advertencias, calificando el acto como una \»provocación imperialista\» y una \»violación flagrante de la soberanía y la paz en la región\». Este despliegue tecnológico se suma a una larga lista de fricciones, intensificando la ya de por sí eléctrica atmósfera en el Caribe. La administración Persad-Bissessar, al aceptar este dispositivo, realiza así una calculada apuesta de alineamiento. Coloca a su nación en el núcleo de un conflicto de influencias de alcance global, intercambiando cooperación en seguridad por un riesgo geopolítico considerable. Mientras, desde Washington, el mensaje es claro: la presión sobre el gobierno de Maduro será multidimensional, y la vigilancia desde sus fronteras más próximas es ahora un hecho consumado. El radar, silencioso en su funcionamiento, emite sin embargo una señal potentísima: la contención hacia Venezuela entra en una fase nueva y más técnica, donde la información es el activo más valioso y la percepción de una amenaza inminente, el preludio de acciones mayores. El Caribe, una vez más, se convierte en el escenario donde se miden las voluntades de las grandes potencias y se redefine el equilibrio de fuerzas en el continente americano.
Trinidad y Tobago moviliza a su ejército ante crisis caribeña

Trinidad y Tobago moviliza a sus fuerzas ante la creciente tensión entre Estados Unidos y Venezuela, mientras el gobierno insiste en la normalidad operativa y la ciudadanía, presa del nerviosismo, vacía estantes de supermercados. Por Julio Guzmán Acosta PUERTO ESPAÑA, Trinidad y Tobago.— Un silencio elocuente, cargado de la pesada humedad del trópico, se cierne sobre el Cuartel Teteron en Chaguarama y se extiende por todas las bases militares de esta nación archipiélago. Es el silencio que precede a la tormenta, o al menos, el que sigue a una orden inusual: las Fuerzas de Defensa de Trinidad y Tobago (TTDF) han sido puestas en Alerta Estatal Uno, la fase primigenia de su plan de defensa nacional, y se ha dictaminado el regreso inmediato de todo el personal a sus cuarteles. La medida, confirmada a esta redacción por un alto oficial castrense bajo condición de anonimato, surge en el contexto de una escalada retórica y militar en el Caribe, donde los buques de guerra estadounidenses navegan a escasas millas de las costas venezolanas. Trinidad y Tobago, cuyo territorio insular se encuentra a un suspiro geográfico—apenas 11 kilómetros—de Venezuela, parece haberse convertido en el tablero donde se juega una partida de alto riesgo entre Washington y Caracas. Fuentes castrenses bien informadas aseguran que altos mandos mantuvieron conciliábulos a puerta cerrada durante largas horas este viernes, deliberando sobre la respuesta adecuada a la volatilidad del entorno regional. El oficial consultado por EFE arguyó que la alerta es, ante todo, “una medida de precaución destinada a garantizar la plena operatibilidad” de las fuerzas armadas. Sin embargo, la brusca convocatoria ha desatado un vendaval de especulaciones y un palpable clima de inquietud entre la población civil. La Negación Oficial y el Pálpito Ciudadano Frente a la alarma, la voz gubernamental ha intentado erigir un dique de tranquilidad. En el hemiciclo parlamentario, el ministro de Defensa, Wayne Sturge, se negó con evasivas diplomáticas a confirmar o desmentir los movimientos, amparándose en el interés público y la seguridad nacional. Su homólogo de Seguridad Nacional, Roger Alexander, fue más lejos al tildar la movilización de “mero ejercicio operativo rutinario”. No obstante, tales afirmaciones chocan frontalmente con la realidad que vive la calle. En la capital, Puerto España, y sus alrededores, se registró un éxodo temprano de oficinas y fábricas. Padres acudieron presurosos a recoger a sus hijos de los colegios, mientras los supermercados veían cómo sus estantes de agua embotellada, alimentos enlatados y otros víveres de primera necesidad se vaciaban con celeridad inusual. El temor a quedar atrapados en el fuego cruzado de un conflicto ajeno, pero geográficamente próximo, se propagó con la velocidad de un rumor. La primera ministra, Kamla Persad-Bissessar, salió al paso de los temores: “No hay evidencia alguna de un ataque inminente de los Estados Unidos contra Venezuela”, declaró en un intento por serenar los ánimos. Sus palabras, no obstante, parecen flotar en un mar de incertidumbre, navegando entre las advertencias de Caracas y las negaciones de Washington. La Sombra de dos Gigantes El origen de esta crisis de confianza se encuentra en la creciente presencia militar estadounidense en aguas del Caribe oriental, un despliegue ordenado por la Administración Trump que ya incluye un destructor y que, según los reportes, pronto se verá reforzado por la llegada del mayor portaaviones de la flota. El pretexto público es la intercepción de narcóticos, pero la prensa norteamericana, con el Miami Herald y The Wall Street Journal a la cabeza, ha insinuado que los planes podrían ser más ambiciosos y contemplar ataques contra instalaciones militares en Venezuela. Desde Caracas, el presidente Nicolás Maduro, cuya voz ha encontrado eco en su canciller, Yván Gil, ha lanzado un dramático llamamiento al pueblo trinitense: evitar que Estados Unidos “meta una guerra en el Caribe”. La advertencia va más allá: son las naciones vecinas, como Trinidad y Tobago, las que sufrirían “las consecuencias más lamentables de una intervención”. Mientras el presidente Trump desmiente cualquier intención belicista, la maquinaria se ha puesto en marcha. Las unidades del Primer y Segundo Batallón, los ingenieros en Cumuto y el Batallón de Servicios en Teteron han recibido la orden de presentarse en sus puestos. La nación contuvo el aliento, preguntándose si esta movilización es el preludio de una tormenta geopolítica o simplemente, como insisten sus gobernantes, un ejercicio de rutina en un día extraordinariamente tenso.
La historia en juego: República Dominicana debuta en la Copa Mundial Femenina Sub-17
•Por Julio Guzman Acosta Santiago de los Caballeros, República Dominicana. La noche del 16 de octubre de 2024, será histórica, porque la selección de fútbol femenino Sub-17 de República Dominicana se prepara para debutar en la Octava Copa Mundial de Fútbol Femenino Sub-17. A las 7:00 p.m., el Estadio Cibao FC vibrará con la emoción y la expectativa de un encuentro que marca un antes y un después en el futbol femenino dominicano. Las merengueras se enfrentarán a la selección de Ecuador, un rival considerado de mayor experiencia y ranking, pero el espíritu de lucha y la pasión por el fútbol dominicano prometen ofrecer un espectáculo inolvidable. Este campeonato, que reúne a 16 selecciones de todo el mundo, se celebra en las Antillas por segunda vez, tras la exitosa edición de 2010 en Trinidad y Tobago. Para las jóvenes jugadoras dominicanas, cada uno de sus tres partidos en la fase de grupos representa un desafío monumental, comenzando con Ecuador, que ocupa el puesto 65 en el ranking mundial, frente al 103 de la tricolor. Sin embargo, la selección dominicana no se deja amedrentar y busca demostrar su valía en el escenario internacional. El Estadio Cibao FC será el primer escenario en el que las quisqueyanas mostrarán su talento, antes de trasladarse al remozado Estadio Olímpico Félix Sánchez para su tercer encuentro. La emoción es desvordante, tanto en la cancha como en las gradas, donde los aficionados se preparan para alentar a su equipo nacional con fervor. Este evento no solo es un torneo, es un símbolo de crecimiento y desarrollo para el fútbol femenino en el país. El objetivo de la selección es claro: avanzar a los cuartos de final, programados para los días 26 y 27 de octubre. A lo largo del campeonato, enfrentarán a equipos de mayor ranking, incluyendo a Nueva Zelanda y Nigeria, quienes también son adversarios de mayor experiencias futbolísticas y mejor posicionamiento a nivel FIFA. No obstante, el hecho de que la selección dominicana participe por primera vez en un Mundial es ya un triunfo en sí mismo, posicionando al país junto a naciones como Kenia y Polonia en este selecto grupo de debutantes. En el ambiente se respira optimismo. Las jugadoras saben que están representando a una nación que ha comenzado a brillar en el ámbito deportivo internacional, tras su participación en los Juegos Olímpicos de París 2024. La selección española, actual campeona, llega con la intención de consolidar su dominio en el torneo, pero las dominicanas están listas para luchar y demostrar que el fútbol femenino en la República Dominicana tiene un futuro brillante. La Copa Mundial Femenina Sub-17 además de una competición importante de impacto internacional; es una oportunidad para inspirar a una nueva generación de futbolistas en la República Dominicana. La transmisión de los partidos a través de CDN asegurará que la afición pueda seguir cada jugada, cada gol, y cada momento de esta histórica aventura. La pasión por el fútbol se intensifica, y el mundo está a punto de presenciar cómo la selección dominicana escribe su propia historia en el balón pie femenino. ¡Que comience el juego!