Con el presidente Mao

En octubre de 1967, en pleno auge de la Revolución Cultural china y en un escenario internacional atravesado por profundas tensiones ideológicas, un grupo de militantes dominicanos del Movimiento Revolucionario 14 de Junio se encontraba en la República Popular China recibiendo formación política y militar. Entre ellos estaba el autor de este testimonio, quien tuvo la oportunidad excepcional de observar de cerca a Mao Tse-tung durante un encuentro celebrado en el Palacio del Pueblo de Pekín. La aparición del líder chino, acompañado por figuras centrales del poder revolucionario como Lin Piao, Chou En-Lai, Chen Po Ta, Kang Sheng y Chiang Ching, quedó grabada en su memoria como una escena irrepetible: breve, solemne y marcada por el fervor político de una época en la que China se proyectaba como uno de los grandes referentes de los movimientos revolucionarios del mundo. Pekín, 3 de octubre de 1967. Era yo uno de los catorce “cuadros de élite”, como dice Fidelio, enviados por el Catorce de Junio a realizar estudios políticos y militares en República Popular China. Al entrar la noche y sin decirnos de lo que se trataba, nos llevaron a una enorme sala del Palacio del Pueblo, donde había ya numerosas delegaciones extranjeras. A poco, entró al salón el presidente Mao Tse-tung, seguido de la plana mayor del Partido Comunista de China. Ya dos días antes, en el acto conmemorativo del 18 aniversario de la proclamación de la República Popular, desde mi puesto en la tribuna de la plaza Tien an Men, había alcanzado a ver al timonel. Ahora lo veía de cerca, con traje gris a la moda china, la apariencia normal de un hombre de 74 años, la mano levantada saludando a los presentes, una leve expresión de simpatía era lo único que modificaba esa expresión hierática, inconmovible, reflejada en las omnipresentes fotos y las estatuas diseminadas en la inmensidad de aquella tierra grande y legendaria. Detrás en orden inalterable, Lin Piao, mariscal del Ejército Popular de Liberación, ministro de defensa, pequeño, delgado, con el libro rojo en alto en señal de saludo. Chou En-Lai, con su permanente sonrisa diplomática; Chen Po Ta, gordo, con lentes de aumento, uniforme y gorra de soldado; Kang Sheng, eminente teórico del marxismo, de apariencia modesta; cerraba el desfile, Chiang Ching, la altiva y elegante esposa del timonel, ojos expresivos detrás de sus lentes recetados, vestida de arriba a abajo de uniforme militar. La sala se llenó de aplausos y resonaron vítores en todos los idiomas. Mao caminó lentamente, sin detenerse, en silencio. En ocasiones juntaba las manos y las levantaba en señal de amistad. Teníamos instrucciones muy rígidas de quedarnos parados donde estábamos, al parecer todas las delegaciones tenían la misma instrucción. No obstante, al pasar cerca de nosotros, el líder fue interceptado por un compañero uruguayo que se decidió a romper la regla protocolar y salir en pos de la mano que había dirigido una heroica guerra de veinte y ocho años y ahora regía el destino del país más poblado de la tierra. Fue el único afortunado, porque el líder, que había entrado al salón entre vítores y aplausos, también entre vítores y aplausos se retiró con su séquito para poner fin a este encuentro, casi impersonal, pero inolvidable y que nunca jamás volvería a repetirse.
Ucrania no es el problema de los EEUU, el problema es China

Por Freddy González \»Estados Unidos no tiene amistades permanentes, sino intereses permanentes\» John Quincy Adam. Sexto presidente EE. UU. (1825-1829) En una jugada del ajedrez político mundial, el presidente Donald Trump, está dispuesto a sacrificar un peón con el fin de lograr ganar o empatar una partida. Para la nueva administración republicana, ni Ucrania con Zelenski incluso, ni la OTAN, ni la Unión Europea, su aliada y competidora a la vez, significan nada, por eso le importa un comino el destino final del conflicto ucraniano. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) organización creada en 1949, bajo los auspicios del gobierno estadounidense de Harry S. Truman en los inicios de la llamada Guerra Fría, ya no le sirve para nada. Según la ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, Melanie Joly, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se niega a reconocer a Rusia como una amenaza para Europa, agregando que para Rubio, la verdadera amenaza a la paz en Europa es la misma OTAN”. En igual posición está la del senador republicano por Utah Mike Lee, secundada por el todopoderoso Elon Musk, que pide a Estados Unidos que abandone la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Sacrificar a sus antiguos aliados no es nada nuevo para el imperio, ese ha sido un ritual en su conducta desde sus inicios, porque no tienen ni amigos ni enemigos permanente, sino intereses y los amigos de hoy pueden ser los enemigos de mañana y viceversa, siendo los casos más recientes lo del líder de los rebeldes Sirios Abu Mohammed al-Jolani, por el cual ofrecieron Díez millones de dólares por su captura vivo o muerto, ahora convertido en su principal aliado y del propio Volodímir Zelenski, hasta ayer rey del circo y hoy un simple payaso, pasando de héroe a villano. Siguiendo ese patrón de conducta de satanizar a sus antiguos aliados, el periodista estadounidense Tucker Carlson, dice que Zelensk. El 7 de diciembre de 2022, la revista Time lo nombró «Persona del año». Debe ser acusado de asesinatos políticos y comercio ilegal de armas, afirmando: \»Los ucranianos vendieron un gran número de armas estadounidenses en el mercado negro internacional a veinte centavos por dólar. Estas armas están ahora en manos de grupos armados en todo el mundo incluyendo a Hamas, los carteles de la droga mexicanos y las fuerzas que ahora controlan Siria\». Así tratan los gobiernos estadounidenses, a sus aliados circunstanciales, no importa que sean Demócrata o Republicano cuando no les sirven a sus intereses. ¿Qué se esconde detrás de esta jugada política? Trump no es amante de la paz cómo se ha querido vender, es tan guerrerista como todos sus antecesores, porque el capitalismo en su etapa imperialista le he consustancial las guerras por su política de expansión y conquista territorial no importando su modalidad de Espacio Vital o Destino Manifiesto. Su deseo enfermizo por Groenlandia, Canadá y Panamá lo evidencian. La reciente declaración del Secretario de Estado Marco Rubio de que la Administración del presidente Trump, aprobó el sábado primero de marzo, una venta de armas a Israel por un valor de 4.000 millones de dólares, para así seguir su política de agresión y conquista de los territorios vecinos, es un mentís de la falsa política de paz propagada por la administración Republicana. Para Trump la paz es una palabra vacía, todo es intereses y a Ucrania solo le queda pagar con intereses incluidos la incontable cifra de 500 mil millones de dólares en dinero y en especie. Por su naturaleza el imperialismo también exporta capital y conquista mercados y en un mundo multipolar la lucha por la conquista de esos espacios es encarnizada. Hoy el principal competidor y acreedor de los EE. UU. es la República Popular China, convertida en la segunda economía mundial muy lejos de la federación Rusa colocada en décimo primera entre las doce más grandes en todo el planeta. De ahí que los problemas de EE. UU. no son con Rusia sino con el gigante asiático que le iguala o sobrepasa en adelantos tecnológicos, qué expande capitales por todo el mundo e incluida América considerada zona de amortiguamiento del llamado imperio del norte. China es el soporte principal de Los BRICS organización que amenaza con el reinado del dólar como moneda de cambio mundial, entidad de la que también forman parte, Rusia, India, Brasil, Sudáfrica, y más de una docena de países. Tratar de mediatizar a la principal potencia militar de ese bloque contrario a la política financiera de occidente, sacrificando a un peón de su ajedrez político, en una guerra a toda luz imposible de ganar, es una jugada de estrategia política que no tienen nada que ver con las intenciones de paz y mucho menos de prevención de una tercera conflagración mundial. Intentar separar a Rusia de China a cambio de los ya independizados territorios Ucranianos por voluntad de sus propios habitantes no es un mal negocio para la administración de Trump. Por eso al tiempo en que se escenificaba el desagradable espectáculo del salón oval de la Casa Blanca, el secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Sergei Shoigu, visitó al Presidente de la República Popular China Xi Jinping a quien transmitió que: \»China y Rusia deben seguir fortaleciendo su coordinación en los asuntos internacionales y que ambos países son verdaderos amigos”. Trump puede estar jugando a la Ruleta Rusa y como dice el dicho: \»Ir por lana y salir trasquilado\».