UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Angustia y desamparo: El dominicano en Estados Unidos ante la política antiinmigrante

Por Julio Disla Por décadas, la comunidad dominicana en Estados Unidos ha sido un pilar fundamental tanto para la economía estadounidense como para la dominicana. A través de su arduo trabajo en sectores esenciales como la construcción, la hospitalidad y los servicios de salud, han contribuido significativamente al desarrollo de la nación que los acoge. Además, con las remesas que envían a sus familias, han sostenido una parte importante de la economía de la República Dominicana. Sin embargo, a pesar del invaluable aporte, hoy enfrentan una creciente angustia ante las políticas antiinmigrantes del nuevo gobierno estadounidense y la falta de respaldo por parte de las autoridades dominicanas. Miedo, Humillación y Desprotección Las recientes medidas de endurecimiento migratorio han puesto a muchos dominicanos en una posición de vulnerabilidad. Las redadas, el aumento de las deportaciones y las restricciones en los procesos de regularización generan incertidumbre y temor entre quienes residen en la nación norteamericana, especialmente aquellos que aún no han conseguido su estatus legal.  La amenaza de separación familiar y la posibilidad de perder años de esfuerzo y sacrificio han sumido a muchos en un estado de ansiedad constante. Más allá de las políticas gubernamentales, la hostilidad hacia los inmigrantes ha crecido en la sociedad estadounidense, promoviendo actitudes discriminatorias y episodios de humillación para aquellos que, a pesar de ser parte activa del tejido social y económico, son tratados como una carga o una amenaza.  Esto no solo afecta a los indocumentados, sino también a aquellos con estatus legal que, en un ambiente de creciente xenofobia, pueden ser blanco de racismo y exclusión.  Un Gobierno Ausente ante la Crisis Frente a esta crisis, el gobierno dominicano ha mostrado una preocupante indiferencia. Mientras otros países han brindado apoyo legal y político a sus diásporas, la comunidad dominicana en EE.UU. ha quedado prácticamente desamparada. No existen programas de asistencia jurídica efectivos para ayudar a quienes enfrentan procesos de deportación, ni iniciativas diplomáticas contundentes para exigir un trato justo a sus ciudadanos en el extranjero. Esta inacción contrasta con el peso que la comunidad dominicana tiene en la economía nacional. Las remesas enviadas por los dominicanos en los Estados Unidos representan una de las principales fuentes de ingresos del país, contribuyendo a la estabilidad de miles de familias y al crecimiento económico. A pesar de esto, el gobierno no ha diseñado estrategias concretas para proteger a quienes sostienen una parte importante de la nación desde el extranjero.   La Urgencia de una respuesta gubernamental Es imperativo que el gobierno dominicano asuma un papel más activo en la defensa de los derechos de su comunidad en esta urbe. Se necesitan consulados que realmente actúen en favor de los dominicanos en situación de riesgo, ofreciendo asistencia legal y diplomática. Asimismo, el país debe ejercer presión política para garantizar que sus ciudadanos no sean tratados de manera injusta o discriminatoria. La diáspora dominicana ha demostrado su lealtad y compromiso con la nación. Ahora es el turno del gobierno de demostrar que no están solos. Protegerlos no sólo es un deber moral, sino también una acción estratégica para garantizar la estabilidad de un país que sigue dependiendo en gran medida del esfuerzo y sacrificio de sus ciudadanos en el extranjero.

La Responsabilidad de cada gobierno ante la deportación masiva desde Estados Unidos

No se puede negar que cada país tiene sus propias circunstancias y limitaciones, pero lo que está en juego es la dignidad y los derechos de las personas. La respuesta de los gobiernos debe estar alineada con los principios de solidaridad, respeto y humanidad. La forma en que cada nación responde a este desafío determinará no solo su reputación en el ámbito internacional, sino también la confianza y el apoyo de sus propios ciudadanos. Por Julio Guzmán Acosta En la actual coyuntura de la política migratoria estadounidense, hemos sido testigos de cómo varios gobiernos latinoamericanos han asumido posturas diferenciadas frente a la orden de deportación masiva de inmigrantes impulsada por Donald Trump. Esta situación no solo pone a prueba la capacidad de respuesta de cada nación, sino que también refleja la sensibilidad y la humanidad de sus administraciones. En este contexto, es esencial destacar las decisiones tomadas por gobiernos como el de México, dirigido por Claudia Sheinbaum, y compararlas con la actitud del gobierno dominicano encabezado por Luis Abinader. Desde hace meses, el gobierno mexicano ha estado trabajando en un plan integral para recibir a sus connacionales deportados. Este plan no solo se centra en ofrecer un recibimiento humano y cálido, sino que también incluye el traslado digno de los deportados a sus lugares de origen y su inclusión en los programas sociales del gobierno. Además, se ha priorizado la creación de oportunidades laborales para aquellos que deseen reintegrarse al mercado laboral. Esta actitud proactiva y compasiva contrasta con la postura de otros gobiernos de la región, que han mostrado una falta de sensibilidad ante la crisis humanitaria que representa la deportación masiva. En Colombia, el presidente Gustavo Petro ha adoptado un enfoque similar. La administración colombiana se ha comprometido a ofrecer apoyo y asistencia a sus ciudadanos deportados, destacando la importancia de tratar a los migrantes con dignidad y respeto. Esta postura no solo es un acto de responsabilidad hacia sus compatriotas, sino también un mensaje claro sobre la importancia de la solidaridad en momentos de crisis. Asimismo, la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, han tomado decisiones en la misma línea, implementando planes de acogida que buscan garantizar un trato digno a sus ciudadanos que regresan. Estos líderes han comprendido que la migración es un fenómeno complejo que requiere empatía y respuestas adecuadas, en lugar de una mera condena o desinterés. Por el contrario, la posición del gobierno dominicano, que se ha limitado a afirmar que Estados Unidos tiene el derecho de apresar y deportar a quienes se encuentren en situación irregular, revela una alarmante falta de sensibilidad. La administración de Luis Abinader parece estar más preocupada por servir a los planes imperialistas contra el gobierno legítimo de Venezuela y de ser un peón al servicio de la administracion de Donald Trump, ignorando el drama que supone una deportación, que en muchos casos divide a la familia, despreciando la realidad de aquellos que enfrentan la deportación, tratándolos como cifras en lugar de seres humanos. Esta postura no solo muestra una falta de compromiso con sus ciudadanos, sino que también pone de manifiesto una dependencia servil hacia la administración estadounidense. No se puede negar que cada país tiene sus propias circunstancias y limitaciones, pero lo que está en juego es la dignidad y los derechos de las personas. La respuesta de los gobiernos debe estar alineada con los principios de solidaridad, respeto y humanidad. La forma en que cada nación responde a este desafío determinará no solo su reputación en el ámbito internacional, sino también la confianza y el apoyo de sus propios ciudadanos. En un momento en que la migración se ha convertido en un tema recurrente en especial para la ultraderecha internacional, es fundamental que los líderes latinoamericanos actúen con responsabilidad y sensibilidad. Los ejemplos de México, Colombia, Honduras y Brasil deben ser la norma, no la excepción. Es tiempo de priorizar el bienestar de nuestras comunidades y de mostrar que la verdadera fortaleza de una nación se mide por cómo trata a sus ciudadanos, especialmente en los momentos de mayor vulnerabilidad.

Marco Rubio aboga por estrategia de disuasión en apoyo a Taiwán durante audiencia de confirmación

Por Servicios umbral.local/ El senador Marco Rubio, nominado por el presidente electo Donald Trump para ocupar el cargo de secretario de Estado de Estados Unidos, instó este miércoles a mantener el apoyo a Taiwán y a demostrar a China que el costo de una posible invasión de la isla sería \»demasiado alto\». Durante su audiencia de confirmación en el Senado, Rubio defendió lo que denominó la \»estrategia del puercoespín\», que busca asegurar que los costos de una agresión militar contra Taiwán superen los beneficios potenciales. \»Sí, podrían lograr una invasión de Taiwán, pero el precio sería demasiado alto. Es básicamente disuasión. Y creo que eso es fundamental\», declaró Rubio, quien ha sido un firme defensor del apoyo estadounidense a Taiwán, una isla autogobernada que Pekín considera una provincia rebelde. Rubio enfatizó que no solo es vital disuadir a China de atacar Taiwán para proteger a la isla, sino también para evitar una intervención militar que podría desencadenar un \»cataclismo\» en la región del Indopacífico. En sus declaraciones, advirtió que la cuestión de Taiwán es de suma importancia para el presidente chino, Xi Jinping. \»Tenemos que aceptar el hecho de que, a menos que algo cambie drásticamente, como un equilibrio en el que [China] concluya que los costos de intervenir en Taiwán son demasiado altos, tendremos que lidiar con esto antes de que termine esta década\», advirtió Rubio, subrayando la urgencia de la situación. Además, el futuro secretario de Estado manifestó su intención de ayudar a Taiwán a mantener las escasas relaciones diplomáticas que tiene con algunos países latinoamericanos. Rubio destacó que Panamá había convencido a República Dominicana para romper lazos con Taiwán en favor de China, y expresó su preocupación por evitar que Paraguay siga un camino similar. Pese a las sanciones impuestas por el gobierno chino, Rubio aseguró que su trabajo requerirá \»mantener con ellos una conversación madura y prudente\», aunque reconociendo que Pekín ha expresado críticas en su contra. La postura de Rubio refleja una continuidad en la política exterior estadounidense hacia Taiwán en un contexto de tensiones crecientes entre Estados Unidos y China, especialmente en relación a la seguridad en el Indo-Pacífico. Su confirmación como secretario de Estado será observada de cerca, dado el impacto que podría tener en las relaciones entre ambas potencias y en la situación de Taiwán.

Editorial

La corrupción en la República Dominicana: Un mal arraigado que exige cambio La corrupción es un fenómeno que no solo se observa en el ámbito global, sino que tiene raíces profundas en la República Dominicana, donde se ha convertido en una de las principales barreras para el desarrollo y el bienestar de la población. A medida que se conmemora el Día Internacional contra la Corrupción, es fundamental reflexionar sobre cómo este flagelo ha permeado todos los niveles de la sociedad dominicana, afectando no solo a las instituciones, sino también a la calidad de vida de millones de ciudadanos. Desde hace más de dos décadas, la ONU ha establecido esta efeméride no para celebrar, sino para crear conciencia sobre la urgencia de combatir la corrupción. En un país donde el soborno y la impunidad parecen ser prácticas comunes, la necesidad de erradicar este fenómeno se vuelve más apremiante que nunca. Según datos de la ONU, cada año se pierden billones de dólares en sobornos y robos a nivel mundial; sin embargo, en la República Dominicana, estas cifras se sienten de manera aún más dramática. La corrupción no solo afecta la economía, sino que también deteriora la confianza en las instituciones y en el sistema democrático. En el contexto dominicano, la corrupción está interrelacionada con otros delitos graves, como el narcotráfico y el contrabando, que prosperan en un entorno donde los controles son débiles y la venalidad de las autoridades es más evidente. Esta situación crea un ciclo vicioso que enriquece a unos pocos a expensas de las mayorías, provocando un daño irreparable a la educación, la salud y la seguridad de la ciudadanía. La burocracia engordada y la falta de inversión extranjera son solo algunas de las consecuencias de un sistema que se alimenta de la corrupción. Es alarmante observar cómo los recursos que deberían destinarse a mejorar la calidad de vida de la población se desvían hacia bolsillos corruptos, dejando a la sociedad en un estado de vulnerabilidad extrema. La corrupción, por lo tanto, no es solo un problema ético, sino una cuestión de justicia social y desarrollo sostenible. Conmemorar el Día Internacional contra la Corrupción en la República Dominicana debe ser un llamado a la acción. No podemos quedarnos de brazos cruzados ante un fenómeno tan arraigado. La población tiene el deber de transformarse en portavoces del cambio, denunciando los actos corruptos y exigiendo la rendición de cuentas. Es imperativo que los responsables de actos de corrupción enfrenten penas severas y que se garantice la independencia de los poderes del Estado. La educación juega un papel crucial en este proceso. Integrar valores de honestidad y transparencia en los sistemas educativos desde una edad temprana puede ser la clave para cultivar una nueva generación que rechace la corrupción como norma. La lucha contra la corrupción en la República Dominicana es un desafío monumental, pero no es insuperable. Requiere un compromiso colectivo que trascienda fronteras políticas y sociales. Solo así podremos aspirar a un futuro donde la justicia y la equidad prevalezcan, y donde la corrupción deje de ser un mal arraigado en nuestra sociedad.

Cartas al director

Enfoque del tema haitiano Julio Guzmán Acosta Director umbral.local/ Manzana A, edificio 26, apartamento 102 Residencial San Isidro Labrador Santo Domingo Este, República Dominicana Estimado Sr. Guzmán Acosta: Le escribo para expresar mis reflexiones sobre el tratamiento que umbral.local/ ha dado a la problemática haitiana en sus publicaciones. Como lector habitual, he notado el enfoque que su medio ha adoptado, defendiendo las relaciones armoniosas con nuestros vecinos de Haití y enfatizando que la solución a la crisis que enfrenta ese país debe surgir de su propia gente, desalentando la intervención extranjera como respuesta a sus desafíos internos. Es indudable que la situación en Haití es compleja y merece un análisis profundo. Su postura de promover el diálogo y la comprensión entre ambas naciones es loable y refleja un deseo de construir lazos más fuertes, basados en el respeto mutuo y la cooperación. Sin embargo, es importante reconocer que esta posición ha sido interpretada por algunos sectores como una inclinación prohaitiana, lo que genera tensiones en un contexto donde las percepciones sobre la migración y la seguridad son temas sensibles en la sociedad dominicana. Es esencial que, al abordar la problemática haitiana, se logre un equilibrio que no solo exponga la necesidad de soluciones internas, sino que también reconozca las inquietudes y preocupaciones legítimas de la población dominicana. La historia entre ambos países es compleja y está marcada por una serie de eventos que han dejado huellas profundas en la psique colectiva. Por lo tanto, es fundamental que se aborde esta temática con sensibilidad, considerando también las voces que expresan preocupaciones sobre la migración y la seguridad en nuestro territorio. Entiendo que su compromiso con la verdad y la justicia social guía la línea editorial de umbral.local/; no obstante, creo que es fundamental promover un diálogo inclusivo que permita a los lectores comprender la multifacética realidad que enfrentamos. Esto no solo enriquecería su contenido, sino que también podría ayudar a desactivar tensiones y fomentar un debate más constructivo sobre el tema. Le agradezco por su atención y espero que mi perspectiva sea considerada en futuros análisis sobre esta importante cuestión. Como lector y ciudadano, confío en que umbral.local/ continúe siendo un espacio para el diálogo y la reflexión sobre temas que afectan tanto a nuestra nación como a la región. Atentamente, Rafael Enrique Zorrilla El Seibo, República Dominicana

Editorial

Hacia una relación de cooperación y solidaridad entre la República Dominicana y Haití   La República Dominicana y Haití comparten no solo una misma isla, sino también una rica historia entrelazada que ha sido forjada por la lucha, la resistencia y la cooperación. A lo largo de los siglos, nuestros pueblos han estado unidos por nombres y hechos que han marcado el rumbo de nuestras naciones. Desde la independencia de Haití, la primera revolución antiesclavista del mundo, hasta las luchas independentistas dominicanas, donde figuras haitianas se alzaron junto a nuestros héroes, la historia nos recuerda que somos parte de un mismo tejido humano. Nombres como Toussaint Louverture y Juan Pablo Duarte son símbolos de una lucha compartida por la libertad. Durante las invasiones norteamericanas de 1916 y 1965, héroes y heroínas haitianas se unieron a nuestros compatriotas para defender la soberanía de la patria. Estos momentos históricos nos enseñan que la cooperación y la solidaridad son fundamentales para el progreso de ambos pueblos. Es imperativo que reconozcamos y celebremos esta herencia común, que nos invita a construir un futuro en el que la colaboración y el respeto mutuo sean la norma. La migración, un fenómeno tan antiguo como la civilización misma, ha sido un motor de desarrollo en todo el mundo. En la actualidad, muchos haitianos llegan a la República Dominicana en busca de mejores oportunidades, huyendo de condiciones de vida insostenibles. Este fenómeno no debe ser visto como un desafío, sino como una oportunidad para enriquecer nuestra sociedad. La mano de obra haitiana es esencial en sectores clave como la agricultura, la construcción y los servicios, y su contribución es vital para el funcionamiento de nuestra economía. Sin embargo, la situación de la inmigración irregular ha generado intensos debates en nuestro país. Es fundamental que abordemos este tema con un enfoque humano y pragmático. Regular la situación de los inmigrantes haitianos no solo es un acto de justicia social, sino también una necesidad económica. No podemos exigir que los descendientes haitianos se sientan \\\»hijos de Duarte, Mella, Sánchez o Luperón\\\» para poder vivir legalmente en nuestra tierra. La identidad nacional no se mide por la sangre, sino por el compromiso y la convivencia en un mismo espacio. La diversidad cultural que traen consigo los inmigrantes no diluye nuestra identidad nacional; al contrario, la fortalece. La integración de las culturas de los inmigrantes enriquece el tejido social y promueve un ambiente de innovación y creatividad. Es hora de abrir los ojos y reconocer que la verdadera fortaleza de un país radica en su capacidad para integrar y valorar a todos sus ciudadanos, sin importar su origen. La historia nos ha enseñado que la cooperación y la solidaridad son fundamentales para el progreso de nuestros pueblos. Es momento de construir puentes, no muros, y de trabajar juntos hacia un futuro en el que todos tengamos la oportunidad de prosperar. La relación entre Haití y la República Dominicana debe ser un ejemplo de cómo dos naciones pueden unirse en la búsqueda de un bienestar común, celebrando nuestras diferencias y abrazando nuestra historia compartida. En conclusión, es fundamental que ambos pueblos reconozcan el valor de la cooperación y la solidaridad. La migración, cuando se gestiona adecuadamente, puede ser una fuente de riqueza y diversidad que enriquece nuestra nación. Al regular el estatus migratorio de los haitianos y otros inmigrantes, no solo se les brinda la oportunidad de vivir y trabajar dignamente, sino que también se fortalece nuestra economía y se promueve un ambiente de paz y convivencia. Es hora de avanzar juntos, hacia un futuro donde la historia común y la solidaridad sean los pilares de nuestra relación.

Dominicanos exigen una vez más fin del bloqueo de EEUU a Cuba

Santiago de los Caballeros, República Dominicana, 27 oct (Prensa Latina) Una parada contra el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba protagonizaron hoy miembros del Comité de Solidaridad con ese país en esta provincia del norte dominicano. Prensa Latina   ¡No al bloqueo a Cuba!, ¡Cuba sí, bloqueo no! y banderas de los dos países acompañaron a los amigos de la isla caribeña en este acto, en el que participaron directivos de la Campaña, encabezada por su coordinador nacional, Roberto Payano. Los presentes también exigieron a Washington que tache a Cuba de la lista unilateral de naciones supuestamente patrocinadoras del terrorismo, que tanto daño hace a las familias y a las relaciones económicas y comerciales de La Habana. El grupo de la solidaridad en Santiago de los Caballeros, la segunda ciudad más poblada de la República Dominicana, convocó a organizaciones progresistas, estudiantiles y comunitarias, entre otras, a unirse a esta parada contra la política hostil de la Casa Blanca, en el emblemático Parque Colón, en el casco histórico. Esta acción se suma a muchas otras desarrolladas aquí para exigir el fin del injusto y criminal cerco económico de Estados Unidos a Cuba, el más largo de la historia, y al que se opone la inmensa mayoría de la comunidad internacional. Solo entre el 1 de marzo de 2023 hasta el 29 de febrero de 2024 el bloqueo causó daños y perjuicios materiales a Cuba estimados en cinco mil 56,8 millones de dólares. La cifra representa una afectación aproximada de más de 421 millones de dólares mensuales, más de 13.8 millones de dólares diarios, y más de 575 mil 683 dólares en daños por cada hora de bloqueo. Los días 29 y 30 de octubre próximos la Asamblea General de las Naciones Unidas considerará, por trigésimo segunda ocasión, el proyecto de resolución de Cuba sobre el bloqueo. Desde 1992, la comunidad internacional ratifica todos los años el rechazo a esta política, recrudecida a niveles sin precedentes durante el impacto de la Covid-19 con el propósito de estrangular la economía nacional y rendir, sin éxito, al pueblo cubano.

FMI proyecta crecimiento estable del PIB en República Dominicana para 2024

Por Brendalis Reyes Santo Domingo – El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha mantenido su proyección de crecimiento económico para la República Dominicana en un 5.1% del Producto Interno Bruto (PIB) para el año 2024, aunque anticipa una ligera disminución a 5.0% para el 2025. Este pronóstico se enmarca dentro de un panorama regional donde varios países están alcanzando un crecimiento cercano a su potencial, aunque el organismo considera que este es débil. El informe de perspectivas económicas del FMI indica que, aunque la inflación en el país continuará disminuyendo, lo hará a un ritmo gradual. Esto se debe a que, a pesar de la reducción en las brechas de crecimiento y inflación, la política monetaria de la República Dominicana sigue siendo contractiva. Además, el organismo advierte sobre la necesidad de reforzar las finanzas públicas para mantener la estabilidad económica. En términos más amplios, el informe aborda que el crecimiento a corto plazo en la mayoría de los países de América Latina se mantendrá en niveles bajos, influenciado por problemas persistentes como la baja inversión y el débil crecimiento de la productividad. Estos factores, junto a consideraciones demográficas, afectan el panorama económico de la región. Para afrontar estos desafíos, el FMI recomienda una recalibración de las políticas económicas, con el objetivo de lograr un crecimiento más sostenido en el futuro. En este sentido, el organismo señala que muchos bancos centrales están en condiciones de avanzar hacia una relajación monetaria, buscando un equilibrio que evite nuevas presiones inflacionarias y, al mismo tiempo, una contracción económica excesiva. Banco Central de la República Dominicana (Foto de Archivo) El FMI también expresa preocupación por el bajo nivel de reformas en curso en la región, lo que podría dar lugar a un círculo vicioso de bajo crecimiento, descontento social y, potencialmente, políticas populistas. Por ello, el organismo insta a continuar con reformas estructurales que estimulen el potencial de crecimiento y mejoren los niveles de vida. Destaca la importancia de mejorar la gobernanza, fortaleciendo el Estado de derecho y la eficacia del gobierno, además de combatir la delincuencia. Comparativa Regional El informe del FMI resalta que otros países de la región, como Uruguay, Nicaragua, Honduras, Guatemala y San Cristóbal y Nieves, también mantendrán un PIB en cifras similares durante el periodo 2024-2025. Por ejemplo, Uruguay proyecta un crecimiento de 3.2% en 2024 y 3.0% en 2025, mientras que Nicaragua espera un 4.0% y 3.8%, respectivamente. Asimismo, algunos países presentan proyecciones constantes, como Paraguay, Venezuela, El Salvador y Surinam, todos con un crecimiento proyectado de 3.0% a 3.8% en los próximos dos años. Conclusiones En conclusión, el informe del FMI sugiere que, aunque la República Dominicana y otros países de la región continuarán creciendo, será a tasas más moderadas. La estabilidad económica dependerá de la implementación efectiva de reformas estructurales y de políticas que fortalezcan las bases del crecimiento sostenible. El futuro económico del país estará marcado por la capacidad de adaptarse a estos desafíos y mejorar las condiciones del entorno económico.

Canciller Roberto Álvarez dice en la ONU que la República Dominicana tomó medidas por los \\\»pocos resultados\\\» de la misión en Haití

El ministro de Relaciones Exteriores, Roberto Álvarez, reiteró que \\\»la crisis que arropa Haití es su responsabilidad, empeorada por la falta de apoyo oportuno y sostenido de la comunidad internacional\\\» Por Servicios umbral.local/ En un ambiente marcado por la incertidumbre y la preocupación, el Consejo de Seguridad de la ONU se convirtió en el escenario de un intercambio tenso entre representantes de Haití y la República Dominicana. El canciller dominicano, Roberto Álvarez, puso en el centro del debate la crítica situación de seguridad en Haití y las implicaciones que tiene para su país, especialmente en lo que respecta a la migración irregular y la creciente ola de deportaciones. A tres meses de la llegada de la Misión Multinacional de Seguridad en Apoyo a Haití, la cifra de soldados desplegados es extremadamente baja: solo 410 de los más de mil que se habían prometido se encuentran en el terreno. Este escaso despliegue ha llevado a Álvarez a cuestionar la efectividad de la misión, señalando que la falta de apoyo internacional ha limitado su capacidad para enfrentar a las bandas criminales que desestabilizan a la nación vecina. \\\»El incesante flujo de migrantes con estatus irregular en el país y los riesgos potenciales de que la violencia generada por el crimen organizado en Haití traspase la frontera\\\», fueron solo algunos de los argumentos que el canciller utilizó para justificar la intensificación de las deportaciones de haitianos. Aseguró que la República Dominicana ha hecho un gran esfuerzo al acoger a 147,000 estudiantes haitianos en sus escuelas y dedicar un 16% del presupuesto de salud a la población haitiana, pero dejó claro que \\\»hay límites\\\». En contraposición, el embajador de Haití ante la ONU, Antonio Rodrigue, denunció las deportaciones como una violación de los derechos humanos y un principio de vecindad que, según él, agrava la crisis de su país. \\\»Esta oleada repentina de personas, devueltas de manera brutal y sin una coordinación entre ambos países, pone en graves aprietos nuestra capacidad de responder a las necesidades humanas urgentes de ese contingente\\\», declaró con una mezcla de frustración y desesperación. Rodrigue hizo un llamado a la comunidad internacional para que intervenga y ponga fin a lo que considera \\\»graves violaciones a los derechos humanos\\\», mientras que el canciller dominicano respondía a tales llamados con claridad. \\\»El gobierno dominicano no puede aceptar el insensato llamado a detener las repatriaciones\\\», afirmó, enfatizando que permitir esto equivaldría a abrir las fronteras y fomentar una mayor migración irregular. La sesión del Consejo se tornó aún más sombría cuando la representante Especial del secretario general para Haití, María Isabel Salvador, presentó un informe que confirmaba el deterioro de la situación en Haití. En su exposición, Salvador destacó que las áreas más afectadas por la violencia de las pandillas han aumentado, y aunque hubo avances en la lucha contra el crimen organizado, estos eran insuficientes. Por su parte, el gobierno de Kenia, que también participa en la misión, coincidió con la posición dominicana al señalar la necesidad de completar el despliegue de 1,500 soldados para poder ofrecer un apoyo efectivo a la Policía haitiana. Hasta la fecha, solo un puñado de países se ha comprometido a unirse a esta misión, lo que deja a la comunidad internacional ante el reto de actuar con urgencia. La sesión concluyó sin resoluciones claras, dejando en el aire la pregunta sobre cómo proceder ante una crisis que, más que nunca, exige atención y acción inmediata. Mientras tanto, las deportaciones de haitianos continúan, marcando un capítulo más en la compleja relación entre dos naciones que comparten no solo una frontera, sino también una historia entrelazada que clama por soluciones efectivas y humanitarias.

Diplomacia bajo las sábanas

Por Nelson Encarnación   El talante, unas veces displicente y otras veces agresivo, que pone de manifiesto la canciller haitiana frente a la República Dominicana, sobrepasa la animadversión que es casi consustancial a las relaciones del vecino país con nosotros. La ministra Dominique Dupuy no esconde esa conducta frente a nuestro país, ya sea mediante un comportamiento ríspido a través de su discursiva mediática, o aprovechando ciertas relaciones directas con estamentos multilaterales que siempre están dispuestos a clavarnos el puñal. Pero ese temperamento desafiante y poco amistoso de la señora canciller oculta otro elemento que pocos conocen, y es su relación de alcoba. Ocurre que la señora Dupuy tiene una relación sentimental con Claude Joseph, un individuo que regularmente utiliza lenguaje violento y a ratos ponzoñoso hacia este país, y cuya intolerancia provocara que el presidente Luis Abinader le incluyera entre las personas indeseables y vedadas para ingresar en el territorio nacional. Es decir, Joseph —excanciller y exprimer ministro interino— no puede pisar suelo dominicano, al menos mientras exista la prohibición contenida en un decreto firmado por el jefe del Estado meses atrás, como un mecanismo de defensa ante su comportamiento tóxico. Dado que el señor Joseph no ostenta función estatal alguna, carece de influencia directa en las políticas del Gobierno haitiano, y, a lo sumo, solo puede pronunciarse como un pretendiente a la presidencia de ese país en las elecciones que se organicen en un futuro incierto. Pero, mientras se determina si el sujeto se alza con alguna posición electiva, se vale de su relación con la canciller para incidir sobre su comportamiento malicioso. Con un agravante: ni los miembros del Consejo Presidencial ni el primer ministro tienen dominio sobre su canciller, quien se maneja como isla separada que ejerce casi al margen del conjunto administrativo haitiano. Se sabe que la decisión del interinato haitiano de no asistir a la juramentación del presidente Abinader el pasado agosto, tuvo mucho que ver con esta situación, la que fue del conocimiento de nuestro Gobierno, pero sobre la cual, sin embargo, careció de control por razones obvias. Lo dicho pudiera interpretarse como un chisme de farándula, si de por medio no estuvieran las relaciones de países vecinos, cuyos vínculos entran con frecuencia en altibajos, agravados ahora por nuestras acciones soberanas de repatriar de forma masiva a indocumentados.