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Recordando a Manolo Tavárez Justo: Un héroe de la libertad

El 21 de diciembre de 1963, las balas que resonaron en Las Manaclas no solo marcaron el fin de la vida de Manolo Tavárez Justo y 14 de sus compañeros, sino que también dejaron una herida abierta en la memoria colectiva de la República Dominicana. Este aniversario, que conmemora 61 años de uno de los episodios más oscuros de nuestra historia, nos invita a reflexionar sobre el legado de un hombre que se convirtió en símbolo de resistencia y lucha por la justicia. Manolo Tavárez Justo, líder del movimiento 14 de junio, no fue un simple activista; fue un ferviente defensor de la democracia, un hombre que se atrevió a alzar la voz frente a la opresión que se cernía sobre nuestro país tras el derrocamiento del gobierno del profesor Juan Bosch. Su captura y ejecución, junto a sus compañeros, no solo fueron un acto de barbarie, sino un intento deliberado de silenciar la esperanza de un pueblo que anhelaba un cambio. La brutalidad de este hecho pone de manifiesto una historia marcada por la violencia, donde las instituciones armadas han actuado como instrumentos de terror en lugar de ser garantes de la paz y la justicia. El momento que vivía el pais cuando se produjo una represión en el que se desarrolló la masacre de Las Manaclas es fundamental para entender la magnitud del sacrificio de Tavárez Justo. En un momento en que la voz de la oposición era perseguida, su firmeza y determinación se erguían como un faro de resistencia. La historia no debe olvidar que la lucha por la democracia y los derechos humanos requiere valentía, y Manolo encarnó esa valentía en su máxima expresión. Los testimonios de quienes sobrevivieron a aquel día fatídico, como el Dr. Emilio Cordero Michel, nos ofrecen una visión desgarradora de la realidad que enfrentaron. La imagen de hombres rendidos, ondeando banderas blancas y siendo asesinados a sangre fría, no puede ser silenciada ni relegada al olvido. Este crimen, clasificado como una masacre, exige justicia, no solo para honrar a sus víctimas, sino para asegurarnos de que nunca más se repita un episodio tan atroz en nuestra historia. En este sentido, el legado de Manolo Tavárez Justo debe ser un faro que guíe a las futuras generaciones. No podemos permitir que el nombre de un militar responsable de esta masacre, como Ramiro Matos González, continúe honrando instituciones educativas del país. Esta situación no solo es un despropósito, sino una ofensa a la memoria de aquellos que lucharon por la libertad. La justicia exige que la historia sea contada con veracidad, y que los héroes como Manolo sean recordados con dignidad. El aniversario de la masacre de Las Manaclas debe servir como un llamado a la acción. En un país que aún busca su rumbo, es imperativo que honremos la memoria de Tavárez Justo y sus compañeros, y que su sacrificio inspire un compromiso renovado con la verdad, la justicia y los derechos humanos. Recordar su lucha no es solo un ejercicio de memoria histórica, sino una responsabilidad que todos debemos compartimos como dominicanos. La historia no debe ser olvidada. La figura de Manolo Tavárez Justo debe permanecer viva en nuestra conciencia colectiva, impulsándonos a seguir luchando por un país donde la violencia y la opresión no tengan cabida. Que su legado nos inspire a construir una sociedad más justa, donde nunca más se repitan masacres como la de Las Manaclas. La memoria de estos héroes es un llamado constante a la lucha por la libertad y la dignidad de todos los dominicanos.

Manaclas 1963: masacre y crimen de guerra

A partir de lo que se recoge en un escrito publicado en el periódico El Siglo del 21 de junio de 1995, el doctor Emilio Cordero Michel señaló que “Manolo y el grupo venían a rendirse, traían camisetas y pañuelos blancos amarrados a varitas. Fueron hechos prisioneros; los colocaron de espaldas a un corte de una carretera y allí los fusilaron. Por Amaurys Pérez Vargas   Hoy sábado 21 de diciembre se conmemora el 61 aniversario de la siembra de Manolo Tavárez Justo y 14 de sus compañeros del movimiento 14 de junio en Las Manaclas, ocurrida en diciembre de 1963. Desde el punto de vista histórico, el crimen se enmarca en un contexto de represión política tras el golpe de Estado que derrocó al gobierno constitucional del profesor Juan Bosch, recordándonos la brutalidad con que han actuado las fuerzas armadas dominicanas a lo largo de nuestra historia republicana. A nivel criminológico, este crimen está tipificado como una “masacre” ya que refiere a un acto colectivo donde hubo una clara intención por motivos políticos de provocar múltiples asesinatos que militares perpetraron contra civiles desarmados. En el plano jurídico, el crimen contra los catorcistas que bajaron “bandera blanca en mano” después de acogerse a la propuesta del Triunvirato que les conminaba a rendirse, se circunscribe a la Convención de Ginebra de 1949, la cual codifica las normas sobre la protección de las víctimas de conflictos armados, definiendo a su vez, los crímenes de guerra. Desde esa perspectiva, se puede aludir la responsabilidad de los militares implicados en el crimen véase aquellos que estuvieron vinculados materialmente y por la cadena de mando en las decisiones jerárquicas que se tomaron sobre el terreno. Al respecto, los testimonios de los sobrevivientes señalan al general Ramiro Matos González, como el principal responsable de las operaciones militares en Las Manaclas, por lo que su nombre aparece mencionado como la figura clave detrás de los fusilamientos. Ciertamente, la cadena de mando constituye la base operativa con que actúan las instituciones militares cuyas jerarquías establecen con claridad las asignaciones en torno a quién toma, ejecuta y supervisa las decisiones militares para su cumplimiento. Desde esta óptica, la estructura permite rastrear la responsabilidad tanto de los soldados sobre el terreno como la de los oficiales superiores que ordenaron las operaciones. A partir de lo que se recoge en un escrito publicado en el periódico El Siglo del 21 de junio de 1995, el doctor Emilio Cordero Michel señaló que “Manolo y el grupo venían a rendirse, traían camisetas y pañuelos blancos amarrados a varitas. Fueron hechos prisioneros; los colocaron de espaldas a un corte de una carretera y allí los fusilaron. Los familiares y personas que fueron a exhumar los cadáveres han testificado varias veces que las condiciones en que se encontraban esos compañeros: destrozados a balazos; algunos con bayonetazos; otros con un tiro de gracia en la nuca. Más aún, encontraron innumerables impactos de bala en el corte de la carretera, así pañuelos y camisetas blancas ensangrentadas”. Se recuerda que, en carta enviada desde la cárcel de La Victoria a Don Rafael Herrera Cabral en fecha 27 de diciembre de 1963, el Dr. Cordero Michel explicó que “Bajando prisionero de las montañas de San José de las Matas, escuché las expresiones de la soldadesca: «¡Matar a Tavárez Justo, aunque venga con bandera blanca y desarmado!». No dudé un segundo, que tenían instrucciones superiores de liquidar al compañero Manolo y a todo a quien le acompañase”. El único guerrillero del Frente Enrique Jiménez Moya que sobrevivió tras entregarse agregó además que “Deseo aclarar que el grupo de 12 compañeros que quedó detrás del que comandaba, y en el que venía el Dr. Manuel A. Tavárez Justo, también estaba enarbolando banderas y pañuelos blancos. No obstante, todos fueron asesinados porque así convenía a los intereses de los militares de la Aviación, quienes están tan acostumbrados a derramar la sangre del pueblo. Prueba de ello es que, al exhumarse los restos de mis 15 compañeros, dos días después, todos los cadáveres estaban desnudos o semidesnudos. Y si, director, un guerrillero no combate en paños menores y sin botas”. En ese orden, la masacre de Las Manaclas no fue un evento espontáneo ni una acción aislada ya que la captura y posterior ejecución de Manolo Tavárez Justo y sus compañeros estuvo relacionada con decisiones estratégicas que se tomaron dentro de la jerarquía militar cuya estructura de mando aseguraba que una orden de esa magnitud pasara necesariamente por sus altos mandos. Tal como es sabido, las operaciones estuvieron bajo la responsabilidad del general Ramiro Matos González, quien, como jefe militar, tenía autoridad sobre las tropas desplegadas en la zona. En ese sentido, las órdenes de fusilar a los guerrilleros sólo pudieron haber sido ejecutadas con su aprobación explícita o tácita. Incluso si no dio directamente las órdenes, Matos González tenía el deber de supervisar las operaciones para prevenir violaciones de derechos humanos. Por tanto, el hecho de que no pudo garantizar un trato justo para los prisioneros que fueron apresados por sus tropas lo convierte inexorablemente en responsable de los crímenes. Más allá de las implicaciones legales, el papel de Matos González en la masacre de Manaclas subraya una cuestión ética fundamental en nuestra sociedad sobre el rol de los militares que cegaron la vida de los que lucharon por nuestra libertad y democracia. En ese orden, el nombre que honra la Escuela de Graduados de Estudios Militares del Ejército de la República Dominicana constituye un despropósito y una ofensa a la memoria de sus víctimas, los héroes nacionales: Dr. Manuel Aurelio Tavarez Justo, Ing. Jaime Rafael Ricardo Socías, Dr. José Cabrera González, Juan Ramón Martínez (Monchi), Jesús Antonio Barreiro Rijo (Tony), José Daniel Fernández Matos, Ing. Rubén Díaz Moreno, Manuel de Jesús Fondeur (Piculín), Leonte Antonio Schott Michel, Fernando Arturo Martínez Torres, Antonio Filión (Manchao), Caonabo Abel, Manuel de los Santos Reyes Díaz (Reyito) Alfredo Peralta Michel (Alfredito) y Rubén Alfonso Marte Aguayo (Fonsito).