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Maximiliano Gómez: 55 años después, un legado que inspira hoy

La Fundación Maximiliano Gómez (El Moreno) conmemora con éxito histórico el 55 aniversario del asesinato del líder revolucionario en un acto cargado de simbolismo, patriotismo y reflexión, con la participación de personalidades políticas y sociales, y un emotivo tributo que reafirma la vigencia de su pensamiento transformador Por: BRENDALIS REYES Santo Domingo, R.D. – Hubo en aquel 23 de mayo de 1971 un acto criminal de parte de la CIA en Bruselas que calló una voz, pero no logró silenciar una idea. Cincuenta y cinco años después, la memoria de Maximiliano Gómez, conocido como \»El Moreno\», se alzó nuevamente en el corazón de la patria, más viva que nunca, más necesaria que nunca. La Fundación que lleva su nombre logró una convocatoria histórica este 23 de mayo, al conmemorar el 55 aniversario del vil asesinato de quien fuera el líder revolucionario más emblemático de la postguerra dominicana y secretario general del Movimiento Popular Dominicano (MPD). El encuentro, que por su emotividad y magnitud resultó un éxito rotundo, sirvió para recordar al hombre nacido el 5 de mayo de 1943 en San Pedro de Macorís, cuya existencia fue truncada por la represión política en una fría tarde europea, pero cuya obra quedó sembrada en la tierra caliente del trópico. Las palabras inaugurales estuvieron a cargo del señor Fernando Peña, quien con oficio de orador y memoria de militante trazó una semblanza del líder. Destacó Peña que \»El Moreno\» dejó un legado inquebrantable de lucha revolucionaria, enfocado siempre en la transformación social y la libertad del pueblo dominicano. Su voz, grave y medida, recordó a los presentes que aquel joven emepedeísta antes de la sigla, aquel soñador de utopías necesarias, no murió en vano. Luego tomó la palabra la señora Carmen Mazara Vda. Gómez, presidenta de la fundación, quien con la autoridad que le confiere el apellido y la memoria evocó con vehemencia el coraje de Maximiliano. Subrayó su ejemplo de servicio, su firme compromiso con los más necesitados y esa manera tan suya de entender la política como un acto de amor al prójimo. En una línea más íntima, la vicepresidenta de la entidad, Mirna de los Santos Vda. Amín Abel, rescató la faceta humana y solidaria del líder, esa fraternidad que —dijo— siempre mantuvo con sus compañeros de lucha, incluso en los momentos más oscuros de la clandestinidad. El salón se llenó de nombres que pesan en la historia política dominicana. Allí estuvo el excelentísimo señor Ángel Arzuaga Reyes, embajador de Cuba en la República Dominicana, cuya presencia selló el carácter internacionalista del homenaje. También asistieron el abogado y alto dirigente político Freddy González; el emblemático Rafael \»Fafa\» Taveras; las destacadas figuras Virtudes Álvarez y Manuel Salazar; así como Fernando Peña, Manuel Pérez, Julio Canó, Dionicio Blanco, Fausto Herrera Catalino, del movimiento Peñagomista y el señor Andrés Cueto, quien se trasladó desde Santiago para no faltar a la cita. La excelente colaboración del doctor Domingo Ramírez fue clave en el engranaje logístico del evento. Como parte del programa, se dio lectura a una Proclama en respaldo a la República de Cuba, reafirmando el derecho soberano de los pueblos a vivir en paz, libres de cualquier intervención de potencias extranjeras. Fue un momento de tensión serena, donde la geopolítica se hizo carne en palabras y el eco del bloqueo resonó como una herida abierta que los presentes exigieron cerrar. La parte artística estuvo a cargo de la talentosa cantautora dominicana Virna García, quien con su arte dio un cierre solemne a la jornada. Sus cuerdas vocales y su guitarra lograron lo que a veces los discursos no pueden: conmover hasta las fibras más escondidas del recuerdo. Pero el instante cumbre llegó al final. Los presentes se trasladaron ante el busto erigido en honor a Maximiliano Gómez. Allí, en un acto de profunda solemnidad, fueron depositadas 55 rosas rojas —una por cada año de ausencia física— mientras la tarde caía y la memoria ascendía. Era un tributo de tierra y pétalos, de silencio y respeto. La actividad cerró con un mensaje que no es consigna sino certeza: Su legado vive, la lucha continúa, el pueblo no olvida. Y así, entre versos y flores, entre discursos y abrazos, la Fundación Maximiliano Gómez reafirmó su compromiso de mantener vivo el pensamiento y las enseñanzas de \»El Moreno\», trabajando incansablemente por la justicia y la dignidad que él siempre defendió. Porque hay muertos que nunca parten del todo. Y Maximiliano Gómez, desde su bronce y desde su tierra, sigue siendo uno de ellos.