La UASD extraviada: cuando la universidad del pueblo perdió su brújula
A propósito de las elecciones del próximo 17 de junio para elegir las nuevas autoridades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, el periodista Rafael Menoscal Reynoso, director de la revista País Temático, advierte que la Primada de América ha sucumbido al clientelismo político y a la complicidad con los gobiernos de turno. En su columna \»Como cada semana\», Menoscal Reynoso llama a rescatar la institucionalidad de la UASD y a ponerla a tono con los nuevos tiempos, lejos de intereses personales y emociones desbordadas. Por Virtudes Álvarez Sampedro La Universidad Autónoma de Santo Domingo ha sido, desde su fundación, mucho más que la Primada de América. Ha sido la casa de estudios más abierta a los sectores populares, el refugio donde las familias de escasos recursos económicos han encontrado un camino hacia la educación superior. Esa fue, durante décadas, su carta de presentación. Pero, según advierte el periodista Rafael Menoscal Reynoso, director de la revista País Temático, esa vocación de servicio y de pensamiento crítico se ha ido desvaneciendo. En su más reciente columna, titulada \»Como cada semana\», y publicada a propósito de las elecciones que se celebrarán el próximo 17 de junio para elegir las nuevas autoridades de la UASD, Menoscal Reynoso traza un diagnóstico severo: la universidad del Estado hace tiempo que perdió su norte. Dejó de ser el espacio crítico y de investigación científica que la caracterizó para someterse a la vorágine del clientelismo político, en complicidad con los gobiernos de turno. La UASD, señala el periodista, se ha alejado del proyecto nación, y esa deriva no es casual ni inocente. \»La UASD requiere de dolientes, de autoridades responsables que hagan un compromiso país para ponerla a tono con los nuevos tiempos\», escribe Menoscal Reynoso. Y advierte que cada miembro del Claustro Universitario debe mirar más allá de sus emociones e intereses personales en la escogencia de las nuevas autoridades. La institucionalidad, subraya, debe ser rescatada para que la universidad vuelva a ser lo que nunca debió dejar de ser: la universidad del pueblo dominicano. La reflexión de Menoscal Reynoso no es un simple lamento. Es una llamada de atención que cobra especial urgencia en vísperas de los comicios universitarios. En un país donde la educación superior sigue siendo un privilegio para muchos, la UASD tiene la responsabilidad histórica de mantenerse fiel a su origen y a su misión. Pero el clientelismo, esa sombra que se cierne sobre tantas instituciones dominicanas, ha logrado penetrar sus claustros y corromper su esencia. El columnista cierra su texto con una sentencia que bien podría ser un mandato: \»¡ES MI CRITERIO!\». Pero más que un criterio personal, es una advertencia que debería ser escuchada en cada rincón de la academia y del debate público dominicano, especialmente en estos días previos a la elección de nuevas autoridades. La UASD necesita recuperar su brújula. O, de lo contrario, seguirá siendo una universidad que lleva el nombre del pueblo sin realmente servirle.
El vértigo tecnológico y la fragilidad de la conciencia
Rafael Menoscal Reynoso aborda en “Como cada semana” la paradoja del progreso digital: más herramientas, menos juicio crítico; la desinformación como paisaje cotidiano; el poder de los algoritmos para moldear narrativas; y la urgencia de rescatar la mente humana antes de que la perversidad aniquile la razón. Por Julio Guzmán Acosta “Como cada semana”, Rafael Menoscal Reynoso entrega a sus lectores una reflexión que no transita por lo accesorio, sino por la médula de nuestro tiempo. En su más reciente columna, el analista parte de una contradicción inquietante: el mismo desarrollo tecnológico que prometía iluminar el conocimiento parece estar ensanchando los abismos de la mentalidad humana. No se trata, advierte, de una simple resistencia al cambio o de una nostalgia por lo analógico. El problema es más hondo: mientras la tecnología avanza a velocidad vertiginosa, la capacidad crítica de muchas personas se atrofia. Frente a pantallas que todo lo resuelven con un clic, crecen individuos cada vez más vulnerables al embrujo de la falsedad. “Muchos no logran distinguir entre la verdad y la mentira”, escribe Menoscal Reynoso, y describe un escenario donde la desinformación ya no es la excepción, sino la textura misma de la vida cotidiana. El columnista profundiza en las raíces del mal: intereses económicos y políticos que, con frecuencia, colocan el engaño por encima de los valores humanos y de la razón. Pero no se detiene en las intenciones. Señala también los mecanismos: la creación de narrativas automatizadas mediante algoritmos, diseñados no para informar sino para retener la atención a cualquier costo, y la difusión incesante de noticias falsas o deliberadamente distorsionadas. Esa maquinaria —subraya— afecta “especialmente a las mentes más vulnerables”: los jóvenes en formación, los excluidos digitales, quienes han perdido la costumbre de la duda metódica. Sin embargo, Menoscal Reynoso no se resigna al pesimismo. Su columna, que hace entrega cada lunes, cierra con un llamado a la acción colectiva y personal: “Debemos evitar que continúen atrofiando nuestras conciencias y procurar rescatarlas para el bien común y de nosotros mismos”. Y remata con una frase que retumba como advertencia final: “No permitamos que sigan imponiendo la perversidad”. La entrega semanal de Menoscal Reynoso se convierte así en un espejo crítico: interpela a los ciudadanos a recuperar su soberanía intelectual, a los creadores de tecnología a asumir responsabilidades éticas, y a los educadores a devolverle centralidad al pensamiento reflexivo. En tiempos de saturación informativa, Menoscal Reynoso, recuerda que la conciencia no es un dispositivo que pueda actualizarse con un parche: es un territorio que hay que defender, sin tregua, del ruido y de la mentira.