La Revolución de Abril, un estallido esperado y legítimo del pueblo dominicano
Por más que hoy, a 60 años de distancia, parezca increíble la espontaneidad con que el pueblo dominicano se volcó a las calles aquel 24 de abril de 1965, la verdad es que la insurrección fue la consecuencia lógica de una crisis profunda y prolongada, alimentada por un régimen golpista que había usurpado el poder y ahogado la voz constitucional. En aquellos días, la rutina estuvo marcada por rumores constantes de un golpe revolucionario contra el Triunvirato, cuyo gobierno de facto representaba la negación de la voluntad popular expresada en las urnas. Sin embargo, nadie esperaba que la insurrección estallara justo al día siguiente de la Semana Santa. Fue de repente, casi como un acto natural, que miles de dominicanos —obreros, estudiantes, profesionales y vecinos de barrios como Villa Francisca— corrieron a la Avenida Duarte para apoyar a los militares que se habían levantado en defensa del gobierno legítimo de Juan Bosch. La espontaneidad de aquel levantamiento, lejos de ser una casualidad, fue una respuesta histórica a años de atropellos y violencia política. La represión contra movimientos democráticos y la masacre de los guerrilleros del Movimiento 14 de Junio a finales de 1963, sumados a la concentración abusiva del poder político y económico en manos de pocos —como denunció en su momento el Listín Diario— crearon un caldo de cultivo insostenible. Las tensiones internas se agravaron con la lucha de sectores militares patrióticos, como el grupo Enriquillo encabezado por el teniente coronel Rafael Fernández Domínguez y el coronel Francisco Caamaño Deño, quienes clandestinamente preparaban la restauración constitucional. La protesta contra el jefe vitalicio de la Policía Nacional y la destitución forzada que siguió evidenciaron la crisis institucional que atravesaba el país. La prohibición de manifestaciones, la represión a estudiantes y obreros, y la brutal violencia contra la histórica huelga del Central Romana a inicios de 1965, demostraron la incapacidad y la falta de voluntad del régimen para escuchar a su pueblo. Frente a este panorama, la insurrección del 24 de abril no fue una sorpresa, sino una explosión legítima de un pueblo cansado de la opresión y de la negación de sus derechos fundamentales. Recordar y reflexionar sobre esos días es entender que la Revolución de Abril no solo fue un levantamiento militar, sino una manifestación popular que clamaba por la democracia, la justicia y el respeto a la Constitución. Es también un recordatorio del valor del compromiso cívico y la necesidad permanente de defender la soberanía y los derechos ciudadanos frente a cualquier forma de autoritarismo. Hoy, a seis décadas de distancia, honramos el sacrificio de aquellos dominicanos que se atrevieron a desafiar el poder ilegítimo, y renovamos el compromiso de seguir luchando por los ideales de libertad y justicia que inspiraron aquel memorable abril de 1965.
La Batalla del Matum

Por Freddy González Apenas habían transcurrido 4 meses y 16 días de la firma de la llamada Acta Institucional, por medio de la cual se puso fin al estado de beligerancia que se produjo tras el estallido armado del 24 de abril, que buscaba la reposición del gobierno constitucional del profesor Juan Bosch, cuándo tropas combinadas de los cuerpos armados del país con el apoyo tácito de las fuerzas invasoras, trataron de concluir lo que no pudieron los generales, Bruce Palmer y Hugo Panasco Alvin, el 15 y el 16 de junio, que era acabar con la dirección militar constitucionalista de la Guerra de Abril. Bosch fue derrocado el 25 de septiembre de 1963 por sectores militares instigados por la oligarquía criolla y el alto clero católico, con la anuencia del Departamento de Estado de los EE. UU. Aprovechando la visita a la ciudad de Santiago que realizó el alto mando constitucionalista, el 19 de diciembre del 1965 a rendir un homenaje de recordación y reverencia al principal propulsor del movimiento armado que buscaba la reposición de la constitución violada y mancillada en el 1963, Coronel Rafael Fernández Domínguez, caído junto al líder del movimiento 14 de Junio, Juan Miguel Román, Illio Capozzi y Euclides Morillo, el 19 de mayo de 1965, en intento de tomar la sede del Palacio Nacional; fueron asaltados mientras se encontraban en el hotel Matum luego de regresar del cementerio de la calle 30 de marzo de esa ciudad. Tanques de guerra, carros de asaltos, helicópteros, aviones de la Fuerza Aérea en vuelos rasantes y armas de gruesos calibres emplazadas en las inmediaciones del Monumento a los Héroes de la Restauración, fueron utilizados inútilmente para tratar de doblegar la férrea voluntad de Camaaño y del grupo que lo acompañaba; de mantener en alto la dignidad y patriotismo del pueblo dominicano. En ese alevoso y artero ataqué perdió la vida el coronel, Juan María Lora Fernández, jefe de Estado Mayor del Ejército Constitucionalista, quién arma en manos cayó abatido por las balas asesinas de los enemigos de la patria. Después de más de 7 horas de intensos combates y de haber fracasado el intento de la toma del hotel, los mismos que orquestaron dicho plan, no les que quedó otra salida que negociar un alto al fuego y pactar la salida de Camaaño y demás líderes de la revuelta de abril. Al conmemorarse el 59 aniversario de los sucesos ocurridos en el hotel Matum, queremos rendir un tributo de recordación a la memoria del Titán de Abril, Lora Fernández, repitiendo la célebre frase del general romano cayo Julio César: \»Los cobardes agonizan muchas veces antes de morir. Los valientes ni se enteran de su muerte\’. LOOR ETERNA A SU MEMORIA.