Pete Hegseth y la guerra silenciosa contra Cuba
El secretario de Guerra de Estados Unidos aterriza en Guantánamo y, con él, la sombra de una escalada militar contra Cuba se hace más densa en el Caribe Por: Redacción Internacional En la mañana de este miércoles, sin estridencias ni grandes titulares en la prensa occidental, Pete Hegseth, el hombre que dirige la maquinaria de guerra del Pentágono, pisó la Base Naval de Guantánamo. Ese pedazo de tierra cubana que Estados Unidos ocupa por la fuerza desde 1903, y que ningún tratado bilateral, ninguna resolución internacional —ni siquiera las recurrentes condenas de la Asamblea General de la ONU— ni ninguna lógica de derecho ha logrado devolver a su legítimo dueño. Esta no es una visita protocolaria. No es una inspección rutinaria. No es un acto administrativo. Es un mensaje. Y hay que leerlo con calma, porque en la calma está la claridad. El contexto de una escalada ¿Qué está pasando exactamente? Hegseth ha llegado a Guantánamo en un momento que ya no puede describirse como de \»tensión diplomática\». Lo que ocurre hoy entre Estados Unidos y Cuba es una escalada silenciosa pero feroz, tejida con varios hilos que ahora se tensan al mismo tiempo: el bloqueo energético impuesto por órdenes ejecutivas en enero y mayo de 2026, diseñado para asfixiar la vida cotidiana en la isla; la acusación montada desde el Departamento de Justicia contra Raúl Castro, una maniobra jurídica sin pruebas que busca criminalizar a la dirigencia revolucionaria; la presencia del portaaviones USS Nimitz navegando en aguas del Caribe, a distancia de ataque; y las filtraciones del medio Politico hablando abiertamente de \»opciones militares\» sobre la mesa en Washington . En ese contexto, Hegseth no viene a tomar café con los mandos medios. Viene a revisar personalmente la preparación operativa de la base. Viene a evaluar tropas. Viene a comprobar con sus propios ojos si Guantánamo está lista para cumplir un papel en un escenario que nadie debería descartar: el de una agresión militar contra Cuba. Las declaraciones de Hegseth: advertencia y provocación Vestido con uniforme de camuflaje y arengando a las tropas estacionadas en la base —unas 3.000 efectivos—, Hegseth no dejó dudas sobre el carácter de su visita. \»Sería imprudente que el gobierno de Cuba intentara procurarse o acceder a tipos de armas que pudieran alcanzar esta base o el territorio estadounidense\», advirtió ante los soldados, en referencia a reportes no confirmados sobre la supuesta compra por parte de La Habana de 300 drones militares de origen ruso e iraní . Y fue más lejos: \»De lo contrario, estarían abriendo la puerta a una confrontación que no solo no quieren, sino que no podrían sostener\». En un tono que alternaba la amenaza con una pátina de falsa cordialidad, el jefe del Pentágono agregó: \»Lo que pase con el futuro de Cuba está en manos del presidente de Estados Unidos y del liderazgo de Cuba. Y esperamos muy pronto convertirnos en amigos del liderazgo de Cuba. Por ahora, vamos a ver qué pasa\» . Sus palabras fueron vitoreadas en varias ocasiones por los jóvenes soldados que lo escuchaban. Pero la declaración más alarmante llegó cuando la prensa le preguntó directamente sobre la posibilidad de una operación militar para capturar al presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, similar a la ejecutada contra Nicolás Maduro en Venezuela. La respuesta de Hegseth fue escueta pero elocuente: \»Todas las opciones están sobre la mesa\» . Y añadió, en una comparecencia posterior ante las tropas: \»El presidente espera que seamos fuertes y firmes en la manera en que respondemos y aportamos poder de fuego. Y ciertamente lo haremos si es necesario\» . La reacción de Cuba: denuncia y alerta La respuesta del gobierno cubano no se hizo esperar. El canciller Bruno Rodríguez denunció que Washington está montando \»un expediente fraudulento para justificar la guerra económica despiadada contra el pueblo cubano y la eventual agresión militar\» . En sus declaraciones, Rodríguez calificó los reportes sobre supuesta compra de drones como \»calumnias\» filtradas por el propio gobierno estadounidense para crear un casus belli. Por su parte, el embajador de Cuba ante la ONU, Ernesto Soberón, sentenció en su cuenta de X: \»El futuro de Cuba —país soberano e independiente— pertenece única y exclusivamente al pueblo y al gobierno cubanos. Quienquiera que piense que el futuro de Cuba está en otras manos se equivoca por completo\» . El presidente Miguel Díaz-Canel, quien recientemente advirtió sobre tres posibles escenarios de agresión —económico, político y militar—, fue aún más enfático: si las amenazas estadounidenses se materializan, \»ello provocará un baño de sangre con consecuencias incalculables, además del impacto destructivo sobre la paz y la estabilidad regional\» . Díaz-Canel ha insistido en la necesidad de que el país se prepare para su defensa, para evitar cualquier \»sorpresa\» o \»derrota\» . ¿Por qué esta visita es tan grave? Porque el Secretario de Guerra de Estados Unidos —equivalente al Ministro de Defensa en cualquier país del mundo— no se desplaza hasta una base ocupada en territorio enemigo sin que haya algo muy grande detrás. En el lenguaje militar, una visita de este nivel en tiempo de máxima tensión tiene tres objetivos claros: evaluar la capacidad de respuesta inmediata de la base —Hegseth quiere saber si las tropas pueden ejecutar órdenes de combate en cuestión de horas—; elevar la moral de sus efectivos, enviando al jefe del Pentágono como una señal: \»Prepárense, esto es serio\»; y enviar un mensaje directo a La Habana que dice, sin rodeos: \»Estamos aquí, en su territorio, y podemos movernos cuando queramos\». No es protocolo. Es estrategia. Y es provocación. Esta visita se suma a una serie de movimientos de alto nivel en las últimas semanas. A finales de mayo, el general del Comando Sur de Estados Unidos visitó Guantánamo y se reunió con mandos militares cubanos. Dos semanas antes, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a La Habana para entregar un mensaje directo de Trump a los funcionarios cubanos . La coreografía es clara: Washington está rodeando a la isla con una presión inédita desde
León XIV Declara a Cristo el “Rey de la Paz” y Vuelve a Criticar que se use su Nombre para Justificar Masacres
En su primer Viacrucis como pontífice, el Papa estadounidense-peruano lanzó un mensaje antibélico sin precedentes, en medio de sus diferencias con la administración Trump y los sectores del nacionalismo cristiano en Estados Unidos. Por: JULIO GUZMÁN ACOSTA ROMA – 3 de abril. – Bajo el cielo anochecido del Coliseo romano, el primer Papa nacido en Estados Unidos cargó la cruz sobre sus hombros y caminó entre el silencio de los fieles. Pero sus palabras, dichas al inicio de la semana más sagrada del calendario católico, retumbaron con la fuerza de un aldabonazo: “Jesús es el rey de la paz, y nadie puede usar su nombre para justificar la guerra”. León XIV, nacido Robert Francis Prevost en Chicago y con treinta años de misión en Perú, encabezó este Viernes Santo su primer Viacrucis como Sumo Pontífice. Y lo hizo sin ambages. En una Semana Santa marcada por la tensión geopolítica —con Estados Unidos endureciendo su postura militar hacia Irán y su vicepresidente, JD Vance, defendiendo políticas migratorias restrictivas amparadas en una lectura conservadora del ordo amoris—, el jefe del Estado Vaticano eligió el evangelio de la paz como su trinchera. “Dios rechaza las oraciones de los líderes que tienen las manos llenas de sangre”, había advertido ya el Domingo de Ramos, el pasado 29 de marzo, desde la plaza de San Pedro. Aquel mensaje, que muchos analistas leyeron como una misiva dirigida al secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth —quien ha invocado su fe cristiana para presentar la guerra como una nueva cruzada que busca “la paz mediante la fuerza”—, encontró este viernes su culminación en las catorce estaciones del dolor de Cristo. “Hermanos y hermanas —proclamó León XIV ante miles de peregrinos—, este es nuestro Dios: un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra y la rechaza diciendo: ‘Por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre!’”. Las meditaciones del Viacrucis, encargadas al franciscano Francesco Patton, fueron un aldabonazo contra el abuso del poder. “El poder de comenzar una guerra o de terminarla —leyó el pontífice—; el poder de educar a la violencia o a la paz; el poder de alimentar el deseo de venganza o el de reconciliación: toda autoridad deberá responder ante Dios por el propio modo de ejercitar el poder recibido”. No fue un sermón abstracto. Las estaciones del Coliseo evocaron a los más vulnerables: presos, migrantes, víctimas de la violencia, mujeres explotadas, niños. En la estación dedicada al despojo de las ropas de Jesús, los textos denunciaron “los regímenes autoritarios cuando obligan a los prisioneros a permanecer semidesnudos en una celda vacía” y “los torturadores que no se limitan a quitar las vestiduras, sino que arrancan también la piel y la carne”. El pontífice, que asumió el papado en mayo de 2025 tras un cónclave que sorprendió al mundo por su origen estadounidense-peruano y su fuerte vínculo latinoamericano, ha convertido esta Semana Santa en un activo antibélico. Desde el Ángelus hasta sus homilías, no ha cesado de reclamar un alto el fuego en Irán y de cuestionar las políticas migratorias de la administración Trump, que han derivado en deportaciones masivas y en acuerdos con gobiernos como el de Nayib Bukele para enviar migrantes al Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) en El Salvador. En ese terreno, León XIV ha marcado distancia del vicepresidente JD Vance, católico convertido en 2019, quien ha popularizado una interpretación del ordo amoris que prioriza el amor a los nacionales sobre el amor a los extranjeros. “Jesús no nos pide que jerarquicemos nuestro amor por los demás”, replicó el entonces cardenal Prevost en febrero de 2025 en su cuenta de X, compartiendo un artículo crítico del National Catholic Reporter. El 14 de abril, su último mensaje antes de ser elegido Papa, Prevost difundió un escrito del obispo salvadoreño Evelio Menjivar-Ayala que cuestionaba los acuerdos migratorios entre Trump y Bukele. León XIV defiende una Iglesia pastoral y universalista, abierta a los migrantes como “nuevos mensajeros de esperanza”. Frente a él, una Casa Blanca que ha hecho de la fuerza y la frontera sus emblemas. Frente a él, un Pentágono que habla de cruzadas. Y frente a él, también, la memoria de un Cristo que, montado en un asno y no en un caballo de guerra, eligió la humildad y la cruz. Al final del Viacrucis, cuando la cruz quedó erguida frente al antiguo anfiteatro, el Papa resumió su mensaje en una frase que resonará durante todo el pontificado: “Cristo, rey de la paz, sigue clamando desde su cruz. Y nosotros debemos escuchar su grito antes que el estruendo de las armas”.
La Sombra del Águila: Una Alianza que Entrega la Soberanía Dominicana a la Estratégica de EE.UU. en el Caribe

En un despliegue diplomático sin precedentes, una sucesión de altos funcionarios estadounidenses ha sellado acuerdos clave con el gobierno dominicano, en lo que se compromete la Soberanía Nacional en 141 años de relaciones bilaterales alrededor de ejes urgentes: el combate al narcotráfico, la explotación de tierras raras, la crisis migratoria haitiana y la seguridad regional. Por Julio César Guzmán Acosta SANTO DOMINGO.— La República Dominicana se ha convertido en el epicentro de una ofensiva diplomática estadounidense que, visita tras visita, teje una agenda común con el gobierno del presidente Luis Abinader. Funcionarios de alto rango del Pentágono, el Departamento de Estado y el Congreso de los Estados Unidos han desfilado por el Palacio Nacional en los últimos meses, cada uno con un capítulo específico de una colaboración y subordinación que Washington considera vital para sus intereses en el Caribe. El acuerdo más reciente, firmado el 26 de noviembre con el secretario de Guerra, Pete Hegseth, (que muchos sectores han calificado como contrario a la Soberanía Nacional), concede acceso temporal a espacios restringidos en la Base Aérea de San Isidro y el Aeropuerto Internacional de Las Américas para operaciones logísticas estadounidenses contra el narcotráfico. “Es una iniciativa conjunta entre nuestros países contra el narcotráfico y el narcoterrorismo”, afirmó Hegseth, mientras el presidente Abinader explicó que la medida permitirá el reabastecimiento de combustible y el transporte de equipos y personal técnico. La lucha contra las drogas sintéticas ha sido otro pilar de esta cooperación. El pasado 30 de abril, autoridades de ambos países celebraron una conferencia internacional sobre el tema, que derivó en anuncios de entrenamientos conjuntos entre la DEA y la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD). El objetivo declarado: fortalecer las capacidades estratégicas para perseguir el tráfico de fentanilo y otras sustancias que transitan por el Caribe hacia Europa. Pero el alcance de esta alianza va más allá de la seguridad. El 6 de febrero, el secretario de Estado Marco Rubio sostuvo conversaciones cruciales con Abinader sobre tierras raras, migración y crimen organizado. Rubio dejó clara la importancia estratégica que Washington otorga al yacimiento dominicano de estos minerales, esenciales para la tecnología moderna: “Esperamos poder trabajar juntos… nuestro Ejército ha ayudado a identificar algo que será sumamente importante para el futuro del mundo y la economía moderna”. La crisis en Haití ha emergido como un tema recurrente en cada encuentro. Tanto Rubio en febrero como el entonces secretario de Estado Antony Blinken en septiembre de 2024 abordaron la inestabilidad fronteriza como una amenaza regional que exige cooperación estrecha. “Estados Unidos está comprometido a trabajar junto a la República Dominicana y el pueblo dominicano para apoyar estos esfuerzos”, declaró Blinken durante su visita. Antes de la llegada de Hegseth, una delegación bipartidista del Congreso estadounidense, encabezada por Brian Mast, ya había recalado en Santo Domingo para discutir seguridad regional y oportunidades económicas. “Estados Unidos tiene una relación cercana con República Dominicana para colaborar en la seguridad regional. La visita de nuestra delegación reafirmó este hecho”, señaló Mast. En 141 años de relaciones diplomáticas y siendo Estados Unidos el principal socio comercial dominicano, nunca antes un gobierno dominicano se había plegado incondicionalmente a la política manada de Washington, comprometiendo seriamente la soberanía del país. Esta nueva fase de visitas de alto nivel refleja la evolución de una alianza histórica hacia una asociación estratégica de subordinación multidimensional, donde los intereses de seguridad, económicos y geopolíticos de Washington encuentran en el gobierno de Luis Abinader y el PRM un aliado dispuesto a plegarse sin condiciones la estrategia militarista de la administración Trump en la convulsa geografía del Caribe y que tiene en la agresion a Venezuela su principal objetivo .
La Patria en Disenso: Organizaciones Dominicanas Declaran Persona Non Grata al Secretario de Guerra de EE.UU.

Una treintena de colectivos políticos y sociales condenaron la visita de Pete Hegseth, advirtiendo que su presencia y el despliegue militar estadounidense en el Caribe buscan recolonizar la región bajo el pretexto de la lucha antidrogas. Por Thiago N. Guzmán SANTO DOMINGO.— Con la contundencia que nace de la conciencia soberana, una coalición de más de treinta organizaciones políticas y sociales de la República Dominicana alzó su voz este miércoles para declarar persona non grata al secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, cuya visita a suelo quisqueyano calificaron de “acto hostil” no solo contra la soberanía nacional, sino también contra la de Venezuela y los pueblos hermanos del Caribe y Latinoamérica. En un pronunciamiento cargado de urgencia histórica, los colectivos —entre los que figuran el Movimiento Caamañista, el Partido Comunista del Trabajo, Partido Patria Para Todos y el Movimiento Popular Dominicano, entre otras agrupaciones de raigambre patriótica— denunciaron que la presencia de Hegseth coincide con un despliegue militar estadounidense de proporciones alarmantes en aguas del Caribe, el cual incluye el portaaviones USS Gerald R. Ford y misiles de capacidad nuclear apuntando hacia Caracas. Operación Caribe: ¿Lucha Antidrogas o Cerco Geopolítico? Las organizaciones advirtieron que estas maniobras, presentadas oficialmente como parte de la “Operación Lanza del Sur” contra el narcotráfico, encubren en realidad una estrategia de intimidación y recolonización dirigida a Venezuela, con el objetivo ulterior de apoderarse de sus riquezas naturales. Subrayaron, además, que estas acciones se enmarcan en una ofensiva militar coordinada que incluye la visita del jefe del Estado Mayor de Estados Unidos, Dan Caine, a Puerto Rico y Trinidad y Tobago, así como ejercicios militares a escasas millas del territorio venezolano con participación de efectivos dominicanos. “Cada intervención estadounidense en la región —señalaron— se apoya en colaboraciones logísticas y diplomáticas de gobiernos locales. República Dominicana no puede ni debe servir de plataforma para una guerra imperial contra un pueblo hermano”. El llamado fue claro: el presidente Luis Abinader debe recordar que este país no es una colonia estadounidense y que su deber constitucional es defender los intereses del pueblo dominicano y apegarse al derecho internacional. Firmantes y Fundamentos: Un Rechazo con Memoria Histórica Entre las organizaciones firmantes —que abarcan un amplio espectro de luchas sociales, desde el Movimiento de Campesinos Las Comunidades Unidas hasta la Internacional Anti-Fascista— prevalece un denominador común: la defensa irrestricta de la Carta de las Naciones Unidas, que consagra el respeto a la soberanía y la no injerencia en los asuntos internos de otros pueblos. Con este gesto de repudio, la sociedad civil dominiana no solo cuestiona la actual política exterior de su gobierno, sino que se reafirma en una tradición de resistencia ante cualquier intento de subordinar la dignidad nacional a los designios de potencias extranjeras. La visita de Hegseth, lejos de pasar como un mero episodio diplomático, ha destapado la vigencia de un debate profundo: el de la soberanía como principio irrenunciable en un mundo donde los cañones suelen hablar más fuerte que la razón.
La Alianza Estratégica: Un Muro Contra Venezuela disfrazado de lucha contra Narcoterrorismo

El secretario de Guerra de EE.UU., Pete Hegseth, agradeció en Santo Domingo el apoyo del presidente Abinader a la \»Operación Lanza del Sur\», calificando la colaboración bilateral como un \»modelo para la región\» en la lucha contra el narcotráfico y el narcoterrorismo. Por Servicios umbral.local/ SANTO DOMINGO.— Con una prosa tan firme como las acciones que viene a respaldar, el secretario de Guerra de los Estados Unidos, Pete Hegseth, rubricó este miércoles en el Palacio Nacional la fortaleza de una alianza que ambos países erigen como bastión contra las sombras del narcotráfico y el narcoterrorismo. En el corazón de la capital dominicana, Hegseth extendió un agradecimiento explícito al presidente Luis Abinader por su decisivo apoyo al despliegue provisional de efectivos y aeronaves estadounidenses que ejecutan la contundente “Operación Lanza del Sur”. Tras una reunión privada con el mandatario, el alto funcionario norteamericano se dirigió a la prensa con la contundencia que el cargo exige. “Debemos enfrentar a los narcoterroristas y narcotraficantes con acciones fuertes y rápidas”, declaró, delineando una postura ofensiva que, aseguró, busca alterar la dinámica criminal en toda la región. La gratitud hacia Abinader no fue un mero formalismo diplomático, sino el reconocimiento táctico a un socio clave en una misión de alta complejidad. “El presidente Trump los ha designado como organizaciones terroristas, narcotraficantes, que tienen la intención de traer violencia y drogas a los países de la región y al pueblo estadounidense”, afirmó Hegseth, con la mirada puesta en un enemigo común. Dirigiéndose a la ciudadanía de ambos países, añadió: “Quiero que quienes nos están viendo, los que ven las lanchas narcoterroristas que están siendo atacadas, entiendan que esta misión la tomamos sumamente en serio”. Un Modelo de Cooperación Regional Más allá de la operación específica, el discurso del secretario de Guerra esbozó una visión estratégica de mayor alcance. Calificó la asociación entre Washington y Santo Domingo como “una gran asociación” y, en un significativo endoso, la propuso como un paradigma a seguir. “Creo que es un modelo para la región”, sentenció. “Un modelo que esperamos ampliar con otros países que quieran asociarse con nosotros para garantizar que los narcoterroristas que han aterrorizado nuestros países reciban este mensaje”. Este modelo, explicó, se distingue por una colaboración más estrecha y operativa. “El Departamento de Guerra estará a su lado, trabajando con ustedes para beneficio mutuo y me parece que esto es una diferencia importante de nuestra forma de operar”, aseguró Hegseth, proyectando una imagen de acompañamiento firme y continuo. La Inteligencia como Arma Principal En un segmento de su alocución que revela la profundidad del trabajo de inteligencia que sustenta las acciones militares, el secretario Hegseth fue categórico: “Sabemos de dónde salen las redes de narcotraficantes, también sabemos para dónde van, qué cosas llevaban, cuáles son sus intenciones y a quiénes representan”. Esta certeza, afirmó, es el fundamento que permite librar esta guerra de forma ofensiva, “de una forma que cambia la dinámica para toda la región y creemos que esto trae seguridad y estabilidad a nuestros socios”. Testigos de una Alianza Fortalecida La relevancia del encuentro quedó de manifiesto en el alto nivel de las comitivas. La delegación estadounidense estuvo integrada por la embajadora Leah Francis Campos, junto a asesores y el subsecretario de Guerra, Joseph Humire. Del lado anfitrión, el presidente Abinader estuvo flanqueado por los titulares de las carteras de Relaciones Exteriores, Roberto Álvarez; de Defensa, Carlos Fernández Onofre; de la Presidencia, José Ignacio Paliza, y el director de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI), Luis Soto, configurando un cuadro de unidad de Estado frente a una amenaza transnacional.
El Pentágono en Palacio: Hegseth Afila la \»Lanza del Sur\» en Santo Domingo

En una visita de alto nivel, el secretario de Defensa de EE.UU. se reunió con el presidente Abinader para sellar una ofensiva bilateral contra el narcotráfico, una alianza que Washington proyecta como un \»modelo\» regional mientras incrementa su presión sobre el gobierno legítimo de Maduro. Por Servicios umbral.local/ SANTO DOMINGO.— Con la discreta solemnidad que imponen los asuntos de Estado, el secretario de Defensa de los Estados Unidos, Pete Hegseth, descendió este miércoles de un C-32 de la Fuerza Aérea norteamericana en el Aeropuerto Internacional de Las Américas para sellar, tras puertas cerradas en el Palacio Nacional, una alianza estratégica que trasciende las fronteras dominicanas. Su reunión con el presidente Luis Abinader, previamente anunciada por el mandatario como un esfuerzo para “profundizar el trabajo conjunto” contra el narcotráfico internacional, consolida a la República Dominicana como un bastión clave en la geopolítica de seguridad hemisférica y convierte al gobierno de Luis Abinader y el PRM en un lacayo al servicio sin condiciones del gobierno de Donald Trump. La comitiva del jefe del Pentágono, integrada por la embajadora Leah Francis Campos y un séquito de asesores de alto rango, fue recibida con honores militares por el ministro de Defensa, teniente general Carlos Fernández Onofre. El protocolo, impecable, no pudo ocultar el trasfondo urgente de la visita: coordinar la ofensiva contra las redes del narcotráfico que, según Abinader, han incrementado su producción “especialmente de cocaína” desde Sudamérica. Frente a este desafío común, la administración Trump ha desplegado en el Caribe un operativo militar sin precedentes, donde la “Operación Lanza del Sur” ha destruido embarcaciones y neutralizado a decenas de presuntos traficantes. El Telón de Fondo Geopolítico: La Sombra de Caracas Más allá del refuerzo a la cooperación bilateral, la visita de Hegseth no puede disociarse del gran tablero regional. El comunicado del Departamento de Defensa, que habla de “proteger a nuestros socios regionales”, enmarca una estrategia donde la mira está puesta en Venezuela. Washington acusa al presidente Nicolás Maduro y al cartel creado por la administración Trump llamado “Cartel de los Soles” de liderar una “organización terrorista” que inunda la región de drogas, una designación que Caracas ha tildado de “ridícula patraña”. La presencia del portaaviones USS Gerald Ford, el más grande del mundo, en aguas del Caribe, envía un mensaje de fuerza disuasoria. Mientras Hegseth y Abinader conversaban en Santo Domingo, el presidente Trump dejaba entrever en declaraciones públicas la dualidad de su aproximación: “Si podemos salvar vidas, si podemos hacer las cosas por las buenas, está bien. Y si tenemos que hacerlo por las malas, también estaría bien”. Una retórica que mantiene la tensión entre la vía diplomática y la acción militar directa. Una Alianza con Rostro de \»Modelo\» En este contexto, la colaboración con República Dominicana emerge para Washington como un prototipo de éxito. La “Operación Lanza del Sur”, que ha permitido a autoridades de ambos países interceptar cargamentos de droga procedentes del sur del continente, es la punta de lanza de esta asociación. Hegseth, en declaraciones previas, no ha dudado en calificar esta alianza como un “modelo para la región”, un ejemplo de cooperación táctica y de inteligencia que esperan replicar con otras naciones. La agenda del secretario, que incluyó además un encuentro técnico con el alto mando militar dominicano, busca institucionalizar este modelo. Se trata de una asociación que, según las fuentes, combina el despliegue provisional de efectivos y aeronaves estadounidenses con un firme compromiso local, simbolizado por la presencia en la reunión de los titulares de Relaciones Exteriores, Defensa, la Presidencia y la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI). La declaración conjunta ante los medios al cierre de la jornada se anticipa como el escenario donde ambos gobiernos proyectarán una unidad inquebrantable. Mientras el secretario Hegseth regresa a Washington, Santo Domingo se consolida no solo como un aliado, sino como la piedra angular de una estrategia estadounidense que busca contener el flujo de drogas y, de paso, aumentar la presión sobre el gobierno legítimo de Caracas que se resiste y que ha puesto a su pueblo en alerta ante el desplegue militar de Estados Unidos. En ese escenario, el gobierno de Luis Abinader y el PRM se han destacado como serviles y lacayos ante la administración de Donald Trump, cosa que ningún otro gobierno había hecho.
El Jefe del Pentágono Desembarca en Santo Domingo

En una visita histórica que marca el nuevo eje de la seguridad hemisférica, el secretario de Guerra Pete Hegseth se reúne con el presidente Abinader para fortalecer la ofensiva contra el narcotráfico, en medio de la creciente tensión con Venezuela y las sombras de casos locales que manchan la escena política. Por Julio César Guzmán Acosta SANTO DOMINGO.— Con la precisión de un movimiento estratégico en el tablero geopolítico del Caribe, el secretario de Guerra de los Estados Unidos, Pete Hegseth, arribó este miércoles a suelo dominicano. Su aeronave, un avión ejecutivo de la Fuerza Aérea norteamericana, tocó tierra en el Aeropuerto Internacional de Las Américas, iniciando la primera visita de un jefe del Pentágono en funciones a la República Dominicana, un gesto que trasciende el protocolo para convertirse en un símbolo de alianza reforzada en tiempos de complejas turbulencias. La agenda del alto funcionario, meticulosamente coreografiada, incluyó un primer diálogo privado con el personal de la Embajada estadounidense a bordo de su nave, antes de ser recibido con honores en el Salón de Embajadores y dirigirse al Palacio Nacional. A las 2:30 de la tarde, en la solemnidad del Salón Verde, el presidente Luis Abinader le dio la bienvenida, sellando un encuentro cuyo objetivo central, según adelantó el mandatario, es “continuar la coordinación” en la lucha contra un narcotráfico que calificó de creciente. “Esta es una lucha fuerte y más en algunos países, principalmente de Sudamérica, que han aumentado la cantidad de producción de narcotráfico, especialmente de cocaína”, afirmó Abinader días antes, delineando el escenario de urgencia. La Sombra Alargada de Venezuela y los Fantasmas Locales La visita de Hegseth no opera en el vacío. Se produce en el contexto de un despliegue militar estadounidense sin precedentes en aguas del Caribe, una operación que Washington justifica como una respuesta directa a las actividades del llamado “Cartel de los Soles” un engendro inventado por Estados Unidos, y que atribuye al gobierno legítimo de Nicolás Maduro. Desde agosto, el mundo ha sido testigo de cómo lanchas rápidas, presumiblemente venezolanas, son interceptadas y atacadas por las fuerzas norteamericanas en una demostración de fuerza que Caracas interpreta como una amenaza abierta. Sin embargo, el narcotráfico no es un fantasma lejano. Mientras las más altas esferas diplomáticas se estrechan la mano, la realidad dominicana se ve empañada por una siniestra galería de casos que vinculan a figuras políticas locales con el tráfico de estupefacientes. La nota de Hegseth resuena con eco particular ante los recientes procesamientos en cortes estadounidenses de dirigentes del mismo partido de gobierno, el PRM. El caso del regidor Edición Herrera Silvestre, quien admitió su culpabilidad, o la condena del exdiputado Miguel Gutiérrez, permanecen como un recordatorio incómodo de que el cáncer del narcotráfico también corroe las estructuras domésticas. Una Alianza en Acentuado Fortalecimiento Esta es la segunda visita de alto nivel desde Washington en menos de una semana, tras la de una comisión congresional encabezada por el republicano Brian Mast. El ritmo de los intercambios evidencia la decisión de la administración Trump de estrechar lazos con el gobierno de Abinader de una manera decidida, una política que ya se materializó con el envío de la nueva embajadora, Leah Campos, quien presentó sus credenciales apenas el pasado 19 de noviembre. El cierre de la jornada estuvo marcado por una declaración conjunta ante la prensa, el escenario donde ambos gobiernos buscaron proyectar una unidad inquebrantable. La visita del secretario Hegseth, por tanto, queda inscrita no solo en los anales de la diplomacia bilateral por su carácter histórico, sino como un capítulo más en la reconfiguración de las alianzas de seguridad en la región, una jugada donde la República Dominicana se erige como un peón crucial en un juego cuyas reglas se escriben entre los despachos de Washington y las aguas turbulentas del Caribe y donde el gobierno de Luis Abinader y el PRM se han mostrado con un entreguismo que no se conocía hacia las políticas de Donald Trump.
Caribe Bajo Tensión: La Visita Estratégica del Secretario de Defensa de EE.UU. A República Dominicana

La llegada de Pete Hegseth a Santo Domingo, enmarcada en un masivo despliegue militar norteamericano y la crisis venezolana, trasciende la cooperación antidrogas para revelar una región convertida nuevamente en frontera geopolítica prioritaria para Washington. Por Julio Guzmán Acosta Santo Domingo. – La República Dominicana se apresta a recibir en los próximos días al secretario de Defensa de los Estados Unidos, Pete Hegseth, en una visita que, si bien fue oficialmente anunciada como una jornada de coordinación contra el narcotráfico, se proyecta sobre un telón de fondo de creciente tensión militar en el Caribe, la más significativa en tres décadas. Hegseth se convierte así en el primer titular de la Pentágono en realizar una visita oficial al país, una circunstancia que subraya el peso estratégico que Washington otorga a la isla en un momento de alta volatilidad regional. El presidente Luis Abinader confirmó el encuentro, señalando que su propósito es \»continuar la coordinación de acciones conjuntas\» en la lucha antinarcóticos. \»Seguimos trabajando con los Estados Unidos porque esta es una lucha fuerte, y más con algunos países que han aumentado la producción de drogas, especialmente de cocaína\», afirmó el mandatario. No obstante, entre líneas de la comunicación oficial se percibe un alcance mayor, uno que conecta la cooperación binacional con la urgente necesidad de Estados Unidos de consolidar alianzas en su patio trasero inmediato. Un Mar Militarizado El contexto inmediato de esta visita es una movilización de recursos navales y aéreos estadounidenses en el Caribe que no se observaba desde el ocaso de la Guerra Fría. Cerca de una cuarta parte de toda la flota desplegada globalmente por la Armada de los EE.UU. opera actualmente en estas aguas. La pieza más emblemática de este despliegue es el portaaviones USS Gerald R. Ford, el buque de guerra más grande del mundo, que navega acompañado de su grupo de ataque: destructores, fragatas, aeronaves de última generación y sistemas de vigilancia de vasto alcance. A esta fuerza de superficie se le suma la silenciosa pero poderosa presencia de al menos un submarino nuclear, un instrumento de disuasión por excelencia. Esta acumulación de poderío no es un ejercicio abstracto. El Comando Sur ha intensificado sus operaciones, desplegando aviones de patrulla marítima, drones de largo alcance y helicópteros antisubmarinos desde bases estratégicas como Puerto Rico. El resultado es un control férreo de las rutas marítimas, con interceptaciones constantes de embarcaciones sospechosas, en un esfuerzo por estrangular las redes del tráfico ilícito. El Epicentro Venezolano El legítimo gobierno de Venezuela funciona como el motor principal de esta tensión. La clara política antiimperialista del gobierno de Caracas y la procura constante de EE.UU. de fracturar las Fuerzas Armadas venezolanas y la supuesta influencia de redes criminales asociadas al aparato estatal han empujado a Caracas a diseñar toda una estrategia de resistencia que desde Washington responden con un endurecimiento de las sanciones y la evaluación de escenarios que buscan contrarrestar la influencia del gobierno chavista. Esta dinámica ha transformado el Caribe en un espacio de fricción potencial. El cierre de espacios aéreos, la cancelación de vuelos comerciales y la militarización de las rutas marítimas elevan el riesgo de incidentes en una zona históricamente sensible, donde cada movimiento es interpretado a la luz de un pulso geopolítico más amplio. La Diplomacia del Poder En este tablero reconfigurado, la República Dominicana emerge como un nodo estratégico indispensable. Su privilegiada ubicación geográfica la convierte en un punto de cruce vital para el monitoreo de tráfico aéreo y marítimo. Los acuerdos de interoperabilidad e intercambio de inteligencia que ya mantiene con Washington adquieren, en el actual clima de crispación, un valor incalculable. La visita de Hegseth, por tanto, aunque de contenido formalmente operativo, es un acto de diplomacia cargada de simbolismo. Para Estados Unidos, se trata de reafirmar alianzas y proyectar una imagen de estabilidad y control en una región que ha vuelto a ser una frontera prioritaria. Para la República Dominicana, el reto consiste en navegar el delicado equilibrio de asegurar una cooperación estratégica que fortalezca su seguridad, sin verse arrastrada al vértice de una confrontación ajena. El Caribe, una vez más, es escenario donde la diplomacia y la fuerza operan en una sinfonía de alta tensión, y Santo Domingo se encuentra en el centro de la orquesta.