UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Manuel Salazar plantea una hoja de ruta para reunificar a la izquierda dominicana con la vista puesta en 2028

El histórico dirigente del Partido Comunista del Trabajo, Manuel Salazar, propone abandonar la fragmentación que ha limitado electoralmente a la izquierda dominicana y construir una plataforma amplia que incorpore a sectores independientes y reservas democráticas con miras a las elecciones de 2028 y a un proyecto político de largo plazo. Por Julio Guzmán Acosta SANTO DOMINGO.— En un momento en que el sistema político dominicano comienza a mirar hacia las elecciones de 2028 y el desgaste de las lealtades partidarias tradicionales abre nuevos espacios de competencia, el dirigente histórico del Partido Comunista del Trabajo (PCT), Manuel Salazar, ha colocado sobre la mesa una reflexión que trasciende el calendario electoral inmediato: la necesidad de construir una alternativa unitaria capaz de reunir a las izquierdas orgánicas, las izquierdas no orgánicas y las reservas democráticas del país. Más que un simple llamado a la unidad, el planteamiento constituye una autocrítica sobre los resultados obtenidos durante décadas por las organizaciones progresistas y una invitación a revisar los métodos de construcción política. Salazar parte de una premisa sencilla, pero de profundas implicaciones: repetir estrategias que apenas han producido votaciones de entre cinco y diez mil sufragios significaría prolongar un ciclo de marginalidad electoral que limita la incidencia de la izquierda en los grandes debates nacionales. Su diagnóstico no descansa en la ausencia de ciudadanos identificados con valores progresistas, sino en la dispersión de esas fuerzas. Según sostiene, la mayoría de quienes simpatizan con postulados de izquierda no militan en organizaciones políticas, mientras miles de ciudadanos participan de luchas sociales, ambientales, sindicales y democráticas sin formar parte de estructuras partidarias. Desde esa perspectiva, la propuesta adquiere un carácter eminentemente práctico. En lugar de plantear la absorción de sectores independientes por las organizaciones existentes, Salazar propone construir un espacio amplio, incluyente y plural, donde la pertenencia partidaria deje de ser el principal requisito de participación. Su planteamiento supone abandonar viejas prácticas de exclusión, reducir las confrontaciones internas y privilegiar una agenda común basada en la ética pública, la transparencia, la defensa de los derechos sociales y la lucha contra la corrupción. El dirigente del PCT también introduce un elemento de realismo político al reconocer que la construcción de una opción electoral competitiva no depende únicamente de la voluntad de las organizaciones tradicionales de izquierda, sino de su capacidad para conectar con un amplio segmento ciudadano que hoy no se siente representado por ninguna fuerza política organizada. Ese razonamiento encuentra puntos de contacto con el escenario político actual. Diversos estudios de opinión muestran un crecimiento del electorado sin identificación partidaria estable, fenómeno que obliga a todas las organizaciones a replantear sus estrategias de captación y representación. Sin embargo, Salazar advierte que ese espacio político también está siendo disputado por otras propuestas y por la abstención, por lo que entiende indispensable ofrecer una alternativa que proyecte posibilidades reales de gobierno y no solo una presencia testimonial en las boletas electorales. En su reflexión aparece otro aspecto significativo: la distinción entre la táctica electoral y el proyecto histórico. Para el dirigente comunista, las elecciones de 2028 representan un objetivo inmediato, pero no el fin último del proceso político. La prioridad estratégica continúa siendo la construcción de un movimiento social y político capaz de mantenerse más allá de un proceso electoral específico. La propuesta también incorpora criterios éticos para la eventual integración de nuevos actores. Salazar plantea que cualquier espacio unitario debería excluir a personas vinculadas con corrupción administrativa, narcotráfico, crimen organizado, violencia de género, racismo o cualquier otra práctica incompatible con los valores democráticos. Más allá de coincidir o discrepar con sus planteamientos ideológicos, el artículo introduce una discusión que trasciende a la izquierda dominicana: cómo convertir la fragmentación política en capacidad de articulación y cómo transformar afinidades sociales dispersas en una fuerza electoral organizada. El debate queda abierto. Si esa visión logra traducirse en acuerdos concretos entre organizaciones políticas, movimientos sociales, sectores independientes y reservas democráticas será uno de los factores que comenzará a definir el mapa político dominicano de cara a las elecciones de 2028 y, según plantea el propio Salazar, incluso más allá de esa fecha.

Por el poder político (1). Constituir las masas populares debe ser tarea central de las izquierdas

¡EN ESTA ESQUINA…! Las masas populares debe ser la cuestión principal para el reposicionamiento de las izquierdas en la vida política nacional; incluido, por supuesto, el Partido Comunista del Trabajo (PCT) en el que milito. De su comprensión, organización y movilización continua dependen sus posibilidades de avance hacia el poder político, los posibles buenos desempeños en la lucha electoral y su desarrollo orgánico. Los acuerdos de unidad que tanto se protestan deberían apuntar hacia ahí. Si con honestidad revolucionaria se reconoce que las izquierdas hemos perdido vínculos de organización y lucha con los diversos sectores populares, unos más que otros, pero una realidad general. Debemos reconocer que estamos en déficit pronunciado de influencia en las masas, y poner los pies en la tierra, sin renunciar jamás a tomar el cielo por asalto. Conocerlas. Comprenderlas. Organizarlas. Constituirlas. Movilizarlas de manera adecuada, oportuna y sistemática. Esta es una cuestión de enorme importancia, siempre que se quiera construir la revolución popular dominicana. En la República Dominicana necesitamos comprender las masas populares actuales. Necesitamos asumir las formas organizativas, las consignas y métodos de lucha consecuentes, que se correspondan con su composición y características. Necesitamos acumular fuerzas de masas populares. Necesitamos superar el espíritu de lucha deportivo, y el de zafra —cada vez que viene el 8 de marzo, o el 24-28 de abril, o el primero de mayo, o el 25 de noviembre— que nos ha arropado en los últimos años. Necesitamos construir organizaciones de pueblo, grandes, con vida e institucionalidad. Superar el espíritu de evento. Necesitamos construir procesos de lucha popular, en los que los pueblos se constituyan en torno a demandas públicas, en base a educación, concientización, organización y decisiones colectivas de lucha. Como está ocurriendo en la lucha contra la mina de Romero en San Juan de la Maguana y la que contrarresta los planes de explotación en la cordillera septentrional. Sin esos requisitos, seguiremos en un círculo vicioso, emulando el mito de Sísifo*. Volviendo a cada rato a un punto cero, después de cada jornada de lucha.* Y seguiremos lamentando, y algunos criticando, que en otros países la izquierda tiene buenos resultados electorales, y en el nuestro no salimos de lo pírrico, cerca del raquitismo. La cuestión de las masas populares es la de más urgente solución. * La mitología griega habla de la condena de los dioses a un rey, que debía empujar una enorme roca hacia la cima de una montaña, para verla rodar hacia abajo de manera eterna.

PCT alerta sobre “pendiente peligrosa” que vulnera la soberanía nacional

El Partido Comunista del Trabajo denuncia que el permiso temporal para tropas de EE.UU. encubre una base militar permanente, y critica la alineación geopolítica del Gobierno dominicano al calificar como “terroristas” a entidades iraníes y al movimiento Hezbolá. Aquiles Castro condena la actitud “cipaya” y convoca a sectores patrióticos a frenar el entreguismo. Por Julio Guzmán Acosta Santo Domingo, RD. – En un llamado que atraviesa la tibieza de la diplomacia oficial para instalarse en la densidad de la advertencia patriótica, el Partido Comunista del Trabajo (PCT) ha encendido las luces sobre lo que considera una deriva peligrosa para la soberanía dominicana. A juicio de esa organización, el Gobierno ha profundizado su sometimiento a los dictámenes de los Estados Unidos, colocando la independencia nacional en una “pendiente peligrosa” de la que, advierten, podría no haber retorno. El secretario general del PCT, Aquiles Castro, desgranó ayer las razones de esta alarma. En primer lugar, cuestionó la renovación del llamado “permiso temporal” para la permanencia de tropas y equipos militares estadounidenses en territorio dominicano. Lo que para algunos es un mero trámite administrativo, para el PCT se convierte en un eufemismo: “Se encubre así el establecimiento de una base militar permanente”, sostuvo Castro, recordando que estos acuerdos han permitido en el pasado el uso del país como plataforma logística para agresiones contra naciones hermanas. El dirigente comunista no se detuvo en la dimensión estrictamente castrense. Denunció que la postura de subordinación total hacia Washington se expresa también en la esfera geopolítica, mediante una reciente declaración del Poder Ejecutivo, rubricada por decreto, que califica como “terroristas” al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y al movimiento Hezbolá. Un gesto que el partido tacha, sin ambages, de “risible”, por considerarlo ajeno a los intereses nacionales y servil a las directrices de la Casa Blanca. El documento emitido por el PCT es particularmente incisivo al traer a la memoria reciente el uso de la infraestructura militar estadounidense en suelo dominicano. Esa misma maquinaria, apunta, ha sido empleada en el pasado para acciones contra la República Bolivariana de Venezuela, y ahora resurge en un contexto de renovadas amenazas contra la República de Cuba. No se trata, por tanto, de una medida inocua, sino de un engranaje dentro de una estrategia mayor de dominación regional. “El PCT condena la actitud ‘cipaya’ del gobierno y advierte sobre los serios peligros que estas violaciones a la soberanía entrañan para el pueblo dominicano”, expresó Aquiles Castro con la voz firme de quien invoca la memoria histórica. La palabra “cipaya” —término que en el lenguaje independentista dominicano designa a quien traiciona la patria por intereses extranjeros— resonó en el comunicado como un aldabonazo. Ante lo que consideran una entrega impune del patrimonio y la dignidad nacional, la organización política hizo un llamado urgente a todos los sectores democráticos y patrióticos del país. La consigna es clara: articular un rechazo firme y frenar el “entreguismo” gubernamental. Castro insistió en que es menester aprender de las lacerantes lecciones del pasado, cuando gobiernos anteriores cedieron soberanía ante potencias colonialistas, con consecuencias nefastas que aún hoy se arrastran como heridas abiertas. El PCT concluye su intervención con una invitación a la vigilia cívica. Porque, a su juicio, la pendiente que se transita no es un accidente del relieve político, sino una construcción deliberada que, de no ser detenida a tiempo, podría despeñar la soberanía dominicana en el abismo de la sumisión permanente.

Setenta años de dignidad: el MPD, una escuela de consecuencia revolucionaria

La organización fundada en La Habana en 1956 ha sido faro de lucha para generaciones de dominicanos, formando cuadros que ofrendaron su vida por la soberanía nacional y la justicia social, en medio de la persecución despiadada de la dictadura balaguerista y el imperialismo. POR JULIO GUZMÁN ACOSTA Hoy, 20 de febrero, se cumplen siete décadas de la fundación del Movimiento Popular Dominicano (MPD), una organización que nació en tierra extranjera pero con el corazón puesto en la liberación de su patria. Fue en La Habana, Cuba, donde Pablo Martínez dio el primer paso en 1956 para crear lo que con el tiempo se convertiría en un símbolo de combate sin tregua, de voluntad inquebrantable y de entrega absoluta a la causa de los oprimidos. Desde sus albores, el MPD se distinguió por tejer vínculos indisolubles con la clase trabajadora y los sectores populares, asumiendo el marxismo-leninismo como brújula teórica y práctica. Esa condición, esa claridad de principios, lo convirtió en blanco preferencial de la represión. Los gobiernos de turno, particularmente la dictadura de Joaquín Balaguer, desataron contra sus filas una persecución implacable, con la CIA como sombra alargada tras cada paso de sus dirigentes. La historia del MPD está escrita con sangre de mártires. Maximiliano Gómez, \»El Moreno\», su líder más emblemático, cayó asesinado en Bruselas, Bélgica, víctima de la misma agencia criminal que lo acechaba desde sus tiempos de lucha en el Caribe. En un año trágico, la organización perdió a tres secretarios generales de manera aleve: al propio Maximiliano, a Otto Morales y a Chapó. La dictadura balaguerista segó también las vidas de Amin Abel Hasbún, Guido Gil, Henry Segarra, nombres que brillan con luz propia en el firmamento de la resistencia dominicana. Pero el MPD no ha sido solo sacrificio. Ha sido, por sobre todo, una escuela. Una fragua donde se templaron caracteres y se formaron revolucionarios de profunda consecuencia. En sus filas militaron hombres y mujeres de valía excepcional: Jorge Puello, el Men, Brígido Peguero, y tantos otros que entregaron lo mejor de sí a la construcción de una sociedad más justa. También de las filas de la organización rojinegra surgió el Partido Comunista del Trabajo (PCT), encabezado por Rafael Chaljub Mejía, David Onelio Espaillat, Efraín Sánchez Soriano —Pocholo— y cientos de hombres y mujeres que se forjaron en las filas del histórico MPD. Hoy, cuando el MPD cumple 70 años, sigue haciendo aportes sustanciales a la causa revolucionaria. Sus dirigentes y militantes actuales mantienen viva la llama encendida por aquellos que cayeron bajo el plomo de la tiranía o el acecho del imperio. A ellos, nuestra felicitación más entrañable. Los hombres y mujeres del PCT celebran con orgullo este 70 aniversario porque, como dice Manuel Salazar, \»ellos llevan en la sangre el emepedeismo glorioso e histórico. Porque ser del MPD no fue una etapa: fue un bautismo de consecuencia que marcó para siempre nuestro compromiso con la soberanía nacional, con los oprimidos, con la causa irrenunciable de la revolución\». Setenta años después, el MPD sigue en pie. Su ejemplo perdura. Su historia es patrimonio del pueblo dominicano.  

70 años del MPD Felicitamos a los dirigentes y militantes de esta combativa organización revolucionaria

Hoy 20 de febrero se cumplen 70 años de la fundación del Movimiento Popular Dominicano, MPD. Fue fundado en La Habana, Cuba, por Pablo Martinez. Desde que surgió destacó por ser una organización de combate a toda prueba, y con una voluntad inquebrantable de soldar vínculos organizativos y de lucha con la clase trabajadora y sectores populares en general. Y temprano en sus días, asumió el Marxismo leninismo como guía de sus acciones. Por esas condiciones siempre fue blanco de la represión de los gobiernos de turno, especialmente del balaguerista; y perseguido por la CIA. Maximiliano Gómez, su líder más emblemático, fue perseguido por esta agencia criminal y asesinado en Bruselas Bélgica. Tres secretarios generales fueron asesinados de manera aleve en un año: Maximiliano Gómez, Otto Morales y Chapó. El MPD ha sido por sobre todo, una escuela de consecuencia revolucionaria y de lucha en favor de los oprimidos, los intereses nacionales, y la causa de la revolución de otros pueblos. En sus filas destacaron dirigentes emblemáticos como Amin Abel Hasbún, Guido Gil, Henry Segarra, asesinados por la dictadura de Balaguer. Destacaron Jorge Puello, el Men, y Brígido Peguero. Los cuadros y militantes que formamos el Partido Comunista del Trabajo, con Rafael Chaljub Mejía, David Onelio Espaillat y Efrain Sánchez Soriano, Pocholo, nos forjamos en las filas del MPD y reivindicamos con orgullo esa militancia. Hoy el MPD continúa haciendo ingentes aportes a la revolución.. Felicitamos de corazón a los dirigentes y militantes actuales del MPD por este 70 aniversario significativo. Y nos felicitamos los del PCT por ser parte del emepedeismo glorioso e histórico.

Aquiles Castro asume secretaría general del PCT con llamado a construir opción electoral para 2028

El XI Congreso Nacional del Partido Comunista del Trabajo ratifica al veterano dirigente de 45 años de militancia para sustituir a Manuel Salazar, en un cónclave que reunió a delegaciones internacionales marxista-leninistas y aprobó una resolución política que denuncia la «sumisión» del gobierno de Abinader a Estados Unidos, el auge de corrientes «neofascistas» y la necesidad de articular un frente de izquierda que dispute el poder real al bipartidismo dominicano Por Julio Guzmán Acosta  SANTO DOMINGO. — La noche de los relevos suele transcurrir en la penumbra de los salones gremiales o en la modestia de las casas nacionales, entre consignas gastadas y aplausos de compromiso. Pero en el XI Congreso Nacional del Partido Comunista del Trabajo (PCT), la transmisión del mando tuvo la solemnidad de los ritos antiguos: cuando Aquiles Castro, militante de 45 años en las trincheras de la izquierda dominicana, se levantó para recibir la secretaría general de manos de Manuel Salazar, el auditorio entendió que no asistía a un simple cambio de firma, sino a la continuidad de una estirpe. Bajo la consigna que presidió las deliberaciones —«El partido, la lucha de la clase trabajadora, popular de masas y la revolución, es un asunto de conciencia revolucionaria»—, la organización marxista-leninista clausuró tres días de sesiones con la elección de Castro, un nombre que en los cuadernos de la militancia dominicana pesa tanto como los volantes repartidos en madrugadas de huelga o las persecuciones en tiempos de la Guerra Fría. Lo respaldaban, en la primera fila, los dos secretarios generales que le precedieron: el propio Salazar (1994-2026) y Rafael Chaljub Mejía (1980-1994), como si en ese gesto se cifrara la memoria de medio siglo de luchas. El congreso, que congregó a delegaciones internacionales de partidos hermanos, no se conformó sin embargo con la liturgia de la sucesión. En sus resoluciones finales, el PCT trazó una hoja de ruta que mira directamente a las elecciones de 2028 con una ambición inusual para las fuerzas que han navegado en los márgenes del sistema: configurar una opción electoral capaz, según reza el documento aprobado, de «disputar el poder real a las fuerzas que han dominado el régimen político dominicano». La resolución política hace un llamado explícito a las «reservas democráticas, patrióticas y de las izquierdas» para tejer un compromiso histórico que supere el desempeño electoral de años anteriores. No se trata, aclara el texto, de una simple alianza de circunstancias, sino de una candidatura que logre presentarse como alternativa tanto a la gestión actual del Partido Revolucionario Moderno (PRM) como al bloque opositor vinculado al antiguo oficialismo. En la geometría variable de la política criolla, el PCT aspira a ocupar un espacio que considera vacante: el de la ruptura con el bipartidismo que, a su juicio, ha secuestrado los destinos de la nación. Pero la mirada del congreso no se detuvo en las urnas. En su análisis de la coyuntura nacional, el partido afiló la puntería contra la administración de Luis Abinader, a la que acusó de «sumisión a los designios norteamericanos». La denuncia señaló con nombre y coordenadas: la presencia de contingentes militares en la Base Aérea de San Isidro y en el Aeropuerto Internacional de Las Américas fue leída como una cesión de soberanía que, en el lenguaje de la izquierda tradicional, evoca los peores momentos de la injerencia extranjera en el Caribe. Más allá de la geopolítica, el documento aprobado alerta sobre el crecimiento de lo que califica como corrientes «neofascistas» en la vida nacional. El diagnóstico es severo: la xenofobia y el racismo, la persecución de trabajadores inmigrantes, el rechazo a los derechos reproductivos (las tres causales) y los casos de corrupción administrativa en instituciones como el Seguro Nacional de Salud (Senasa) configuran, para el PCT, un paisaje de derechos en retroceso. Esa preocupación se extiende al plano internacional, donde el partido reafirmó su solidaridad con los gobiernos de Cuba y Venezuela y condenó la vigencia de la doctrina Monroe y la promoción del militarismo en el Caribe. En un mundo que se reordena, apuntaron las conclusiones del congreso, con el ascenso de China y el bloque de los BRICS como contrapeso a la hegemonía estadounidense, la tarea de las fuerzas revolucionarias no puede ser otra que la movilización activa para defender la soberanía de los pueblos. En ese escenario global, la pequeña música de la política dominicana —con sus relevos, sus consignas y sus esperanzas— busca encontrar su partitura. Afuera, en las calles de Santo Domingo, la noche transcurría ajena a la elección de Aquiles Castro. Pero dentro del local partidario, cuando el nuevo secretario general tomó la palabra por primera vez, hubo en su voz el eco de una certeza que los años no logran apagar: que la conciencia revolucionaria, esa que mencionaba la consigna del congreso, sigue siendo, para los hombres y mujeres del PCT, un asunto que merece la pena vivir.

La agresión yanqui a Venezuela Entre la teoría del Espacio Vital de Hitler y el Destino Manifiesto de los yanquis. ¿Qué tienen de común?

La teoría del “Espacio Vital” fue una doctrina geopolítica central del nazismo, formulada por Adolf Hitler, que sirvió para justificar la expansión territorial alemana mediante la guerra, especialmente hacia Europa del Este, Polonia, Checoslovaquia, Rumania, y otros paises. Hitler necesitaba los recursos naturales de Europa del Este para el desarrollo de Alemania y su consolidación como potencia económica, política y militar. La teoría del Destino Manifiesto fue una doctrina ideológica y política surgida en los Estados Unidos a mediados del siglo XIX, que sostenía que ese país estaba predestinado a expandirse territorialmente desde el Atlántico hasta el Pacífico y a ejercer influencia sobre el continente americano. Sirvió para justificar guerras, arrebatar territorios y recursos naturales, e imponer anexiones. Destacan la guerra con México (1846–1848) a través de la cual los gringos se apropiaron de más de la mitad del territorio y recursos naturales de México (California, Texas, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah). Todo eso con la misma desfachatez que por estos días Donald Trump dice que \»procura recuperar el petróleo que Venezuela le robó a Estados Unidos\». Luego, esa teoría imperialista evolucionó hacia el expansionismo en el Caribe, Centroamérica y el Pacífico. En 1823, se articuló con la Doctrina Monroe, \»América para los americanos\» y en ese corolario llevó a cabo intervenciones militares en el Caribe y Centroamérica, con influencias directas en Cuba (aquí se quedaron con Guantánamo), República Dominicana, Haití, Puerto Rico y Panamá. Una vez en República Dominicana, ordenaron un \»Estudio sobre la disponibilidad de recursos naturales en la isla de Santo Domingo\», lo cuales eran su interés. Ese estudio resultó en un Informe titulado \»Santo Domingo, un país con futuro\», firmado por Otto Schoenrich, debido a la enorme cantidad de minerales y otros recursos naturales constatados. La intervención militar yanqui de 1916, devino en gobierno colonial militar gringo, y creó las condiciones para que luego, en 1930, el dictador Trujillo asumiera el papel de garante de los intereses norteamericanos. En este sentido, el Destino Manifiesto fue un fundamento del expansionismo imperialista estadounidense. La agresión yanqui a Venezuela se produce en un momento en que el capitalismo en su fase imperialista muestra su cara fascista, para recomponer la acumulación de capitales, en un contexto en que se produce un nuevo reordenamiento mundial con la emergencia de China como potencia mundial, y del Bloque BRICS como contrapeso al orden financiero impuesto por los yanquis después de la segunda guerra mundial. La globalización neoliberal se ha agotado como política de acumulación de capitales. Además, la economía norteamericana sigue afectada por una continua caída de la Tasa Media de Ganancia que, entre 1950 y el 2020 cayó en (-) 25%. Y esa tendencia ha continuado, y se agravó con la Pandemia de la COVID 19. Todos los estudios sobre la Tasa Media de Ganancia indican una tendencia decreciente en el largo plazo, especialmente en Estados Unidos de Norteamérica, la Unión Europea y Japón, enclaves fundamentales del capitalismo mundial. Dado que la Tasa Media de Ganancia es el indicador principal en las decisiones de los capitalistas para sus inversiones y políticas generales; el hecho de que esta se mantenga en descenso por un largo tiempo, y las perspectivas sean mantener esa caída, es razón para que las empresas multinacionales y los cabecillas del imperialismo procuren revertir esa tendencia. El capital norteamericano busca con desespero nuevas fuentes de acumulación, y en esa situación apela a Donal Trump, el rostro neofacista, instrumento de ocasión del imperialismo norteamericano. (Bertold Brecht dijo alguna vez que la social democracia es la burguesía cuando no está asustada; y el fascismo es la misma burguesía cuando está asustada). De tal manera, la agresión a Venezuela es también una escalada fascista. Así como Hitler definió el \»Espacio Vital\» en el entorno de Europa y agredió a Polonia y otros países, y se apoderó de sus recursos naturales; así mismo, la vuelta a la doctrina Monroe por parte de Trump y los yanquis, con su corolario \»América para los americanos\», es la asunción de América Latina y el Caribe como parte del \»Espacio Vital\» del imperialismo yanqui. Vale reiterar que, en unas condiciones históricas en la que el capitalismo muestra su cara fascista para recomponer la acumulación. Así las cosas, la mirada y la respuesta política, a la agresión a Venezuela, y el militarismo en el Caribe, deben ser observadas a partir de esos dos elementos: escalada fascista como política del imperialismo yanqui, y determinación de un \»espacio vital\» por parte de éste, en la competencia por recomponer la acumulación de capitales dentro de un nuevo reordenamiento mundial económico, político y militar en curso. Y en es misma visión debe observarse la actitud de servilismo y entrega de la soberanía nacional por parte del gobierno de Luis Abinader y el PRM. Así, la defensa de la soberanía nacional, se conjuga con la lucha por más derechos democráticos y libertades públicas, cerrarle el paso al conservadurismo facistoide; con la conquista de soberanía popular.

El PCT Condena la Agresión a Venezuela y Llama a la Solidaridad Dominicana

El Buró Político del Partido Comunista del Trabajo tilda las acciones de EE.UU. de \»violación flagrante del derecho internacional\» y convoca a movilizaciones populares en la isla en defensa de la soberanía y contra el \»imperialismo\». Por Servicios umbral.local/ SANTO DOMINGO.— En un posicionamiento de firme tono ideológico y llamado a la acción, el Buró Político del Partido Comunista del Trabajo (PCT) expresó su “más enérgica condena” ante lo que denominó la “reciente escalada de agresiones e injerencia” del gobierno de Estados Unidos contra Venezuela, incluyendo los ataques aéreos y la captura del presidente Nicolás Maduro. En una declaración pública difundida este sábado, la organización política dominiana calificó los hechos como parte de una “estrategia sistemática” imperialista para restaurar el control sobre países que optan por vías de desarrollo independientes y hacerse con sus recursos naturales. El comunicado, de prosa combativa y anclado en la tradición de la izquierda antiimperialista, sostiene que las acciones de pWashington representan una “violación flagrante del derecho internacional y del principio de autodeterminación”. Para el PCT, los mecanismos de presión económica y militar son “herramientas de dominación” destinadas a castigar a un pueblo que “ha decidido ser dueño de su propio destino”, situando a la soberanía venezolana como “la frontera de dignidad de toda nuestra América”. Un llamado patriótico a la movilización en suelo dominicano Más allá de la condena, el Buró Político hizo un “llamado patriótico y urgente al pueblo dominicano” para mantenerse alerta y expresar un “rechazo activo” a la agresión. Argumentando una “historia compartida de lucha contra las intervenciones extranjeras”, el partido vincula la causa dominicana con la venezolana y subraya que la paz regional depende de “la unidad y el apoyo mutuo” frente a ataques externos. En un paso hacia la acción concreta, el PCT convocó formalmente a “todas las organizaciones democráticas, populares y sociales de la República Dominicana a organizar jornadas de solidaridad y movilización en respaldo a la Revolución Bolivariana”. El objetivo declarado es que “la voz de los trabajadores dominicanos se escuche con fuerza” para reafirmar que no se permitirá “que se violente la paz de un pueblo que solo anhela construir su futuro sin tutelajes extranjeros”. El contexto regional: una crisis que polariza La declaración del PCT se inserta en un panorama regional profundamente dividido frente a la intervención militar estadounidense. Mientras gobiernos como los de Colombia y Cuba han condenado la acción, y Rusia ha exigido la liberación de Maduro, otras voces dentro de la oposición venezolana y algunos gobiernos conservadores de la región podrían ver con buenos ojos la caída del chavismo. El llamado del partido dominiano refleja la postura de los sectores más radicales de la izquierda latinoamericana, que interpretan la crisis venezolana como un punto de inflexión en la lucha histórica contra la hegemonía de Estados Unidos en el continente. Con esta proclama, el PCT no solo se pronuncia sobre un evento internacional de magnitud, sino que busca galvanizar a su base y a los movimientos sociales aliados dentro de la República Dominicana, tratando de transformar la indignación internacional en movilización callejera local. La efectividad de su convocatoria medirá, en parte, la temperatura del sentimiento antiimperialista y la solidaridad con Venezuela en el Caribe hispano.

El Silencio del Médico: Cuando la Ética y la Conciencia Pierden su Voz

La comunidad de Los Tres Brazos llora la partida del doctor Sencion Joran García, médico de vocación popular, feflista histórico, militante comunista, cuyo consultorio fue siempre trinchera de servicio y cuyo compromiso social trascendió la práctica clínica para convertirse en legado de lucha y entrega. Por Julio César Guzmán Acosta SANTO DOMINGO ESTE.— En el modesto entramado de calles de Los Tres Brazos, donde la vida se abre paso entre carencias y esperanzas, ha quedado un vacío imposible de llenar. El doctor Sencion Joran García, médico de profesión y revolucionario de convicción, ha partido físicamente, pero su legado permanece intacto en la memoria agradecida de un pueblo que lo reconoció siempre como suyo. Forjado en las filas combativas del Frente Estudiantil Flavio Suero (FEFLAS) y miembro del Partido Comunista del Trabajo (PCT), Joran encarnó esa rara virtud de conjugar la excelencia profesional con el compromiso social irrenunciable. Su consultorio —aquel espacio sagrado donde la ciencia se ponía al servicio de los más humildes— nunca cerró sus puertas a quien necesitara alivio. Allí, en el corazón de Santo Domingo Este, ejerció la medicina no como un privilegio de casta, sino como un derecho popular. \»Joran era un médico del barrio\», repiten hoy con dolor los vecinos que durante años encontraron en él no solo al profesional competente, sino al compañero solidario. En su práctica médica no existían distinciones de clase ni de ideología; solo la humana necesidad de sanar y ser sanado. Quienes lo conocieron destacan esa cualidad esencial que lo definía: su capacidad para ver en cada paciente a un igual, a un hermano cuya dignidad merecía respeto y cuyo dolor exigía atención solícita. Su trayectoria militante —que incluyó su participación en el Frente Amplio y su militancia en el Partido Comunista del Trabajo— no fue un aspecto separado de su vocación médica, sino su natural prolongación. Para Joran, la lucha por la salud del pueblo era inseparable de la lucha por su emancipación integral. Comprendía, con aguda lucidez, que no puede haber bienestar individual en medio de la injusticia social. Hoy, cuando su ausencia física se hace tangible entre los que supieron de sus manos sanadoras y su palabra alentadora, la comunidad feflista, frenteamplista, del PCT y las organizaciones populares a las que sirvió con lealtad inquebrantable levantan su memoria como bandera. \»Feflista de siempre, sentimos tu partida, pero seguimos contigo en nuestros puños de combate\», reza el homenaje de sus camaradas, sintetizando en pocas palabras la profunda convicción de que las ideas por las que luchó permanecen vigentes. El doctor Sencion Joran Garcia se ha marchado, pero su ejemplo perdura en cada consultorio abierto al pobre, en cada acto de solidaridad concreta, en cada lucha por un mundo donde la salud no sea privilegio de pocos sino derecho de todos. Los Tres Brazos llora a su médico, pero celebra haber tenido el raro privilegio de contar entre sus hijos a un hombre que supo honrar, hasta el último suspiro, su juramento de servicio al pueblo.

Soberanía en la Línea de Vuelo: El PCT Condena la Cesión de Aeropuertos a Fuerzas Militares de EE.UU.

La autorización para que Estados Unidos utilice áreas restringidas de los aeropuertos de San Isidro y Las Américas desata alertas sobre compromisos soberanos y riesgos geopolíticos en el Caribe. POR JULIO CÉSAR GUZMÁN ACOSTA SANTO DOMINGO.— En un pronunciamiento que reverbera con ecos de viejas disputas geopolíticas, el Partido Comunista del Trabajo (PCT) ha alzado su voz para rechazar con firmeza la decisión del Gobierno dominicano de autorizar a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos el acceso y uso de áreas restringidas en los aeropuertos de San Isidro y Las Américas. Según la organización política, esta medida —enmarcada en operaciones antinarcóticos— no solo lesiona la soberanía nacional, sino que coloca al país en una posición de riesgo frente a la convulsiva estabilidad regional, particularmente en lo que respecta a naciones hermanas como Cuba y Venezuela. La denuncia del PCT surge en un momento de creciente coordinación militar entre República Dominicana y Estados Unidos, simbolizada recientemente por la visita del secretario de Guerra Pete Hegseth. Sin embargo, lo que para el gobierno representa cooperación en seguridad, para los comunistas dominicanos significa una cesión peligrosa de control sobre infraestructuras críticas, abriendo la puerta a escenarios que exceden con creces la lucha contra el tráfico de drogas. La Infraestructura Nacional como Plataforma Extraterritorial El núcleo del rechazo se centra en lo que el PCT califica como “una vulneración flagrante de la plena independencia de la República Dominicana sobre su territorio”. Al ceder el uso de áreas restringidas en aeropuertos de importancia estratégica, el gobierno —según la organización— traspasa funciones inherentes a la defensa nacional a una potencia militar extranjera, aún bajo el pretexto de la cooperación antinarcóticos. “La seguridad y defensa de la nación deben ser responsabilidad exclusiva de las instituciones dominicanas”, subraya el partido en su documento. La advertencia apunta a un principio sagrado en el derecho internacional: la soberanía territorial como base de la convivencia entre estados. Para el PCT, este acuerdo no solo debilita ese principio, sino que sienta un precedente que otros actores internacionales podrían explotar en el futuro. El Contexto Geopolítico: ¿Cooperación o Confrontación? Más allá de la cuestión soberana, el PCT alerta sobre el timing de la autorización, la cual se produce en un momento de alta tensión en la región. La organización advierte que la presencia militar estadounidense en aeropuertos dominicanos “puede servir como base para operaciones que excedan el combate al narcotráfico”, colocando al país en una posición de plataforma para la injerencia o confrontación contra otros estados soberanos del Caribe y Latinoamérica. Esta advertencia no es menor en un escenario donde Washington ha incrementado su retórica y despliegue militar hacia Venezuela y Cuba. Para los comunistas, la medida convierte a República Dominicana en un eslabón más de una cadena de presión que podría desestabilizar aún más el equilibrio regional. Un Llamado a la Racionalidad y el Respeto Mutuo Frente a este panorama, el PCT ha hecho un llamado al Gobierno dominicano a “reconsiderar y revocar inmediatamente esta decisión”, abogando en cambio por acuerdos de cooperación que se enmarquen en el respeto irrestricto a la soberanía, la no intervención y el derecho internacional. La organización propone que la lucha contra el narcotráfico sea abordada mediante mecanismos bilaterales o multilaterales que fortalezcan las capacidades propias de las instituciones nacionales, sin necesidad de ceder espacios territoriales críticos. La propuesta subraya una máxima de la diplomacia clásica: la cooperación en seguridad no debe implicar la abdicación de la soberanía. Mientras el gobierno insiste en los beneficios operativos de este tipo de acuerdos, las advertencias del PCT —junto a las de otras treinta organizaciones que días antes declararon persona non grata al secretario Hegseth— revelan una profunda fractura en la sociedad dominicana respecto a los límites de la alianza con Washington. El debate, en esencia, ya no es sobre narcotráfico, sino sobre los fundamentos mismos de la soberanía nacional en el siglo XXI.