UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

En memoria de Otto Morales

Al cumplirse cincuenta y cinco años de la muerte a mansalva de Otto Morales, reproduzco el artículo publicado aquí mismo hace cinco años en honor a la memoria de ese, mi inolvidable jefe y camarada: Los que militábamos en el Movimiento Popular Dominicano –MPD- en aquel entonces, teníamos como líder principal a Maximiliano Gómez –El Moreno-, por un conjunto de razones y cualidades que lo hicieron merecedor del reconocimiento de sus compañeros. Entre los más fervientes seguidores y más sinceros admiradores de El Moreno estaba Otto. Pero sucedió que Maximiliano fue apresado el 14 de enero de 1970, en marzo siguiente deportado, y cuando el partido parecía quedarse sin un líder, surgió Otto, que rápidamente se erigió en el dirigente más destacado y reconocido por toda la militancia emepedeísta. Había que ver a aquel muchacho de veinte y tantos años manejando los asuntos de la alta política de un partido que estaba envuelto en una lucha frontal contra un régimen tan violento y despiadado como el de los doce años. En medio de la persecución en que vivía, Otto dirigía la alta política, estaba atento a los asuntos de la organización y con un amor de clase y una solidaridad propia de los hombres de su categoría, se ocupaba de los problemas humanos y familiares de los demás. El gobierno balaguerista estaba empeñado en la liquidación a cualquier precio del MPD y en ese momento, Otto era la presa más codiciada. Para esos días era yo el responsable de la organización en Puerto Plata y, de acuerdo con mi compañero Miguel Ángel Muñiz, por nuestra propia cuenta, al notar que el cerco en que se hallaba Otto se estrechaba, decidimos que yo viniera a la capital y le propusiera que se saliera de aquí y se pasara un tiempo a nuestro cuidado en Puerto Plata y en toda la región Norte, de la cual el compañero Negro Peña, por quien Otto sentía una gran admiración, era en esos días el principal responsable. Vine a buscarte, Gorila, le dije, después del clásico abrazo con que acostumbrábamos saludarnos. Estuvo de acuerdo y quedamos en que el traslado se haría en cosa de pocos días. Pero la mano de los asesinos se interpuso y se llevó de encuentro a uno de los dirigentes más queridos y una de las mayores promesas del movimiento de izquierda dominicano. ¿Cómo no dedicarle unas líneas, en sincero tributo a su memoria, en este cincuenta aniversario de su muerte?

Un Réquiem por Platón

A Winston Franklín Vargas Valdez (Platón) reconocido dirigente del otrora Movimiento Popular Dominicano (MPD), la mayor y más aguerrida organización de izquierda de la posguerra, bajo la dirección de Maximiano Gómez Horacio (El Moreno) y Otto Morales Efres. Pese a su dilatada militancia en la organización Roja y Negra, lo Vine a conocer personalmente en el año 1973, cuando llegue como inquilino involuntario a la célebre cárcel de La Victoria construida por el dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina e inaugurada el 17 de agosto de 1952, terminando su cuarto y último periodo presidencial , no así su mandato que concluyo el 30 de mayo del 1961. Antes de ingresar a las filas del Emepedeismo estuvo en unos de los cuerpos militares del país en la adquirió vasta experiencia en esa materia. Era el mayor de una familia entera de militancia Emepedeista, la mayor organización Marxista de la época. Su hermana Wanda; aguerrida dirigente femenina del partido y de las fundadoras de la Federación de Mujeres Dominicana (FMD), sus hermanos Julito (EPD) y Gregorio ambos destacados dirigentes medios del partido con los tuve el honor compartir militancia. Platón, estuvo entre la veintena de presos políticos canjeados por el teniente coronel Donald J Crawley; agregado aéreo de la embajada estadounidense en el país, secuestrado el 24 de marzo de 1970. Secuestro realizado por un comando unificado anti reelecionista que exigía la libertad de un grupo de presos políticos a los que el régimen Balagerista sometía a toda clase de tortura y cuyas vidas pendían de un hilo o de la voluntad de cualquiera de los \»incontrolables\» descrito por el propio Presidente y que ya había desaparecido a Guido Gil Díaz y a Henry Santos, ambos hechos presos y posteriormente ejecutados. Obligado Balaguer por el gobierno de Richard Nixon, que a través de El Departamento de Estado de los Estados Unidos había declarado que aprobaba el canje de presos políticos en la República Dominicana por el teniente coronel Donald J. Crowley “si era la única manera de obtener la libertad del diplomático secuestrado”. Los veinte presos viajaron a México luego de gestiones hechas por el embajador dominicano ante el gobierno de ese país, Héctor García Godoy, quien obtuvo el visado de los mismos y la admisión en la delegación diplomática en el país, de donde viajaron a la nación azteca en fecha 26 de Marzo del referido año. De México la inmensa mayoría de los canjeados viajo a Cuba de donde todos los emepedeistas con El Moreno a la cabeza partieron a Europa, periplo en el cual Platón,encabezó el círculo protector del líder de la organización hasta su partida hacia los Estados Unidos junto a Clodomiro Gatreaux (Clodo), para regresar al país a seguir la lucha por el desplazamiento del Régimen Balagerista mediante una gran coalición opositora. Inmediatamente tocó tierra se integró a la dirección del partido que ya había sufrido los golpes de los asesinatos de Otto Morales el 16 de Julio del 1970 y de Amín Abel Hasbún, el 24 de septiembre del mismo año. También, ya habían sido hechos presos el 13 enero del 1971 seis dirigentes en el Ensanche Luperón dejando la organización prácticamente descabezada, labor que no se detuvo y alcanzó a otro secretario general del partido, Roberto Figueroa Taylor (Chapó), el 7 de julio de ese fatídico año en que ya había sido asesinado el 23 de mayo en Bruselas por la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) Maximiliano Gómez (El Moreno). Ya en el País, a Platón se le asigno trabajo en la región este del país donde fue apresado nuevamente en el 1972 en la ciudad de la Romana. En ese nuevo apresamiento fue que conocí personalmente a una leyenda del Emepedeismo, al que encontré cuando llegué a finales de octubre del 1973 en un infierno llamado Penal de la Victoria en el cual pasé tres años junto a Platón y al núcleo de dirigentes. Este había sobrevivido a la orgía de sangre que contra nuestra organización habían desatados los organismos represivos del país bajo la asesoría de la CIA, incrementada después del secuestro de Crawley. En esos tres años, conviví con Platón en una pequeña celda de unos 20 metros de largos por aproximadamente 8 metros de ancho a la que los presos llamaban Macondo, por las cosas inverosímiles que allí ocurrían, en donde los vicios y las virtudes se ponían a flor de piel y donde dificultades evidenciaban la verdadera naturaleza humana de cada de uno de los cohibidos de libertad. Nunca lo vi triste, ni nostálgico, siguiendo su rutina diaria de ejercicios y mucha lectura de toda clase, desde la teoría Marxista hasta los Clásicos de la literatura universal, era un lector voraz y buen conocedor del idioma de Cervantes, lo que lo llevaría más tarde a ser un excelente corrector de estilo de libros y artículos, que al final de su vida se dedicó para lograr el sustento de él y su familia. Me fui de la cárcel con la nostalgia de dejar en ella mi familia, mis hermanos, mis camaradas, incluido a mi admirado Winston Franklin Vargas Valdez (Platón), con quien continúe siendo amigo, pese a que en la calle tomamos caminos diferentes, él en el Núcleo Comunista de los Trabajadores y yo seguí en el MPD. Donde nunca hubo diferencias entre nosotros, era en la predilección del Son Cubano, era tremendo bailador y le gustaba echarme vaina, algo que aceptaba con humildad. La última vez que nos vimos fue en el velorio de su compañera de muchos años Altagracia Castillo (Tatica), miembro de una familia anti Trujilista y de una militancia emepedeista a carta cabal, como fue su hermano Vinicio Petronio Castillo (El Pelu) (EPD) y Faruk y Saad Miguel Castillo. Ahí, lo ví muy desmejorado luchando contra un cáncer que finalmente le ganó la batalla. Hoy al decirte mi último adiós, quiero reiterar que los hombres como tu nunca mueren, mientras vivas en las memorias de todos los que como yo reconocemos tus hazañas y tú lealtad

La importancia de esa conmemoración

La conmemoración de los cincuenta años del asesinato del periodista Orlando Martínez ha revestido una importancia que es necesario destacar. Se le ha rendido tributo a un joven intelectual de sobrado talento, actitud frontal y militante que denunció los poderes locales e internacionales culpables de las desgracias de esta patria. Lo conocí personalmente apenas días antes de morir, cuando en un gesto amistoso fue junto a Magaly Pineda a saludar a Fafa que entonces guardaba prisión en La Victoria. Era imposible suponer siquiera que aquel muchacho lleno de vida tenía la muerte a mansalva pisándole los talones. Así eran las cosas en esos tiempos. Y la importancia de esta conmemoración se agranda, porque sirve para recordarles a los de más edad y enseñarles a los más jóvenes, que aquí hubo una época en la cual el Estado, siempre bajo la asesoría de los norteamericanos, era el principal practicante del terrorismo y todos los métodos de la guerra sucia. Aún antes de concluir la Guerra de Abril de 1965, ya agentes yanquis organizaban comandos terroristas en la base aérea de San Isidro para salir a perseguir y matar opositores al gobierno de Joaquín Balaguer, impuesto por los propios norteamericanos. Al cabo de los doce años que duró ese régimen, quedaron sobre el campo más muertos que todos los caídos en los últimos tres meses de la guerra. Había una oficialidad y un personal especializados en esa tarea y para matar a Orlando se puso en movimiento. La decisión estaba tomada, en una reunión de altos jefes militares, uno de ellos le dio la orden al que dirigió el operativo del asesinato. Joaquín Pou Castro, alto oficial de la Fuerza Aérea, confeso encargado de la persecución que culminó con las ejecuciones respectivas de Otto Morales y Amín Abel, entre otras de sus hazañas. Todo eso quedaba impune, Pou Castro luego fue premiado y ascendido a general y fueron necesarios más de veinte años de sostenido esfuerzo de los compañeros de partido, la familia de Orlando y la opinión democrática para que este terrorista y algunos de sus secuaces fueran condenados en los tribunales. Aunque el presidente, jefe político superior de aquel período y los que transmitieron la orden criminal nunca respondieron por sus culpas. Pero lejos de darnos por vencidos, hagamos que esta conmemoración sirva para honrar a Orlando, rememorar aquel entonces y pasarle juicio histórico y moral a todos aquellos crímenes y a sus protagonistas.