UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

San Juan se levanta como un solo hombre contra el oro canadiense: “Nunca hubo una marcha así”

Miles de ciudadanos colmaron las calles de San Juan de la Maguana en una jornada histórica contra el proyecto minero Romero. El vocero del movimiento, Rubén Moreta, dio un ultimátum de siete días al Poder Ejecutivo y denunció infiltración de la empresa GoldQuest. Por Servicios umbral.local/ Periodismo con compromiso y verdad SAN JUAN DE LA MAGUANA. – La provincia que un día fue cuna de caudillos y tierra de gestas libertarias volvió a estremecerse. Esta vez, no bajo el conjuro de la espada, sino bajo el clamor unánime de un pueblo que se niega a entregar sus entrañas al oro extranjero. Este domingo, San Juan de la Maguana fue escenario de una movilización sin precedentes: miles de almas, un solo pecho, una sola voz contra el Proyecto Romero, la ambiciosa iniciativa de extracción minera impulsada por la compañía canadiense GoldQuest. Al caer la tarde, cuando el polvo de las calles aún no se posaba y el eco de las consignas seguía vibrando en el aire caliente del valle, el vocero del Movimiento Suroeste Unido por el Agua y la Vida, Rubén Moreta, compareció ante la prensa con la gravedad de quien sabe que ha escrito una página inédita en la historia social de la provincia. “Nunca antes, en la historia social de San Juan de la Maguana, se había producido una manifestación de este calibre”, sentenció Moreta, sin titubeos. Y agregó, con la frente en alto: “Fue una actividad pacífica que evidenció la decisión inquebrantable de un pueblo de impedir la explotación minera en nuestro valle”. Pero no hubo solo memoria en sus palabras. Hubo, sobre todo, un plazo. Un límite. Un ultimátum lanzado al más alto nivel del Estado. “El presidente tiene un plazo de siete días para darle una respuesta a la comunidad de San Juan de la Maguana”, advirtió el dirigente. “Vencido ese plazo, las movilizaciones van a continuar en contra de la GoldQuest en San Juan”. La jornada, sin embargo, no estuvo exenta de sombras. Moreta denunció con vehemencia lo que calificó como una maniobra artera de la empresa canadiense: la infiltración de elementos ajenos a la protesta con el deliberado propósito de deslucirla. “Repudiamos a esos elementos infiltrados que infiltró la minera canadiense en nuestra manifestación para, al final, intentar deslucirla”, declaró. Pero acto seguido, con la seguridad que otorga la legitimidad del clamor popular, sentenció: “Eso no lo van a lograr”. La marcha de ayer fue en San Juan de la Maguana, pero su grito, advirtieron los organizadores, es el grito de toda la República Dominicana. Un alerta que retumba desde el suroeste y que, por estos días, ningún salón de poder debería atreverse a ignorar.

Grito Verde: La Sociedad Civil Marcha al Palacio en Defensa del Agua y la Vida

Más de un centenar de organizaciones convergieron frente a la sede presidencial para exigir el cese de proyectos extractivistas y denunciar el alto costo de la vida, en una protesta que fusionó el reclamo ambiental con el malestar social. Por Julio Guzmán Acosta SANTO DOMINGO.— Con la dignidad por estandarte y la Constitución como brújula, una multitud compuesta por más de un centenar de organizaciones sociales, gremiales y populares marchó este domingo desde el Parque Enriquillo hasta las puertas del Palacio Nacional, coreando un mensaje contundente: la paciencia de la población dominicana ante los “abusos” ha llegado a su fin. La protesta, un mosaico de banderas, pancartas y consignas, tuvo como eje central la defensa del agua y la vida frente a lo que los manifestantes califican como una embestida de proyectos extractivistas que comprometen el patrimonio natural de la nación. Bajo un sol inclemente, la columna de manifestantes, animada por tambores y el sonido de cornetas, recorrió las avenidas José Martí, Juan Pablo Duarte y 27 de Febrero. Frente a la imponente fachada del Palacio Presidencial, las voces se unificaron en un coro de denuncia. Consignas como “el agua es un tesoro, que vale más que el oro”, “fuera Barrick Gold” y “agua sí, oro no” resonaron con fuerza, intercaladas con reclamos específicos contra el Proyecto Romero en San Juan y la explotación minera en la Cordillera Central. Un Malestar Multifacético La proclama ambiental sirvió de epicentro a un descontento mucho más amplio. Los oradores, representantes de diversos frentes, tejieron una narrativa que conecta la depredación ecológica con la crisis social que agobia al ciudadano común. Manuel María Mercedes, presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, articuló este vínculo con precisión: “Hoy que el pueblo dominicano esté dando RD$35 por una libra de yuca… es el resultado de políticas deficientes”. El Movimiento Suroeste Unido por el Agua y la Vida lanzó una acusación directa contra la clase política: “Los ciudadanos nos negamos a seguir pagando impuestos… para que estos se compongan con corporaciones multinacionales y élites corruptas”. Por su parte, Alexis Rafael Peña, de la Codonbosco, destacó la dimensión clasista de problemas como los desalojos, señalando que éstos son una realidad que solo padecen los barrios carenciados. Un Largo Inventario de Agravios El catálogo de reclamos exhibió la magnitud del descontento. Los manifestantes enumeraron una serie de conflictos socioambientales que se extienden por toda la geografía nacional: las barcazas en Los Negros de Azua, la termoeléctrica Punta Catalina en Baní, el proyecto Neita en Dajabón, Las Placetas, la presa Dos Bocas y la “destrucción” de las Cuevas del Pomier. La sensación de abandono se vio reforzada con la denuncia sobre el deterioro en la Ciudad Sanitaria Doctor Luis Eduardo Aybar, un símbolo de promesas incumplidas. La jornada concluyó con la entonación solemne del Himno Nacional, seguida de una advertencia que quedó flotando en el aire cargado de frustración y determinación: “si no hay solución, habrá revolución”. Los organizadores dieron por concluida “exitosamente” la marcha, no como un punto final, sino como el preludio de una lucha que promete intensificarse si sus demandas no encuentran eco en los salones del poder.