Por el poder político (3). Necesidad de constituir el movimiento popular

¡EN ESTA ESQUINA…! Constituir el movimiento popular es más que agrupar a dirigentes y organizaciones populares que protestan o luchan por determinadas demandas. Es necesaria la organización, por supuesto. Pero lo es también la claridad política y de propósitos, y la condición de mantenerse en el tiempo. Constituir el movimiento popular implica organizar con objetivos definidos. Cuál es la base social de la organización y cuáles problemas concretos se busca enfrentar y con cuáles propósitos. Y a quién representa el movimiento. Es decir, es necesario construir conciencia colectiva. Porque el movimiento popular nace, como se ha dicho antes, de la necesidad material y de la conciencia de sus integrantes del por qué y para qué del mismo. El descontento es un punto de partida, pero la constitución del movimiento popular debe superar este. Parte del mismo, pero es seguido por la conciencia respecto del porqué de ese descontento. El movimiento popular será fuerte y trascendente si sus integrantes entienden su situación, las causas de esta y asumen de manera consciente una línea para superarla. Si, además, dispone de estrategias de acción, cómo buscará la conquista de sus demandas. Cada acción procurará avanzar en la conquista de objetivos; no es un propósito en sí mismo, ni mucho menos \»hacer sonido\» con fines de opinión pública. Los sectores que integramos el movimiento popular debemos avanzar a reconocer que su realidad es resultado de la dominación histórica de una clase en el poder político, de las relaciones de dominación que les han sido impuestas. Comprender que la exclusión social, la desigualdad y la explotación no suceden por acaso, no son algo natural; sino que son condiciones impuestas por un modelo de dominación de las clases dominantes. La clave de la constitución del movimiento popular está en la comprensión de la realidad; la reflexión crítica de la misma; la conciencia así ganada, y la acción colectiva cada vez para mejorar la acción en una nueva fase de desarrollo. Y así en una dialéctica, praxis; reflexión-acción, otra vez reflexión y nueva acción. Es lo que Paulo Freire recomendaría en su visión de la educación liberadora. Ni lucha social ciega sin orientación dada por la reflexión crítica; ni intelectualismo de la reflexión desconectada de la lucha popular. Y lo que aconsejaría Carlos Marx en su tesis XI sobre Feuerbach, cuando dice: \»Hasta ahora los filósofos se han preocupado en interpretar de distintos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo\». En el momento de pico más alto de la inserción del Partido Comunista del Trabajo en el movimiento de masas, incentivó la constitución de la Conferencia Nacional de Organizaciones Populares, como un espacio de reflexión y acción colectivas, que de esa manera decidía acciones, las reflexionaba y volvía con nuevas acciones. Así logró espirales ascendentes en el proceso de lucha popular. La Conferencia Nacional de Organizaciones Populares unió, en reflexión y acción, a los más diversos sectores de la sociedad, no tendencias de izquierdas; sino a sectores sociales en lucha: obreros, trabajadores, sindicalizados y no organizados en sindicatos; amas de casa, mujeres en lucha por la igualdad de género, comunidades urbanas y rurales, juventudes; todas expresiones de la diversidad de movimientos sociales que entonces ya era patente en la sociedad dominicana. El Paro Cívico (1989) que paralizó casi en su totalidad el país, con voceros entonces desconocidos, como era Virtudes Álvarez; y sin ningún elemento compulsivo que forzara a comercios, negocios de diversa índole ni a las industrias a paralizar sus labores; fue el resultado de esa dinámica de constitución del movimiento popular, que partía del conocimiento de la realidad social, y convocaba a los sectores en lucha a la reflexión y acción colectivas. Agreguemos que también a las decisiones colectivas. Ese fue un momento estelar de la lucha social en el país, y fue posible por el trabajo paciente con la propia militancia, sin la prisa de hacer sonido en los medios de comunicación. Pero también, en diferenciación y lucha de opinión respecto a otras tendencias que impugnaban la nuestra y a esos métodos cívicos de lucha. Hoy, la protesta social de la República Dominicana debe constituirse en movimiento popular en el sentido que, como categoría de análisis, estamos reivindicando. El punto de partida tiene que ser el análisis de la realidad dominicana, en el que la lucha de clases es un elemento fundamental; pero igual lo es el estudio del modelo de dominación neocolonial que se le ha impuesto al país y pueblo dominicanos, que es la fuente de todos los problemas materiales y espirituales que hacen daño al pueblo dominicano; no solo a la clase obrera y trabajadora, que son esenciales en el movimiento popular; sino también a un amplio conglomerado de sectores sociales y comunidades urbanas y rurales, que en las condiciones históricas del país integran ese movimiento. Las condiciones materiales expresadas en el modelo neocolonial ponen en relieve la explotación de clase, pero también un sinnúmero de desigualdades y afecciones a los sectores populares en comunidades urbanas y rurales que pueden resumirse en la problemática nacional. Constituir el movimiento popular es conocer la realidad de cada sector particular, de la clase trabajadora, por ejemplo; y orientar a la constitución particular de cada uno, con su respectiva demanda y sus luchas. Determinar quién es cada quién en el modelo. Y avanzar en el conocimiento de lo general, de cómo este modelo afecta a todos los sectores; cuáles son las afecciones comunes que proporciona el modelo. Dice Marx que \»lo concreto es concreto, porque es síntesis de múltiples determinaciones\». Determinar cuáles son las \»múltiples determinaciones internas\» que hacen concreto al modelo neocolonial de dominación yanqui-oligarca es una tarea pertinente para constituir el movimiento popular de la República Dominicana. Porque este movimiento popular tendría que ser una alianza entre los sectores sociales afectados por ese modelo. El modelo que tiene como requisito el salario bajo y prohíbe la libre sindicalización de la clase obrera y trabajadora; es el mismo que comporta la depredación por la entrega de los gobiernos
Por el poder político (2). La categoría masas populares

EN ESTA ESQUINA…! Masas populares es una categoría de análisis que describe a diferentes sectores sociales que comparten la condición de ser subordinados en la economía y política dominantes; y excluidos en lo fundamental. Vulnerables desde el punto de vista social. Por vulnerabilidad social debe entenderse la condición que proporciona el sistema económico, social y político de poder, en la que individuos o grupos tienen mayor riesgo de sufrir daños (económicos, sociales, políticos, culturales o ambientales) y tienen poca o ninguna capacidad para enfrentarlos. Es la desventaja en que mal viven algunos grupos sociales para conquistar condiciones materiales y espirituales que les permitan vivir con dignidad. Que también están bajo el dominio ideológico de los valores dominantes, que son los de la clase dominante. Es decir, que las masas populares son las que están bajo la hegemonía económica, política y cultural-ideológica, de la clase que domina. La atención del trabajo político tiene que enfocar esas tres vertientes: política, económica e ideológica-cultural. De manera integral. Los tres aspectos en una sola dirección y propósito. Esa categoría de análisis debe permitirnos conocer la composición y dinámica de lo popular en la República Dominicana, y definir la línea de trabajo y de lucha. La clase obrera y trabajadora. Trabajadores en la informalidad, y los por cuenta propia. Mujeres trabajadoras y en contextos de desigualdad. Jóvenes sin acceso a la educación ni al empleo. Pobladores en zonas vulnerables, víctimas o expuestos a desalojos. Comunidades urbanas y rurales, juntas de vecinos, afectadas por agresiones al medio ambiente y los recursos naturales; que luchan contra desplazamientos y contaminación. En la República Dominicana, este conjunto incluye a la clase obrera; a trabajadores formales de bajos ingresos, empleados del sector servicios, trabajadores informales, motoconchistas, buhoneros, empleadas domésticas y amplios segmentos del pueblo, desempleados o subempleados. Estamos en una realidad dominada por un modelo económico, social y político, con el peso del turismo, las zonas francas, las remesas, la economía informal. Y los efectos de una economía invisible y no estimada todavía, pero que se advierte en el tránsito vehicular en calles y carreteras, y en la cantidad de dealers que ofertan enormes cantidades de vehículos de la más diversa gama; así como en el auge de plazas comerciales, condominios, urbanizaciones, torres de apartamentos y oficinas, en las fiestas y espectáculos de casi todos los días, la proliferación de los drinks que venden bebidas importadas de todos los confines del mundo. Y en suma, según una encuesta mipyme del Banco Central, para 2022-2023 había 56 933 establecimientos que se reportan como \»bancas de apuestas\» (formales e informales). Esto se traduce en una banca cada 850 metros. En el país hay más bancas de apuestas que escuelas. Se cuentan 10 615 centros educativos públicos, suma de escuelas primarias y liceos de educación secundaria. Hay casi seis veces más bancas de apuestas que escuelas y liceos. Todos los anteriores elementos son observables en todo el país, aunque mayoritariamente en los grandes centros urbanos. Y cabe preguntarse: ¿de dónde sale la renta para todo eso? ¿De las remesas solamente? ¿De las exportaciones de zonas francas? ¿De los ingresos del turismo? ¿Hay alguna otra fuente, desconocida? Estamos bajo los efectos de un modelo económico y social singular, sobre el cual se levanta, y es garante, un régimen político centralizado, dominado por una oligarquía económica y política, que se turna en el poder a través de dos o tres partidos, cada uno de los cuales representa los mismos intereses, así tengan matices diferentes; y que es necesario analizar en sus particularidades y conexiones internas, para conocerlo, y sobre este conocimiento definir las líneas estratégicas para echarlo abajo. El empleo clásico en fábricas e industrias es mínimo, lo que le quita espacio a la centralidad deseada de las demandas y reclamos de la clase obrera. El componente más distintivo del caso dominicano es el peso de la informalidad. Una parte significativa de la población económicamente activa opera fuera de los marcos legales y de protección social, lo que debilita su capacidad de organización y representación. Pero su inclusión en una seguridad social digna puede ser una demanda pública de enormes potencialidades. Eso plantea la necesidad de organizar, de constituir, esa enorme masa. Las masas populares son numéricamente grandes; pero de composición muy heterogénea, y, desorganizadas, su poder es potencialmente fuerte, y en la realidad, muy limitado e imposibilitado de conquistar demandas significativas. Un registro general de las luchas sociales en el país confirma que \»el pueblo dominicano nunca ha dejado de luchar\», lo cual es un hecho positivo en el cual debemos afincarnos para aportar subjetividad, dirección y rumbo, y para constituir el movimiento popular, de lo cual abordaremos más adelante. Pero pone también en relieve la fragmentación del movimiento, no en tendencias necesariamente, sino en su composición y realización. Muchas acciones sociales son locales, focalizadas en barrios, municipios, provincias, y en casos regionales, especialmente en la región del Cibao, y las demandas suelen repetirse, pero varían entre movimientos y otros. En los últimos 10 años (2015-2025) las luchas sociales más frecuentes, integradoras de diversos sectores y las más masificadas, son las que impugnan la corrupción y la impunidad; las que reclaman respeto al medioambiente y los recursos naturales. Estas últimas son las que más han crecido y en la actualidad muestran mayores potencialidades para continuar y desarrollar, porque involucran lo social en tanto están relacionadas con el bienestar de varios conglomerados sociales; pero comportan lo político, nacional-patriótico, dado que se oponen a la política de los gobiernos de entregar la soberanía y el patrimonio natural del país al capital extranjero e imperialista. Por lo uno y lo otro, constituyen, o deben constituir, un eslabón de extraordinaria importancia en el trabajo de las izquierdas. Cuando se observan con detenimiento los movimientos sociales de los últimos tiempos sale a relieve que los que más pueblo han movilizado son los relacionados con la lucha contra la corrupción y la impunidad, como es el caso de Marcha Verde (2017); la defensa del medioambiente y los recursos naturales, como el caso del