A Dios rogando….
Los activistas anticubanos de Miami convocaron para el 26 de abril pasado a una jornada de oración para pedirle a Dios dizque por la libertad de Cuba. Aunque anunciaron que se rezaría en muchos países del continente, incluyendo República Dominicana, desde donde supuestamente también viajarían delegados, el intento pasó sin pena ni gloria. Por más que se haya repetido que al César lo del César y a Dios lo que es de Dios, y que Cristo recalcara que su reino no es de este mundo, la derrotada contrarrevolución de Miami, trata de usar a Dios como estandarte, aunque en quienes cree es en Donald Trump y Marco Rubio, que han impuesto a Cuba y a su pueblo los rigores más implacables del bloqueo. Entonces, a Dios rogando y con el mazo dando. Pobre de Dios, en la boca y en los planes de esta clase de feligreses. Los continuadores de agentes del terrorismo como Posada Carriles; los sucesores de Jorge Mas Canosa y su mafia política y económica; los que organizan expediciones armadas contra la integridad territorial y la seguridad interior de Cuba, los que oran porque el gobierno yanqui endurezca el bloqueo, aunque el pueblo cubano sufra aún mayores penalidades, y los que, a pesar de la siempre actual y valedera advertencia de Antonio Maceo, claman porque Trump ordene un ataque militar en gran escala, con todas sus consecuencias materiales y humanas y se apodere de la isla. Esperan que bajo las botas invasoras y sobre las tumbas y los escombros, reine la libertad por la que rezan estos profanadores. Porque ¿Cuál libertad es la que se persigue? Cuba superó el viejo sistema bajo el cual la oligarquía legalizaba su dominio cada cuatro años, mientras para los de abajo, bastaba el circo electoral, con el soborno de los votantes incluido, y todo seguía igual. Ese país tiene su sistema de participación popular establecido, con sus probables limitaciones y sus déficits, pero no puede exigírsele lo imposible, si ha tenido y tiene que defender su existencia en el ambiente de cerco y plaza sitiada que se le ha impuesto. Y, en última instancia, cabe aclarar, que Cuba ejerce la más importante de todas las libertades para cualquier Estado nacional digno de ese nombre: la libertad y el derecho de ejercer su soberanía, esa libertad que no tienen los gobiernos que la asedian, la libertad de decidir su propio rumbo, sin permitir dócilmente que ningún agresor extranjero se lo imponga.
El Mandatario y la Pasión: Abinader Lanza la Primera Bola en Miami y Viste de Gala el Sueño Dominicano
En una jornada que combinó la alta diplomacia con la religión del béisbol, el presidente Luis Abinader subió al montículo del loanDepot Park para realizar el lanzamiento ceremonial en el debut de la selección nacional ante Nicaragua. Horas antes de sumergirse en la cumbre convocada por Donald Trump, el jefe de Estado respaldó con su presencia la victoria 12-3 del equipo dominicano, en un escenario donde la pasión deportiva se entrelazó con la agenda política del continente. Por: REDACCIÓN DE DEPORTES MIAMI. – El loanDepot Park vestía sus mejores galas. 36,952 almas pintadas de azul, rojo y blanco coreaban cada lanzamiento como si el destino de la patria dependiera de un strike. Pero antes de que Junior Caminero desatara la furia con su jonrón de 414 pies, antes de que el bullpen tejiera su telaraña de brazos invictos, hubo un instante de ceremonia y simbolismo que elevó la noche a otra dimensión. El presidente Luis Abinader, con la elegancia de quien entiende que el béisbol es en República Dominicana más que un deporte —es un acto de fe colectiva—, caminó hacia el montículo. Vestido con la camisa de la selección nacional y una gorra azul que lo igualaba a los miles de quisqueyanos que rugían en las gradas, el mandatario tomó la pelota y realizó el lanzamiento de la primera bola. No fue un gesto protocolar frío, fue la confirmación de que el poder político se inclina, sin reservas, ante la religión del pueblo. La fotografía recorrió el mundo: un presidente caribeño, en medio de la vorágine diplomática de Miami, deteniendo el tiempo para honrar a los guerreros del diamante. A su alrededor, el ministro de Turismo, David Collado, y el ministro de Deportes, Kelvin Cruz, atestiguaban la escena con la satisfacción de quien sabe que el deporte es la mejor embajada que un país puede tener. Horas después, cuando el reloj marcaba las 12:03 de la madrugada del sábado, la victoria dominicana era un hecho. Nicaragua, valiente en los primeros compases, había sido aplastada por la profundidad del roster quisqueyano. Pero más allá del 12-3 final, quedaba la imagen de un presidente que prefirió sudar la camiseta en las gradas antes que encerrarse en los salones de la diplomacia tradicional. Abinader llegó a Miami no solo para sostener la agenda geopolítica que este sábado lo sentará a la mesa de Donald Trump en la cumbre del \»Escudo de las Américas\». Llegó también para recordar, en un gesto que la gente común entiende sin necesidad de discursos, que el corazón de la dominicanidad late al ritmo del béisbol. Que no hay cumbre internacional que pueda opacar la emoción de un pueblo viendo a los suyos defender el honor en el diamante. El presidente electo de Chile, José Antonio Kast, lo observaba desde las gradas. También los mandatarios de Paraguay, Santiago Peña, y de El Salvador, Nayib Bukele, quienes asistieron al juego y compartieron palco con Abinader. Una reunión informal de la derecha latinoamericana, disfrazada de tarde de béisbol, mientras en el terreno los peloteros escribían su propia historia. Y qué historia. La de un Cristopher Sánchez que sobrevivió a un primer inning de pesadilla con un histórico cuarto ponche. La de un Caminero que, a sus 22 años, descorchó la champaña del triunfo con un jonrón que será recordado. La de un Julio Rodríguez y un Oneil Cruz que en el octavo sellaron la victoria con la autoridad de los elegidos. Pero para el pueblo dominicano en Miami, el momento más íntimo fue ese instante en que su presidente, sin custodia que lo alejara de la gente, lanzó la primera bola y levantó los brazos al cielo, como un pelotero más. Como un fanático más. Hoy, Abinader se sentará con Trump y los doce líderes de la nueva derecha hemisférica. Discutirán sobre narcotráfico, migración y la influencia de China. Pero anoche, en el loanDepot Park, el mandatario demostró que entiende una verdad profunda: antes de ser socios de Estados Unidos, los dominicanos son dueños de una pasión que no entiende de fronteras ni de cumbres. Mientras el equipo descansa para enfrentar a Países Bajos el domingo, Abinader cargará con la agenda pesada de la diplomacia. Pero llevará consigo el eco de un estadio que coreó \»¡Quisqueya!\» hasta el amanecer. Porque en política, como en béisbol, a veces el mejor discurso es una pelota lanzada desde el corazón. El mandatario jugó su papel anoche: lanzó, saludó, celebró. Hoy le toca batear en un terreno más movedizo. Ojalá tenga la misma puntería que mostró en el montículo de loanDepot Park.
El Rugido del Escuadrón: Dominicana Despierta en Miami con un Vendaval de Poderío
La República Dominicana, apoyada en una bulliciosa barra que pintó de azul y rojo las gradas del loanDepot Park, sobrevivió a un tormentoso inicio de Cristopher Sánchez y respondió con la furia de sus bates. Junior Caminero rompió el empate con un jonrón monumental en el sexto, desatando una fiesta que Julio Rodríguez y Oneil Cruz sellaron con dos bombazos en un octavo episodio de pesadilla para Nicaragua. Fue un 12-3 final que, más allá del marcador, confirmó la profundidad de un roster que sabe ganar incluso cuando sus ases titubean. Por: Redacción de Deportes umbral.local/ MIAMI. – El béisbol, en su esencia más pura, es un deporte de relevos. De turnos que se construyen sobre los hombros de quien bateó antes y de lanzamientos que sostienen la esperanza mientras el bullpen se calienta. Y anoche, en el loanDepot Park, la República Dominicana ofreció una cátedra de esa verdad ante una multitud que convirtió el sur de la Florida en una extensión del Malecón dominicano. El reloj marcaba el inicio del Clásico Mundial de Béisbol para el Grupo D, y el ambiente era una olla a presión. Los miles de quisqueyanos que coreaban cada pitcheo competían en decibeles con la ruidosa y valiente barra nicaragüense. Pero el béisbol, caprichoso, quiso probar primero el temple de los favoritos. El abridor dominicano, Cristopher Sánchez —el subcampeón del Cy Young de la Nacional—, arrancó como si enfrentara una maldición. Los primeros cuatro bateadores pinoleros se le embasaron. Un ponche que se convirtió en un wild pitch, un sencillo remolcador de Ismael Munguía y una base por bolas a Mark Vientos pintaron un escenario de pesadilla: bases llenas, sin outs y una carrera en la pizarra. Fue entonces cuando Sánchez, contra las cuerdas, escribió un pequeño verso de historia. Recetó la medicina del ponche a los siguientes tres bateadores, convirtiéndose en el primer lanzador en la historia del Clásico Mundial en registrar un inning de cuatro ponches. Había apagado el incendio, pero el humo dejó una enseñanza: hoy no sería su noche. Y si el abridor flaquea, qué importa cuando la alineación es un poema de poder. En la parte baja de ese mismo primer episodio, Ketel Marte respondió con un doble productor que igualó el marcador y luego anotó gracias a un rodado de Vladimir Guerrero Jr. El nocaut se esquivaba, pero Nicaragua, valiente, no se rindió. En el segundo, conectaron cuatro hits en cinco bateadores y recuperaron la ventaja por una carrera: 3-2.p Sánchez, con la mirada perdida, entregó la estafeta tras apenas 1.1 innings. Pero entonces ocurrió la magia silenciosa que define a los campeones: el bullpen. Los relevistas dominicanos tendieron una muralla. Bateador tras bateador, los brazos quisqueyanos retiraron a 13 rivales de manera consecutiva, congelando la ofensiva nicaragüense y devolviendo el turno a una toletería que solo esperaba el momento preciso para rugir. Ese momento llegó en la fatídica sexta entrada. Con Manny Machado abriendo el episodio con un doble frente a Stiven Cruz, el joven talento Junior Caminero se paró en el plato con la mirada de un depredador. Dos lanzamientos bastaron. La bola emprendió un vuelo majestuoso de 414 pies hacia el jardín central, besó la grada y desató el caos ordenado en las gradas. Caminero, de apenas 22 años, trotó con la cadencia de quien sabe que su nombre ya forma parte de la noche. Saltó en la antesala, gesticuló, y fue recibido por Machado, Julio Rodríguez y Fernando Tatis Jr. en una coreografía de celebración que incluyó la tradicional chaqueta de los jonrones. Las gradas, poseídas, vibraron como si el juego hubiera terminado. Pero faltaba el clímax. El relevo, impecable, siguió ponchando la fe de Nicaragua. Wandy Peralta y Camilo Doval mantuvieron la ventaja con la autoridad del que sabe que tiene un ejército esperando turno. Y entonces, en el octavo, llegó la estampida. Julio Rodríguez, el héroe local de los Marineros, conectó un jonrón que fue un puñetazo en la mesa. Oneil Cruz, con la furia de sus brazos infinitos, repitió la dosis. Entre ambos, y una artillería que ya no tuvo piedad, fabricaron seis carreras que sepultaron cualquier esperanza de remontada. El 12-3 final fue solo un número. La verdadera historia de la noche fue la profundidad de un roster que, cuando su as se hundió en la tormenta, desenfundó un bullpen de acero y una alineación capaz de despertar en cualquier momento con la furia de un huracán. Nicaragua, herida pero digna, tendrá que sacudirse el polvo antes del mediodía del sábado para enfrentar a Países Bajos. La República Dominicana, en cambio, descansará, saboreará la victoria y se preparará para recibir el domingo al mismo rival, con la lección aprendida y la certeza de que, en este equipo, los héroes se turnan. Porque en el béisbol, como en la vida, no importa tanto cómo empiezas, sino con qué profundidad terminas. Y anoche, en Miami, la profundidad dominicana fue un abismo sin fondo para Nicaragua.
Cumbre el Escudo de las Américas: Luis Abinader y el abrazo del pugilista
La imagen vale más que mil discursos, pero en política a veces vale más que todo un programa de gobierno. Cuando el presidente Luis Abinader pisó la alfombra roja del Trump National Doral Miami, escoltado por el protocolo de la Casa Blanca, la fotografía no solo capturaba un instante diplomático; retrataba una definición ideológica sin ambages. El mandatario dominicano se sentaba, sin el menor rubor, a la mesa de la derecha más radical del continente. Por Julio Guzmán Acosta, Director de umbral.local/ La participación de Abinader en la cumbre \»Escudo de las Américas\» convocada por Donald Trump es mucho más que una gestión de relaciones internacionales. Es la culminación de un proceso de realineamiento que su gobierno ha venido construyendo con disciplina militar: la inserción plena de la República Dominicana en el bloque de países que suscriben la llamada \»doctrina Donroe\». El anfitrión y la metáfora del club Que la reunión se celebre en un club de golf no es un dato menor. No es la Casa Blanca, no es un foro multilateral con reglas consensuadas. Es la propiedad privada de Trump, un espacio íntimo donde los líderes invitados no acuden como pares, sino como convidados a la finca del patrón. Allí, Abinader compartirá un almuerzo de trabajo ofrecido por Trump y una recepción nocturna del secretario de Estado, Marco Rubio . La Presidencia dominicana ha vendido esta participación como una \»oportunidad clave para reafirmar su posición como socio estratégico en el Caribe\» . Pero habría que preguntarse: ¿socio estratégico de quién? Porque mientras México, Brasil y Colombia —las verdaderas potencias democráticas de la región— han quedado fuera de esta foto, Abinader aparece en primera fila, flanqueado por Javier Milei, Nayib Bukele y José Antonio Kast. El contexto que Abinader elige ignorar No podemos olvidar cómo se llegó hasta aquí. La Cumbre de las Américas que debió celebrarse en diciembre pasado en República Dominicana fue cancelada porque Trump no asistiría y porque las divisiones en el continente eran demasiado profundas . En aquel momento, Abinader se vio presionado por la Casa Blanca para excluir a Cuba, Nicaragua y Venezuela, lo que provocó amenazas de boicot por parte de gobiernos progresistas. Ante la falta de compromiso de Trump, el mandatario dominicano optó por posponer el evento . Hoy, el escenario es otro. Trump ya no necesita una cumbre multilateral incómoda; ha construido su propio foro a la medida. Y Abinader, que entonces capeó el temporal con una cancelación diplomática, acude ahora dócilmente a la sede del anfitrión que antes le había fallado. La lección es clara: las reglas las pone Washington, y los líderes de la región se adaptan. La agenda de seguridad y el riesgo de la sumisión Los temas centrales de la cumbre —migración masiva, narcotráfico e influencia china— son presentados como preocupaciones compartidas . Pero detrás de la retórica de la \»cooperación hemisférica\» se esconde una realidad más cruda: la militarización de la política exterior estadounidense hacia la región. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, lo expresó sin tapujos en vísperas de la cumbre: \»Nos enfrentamos a una prueba esencial para determinar si nuestras naciones seguirán siendo naciones occidentales con características distintivas, naciones cristianas bajo Dios\». Ese lenguaje apocalíptico, que vincula migración con el fin de la civilización, es el mismo que ahora Abinader suscribe con su presencia. El presidente dominicano ha construido su capital político sobre una gestión ordenada de la economía y una lucha contra la corrupción que, aunque incompleta, le ha granjeado simpatías internacionales. Pero al sentarse en esa mesa, está vinculando el destino de la República Dominicana a una agenda que en Estados Unidos es profundamente divisiva y en la región abiertamente excluyente. El dilema de China y la soberanía Otro de los objetivos declarados del \»Escudo de las Américas\» es reducir la influencia china en la zona . La doctrina Donroe apunta directamente a los proyectos de infraestructura, la cooperación militar y las inversiones de Pekín. Para un país como el nuestro, donde China se ha convertido en un socio comercial relevante, alinearse acríticamente con esta postura implica riesgos considerables. Expertos internacionales han advertido que los líderes latinoamericanos se enfrentan al desafío de equilibrar su relación con Estados Unidos sin comprometer sus vínculos económicos con China . Mientras Pekín ofrece comercio e inversión, la administración Trump ofrece aranceles, deportaciones y militarización . Abinader parece haber elegido bando, pero habrá que ver a qué precio. La foto que no miente Doce líderes, una alfombra roja y un anfitrión que los recibe en su finca de Miami. Esa es la imagen del nuevo orden hemisférico. La República Dominicana, que durante décadas construyó una política exterior basada en el diálogo y la apertura, se reduce ahora a un invitado más en la coreografía del trumpismo. Abinader ha decidido jugar en esta liga sin el menor rubor. Quizás calcula que los beneficios económicos o migratorios que pueda obtener de Washington compensan el costo ideológico. Quizás simplemente cree que esta es la nueva normalidad. Pero al hacerlo, está renunciando a un principio fundamental de la política exterior dominicana: la capacidad de relacionarse con todos sin someterse a ninguno. El \»Escudo de las Américas\» no protege a nadie. Es, más bien, un escudo que oculta la sumisión de quienes, como Abinader, prefieren el abrazo del pugilista a la incomodidad de mantener la dignidad en un continente dividido. La historia juzgará esta foto. Por ahora, queda para el registro: el presidente dominicano, sonriente en la alfombra roja de Trump, formando parte de una coalición que excluye a más de la mitad del continente y que abraza, sin matices, la visión más radical de la derecha hemisférica. Sin rubor. Sin distancia. Sin preguntas.
El Club de la Doctrina Donroe: Trump erige en Miami un “Escudo” para blindar la hegemonía de EE.UU. frente a los pueblos de América
En una cumbre celebrada en su campo de golf de Doral, el mandatario republicano reúne a doce líderes de la ultraderecha continental con el objetivo de declarar una guerra santa contra la migración, blindar el suministro de petróleo saqueado en Venezuela y trazar un cerco militar y económico contra la injerencia china, en un explícito retorno al Monroe del “América para los americanos” que concibe a Latinoamérica como patio trasero y botín de guerra. ANÁLISIS / POR JULIO GUZMÁN ACOSTA No fue en la solemnidad de una cancillería ni bajo los candelabros de la Organización de Estados Americanos. Fue en el green de un club de golf en Doral, Miami, donde la hierba artificialmente perfecta y los lagos ornamentales sirvieron de alfombra para lo que la nueva Casa Blanca ha bautizado como el “Escudo de las Américas”. Bajo un sol de Florida que no logra calentar las gélidas entrañas de la realpolitik, Donald Trump ha tejido esta semana una alianza a su imagen y semejanza: una docena de mandatarios de la derecha latinoamericana convocados no para dialogar, sino para alinearse. Lo que se presenta como una cruzada contra el narcotráfico y la “inmigración masiva” es, en el fondo, el ensayo general de la doctrina Donroe. Un neo-monroísmo que desempolva el caduco lema del siglo XIX —“América para los americanos”— pero traducido al lenguaje del siglo XXI: América para los intereses de Washington. La cumbre es la certificación de que para esta administración, la política exterior no es un puente, sino un ariete. Detrás del eslogan de combatir a los “carteles narcoterroristas” se esconde una operación de control geopolítico total. Mientras el Pentágono, a través del Comando Sur, afila sus cuchillos en la recién estrenada Conferencia Anticartel, las bombas ya caen sobre presuntas narcolanchas en el Caribe, dejando un reguero de víctimas que la prensa hegemónica se niega a contar. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, lo dijo sin ambages en su visita a Doral: o se pliegan a la cruzada occidental y cristiana, o la civilización perecerá. Una retórica apocalíptica que busca justificar lo injustificable: la criminalización de la pobreza que huye y la cosificación de los recursos del sur. Pero si hay un fantasma que sobrevuela los fairways de Miami, ese es el gigante asiático. China, el socio comercial indispensable para tantas economías de la región, se ha convertido en el enemigo a batir. Este Escudo no es solo una barrera contra los migrantes; es una muralla contra los yuanes. Washington, que exige lealtad mientras se retira de organismos multilaterales y condiciona ayudas económicas al resultado electoral que le favorezca, pretende que América Latina rompa sus lazos con Pekín para quedar atada, una vez más, al carro de la dependencia estadounidense. La cumbre es, además, un escaparate de cinismo. En el mismo instante en que Trump alardea del “gran trabajo” del gobierno títere en Venezuela —ese que entrega el petróleo del país a las transnacionales de Houston—, sus asistentes aplauden la caída de regímenes hostiles. No importa que en Honduras se haya interferido descaradamente para indultar a un narcotraficante y torcer el rumbo de las elecciones; el fin —la sumisión— justifica los medios. Este sábado, en Doral, no se está fraguando una alianza para la prosperidad compartida. Se está levantando un escudo, sí, pero para proteger a Washington de la insurgencia de los pueblos que reclaman soberanía. Un escudo que, como el de Aquiles, es brillante por fuera pero forjado en la fragua del dominio. Mientras Trump se prepara para viajar a Pekín a negociar con el dragón, sus lacayos en América Latina quedan encargados de vigilar que la retaguardia no se le subleve. La historia, sin embargo, suele enseñar que los escudos, cuando protegen la injusticia, terminan por hacerse añicos.
Albert Pujols enciende el espíritu quisqueyano: \»En este Clásico jugaremos fuerte y sin subestimar a nadie\»
El dirigente de la selección dominicana advierte que no hay rivales débiles en el Grupo D y anuncia la rotación de abridores para la primera ronda del torneo, que inicia este viernes en Miami. Por Redacción de Deportes de umbral.local/ MIAMI. — Con la autoridad que le confieren sus 703 cuadrangulares en las Grandes Ligas y una trayectoria inmarchitable, Albert Pujols asume su primera gran contienda como dirigente. Al frente de la escuadra dominicana para el Clásico Mundial de Béisbol, \»La Máquina\» no solo administrará talento, sino que buscará imprimir una lección aprendida a base de experiencias pasadas: en el terreno de juego, la camisa no gana partidos. Durante la primera práctica del equipo en Miami, Pujols atendió a la prensa con la mesura del estratega y el fuego del capitán. \»Yo creo que nosotros hemos aprendido de clásicos pasados\», expresó con tono reflexivo. \»Aquí ningún equipo es débil, cualquiera te puede dar una sorpresa. Estamos preparados para enfrentar a cualquier conjunto\». La advertencia cobra especial relevancia en un Grupo D que promete ser una verdadera prueba de fuego. República Dominicana compartirá escenario con Venezuela, Nicaragua, Israel y Países Bajos, selecciones que, en menor o mayor medida, han demostrado en ediciones anteriores que el respeto se gana dentro del diamante. LA ÚNICA EXIGENCIA: ENTREGA TOTAL Lejos de abrumar a sus pupilos con discursos encendidos o tácticas complejas, Pujols ha sido claro en su mensaje al vestidor. Su petición es tan sencilla como profunda: \»Que jueguen fuerte, que respeten al cuerpo técnico y, sobre todo, que entiendan que esto es una responsabilidad de todos. Estos muchachos son profesionales, saben de lo que son capaces\». El dirigente ha dejado claro que no tolerará medias tintas. En un equipo repleto de estrellas, la jerarquía no se impone, se construye desde el ejemplo. Y nadie mejor que él para predicar con la autoridad de quien ha sido estrella en las mayores. EL PLAN DE BATALLA El itinerario del equipo ya está trazado con precisión quirúrgica. Los dominicanos regresarán a la patria este lunes para entrenar en el Estadio Quisqueya Juan Marichal, donde además compartirán en la noche con el presidente Luis Abinader en una cena que refuerza los lazos institucionales y el respaldo gubernamental al equipo. El verdadero ensayo general será ante los Tigres de Detroit, con quienes sostendrán dos partidos de fogueo el martes y miércoles. Para estos encuentros, Pujols ya definió a sus lanzadores abridores: Luis Severino abrirá el primero, mientras que Bryan Bello será el encargado del segundo compromiso. LA ROTACIÓN PARA LA PRIMERA RONDA El cuerpo de pitcheo ya tiene hoja de ruta para los partidos del grupo: · Viernes 6 de marzo (8:00 p. m.): República Dominicana vs. Nicaragua. Abridor: Cristofer Sánchez. · Domingo 8 de marzo (12:00 p. m.): República Dominicana vs. Países Bajos. Abridor: Luis Severino. · Lunes 9 de marzo (12:00 p. m.): República Dominicana vs. Israel. Abridor: Brayan Bello. · Miércoles 11 de marzo (8:00 p. m.): República Dominicana vs. Venezuela. Abridor: Por definir. Tras los duelos preparatorios, la delegación partirá la noche del miércoles hacia Miami para afinar los últimos detalles antes del debut. La afición quisqueyana, fiel y apasionada, ya sueña con una nueva gesta. Pujols, mientras tanto, afila las garras.
El combinado de República Dominicana jugará en Miami el Clásico Mundial de Béisbol 2026
Las semifinales y la final serán disputadas en Miami, empezando el 15 de marzo. SERVICIOS umbral.local/ El anuncio de los grupos para el Clásico Mundial de Béisbol de 2026 ha generado una ola de expectativas y emociones entre los aficionados del deporte. La República Dominicana, una nación con una rica historia en béisbol, se enfrentará a rivales de calibre en la soleada Miami, compartiendo grupo con Venezuela, Países Bajos, Israel y un competidor aún por definir. Este evento, que se perfila como una celebración del talento y la pasión por el béisbol, promete ser un espectáculo que capturará la atención de fanáticos alrededor del mundo. La preparación para la próxima edición del torneo, que será la segunda en la que participen 20 selecciones, ya está en marcha. Los equipos y sus seguidores deben estar listos para una competencia que, sin duda, estará llena de momentos memorables y actuaciones destacadas. Al igual que en la edición de 2023, el torneo se organizará en cuatro grupos de cinco equipos cada uno, con los dos mejores de cada grupo avanzando a los cuartos de final, que tendrán lugar en Houston y Miami el 13 y 14 de marzo. La estructura del torneo garantiza que si el equipo de Estados Unidos, una potencia en el deporte, avanza a los cuartos de final, jugarán el viernes 13 de marzo, independientemente de su posición final en la fase de grupos. Esta misma regla se aplica a los actuales campeones, Japón, que tienen asegurado su juego el 14 de marzo, siempre que se clasifiquen entre los dos primeros de su grupo. Estas disposiciones subrayan la importancia de los equipos titulares y su atractivo para los espectadores y patrocinadores. Las etapas finales del torneo, incluyendo las semifinales y la final, prometen ser un clímax emocionante con sede en Miami a partir del 15 de marzo. A medida que el torneo se acerca, la anticipación crece para descubrir qué otros cuatro equipos se unirán a la contienda, determinados por las clasificatorias que están por venir. Puerto Rico, con su fervoroso apoyo al béisbol, también será anfitrión de un grupo en la primera ronda, presentando a los Boricuas, junto con Cuba, Panamá, Canadá y otro equipo que está en la carrera por clasificar. La inclusión de Puerto Rico como sede refleja la expansión global del béisbol y su capacidad para unir a las naciones en una competencia amistosa pero feroz. En resumen, el Clásico Mundial de Béisbol de 2026 se perfila como un evento que no solo pondrá a prueba la habilidad y estrategia de los equipos participantes, sino que también celebrará la diversidad y el espíritu internacional del béisbol. Con equipos de todo el mundo compitiendo por la gloria, el torneo promete ser una fiesta del deporte que recordaremos durante años.