María Teresa Cabrera: “Autoridades deben aplicar y respetar normas migratorias para combatir corrupción en la frontera”

Por Ángel F. Guzmán SANTO DOMINGO — María Teresa Cabrera, presidenta del Frente Amplio, afirmó este domingo que las autoridades actuales y futuras en República Dominicana deben ser capaces de aplicar y respetar sus propias normas migratorias como parte fundamental para combatir la corrupción que históricamente se ha instalado en la frontera con Haití. Estas declaraciones fueron ofrecidas durante su participación en la marcha pacífica convocada por diversas organizaciones para conmemorar el 60 aniversario de la Revolución de Abril de 1965, que reunió a miles de ciudadanos en un acto multitudinario y lleno de reivindicaciones sociales. “Esto es lo que le falta porque lo que tienen que hacer es combatir la corrupción que se ha instalado históricamente en la frontera”, señaló Cabrera al ser consultada sobre las recientes medidas adoptadas por el Gobierno dominicano en materia migratoria. Sobre el movimiento denominado “Antigua Orden Dominicana”, la dirigente política lo calificó como parte de una ola que busca invisibilizar los esfuerzos y las ideas democráticas, patrióticas y progresistas de izquierda en el país. Según Cabrera, esta corriente intenta manipular la conciencia ciudadana con afirmaciones que distorsionan la realidad. “Nosotros no nos dejamos provocar. Hemos llevado a cabo esta actividad tal y como fue concebida”, aseguró. La marcha, que se desarrolló en un ambiente pacífico y de unidad, fue descrita por Cabrera como una demostración de “buena vibra”, que logró articular a diversas organizaciones progresistas y democráticas de izquierda para rendir homenaje a la gesta gloriosa de abril de 1965. Entre los principales reclamos de los participantes estuvieron la defensa de los derechos sociales, la exigencia de una política migratoria justa y respetuosa de los derechos humanos, así como la demanda de acceso al agua potable y la reducción de los precios de medicamentos y alimentos. Cabrera lamentó que algunos sectores intenten manipular el propósito genuino de la marcha, atribuyéndola a supuestos intereses extranjeros, y advirtió que “es evidente que hay una intención de manipular y sacar provecho de esta ola, quizá sin precedentes, de conservadurismo en el país”. La masiva participación y el ambiente de respeto y compromiso social evidenciaron, según la dirigente, que el pueblo dominicano sigue firme en la defensa de los valores democráticos y en la búsqueda de una República Dominicana más justa, libre e inclusiva.
Marcha del 27 de abril: una prueba de dignidad y firmeza democrática

En las últimas semanas, las organizaciones de izquierda del país, junto a decenas de movimientos sociales, han convocado una gran marcha para conmemorar el 60 aniversario de la revolución de abril de 1965, con la autorización del Ministerio de Interior. Esta movilización recorrerá varias calles de la capital y concluirá en el Parque Independencia, frente a la estatua del Coronel Francisco Alberto Caamaño Deño, un líder indiscutible de la Revolución de Abril de 1965 y símbolo eterno de la defensa de la democracia y la soberanía nacional. Este acto de protesta y memoria es más que una simple manifestación: es la expresión viva del pueblo que no olvida su historia de lucha y que reclama justicia, igualdad y respeto a los derechos fundamentales. Caamaño Deño, su ejemplo y su legado nos recuerdan que la defensa de los mejores intereses nacionales requiere compromiso, valentía y coherencia. En este contexto, es imposible pasar por alto la amenaza que representa la denominada Antigua Orden Dominicana, un grupo que irrumpió en el escenario político hace un par de años con un discurso de odio y un patriotismo simplón, carente de auténtica tradición democrática y sin un real compromiso con la defensa de los intereses populares. Su retórica ha calado en sectores sin tradición de lucha, utilizando el tema haitiano como bandera para promover división y exclusión. Aunque si se acogieran al marco constitucional no habría objeción, su práctica paramilitar y autoritaria es motivo de gran preocupación. Son ellos quienes deciden quién marcha y quién no, han estado provocando desde hace años, boicoteando la puesta en circulación de libros, impidiendo marchas autorizadas, agrediendo a quienes no comparten sus ideas y pretendiendo erigirse como sustitutos de las autoridades competentes. Amplios sectores de la vida nacional, con una larga trayectoria en la lucha por la democracia, han advertido al gobierno sobre la peligrosa deriva que esta banda fascista viene recorriendo. La inacción oficial frente a estos hechos solo ha servido para envalentonar a estos grupos que actúan con impunidad, poniendo en riesgo la paz social y el orden democrático. El próximo domingo 27 de abril puede ser una jornada decisiva: puede haber una desgracia si no se toman medidas serias y contundentes. Pero debemos tener claro que los hombres y mujeres de izquierda no nos dejaremos amedrentar. Ni Trujillo ni Balaguer pudieron doblegar la voluntad de lucha de este pueblo, mucho menos unos carajos envalentonados que actúan al margen de la ley y del respeto. Por eso, hago un llamado a todos los sectores democráticos, progresistas y a la ciudadanía en general a que participen sin miedo en la marcha del 27 de abril. Que la movilización sea multitudinaria y firme, una demostración de que el pueblo dominicano no se rinde ni se arrodilla ante amenazas o provocaciones. Exigimos al gobierno que actúe con responsabilidad y firmeza para garantizar el orden público y la seguridad de los manifestantes. La tolerancia ante la impunidad solo fortalece a quienes buscan desestabilizar la convivencia pacífica. Si el gobierno no cumple con su deber, esa banda de forajidos sabrá que aquí hay un pueblo con los pantalones bien puestos, dispuesto a defender la democracia y la justicia social con todas sus fuerzas. Julio Guzmán Acosta Es director de Umbral Abril 2025
A la ministra de Interior
En el sesenta aniversario de la Revolución del 24 de Abril de 1965, un conjunto de organizaciones de izquierda ha convocado a una marcha que el próximo domingo 27 partirá de la plazoleta La Trinitaria y terminará frente al parque Independencia, ante la estatua del coronel Francisco Caamaño, héroe insigne de aquella memorable jornada. La actividad está autorizada por el Ministerio de Interior y Policía. Pero el cabecilla de la Antigua Orden ha declarado que él y su tropa van a bloquearle el paso a los manifestantes y a evitar que los “comunistas” profanen el parque Independencia. Gravísimo. Aquí cada quien podía ejercer su derecho a la libre manifestación pública, hasta que apareció la Antigua Orden con su actitud desafiante, su vocación a la violencia y al tumulto y una arrogancia tal que deja a la autoridad legal y las instituciones lamentablemente disminuidas. Y ya hay precedentes de violencia. Escribo el jueves 24 de abril, día para el cual ese grupo convoca una marcha hacia el Palacio, no adivino lo que ocurrirá, pero se sobreentiende que a ninguna organización de izquierda le pasa siquiera por la mente interrumpir esa marcha. Aunque la Antigua Orden represente todo lo contrario a la gesta que se inició en esa fecha; aunque para la izquierda es fecha sagrada, digna del más venerable respeto y bien pudiéramos considerarla como nuestra. Entonces, qué podrá ocurrir cuando ese grupo salga a interceptar una marcha realmente patriótica, realizada dentro del derecho que el orden jurídico del país consagra. Conquistar ese derecho ha costado demasiado caro en sangre, sudor y lágrimas y no es verdad que quienes más alto precio pagaron por lograrlo, le van a dejar la calle a ningún grupo amenazante. La autoridad es la primera que debiera sentirse irrespetada, especialmente la ministra de Interior y Policía, la licenciada Faride Raful, quien está en el deber de pronunciarse y, sobre todo, garantizar el desarrollo y la culminación pacífica y ordenada de la marcha del domingo. No puede autorizar una actividad y, al mismo tiempo, permitir que otros tengan el poder de interrumpirla. Y por nueva vez, invito a esos hombres y mujeres de reconocida nombradía en la vida pública, que andan asociados a la Antigua Orden, a definirse y decir responsablemente si están de acuerdo o no con la amenaza hecha por su vocero y representante, porque el silencio los deja desde ya inevitablemente comprometidos con lo que pueda pasar.