La esperanza tiene nombre de mujer

Por Aminta Buenaño Tuve el privilegio de conocerla cuando era embajadora en España y ella funcionaria del consulado en Madrid, el más importante y demandado por nuestros connacionales de Europa. Recién llegada del lejano Ecuador, madre soltera luchadora, con un bebé en brazos y una sonrisa abierta y carismática. Ella llamó mi atención, porque en esos momentos, además de cumplir su rol de trabajo que la agotaba 24/7, estaba estudiando un masterado en Economía Internacional y Desarrollo en la Universidad Complutense de Madrid, vivía sola con sus pequeños hijos y se organizaba en esa magia de multitarea en que sobresalimos y brillamos las mujeres, pues además de ser papá y mamá, se ocupaba de cocinar y llevar el pan a la casa y aún así tenía tiempo para superarse y estudiar, solucionar sola todos los miles de deberes y obligaciones que existen como cabeza de hogar cuando no se tiene el apoyo de nadie. No sé cómo lo haría, pero desde allí se le notaba su berraquera, su don de gente, nacida desde la lucha y los obstáculos desde pequeña, porque nada en la vida le había sido fácil. Jamás imaginaría que esa muchacha sencilla de hablar cálido y tinoso, que actuaba con rapidez y que se movía sin sentir, ocuparía las primeras planas y estaría a punto de hacer historia como la primera mujer presidenta del Ecuador elegida en las urnas. Desde aquella época se le notaba su empatía con la gente en la manera con que trataba a los migrantes golpeados en aquella época por la temible burbuja inmobiliaria que amenazaba en destruir sus endebles economías y por su tenacidad en ayudarlos a salir adelante, no solo con la estructura social que organizábamos desde una política gubernamental cimentada en una constitución progresista, sino desde su propia humanidad, protectora y cálida, en que trataba a los migrantes más que como funcionaria, como amiga entrañable y solidaria. No sé si aquello le venía desde la corajuda sangre manabita, la sangre de Alfaro o desde sus coronelas Floresmila Sánchez y Joaquina Galarza, desde la ruralidad profunda, desde ese pueblo pequeñito llamado Canuto que se desborda en ríos y arboledas y en donde el cielo y la tierra bordan un entramado ardiente y profundo de naturaleza, como todos los hermosos y dignos pueblos que tiene el Ecuador, despreciados y olvidados por la oligarquía criolla, por un puñado de gente con enorme poder económico que ve al hombre del campo, al montuvio hacedor del agro como seres de segunda o tercera categoría, gente sin mayor valor que sus brazos que traen a la ciudad los productos del campo. Los montuvios, esas personas supuestamente sin identidad, invisibles, los «nadie» de los que habla Eduardo Galeano, que la Constitución de Montecristi por primera vez, después de haber sufrido el vendaval de veinte constituciones y casi 200 años de historia, les reconoció su identidad, valía y legitimidad al otorgarle por vez primera sus Derechos Colectivos esculpidos en la Carta Magna. Antes los montuvios solo aparecían como personajes de ficción en la literatura, en los cuentos inmortales de José de la Cuadra, Enrique Gil Gilbert, Joaquín Gallegos Lara y Pareja Diezcanseco, desde el 2008 son personas cuya realidad y condición el Estado debe asumir, respetar y defender. Muchos se preguntan el porqué las provincias de la costa, en esta primera vuelta electoral, le han dado un triunfo tan rotundo. No es de extrañarse, allí está la respuesta, antes el montuvio solo servía como monigote para la risa en las vulgares series cómicas que se creaban en los canales tradicionales, ahora una montuvia de cepa los representa, está luchando por gobernar uno de los países cuya economía y seguridad se ha ido a pique y lo hace con la fuerza de sus ovarios, lo hace desde la valentía de la madre soltera que lucha por sacar adelante a sus hijos, lo hace desde la berraquera que tenemos las mujeres por hacernos ver y sentir en un mundo dominado por los odios y por el capitalismo salvaje en el que más importa «el tener» antes que «el ser». No me asombra que Luisa les inyecte esperanza, porque su vida ha sido siempre luchar contra la adversidad y triunfar en base a esa tenacidad y valor que son sus distintivos. Es despreciable y más que despreciable: triste, la forma como una oposición sin ideas deslegitimiza su triunfo en las provincias de la costa, insultándonos a todos sus habitantes con los apelativos de narcos y delincuentes por haber votado por Luisa. Si revisamos la historia ecuatoriana es bueno recordar que nunca es buen presagio insultar al pueblo por su voto. Es vergonzoso ver cómo algunos periodistas, supuestos «analistas» se empeñan en buscar razones en el basural del desprecio regional y racial, porque en sus encogidas y deprimentes molleras odiadoras son incapaces de evaluar la pésima gestión del presidente-candidato, reconocida en todo el mundo menos en su reducido ámbito social, que en solo un año de ejercicio presidencial ya nos ha mostrado todo de lo que es capaz. Una pequeña muestra del desprecio que tienen hacia el gobierno de Noboa fue la bofetada diplomática que recibió en esa cumbre de presidentes sin presidentes, en que un triste personaje habló en total soledad, sin la presencia de sus pares, incluso de los gobiernos de derecha de América Latina, mientras simultáneamente se enfiestaban los mismos en otra cumbre en el Perú. No he conocido desprecio internacional más grande. Es como que usted invitara con bombos y platillos a su cumpleaños y no se apareciera ninguno de sus amigos e invitados. ¿Cuál es el mensaje que le quedaría? La verdadera ganadora de esta primera vuelta ha sido Luisa jugando, como dice el pueblo, con la cancha inclinada y con el árbitro en contra, con todos los poderes públicos opuestos, incluida la inefable Fiscal de la nación. Ha dado muestra de sentir este desprecio el candidato Noboa quien no asistió a los festejos preparados porque ya se daba por virtual ganador de la primera vuelta
Reflexiones sobre el correísmo y su impacto en Ecuador: Una oportunidad para la reinvención

Por Julio Guzmán Acosta Las recientes elecciones en Ecuador han dejado un panorama político en constante evolución, donde la figura de Luisa González, candidata del movimiento Revolución Ciudadana, ha ido ganando terreno en medio de una polarización evidente. Aunque la primera vuelta culminó en un reñido empate, el 43,91% de votos que obtuvo González no solo mejora considerablemente los resultados del correísmo en los comicios pasados, sino que también marca un nuevo capítulo en la narrativa política del país. En este contexto, es fundamental reflexionar sobre los aportes que el correísmo ha hecho a Ecuador y cómo estos pueden ser un pilar para la reinvención del país. Desde la llegada de Rafael Correa al poder en 2007, Ecuador experimentó una serie de transformaciones significativas. Bajo su liderazgo, se implementaron políticas que llevaron a una reducción notable de la pobreza, mejoras en el acceso a la educación y a la salud, así como un aumento en la inversión en infraestructura. Durante la década ganada, Ecuador se posicionó como un ejemplo en la región por su capacidad de crecimiento económico y estabilidad política, incluso en medio de la crisis financiera global de 2008. Sin embargo, la salida de Correa y la posterior traición de Lenín Moreno marcaron un giro drástico en la política ecuatoriana. El regreso al poder de gobiernos conservadores, como el de Guillermo Lasso y el actual de Daniel Noboa, ha evidenciado las limitaciones de estas administraciones para abordar los problemas estructurales del país. La violencia desmedida, la crisis de los servicios básicos y el aumento de la pobreza son solo algunas de las cicatrices que han dejado estos años de gestión. En este contexto, el correísmo resurge como una alternativa que ofrece no solo un cambio de dirección, sino una oportunidad para recuperar las bases de un Estado que funcione para todos. El discurso del correísmo, que apela a la memoria de un Ecuador en el que la seguridad y la estabilidad eran la norma, se presenta como una respuesta a la desesperanza que sienten muchos ciudadanos. La crítica a un \»nuevo Ecuador\» que se ha convertido en una pesadilla no es solo retórica; refleja una realidad palpable que ha afectado la vida cotidiana de los ecuatorianos. La violencia que antes era considerada un fenómeno aislado se ha transformado en una crisis de seguridad que ha puesto en jaque la convivencia pacífica en el país. Es crucial reconocer que el legado del correísmo no es perfecto y que muchos de los problemas actuales tienen raíces en decisiones tomadas durante su gobierno. Sin embargo, la narrativa de \»Estado fallido\» que se ha impuesto en los últimos años parece ignorar los logros alcanzados durante la \»década ganada\». La capacidad de Correa para mantener un crecimiento sostenido y establecer políticas públicas inclusivas es un testimonio de que, a pesar de los desafíos, hay un camino que seguir. El resurgimiento de Luisa González en esta contienda electoral representa no solo una oportunidad para el correísmo, sino también una llamada a la reflexión sobre el futuro de Ecuador. La movilización de sectores históricamente desfavorecidos, aunque no exenta de críticas, muestra que existe un deseo de cambio y de volver a construir un país donde la justicia social y la equidad sean ejes centrales. Es evidente que el correísmo enfrenta un desafío significativo: la necesidad de reconciliarse con aquellos que se sintieron traicionados por las decisiones de Correa y su gobierno. La crítica a la \»traición\» de Lenín Moreno es válida, pero no puede ser la única narrativa. Para que el correísmo se reinvente y recupere la confianza de los ciudadanos, debe reconocer sus errores y aprender de ellos. En conclusión, el contexto actual de Ecuador ofrece una oportunidad única para que el correísmo, de la mano de Luisa González y otros líderes del movimiento, pueda replantear su propuesta política. La historia reciente ha demostrado que la derecha no ha logrado resolver los problemas del país, y en ese vacío, el correísmo puede encontrar su espacio. No se trata solo de volver al pasado, sino de construir un futuro en el que la esperanza, la equidad y la justicia social sean las bases de un nuevo Ecuador. La responsabilidad de aquellos que buscan el poder es monumental, y el camino hacia adelante debe ser uno de inclusión y aprendizaje colectivo. Es momento de que el correísmo vuelva a ser un faro de esperanza para todos los ecuatorianos. Las diferencias entre las organizaciones de izquierdas, el movimiento obrero, popular y progresista debe aparcarse por el momento y bajo la candidatura de Luisa Gonzalez emprender el camino del triunfo, derrrotando a la derecha y encausando a Ecuador por el camino de la estabilidad, haciendo un gobierno inclusivo, solidario y del bienestar social.
Elecciones en Ecuador: Un balotaje inesperado y un país en crisis

A pesar del desmedido optimismo oficial, su costosa campaña electoral, donde usó todos los recursos del Estado, el presidente-candidato Daniel Noboa no pudo obtener el triunfo esperado y habrá una segunda vuelta. Por Thiago Zorrilla Acosta Ecuador vivió este domingo una jornada electoral histórica, pero sin un claro ganador. La primera vuelta de las elecciones generales, en la que más de 13.7 millones de ciudadanos estaban llamados a elegir entre 16 fórmulas presidenciales, 137 asambleístas nacionales y 5 representantes al Parlamento Andino, terminó sin resultados concluyentes. Ni Daniel Noboa, presidente-candidato por el partido ADN, ni Luisa González, abanderada del correísmo y la Revolución Ciudadana, lograron superar el umbral necesario para evitar una segunda vuelta. Ambos, favoritos en las encuestas, quedaron lejos de alcanzar el 40% de los votos con una ventaja de 10 puntos, requisito para una victoria en primera vuelta. La participación electoral, tradicionalmente alta en Ecuador, superó el 82%, un porcentaje incluso mayor al registrado en las elecciones anteriores. Sin embargo, el escenario político quedó en suspenso. Al cierre de esta edición, González y Noboa se encontraban en un empate técnico, sin posibilidades de alcanzar la mayoría absoluta. Tampoco había datos precisos sobre la distribución de las bancadas legislativas, aunque se espera que la Revolución Ciudadana mantenga su posición como la primera minoría en la Asamblea Nacional. Un balotaje polarizado El 13 de abril, González y Noboa se enfrentarán en una segunda vuelta que promete ser intensa. Para Noboa, este resultado es un revés, considerando los recursos millonarios invertidos en su campaña, especialmente en el ámbito digital. El oficialismo, respaldado por la familia Noboa, una de las más ricas del país, llegó a insinuar una victoria en primera vuelta, algo que solo Rafael Correa ha logrado en la historia reciente de Ecuador. Por su parte, González, representante del correísmo, logró consolidar un núcleo duro de votantes, aunque no suficiente para evitar el balotaje. La polarización, una constante en la política ecuatoriana, se reflejó en los resultados: juntos, González y Noboa obtuvieron casi el 90% de las preferencias. Sin embargo, la fragmentación del electorado y la presencia de otros candidatos, como el líder indígena Leónidas Iza, quien quedó en tercer lugar con el respaldo del movimiento indígena y su brazo político Pachakutik, añaden complejidad al escenario. Un país en crisis Las elecciones se celebraron en un contexto excepcional. Ecuador enfrenta múltiples crisis: económica, energética y de seguridad. La militarización del país, bajo un presunto \»conflicto interno armado\», y el cierre de fronteras marcaron la jornada electoral. Además, la comunidad ecuatoriana en Venezuela, una de las más numerosas en el exterior, no pudo ejercer su derecho al voto. La crisis económica es particularmente grave. Ecuador es el país más endeudado de la región con el FMI, y su deuda pública representa el 40% del PIB. La precarización laboral, la fuga de capitales y el aumento del IVA al 15% han exacerbado el malestar social. A esto se suma una crisis energética que ha dejado a millones de ecuatorianos sin electricidad durante horas, y una crisis de seguridad que ha convertido 2024 en el segundo año más violento de la historia del país, con un homicidio cada 75 minutos. La respuesta de Noboa: Militarización y alineamiento con EE.UU. Ante la espiral de violencia, el gobierno de Noboa ha optado por medidas drásticas. Declaró el estado de excepción, definió a los grupos delincuenciales como \»actores beligerantes no estatales\» y propuso la construcción de mega-cárceles. Además, ha reforzado su alineamiento con Estados Unidos, recibiendo a la generala Laura Richardson del Comando Sur y ampliando la cooperación militar. Sin embargo, estas medidas no han logrado mejorar los indicadores de seguridad, y la violencia sigue en ascenso. Un final abierto Mientras los votos siguen contándose, el escenario político ecuatoriano sigue siendo incierto. El balotaje del 13 de abril será una prueba crucial para ambos candidatos. Para González, el desafío será consolidar alianzas con el movimiento indígena y otros sectores progresistas. Para Noboa, la tarea será demostrar que su alineamiento con Estados Unidos y su estrategia de seguridad pueden ofrecer resultados tangibles. En un país profundamente polarizado y fragmentado geográficamente, las próximas semanas serán decisivas. Ecuador no solo elige un presidente, sino también el rumbo que tomará frente a una crisis múltiple que afecta a todos los aspectos de la vida nacional. El mundo observa con atención cómo este pequeño país sudamericano enfrenta uno de los momentos más críticos de su historia reciente.
Ecuador elige hoy entre la ultraderecha y el progresismo: Luisa González o Daniel Noboa

Por Julio Guzmán Acosta Este domingo, Ecuador se encuentra en un momento decisivo. Los ecuatorianos acuden a las urnas para elegir entre dos herederos políticos que representan dos visiones contrastadas del país. Por un lado, Daniel Noboa, hijo de un magnate bananero que intentó infructuosamente llegar a la presidencia en cinco ocasiones y que ha gobernado en el último año y medio, ha sumido al pais en una violencia nunca visto y su manera de gobernar está muy cerca de la ultraderecha latinoamericana y mundial. En el lado opuesto, Luisa González, candidata respaldada por el expresidente Rafael Correa, quien, ha sido el mejor gobernante que ha tenido Ecuador en décadas, sigue ejerciendo una influencia significativa en la política nacional. Ambos aspirantes encarnan legados familiares y políticos que han marcado la historia reciente del país. Las encuestas dan como favorita a González , pero habrá que ver si le da para ganar en la primera vuelta. De no ganar Luisa González , tras esta primera vuelta, ambos se enfrentarán en una segunda ronda en abril, repitiendo el escenario de 2023. Aquel año, las elecciones anticipadas fueron convocadas tras la \»muerte cruzada\» decretada por el entonces presidente Guillermo Lasso, cuyo mandato fue un rotundo fracaso. Lasso, un banquero que prometía convertir al gobierno en una empresa eficiente, no logró contener la violencia, la corrupción ni la crisis económica que azota al país. Su caída abrió las puertas a Noboa, un político relativamente desconocido que capitalizó la campaña ultraderechista contra el correísmo y se alzó con la victoria. Noboa, de 37 años, llegó al poder con un discurso de mano dura contra la violencia, inspirado en figuras como Nayib Bukele. Sin embargo, su gestión ha estado marcada por decisiones autoritarias y un desdén por las normas democráticas básicas. A pesar de su juventud, ha demostrado un carácter firme, aunque muchos lo consideran excesivo. Su vicepresidenta, Verónica Abad, ha sido relegada a un papel secundario, mientras él ha utilizado argucias legales para mantenerse como presidente y candidato simultáneamente. Esta estrategia sin embargo no le ha dado una ventaja y González sale ganadora en todas las encuestas. González, por su parte, representa la continuidad del correísmo, aunque con un tono más moderado que el expresidente Correa. Su candidatura busca capitalizar el descontento generado por los apagones que sumieron al país en la oscuridad durante cuatro meses, así como por las políticas económicas de Noboa, que incluyeron un aumento del IVA y la reducción del subsidio a la gasolina. Sin embargo, la izquierda ecuatoriana de momento no ha podido lograr formar un bloque unitario y eso no le asegura salir vencedora en una primera vuelta a pesar de ir por delante en todas las encuestas. Como sucede en muchos casos, la izquierda va dividida por diferencias de matices, en cambio, la derecha y ultraderecha ponen primero y por encima de todo, sus intereses de clases y se unen, dejando a un lado las diferencias políticas y personales por un bien común, seguir saqueando a sus países en provecho propio. La violencia, sin embargo, sigue siendo el tema central de estas elecciones. Enero de 2025 fue el mes más violento en la historia de Ecuador, con un récord de homicidios que ha convertido ciudades como Guayaquil en escenarios de guerra entre bandas criminales. Estas organizaciones, que controlan el tráfico de cocaína a través del puerto de Guayaquil, han desafiado las medidas de seguridad implementadas por Noboa, incluyendo un mayor despliegue policial y militar. A pesar de estas acciones, la ONG InSight Crime advierte que la violencia podría aumentar en los próximos años debido al auge de las pandillas y la consolidación de economías ilegales como la extorsión y la minería ilegal de oro. Ante este panorama, Noboa ha ordenado el cierre de las fronteras y la restricción de ingreso de extranjeros hasta el 10 de febrero, alegando que grupos armados podrían intentar desestabilizar el proceso electoral. La militarización del país es evidente, incluso en los centros de votación, donde los ecuatorianos están obligados a ejercer su derecho al voto bajo la atenta mirada de las fuerzas armadas. Mientras tanto, González confía en que los 13.7 millones de votantes castiguen a Noboa por los apagones y las políticas impopulares. Sin embargo, la polarización del electorado y la sombra de Correa sobre su candidatura podrían dificultar su camino hacia el Palacio de Carondelet. Noboa, por su parte, no quiere abandonar la casa presidencial, y ha hecho todo lo posible por mantenerse en el poder, aunque para ello haya tenido que actuar por encima de las leyes y la constitución del país.
Luisa González se perfila como ganadora en las elecciones de hoy en Ecuador

A pesar de todos los obstáculos que le impuso el gobierno de Noboa, Luisa Gonzalez y los seguidores de Correa llegan a las elecciones de este domingo en Ecuador como los grandes favoritos. Por Servicios umbral.local/ Ecuador, 9 de febrero de 2025 – La candidata presidencial Luisa González, del movimiento Revolución Ciudadana, se presenta como una de las favoritas en las elecciones generales que se celebrarán este domingo 9 de febrero. González, quien busca \»revivir Ecuador\» a través de propuestas centradas en la justicia social y el desarrollo, regresa al escenario político tras su participación en el balotaje de 2023, donde fue derrotada por el actual presidente Daniel Noboa, su principal rival en esta contienda electoral. Originaria de Quito, pero criada en el cantón Canuto de Manabí, González, de 47 años, es madre soltera y se identifica como una \»manaba auténtica\». Su formación académica incluye un título en Derecho de la Universidad Internacional del Ecuador y una maestría en Economía y Desarrollo de la Universidad Complutense de Madrid. González ha ocupado varios cargos relevantes durante el gobierno de Rafael Correa (2007-2017), incluyendo viceministra de Gestión Turística y secretaria general del Despacho Presidencial. En 2021, fue elegida como asambleísta, pero su carrera política se vio interrumpida por la disolución de la Asamblea Nacional en 2023, lo que llevó a elecciones anticipadas. Acompañada por Diego Borja como compañero de fórmula, González ha enfocado su campaña en la necesidad de cambiar \»el miedo por la esperanza\». En un acto de cierre en Guayaquil, hizo un llamado a los ciudadanos para que se unan a su visión de un Ecuador más justo. Entre sus propuestas destacan la implementación de un modelo económico que promueva la intervención del Estado para garantizar una distribución equitativa de la riqueza. En materia de seguridad, una de las principales preocupaciones de la población, propone la recuperación del Ministerio Coordinador de Seguridad y el Ministerio de Justicia para fortalecer la lucha contra el crimen organizado. “No se puede hablar de control a la violencia sin pensar en la justicia social”, afirmó González, quien enfatizó que la paz no puede existir sin acceso a salud, educación y empleo digno. De llegar a la presidencia, planea implementar varios planes denominados Impulsa, Acoge, Genera y Protege, dirigidos a abordar los retos más apremiantes que enfrenta el país. En sus intervenciones, González ha subrayado la importancia de propuestas claras que beneficien a todos los ecuatorianos, no solo a unos pocos, marcando su compromiso con un Ecuador más inclusivo y equitativo.