Noche de Brillo Estelar: Apagan al Licey

Las Estrellas Orientales dominaron con autoridad al Licey en un duelo cerrado que se decidió por la efectividad en el montículo y los hits oportunos, incluyendo un RBI en el debut de Robinson Canó, para firmar una blanqueada de 4-0 en el Tetelo Vargas. Por Brendalis Reyes SAN PEDRO DE MACORÍS.— Bajo la caribeña luz del Tetelo Vargas, donde el arrullo de las olas compite con el bullicio de las gradas, las Estrellas Orientales tejieron una noche de pitcheo impecable y ofensiva precisa para apagar por 4-0 a los Tigres del Licey. Fue una victoria que tuvo sabor a reivindicación: la primera blanqueada de los orientales sobre sus rivales capitalinos esta temporada, y la cuarta que reciben los azules, la cifra más alta para cualquier equipo en el torneo. El duelo comenzó como un tenso intercambio de miradas desde el montículo, con Albert Abreu por los Tigres y Óscar de la Cruz por las Estrellas conteniendo con firmeza los impulsos ofensivos de ambos bandos. Pero en el tercer episodio, la escena cambió. Magneuris Sierra, Carlos Martínez y Vidal Bruján cargaron las bases con tres sencillos consecutivos que desataron la esperanza en las tribunas locales. Entonces, en su primer partido con la camiseta verde, Robinson Canó respondió con clase: una línea limpia al jardín izquierdo que rompió el cero en el pizarrón y dejó ver el instinto que lo ha caracterizado. Un rodado de Euribiel Ángeles completó el segundo tanto, sentando las bases de una ventaja que ya no se discutiría. La ofensiva estelar, sin estridencias pero con puntería, siguió sumando. En la cuarta entrada, Coco Montes y Sierra volvieron a conectar para empujar la tercera carrera. Y cuando el quinto inning parecía cerrarse en las manos del relevismo, Josh Lester soltó un triple vibrante al jardín derecho que remolcó a Ángeles y puso el 4-0 que certificaría el triunfo. Mientras la ofensiva hacia lo suyo, el pitcheo de las Estrellas tejió una red de dominación que ahogó cualquier asomo de reacción azul. De la Cruz trabajó con 4.1 entradas de cinco hits y seis ponches, y luego el bullpen —con Jefry Yan, Peyton Gray y Ty Adcock— cerró filas sin conceder tregua. Gray, con dos entradas en blanco, se llevó la victoria. En las últimas tres entradas, los relevistas no permitieron respirar a la ofensiva del Licey, que terminó sin anotar a pesar de sus esfuerzos tardíos. Con este triunfo, las Estrellas (8-10) escalan a la tercera posición, mientras el Licey (7-9) se mantiene en cuarto lugar. Ambos equipos miran desde cinco juegos de distancia a las Águilas Cibaeñas, líderes de la temporada. Una noche para recordar en el Este, donde el pitcheo sólido y el contacto oportuno pintaron de verde la victoria.
Noche de Dobletes y Esperanza Para el Licey

Francisco Mejía lideró con tres imparables la ofensiva de 11 hits que permitió a los Tigres del Licey doblegar 5-2 a las Estrellas Orientales, en un partido donde los azules mostraron señales de renacimiento. Por Alejandro F. Guzmán SANTO DOMINGO.— Bajo las luces del Quisqueya, donde la brisa caribeña se mezcla con el eco de las porras, Francisco Mejía escribió con madera una noche de resurrección para los Tigres del Licey. Con tres dobles que resonaron como martillazos en las graderías, el receptor no solo impulsó la victoria de 5-2 sobre las Estrellas Orientales, sino que encendió una chispa de esperanza en un equipo que busca renacer tras una sequía de sietes derrotas. Desde el primer inning, el partido olió a cambio. En la segunda entrada, con el juego aún virgen, Mejía lanzó el primer aviso: un doble al prado derecho que pareció despertar a un gigante dormido. Tras él, una sucesión de jugadas inteligentes —un vuelo de sacrificio, otro doble de Michael De La Cruz— empezaron a tejer una ofensiva de 11 hits que fluyó con la precisión de un reloj recién afinado. Pero fue en la tercera entrada cuando el Licey destapó la furia. Mejía volvió a la carga, enviando otro batazo al callejón que inició una seguidilla de tres carreras. Cada doble de Mejía no fue solo un hit: fue una declaración. Mientras los bateadores azules movían corredores con la frialdad de un estratega, en el montículo Paolo Espino contuvo con profesionalismo el avance de las Estrellas, permitiendo solo dos carreras en su labor de 3.2 entradas. Las Estrellas Orientales, por su parte, intentaron reaccionar. El doble de Euribiel Angeles en la cuarta entrada que impulsó la primera carrera del equipo purpura despertó brevemente a su fanaticada, pero la bullpen de los Tigres —con Adonis Medina como figura destacada— apagó cualquier asomo de rebelión. Cada lanzamiento de los relevistas azules fue un cerrojo que condenó a las Estrellas a su novena derrota de la temporada. Al final, las cifras hablaron por sí solas: Mejía perfecto de 3-3, Mel Rojas Jr. y Armando Álvarez con dos hits cada uno, y una defensa que no cometió errores. Fue una victoria construida sobre la base de ofensiva oportuna y pitcheo sólido —la fórmula exacta que necesitaba un equipo que lucha por encontrar su identidad. Mientras el estadio se vaciaba y los últimos ecos del \»¡Licey! ¡Licey!\» se perdían en la noche, los Tigres empacaban sus bates con una nueva confianza. La temporada es larga, pero en las líneas de box score de esta noche quedó escrita una promesa: que esta pueda ser la chispa que encienda el fuego de su resurgencia.
Toros Dominan en la Cueva: Una Noche de Fiesta Arruinada para Licey

Con una actuación magistral del abridor Aaron Sánchez y una ofensiva implacable que estalló en la séptima entrada, los Toros del Este blanquearon 9-0 a los Tigres del Licey, cortando una racha negativa y ascendiendo en la tabla en una fría noche en el Jardín de los Héroes. Por Brendalis Reyes SANTO DOMINGO.— En el santuario del béisbol capitalino, donde los Tigres del Licey esperaban celebrar, los Toros del Este llegaron para arruinar la fiesta. Con una paliza de 9-0 que resonó en el Jardín de los Héroes, la escuadra oriente no solo cortó una racha de dos derrotas, sino que envió un contundente mensaje al resto de la liga: cuando Aaron Sánchez está en el montículo, la victoria huele a seguridad y el bate se convierte en un instrumento de demolición. La victoria, lograda en el marco del torneo dedicado al Inmortal Juan Marichal, permite a los Toros (6-7) tomar un juego de ventaja sobre los azules (5-8) y dominar ahora la serie particular 2-1, estableciendo un temprano pero significativo punto de inflexión en la temporada otoño-invernal. El Arte y la Ciencia de Aaron Sánchez En el corazón de la blanqueada estuvo la figura, cada vez más monumental, de Aaron Sánchez. El derecho, quien ya cuenta con dos galardones de \»Lanzador de la Semana\», tejió otra joya desde el diamante. Por cuarta vez en cuatro abridores, Sánchez (3-0) completó una salida de calidad, y en esta ocasión fue directamente dominante: 6 entradas en blanco, solo tres hits dispersos, cero boletos y cinco ponches que dejaron a la alineación azul buscando respuestas. Con una efectividad de 0.78, Sánchez no lanza; esculpe el juego. Su control quirúrgico y la mezcla devastadora de sus pitcheos convierten cada turno al bate en una batalla cuesta arriba para sus rivales. Fue el muro infranqueable sobre el que se estrellaron todas las esperanzas liceístas. El Inicio del Diluvio: La Séptima Entrada Decisiva El partido se mantuvo en un tenso duelo de ceros hasta que la ofensiva taurina, paciente y letal, decidió desatar el huracán en la séptima entrada. Con la ayuda de una defensa azul que flaqueó en el momento crucial, los Toros enviaron 11 hombres al plato en un rally demoledor de seis carreras. La avalancha comenzó con hits consecutivos de Mickey Gasper y Félix Reyes. Eloy Jiménez remolcó la primera con un imparable, y con las bases llenas, el antesalista Domingo Leyba cometió un error en un tiro forzado que permitió anotar la segunda. La presión no cedió: Ronaldo Hernández recibió un pelotazo con las bases llenas para la tercera, Yairo Muñoz aportó una cuarta con base por bolas, y Bryan De La Cruz, con un rodado, completó la ofensiva de seis vueltas que partió el partido en dos. La Estampida Final: Sellando la Victoria Para dejar cualquier duda fuera del terreno, los Toros agregaron tres carreras más en la novena entrada. Ronaldo Hernández, ahora con un doble al jardín derecho, remolcó a Rafael Lantigua. Yairo Muñoz impulsó a Hernández con un rodado, y Bryan De La Cruz, con un hit al jardín central, trajo a Gustavo Campero para colocar el marcador 9-0, el número final de una noche casi perfecta para la legión taurina. Mientras, en el montículo rival, la derrota cayó sobre los hombros del relevista Miguel Díaz (0-1), quien no pudo sacar outs y permitió cuatro carreras en un esfuerzo que se desvaneció con la primera embestida torista. Con este triunfo, los Toros no solo ganan un juego; ganan confianza y envían una advertencia. En el béisbol, la moral es un activo tan valioso como un lanzador estrella, y esta noche, en la guarida del rival, los de La Romana se llevaron ambas cosas.
El Grito Verde: Las Estrellas Resucitan en un Drama de 11 Episodios

Tras ocho amargas caídas consecutivas, el equipo de la Sultana del Este encontró el coraje en la entrada extendida para derrotar 11-6 a un acérrimo rival, los Tigres del Licey, en un partido donde un sencillo de Ismael Munguía quebró el empate y desató una explosión ofensiva que culminó con una celebración largamente esperada. Por César Dalmasi Guzmán Bajo las luces del Quisqueya, donde la tensión se podía cortar con un bate, las Estrellas no solo jugaron un partido de béisbol; libraron una batalla contra el destino. Este martes, la Sultana del Este, cargando el peso de ocho derrotas que amenazaban con sepultar su temporada, escribió un capítulo de redención en el béisbol dominicano. Fue un drama de 11 entradas, un pulso contra la adversidad que culminó con un estruendoso rally de cinco carreras para doblegar 11-6 a los Tigres del Licey, un rival que también navega en su propia crisis con cinco reveses seguidos. El partido, el primero de la temporada entre estos dos rivales , tenía el sabor añejo de una rivalidad que la campaña pasada terminó empatada. Pero esta noche, el guion lo escribió la resiliencia. Con el marcador apretado y la sombra de una novena derrota acechando, Ismael Munguía se plantó en la caja de bateo en la entrada número 11 y, con la frialdad de un asesino, conectó un sencillo al jardín central que quebró el empate y abrió las compuertas del cielo para el equipo verde. Fue el golpe de gracia que precedió a la estampida. Lo que siguió fue una combinación de ofensiva oportuna de Coco Montes y Rainel Tapia, y un desmoronamiento defensivo de los Tigres, que cometieron cuatro errores en ese mismo episodio, regalando las carreras que sellaron su propia condena. Fue un final implacable para un duelo que había sido una pulseada desde el inicio. El Largo Camino Hacia el Alivio La victoria, que se le acreditó al relevista Felipe de la Cruz (1-0), no fue un paseo. El abridor Esmil Rogers tuvo una salida trabajada de cuatro entradas, mientras que el bullpen, con labores de Peralta, Gray, Maríñez y Adcock, mantuvo la esperanza viva hasta que la ofensiva finalmente estalló. Por el Licey, el inicio de César Valdez fue complicado y la derrota terminó en la cuenta de Jairo Asencio (1-1). Más allá de la estrategia, esta fue una noche para los bateadores. Miguel Sanó, con poder descomunal, disparó su séptimo cuadrangular de la temporada, un mensaje claro de su fuerza. Rodolfo Castro no se quedó atrás, conectando su quinto vuelacerca del torneo, en un torneo dedicado al inmortal Juan Marichal. Pero al final, la noche no perteneció a un solo hombre, sino a un colectivo que se rehusó a perder una novena vez. Fue el triunfo del carácter sobre la estadística, de la fe sobre la racha negativa. Las Estrellas, con este respiro de gloria en un drama de 11 actos, demostraron que en el béisbol, como en la vida, nunca se está fuera hasta que se consigue el último out. Ahora, con la moral por las nubes, miran hacia el próximo desafío: los Toros del Este en San Pedro de Macorís, con la certeza de que, por fin, la mala racha es cosa del pasado.
El Estallido del Noveno: Una Aplastante y Tardía Ofensiva de los Tigres del Licey Ahoga la Resistencia de los Toros en La Romana

En un dramático giro del destino beisbolero, los Tigres del Licey desataron una furia de seis carreras con dos outs en el episodio final, transformando un duelo cerrado en una contundente victoria de 8-2 sobre los Toros del Este, en un partido donde la paciencia y el bateo oportuno prevalecieron sobre una sólida apertura local. Por Arturo F. Guzmán LA ROMANA.— En el beisbol, como en el teatro clásico, el desenlace suele reservarse para el acto final. Bajo el cielo crepuscular del estadio Francisco A. Micheli, los Tigres del Licey ofrecieron una magistral lección de esto, urdiendo una ofensiva tan tardía como devastadora que quebró la resistencia de los Toros del Este y selló una victoria por 8-2 que resonará en la conciencia de la Liga Dominicana. Con la frialdad de un verdugo, el equipo azul esperó hasta el noveno episodio, y con dos outs en el marcador, para desatar el huracán de hits que barrió con toda esperanza local. Durante ocho entradas, el partido se desenvolvió como un tenso duelo de estrategias. Desde el montículo de los Toros, Aaron Sánchez tejió una labor de notable precisión, conteniendo con destreza la ofensiva visitante a lo largo de seis episodios en los que solo permitió una carrera limpia. Sin embargo, su esfuerzo, digno de elogio, se vio opacado por la incapacidad del bullpen local para custodiar la frágil igualdad cuando más importaba. Fue en la novena entrada, con las sombras alargándose sobre el diamante, cuando el talento de la alineación liceísta estalló en una sucesión implacable. Con la base despejada y el conteo en su contra, Gustavo Núñez, Jordan Lawlar, Cristhian Adames y Liover Peguero, en una secuencia de imparable poesía ofensiva, conectaron hits remolcadores consecutivos. Lo que momentos antes era un partido empatado se transformó, en un abrir y cerrar de ojos, en una ventaja insalvable de seis carreras, un rally demoledor que dejó atónita a la afición local y demostró la letal profundidad del bateo azul. Más allá del estallido final, la victoria se cimentó en contribuciones sólidas a lo largo de la alineación. Mel Rojas Jr., con un imponente 4-3, y el receptor Francisco Mejía, con 3-2, mantuvieron la presión constante sobre los lanzadores toristas, mientras que Cristhian Adames, además de su hit crucial en el noveno, culminó la noche con dos impulsadas. Del montículo, la labor del experimentado César Valdez, quien contuvo a los Toros en 3.1 entradas con apenas una carrera y cinco ponches, proporcionó la estabilidad necesaria para que la ofensiva encontrara su momento culminante. Esta victoria, forjada en el hierro de la persistencia, eleva la moral de un Licey que demuestra tener el temple de los campeones: la capacidad de esperar y la puntería para no fallar cuando la oportunidad finalmente se presenta. Para los Toros, en cambio, la noche termina con el amargo sabor de una lección aprendida a la fuerza: en este deporte, ningún partido termina hasta que se lanza el último out.
El triunfo de los Leones del Escogido: Más que un juego, una afirmación de identidad

Por Julio Guzmán Acosta El béisbol no es solo un deporte en la República Dominicana; es una pasión que late en el corazón de cada dominicano, un reflejo de nuestra identidad y una arena donde se libran batallas que trascienden lo meramente deportivo. El reciente triunfo de los Leones del Escogido sobre su eterno rival, los Tigres del Licey, no es solo una victoria en el béisbol invernal dominicano; es un acontecimiento que reafirma el espíritu de lucha, la resiliencia y el orgullo de una fanaticada que ha esperado con ansias este momento. Para quienes no están familiarizados con la rivalidad entre estos dos equipos capitalinos, es difícil comprender la magnitud de lo que significa este triunfo. Escogido y Licey no son simplemente equipos de béisbol; son símbolos de dos formas de ver la vida, dos maneras de enfrentar los desafíos y dos historias que se entrelazan en el alma de Santo Domingo. Es bueno recordar, que a pesar de que, en los últimos años, las Aguilas Cibaeñas se han convertido en un fiero y digno rival para los Tigres del Licey y que ambos han protagonizado intensos enfrentamientos, la rivalidad capitalina entre el conjunto Rojo y el Azul data de más de 100 años. El Licey fue fundado en 1907 y solo 14 años después, en 1921, se constituyo el Escogido. El conjunto Azul ha conquistado 24 títulos de ligas nacionales y 11 trofeos de Series del Caribe. Mientras que los Leones del Escogido con su último triunfo han logrado 17 títulos nacionales, por 4 Series del Caribe. Aquí también es bueno resaltar, que el Escogido es un club amigo de los demás clubes de beisbol dominicano y que las fanaticadas de los demás conjuntos, en un enfrentamiento entre Licey y el Escogido, prefieren el triunfo Rojo, toda vez que el club Azul y su fanaticada se han ganado de manera merecida, el rechazo de casi todos los seguidores del beisbol en la Republica Dominicana, por su prepotencia y arrogancia. Muchos creían que la fanaticada roja había descendido en números, pero la concurrencia a la Serie Final en nuestro Estadio Quisqueya Juan Marichal estuvo a la altura de la asistencia de los seguidores azules y en la celebración del triunfo en las calles de Santo Domingo y en muchas ciudades del país, se tiño de rojo púrpura. Cada encuentro entre estos dos gigantes es más que un juego; es un duelo de identidades, un choque de pasiones que divide familias, une amigos y enciende la ciudad. El triunfo de los Leones en esta ocasión no fue cualquier victoria. Fue una demostración de carácter, de estrategia y de esa chispa que solo surge cuando se juega con el corazón. Frente a un equipo como los Tigres del Licey, siempre temible y respetado, los Leones supieron mantenerse firmes, aprovechar cada oportunidad y, sobre todo, demostrar que el béisbol es un juego de detalles, de momentos decisivos y de mentalidad ganadora. Este triunfo no solo es un logro deportivo; es una lección de vida para todos aquellos que creen en la perseverancia. Pero más allá de lo técnico y lo táctico, este triunfo tiene un significado profundo para la fanaticada del Escogido. En un país donde el béisbol es casi una religión, ganarle al Licey es como ganar una batalla épica. Es un recordatorio de que, a pesar de las dificultades y de que teníamos nueve años sin levantar una copa de liga, siempre hay espacio para la esperanza y el triunfo. Es un mensaje para aquellos que han visto a su equipo caer y levantarse una y otra vez: la constancia y la fe tienen su recompensa. Este triunfo también es un llamado a la unidad. En un momento en que la sociedad dominicana enfrenta desafíos complejos, el béisbol sigue siendo un espacio donde las diferencias se diluyen y lo que prevalece es el amor por el juego. Los Leones del Escogido, con su victoria, nos recuerdan que, cuando trabajamos juntos y creemos en un objetivo común, los resultados pueden ser extraordinarios. Sin embargo, no podemos olvidar el papel de los Tigres del Licey en esta historia. Su presencia en el diamante es lo que hace que esta rivalidad sea tan especial. Sin Licey, no habría Escogido, y viceversa. Esta eterna competencia es una de las razones por lo que se mantiene viva la llama del béisbol dominicano, lo que nos motiva a seguir apoyando a nuestros equipos y lo que nos llena de orgullo como nación. En conclusión, el triunfo de los Leones del Escogido frente a los Tigres del Licey es mucho más que un título en el béisbol invernal. Es un recordatorio de que, en la vida como en el béisbol, los momentos difíciles son oportunidades para crecer, para demostrar de qué estamos hechos y para celebrar las victorias que, al final, son de todos. Felicidades a los Leones, pero también gracias a los Tigres por hacer de este duelo algo tan memorable. El béisbol dominicano, una vez más, nos demuestra por qué es el alma de nuestro pueblo. *Julio Guzmán Acosta es un amante del béisbol dominicano
Junior Caminero elegido Jugador Más Valioso de la Serie Final de la Lidom 2024-2025

Junior Caminero, eufórico, levanta el trofeo de Jugador Más Valioso que logró en el triunfo del Escogido. (umbral.local/) Por Thiago Zorrilla Acosta Santo Domingo, – El estelar tercera base de los Leones del Escogido, Junior Caminero, ha sido reconocido como el Jugador Más Valioso (MVP) de la Serie Final de la Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana (LIDOM) 2024-2025, tras una destacada actuación que llevó a su equipo a la conquista del título. Durante los siete partidos de la serie final, Caminero tuvo un desempeño sobresaliente, registrando un promedio de bateo de .346. Su aporte ofensivo fue crucial para el triunfo de los Leones, con un jonrón, un triple, dos dobles y un total de seis carreras empujadas. Además, el jugador mostró su paciencia en el plato, recibiendo siete boletos a lo largo de la serie, lo que refleja su capacidad para encontrar las oportunidades y contribuir al juego de su equipo. Sin embargo, fue en el emocionante último partido de la serie donde Caminero dejó una huella imborrable. En un encuentro que se mantuvo reñido, el antesalista se convirtió en el héroe de la noche al conectar cuatro imparables, incluido un cuadrangular decisivo que rompió un empate y puso al Escogido al frente con un marcador de 6-5. Este jonrón, que se convirtió en el punto culminante del juego, recorrió una impresionante distancia de 454 pies, con una velocidad de salida de 114.2 millas por hora, y resultó ser el batazo que selló la victoria para los Leones, dándoles su 17ª corona en la historia de la franquicia. El cuadrangular de Caminero no solo fue crucial para el resultado del juego, sino que también destacó su habilidad para brillar en los momentos más importantes. Más temprano en la noche, había conectado otro impresionante batazo que llegó a 442 pies, demostrando su poder y determinación en el plato. La consagración de Junior Caminero como MVP no solo resalta su destreza en el campo, sino que también refleja el arduo trabajo y la dedicación que ha mostrado a lo largo de la temporada. Su capacidad para enfrentar la presión y rendir en situaciones críticas ha sido un factor determinante para el éxito de su equipo en la serie final. Con su actuación en esta serie, Caminero se une a la lista de grandes jugadores que han dejado su marca en la historia de la LIDOM, y su nombre será recordado por los aficionados y seguidores del béisbol dominicano. La combinación de su talento, disciplina y pasión por el juego lo convierte en un modelo a seguir para las futuras generaciones de jugadores. Los Leones del Escogido celebran con entusiasmo su campeonato 2024-2025 y reconocen el papel fundamental que Junior
La intrahistoria del bate de corcho: Reflexiones sobre la competencia en el béisbol dominicano

Por: Julio Guzmán Acosta El reciente campeonato de la Liga Dominicana de Béisbol Profesional (LIDOM) nos dejó no solo un emocionante espectáculo en el terreno de juego, sino también una serie de interrogantes que invitan a la reflexión sobre la integridad del deporte. La controversia en torno al supuesto uso de un bate de corcho por parte de Gustavo Núñez, jugador del Licey, ha reavivado un debate que ha estado presente en el béisbol durante décadas: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para ganar? Los rumores sobre el uso del corcho en los bates no son nuevos en el béisbol. Desde los campos de juego de la LIDOM hasta las grandes ligas, la tentación de buscar una ventaja competitiva ha llevado a muchos jugadores a cruzar la línea. La sospecha de que un bate contiene corcho surge no solo de la observación, sino también de la experiencia y el conocimiento de los entrenadores y el cuerpo técnico, en este caso, liderado por Albert Pujols. ¿Cómo no cuestionar la legitimidad de un bate que parece ofrecer un rendimiento excepcional en momentos cruciales? La ventaja que algunos expertos atribuyen al uso de un bate con corcho es clara: se dice que este tipo de bate genera un mejor contacto y un rebote más potente de la pelota. Sin embargo, esta afirmación debe ser analizada con cuidado. La realidad es que el talento del bateador es el factor primordial; un jugador sin habilidades no se beneficiará de un artefacto que, aunque modificado, no puede sustituir la destreza y el trabajo arduo. Este dilema nos lleva a cuestionar el verdadero valor del triunfo: ¿es el resultado de la habilidad o de la trampa? La historia del béisbol en la República Dominicana está plagada de episodios donde el uso de bates adulterados ha sido el foco de atención. Recordemos el caso de Miguel Tejada, quien fue expulsado en la final de 1996-97 tras descubrirse que su bate contenía corcho. Este tipo de incidentes nos recuerda que el deseo de ganar puede llevar a algunos a tomar decisiones cuestionables, que no solo afectan su reputación, sino también la integridad del deporte. Por otro lado, es importante reconocer que la LIDOM ha mostrado madurez en su manejo de situaciones delicadas. La reciente serie final, donde el Escogido se coronó campeón, fue un ejemplo de competencia intensa y respeto entre equipos. La forma en que se manejó la situación del bate de Núñez y la reacción de la liga ante las acusaciones son prueba de que la organización está dispuesta a mantener la transparencia y la justicia en el juego. En conclusión, el uso de bates de corcho y las controversias que los rodean son un reflejo de la eterna lucha entre la competencia y la ética en el deporte. La historia del béisbol está llena de lecciones que nos recuerdan la importancia de jugar limpio. A medida que avanzamos hacia el futuro del béisbol dominicano, es fundamental que tanto jugadores como aficionados comprendan que la verdadera grandeza no se mide solo por los trofeos ganados, sino por la integridad y la pasión con la que se juega. La victoria debe ser el resultado del esfuerzo y el talento, no de atajos que pongan en riesgo la esencia de este hermoso deporte. Albert Pujols hizo bien al pedir se revisara el bate. El Licey y sus bateadores compitieron bien y se demostro que el bate cumplia con los requisitos de la LIDOM. !!!Felicitaciones a Los Leones del Escogido que han ganado una final muy reñida y son dignos campeones!!!
Junior Caminero brilla con jonrón decisivo y lleva a los Leones del Escogido a su corona 17

Por Julio Guzmán Acosta Santo Domingo, – En una emocionante culminación de la serie final, los Leones del Escogido se consagraron campeones de la Liga Dominicana de Béisbol Profesional al vencer a los Tigres del Licey, logrando así su corona número 17. El momento culminante del encuentro ocurrió en el noveno episodio, cuando Junior Caminero, con un poderoso jonrón, selló la victoria por 6-5. Este triunfo marca un regreso triunfal para los Leones, quienes no ganaban el campeonato desde 2016. El partido, que se extendió a siete intensos encuentros, fue testigo de un espectáculo digno de una final, con ambos equipos luchando por la gloria. Los Leones, que ya habían demostrado su fortaleza como visitantes en la serie, lograron mantener esa racha al obtener la victoria en un ambiente cargado de tensión. Caminero, quien se enfrentó al relevista Jairo Asencio, conectó su jonrón al primer lanzamiento, enviando la pelota a la altura del linescore de la pizarra, un momento que quedará grabado en la memoria de los aficionados del Escogido y no olvidarán jamás los fanáticos del Licey. La conexión de Caminero no solo resultó decisiva para el juego, sino que también significó un hito en la temporada. Los Leones del Escogido, aclamados por su capacidad para superar desafíos, demostraron una vez más su resistencia y habilidad en situaciones críticas. El jonrón de Caminero apagó momentáneamente la pizarra, simbolizando el impacto de su hazaña en la historia del equipo. Por otro lado, los Tigres del Licey, que buscaban su vigésima quinta corona y un tricampeonato histórico, lucharon hasta el final. A pesar de la derrota, su desempeño a lo largo de la serie fue admirable, y el equipo mostró un gran nivel de competitividad que emocionó a sus seguidores. Cabe destacar que esta victoria de los Leones del Escogido no solo representa un logro significativo en términos de campeonatos, sino que también subraya su fortaleza como visitantes. En esta serie final, el Escogido logró ganar todos sus partidos fuera de casa, un testimonio de su capacidad para desempeñarse bajo presión en terrenos ajenos. Con la victoria asegurada, los Leones del Escogido celebraron con fervor su corona número 17, reafirmando su lugar como uno de los equipos más exitosos en la historia del béisbol dominicano. La afición se unió en una celebración de alegría, mientras el equipo levantaba el trofeo, simbolizando no solo un triunfo en el terreno de juego, sino también el espíritu de lucha y perseverancia que caracteriza a esta franquicia. Con esta victoria de los Leones del Escogido ante los Tigres del Licey en la serie final se convierte en un capítulo memorable en la historia del béisbol dominicano, destacando la brillante actuación de Junior Caminero y el notable desempeño del equipo como visitantes. Con esta corona, los Leones celebran un regreso triunfal al campeonato, añadiendo otro trofeo a su rica historia. Ahora a por la corona de la Serie del Caribe.
El Rugido de los Leones le coloca a un juego para ser campeones de la Serie Final

Los Leones del Escogido pueden coronarse hoy campeones con un triunfo ante el Licey y conquistar su 17ma liga de la Lidom Por Theo N. Guzmán En una noche electrizante en el Estadio Quisqueya Juan Marichal, los Leones del Escogido se impusieron ante los Tigres del Licey con un contundente marcador de 4-1, colocando a los rojos a un paso de alcanzar su 17ma corona en la historia del béisbol dominicano. La afición, que llenó las gradas con una mezcla de nerviosismo y esperanza, fue testigo de un encuentro que prometía drama y emoción desde el primer lanzamiento. La historia del juego comenzó a escribirse desde la primera entrada, cuando Sócrates Brito, con su bate caliente, conectó un cuadrangular monumental por el jardín derecho. El estallido de la bola contra el bate resonó como un grito de guerra, marcando el inicio de una noche que los Leones no dejarían escapar. Brito no solo abrió el marcador, sino que también encendió las gradas, que estallaron en jubilo. Este jonrón no solo fue un golpe al rival, sino también una inyección de confianza para un equipo que jugaba con la presión de un juego crucial en la serie. El abridor de los Leones, Grant Gavin, brilló en el montículo, realizando una actuación impresionante al permitir solo dos hits en cinco entradas y ponchando a varios rivales. Con cuerpo sereno y control absoluto, Gavin demostró por qué los Leones tienen la confianza en él. Cada lanzamiento era un despliegue de destreza que dejaba a los bateadores de los Tigres buscando respuestas sin éxito. Mientras tanto, la defensa de los Leones mantuvo su fortaleza, y el bullpen, liderado por el cerrador Rafael Montero, se encargó de sellar la victoria, retirando a los cuatro hombres que enfrentó en la novena entrada con la serenidad de un veterano. Montero se convirtió en el héroe silencioso, asegurando que el rugido de los Leones no se apagara en el último suspiro del encuentro. La ofensiva de los Leones no se detuvo en el cuadrangular de Brito. En la segunda entrada, una doble matanza permitió a Luis Liberato anotar, seguido por un elevado de sacrificio de Brito en la quinta que empujó a Erik González. Cada carrera fue un ladrillo en la construcción de la victoria, un recordatorio del poderío ofensivo que caracteriza a este equipo. Por el lado de los Tigres, el abridor Brooks Hall tuvo una noche que preferiría olvidar, mientras que los relevistas Carlos Vargas y Reymin Guduán lucharon por contener la ofensiva roja. A pesar de los esfuerzos de Harold Ramírez y Sergio Alcántara, quienes destacaron con sus bateos, el ataque de los Tigres no logró recuperar el terreno perdido ante un Escogido que mostraba determinación. Con el marcador 4-1 y la euforia de los aficionados resonando en cada rincón del estadio, los Leones se colocaron con un liderazgo de 3-2 en la serie. La próxima cita será el domingo, a las 7:15 de la noche, donde los Leones buscarán cerrar la serie y consagrarse campeones. La atmósfera es palpable: la historia está en juego, y la afición ya saborea la posibilidad de ver a su equipo levantar el trofeo de campeones una vez más. En el béisbol, cada juego se cuenta, y esta noche, el rugido de los Leones resonó más fuerte que nunca. ¡Que continue el espectáculo!