UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

El descarado entreguismo de Abinader y sus secuaces

El acuerdo que permite a Estados Unidos utilizar el Aeropuerto Internacional de Las Américas y la Base Aérea de San Isidro para operaciones logísticas de vigilancia y soporte relacionadas con la Operación Southern Spear (en español, Lanza del Sur) tiene la firma de Luis Abinader y lo retrata. Este acuerdo (que es una imposición) afianza su definición de lacayo consumado. Las generaciones venideras asociarán al nombre de Luis Abinader los calificativos que no figuran en las crónicas de los medios corporativos financiados por una clase dominante unificada a partir de la misión de fomentar el atraso político y perpetuar el servilismo. Los expresidentes Danilo Medina y Leonel Fernández conocían del acuerdo antes de la visita del secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, el pasado 26 de noviembre. La ultranacionalista y ultraderechista Fuerza Nacional Progresista lo calificó como correcto y muy necesario. Y no hay que seguir nombrando piezas de este podrido sistema que es, en conjunto, sumiso y vendepatria. A Pete Hegseth, a Marco Rubio y a otros funcionarios estadounidenses que presentan a las autoridades dominicanas como líderes en la lucha contra el narcotráfico ningún medio les ha preguntado si esta condición es compatible con la afluencia de recursos de sucio origen en las campañas electorales y la colocación en puestos electivos y administrativos de reconocidos narcotraficantes. ¿Desde cuándo el narcotráfico paga para que le asesten golpes? ¿Una parte de la narrativa carece de sentido o es necesario asumir su veracidad porque procede de los centros de poder? Los portaaviones desplegados en el Caribe y en el Pacífico, rodeando los centros donde se concentra una buena parte de los recursos naturales de este continente y donde hay países cuyos gobiernos Estados Unidos califica como hostiles, son instrumentos de agresión, de espionaje, de intimidación y hasta de crimen. ¿Acaso no han sido ejecutadas decenas de personas que transitan por esa zona, personas que no fueron juzgadas previamente y que nadie puede asegurar que constituían una amenaza que solo podía detenerse aplicándoles, de facto, la pena de muerte? En términos políticos, ¿con qué derecho Estados Unidos desconoce las normas legales y los preceptos de convivencia agregando al prolongado asedio contra Cuba (que el gobierno de Trump mantiene e intensifica), la amenaza de invadir a Venezuela? ¿Cómo se explica que, impunemente, haya puesto precio a la cabeza del presidente Nicolás Maduro y acuse de narcotraficante al presidente de Colombia, Gustavo Petro? Queda claro que Lanza del Sur no es una operación contra el narcotráfico sino contra el avance político y por la imposición de gobiernos de ultraderecha en una zona rica en recursos naturales estratégicos. Busca perpetuar el saqueo. Tratan de apropiarse del petróleo, las tierras raras y otras riquezas. En esas andanzas, el poder estadounidense asigna a voluntad los calificativos de narcotraficante y terrorista, y también los retira a conveniencia. ¿Qué ha pasado con el expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández y con Ahmed Al-Charáa, el actual presidente de Siria? Un narcotraficante indultado y un terrorista investido… Los ejemplos sobran. Y evidencian la falacia. La gobernadora de Puerto Rico, Jennifer González; la presidenta de Trinidad y Tobago, Christine Carla Kangaloo y Abinader, son solo socios menores en un proyecto diseñado y dirigido desde el norte. Son politiqueros oportunistas que buscan protección y migajas. ¡Y no les da vergüenza! ¿HABLAMOS DE PAZ? En un plan de agresión, espionaje, conspiración y turbia manipulación política compromete Luis Abinader el nombre de República Dominicana. Dio su consentimiento Danilo Medina, quien en el año 2018 retiró de Venezuela al embajador dominicano sumándose al coro de la derecha. Lo hizo también Leonel Fernández, quien en el año 2000 envió policías a Kosovo sumándose a una acción que era de factura imperialista aunque estuviera cobijada por la Organización de las Naciones Unidas. No hay constancia de que fuera consultado Hipólito Mejía, pero su consentimiento es tácito. Él se autodefinió como lacayo. Y no se puede tomar esta autodefinición como parte de su chabacanería. Hay que recordar que, entre los años 2003 y 2004, siendo presidente, dispuso el envío a Irak de 600 militares dominicanos para apoyar la invasión yanqui. Es la herencia de Joaquín Balaguer, el gobernante que coordinó la unificación de la clase dominante aplicando un modelo de despojo y servilismo, tarea que inició en 1966 cuando el interventor yanqui lo colocó en la silla presidencial. Es Balaguer el firmante (en 1995) del Acuerdo de Interdicción Marítima y Aérea que sirve de marco a la infamante concesión que hizo Abinader. ¡Nada mejor podía dejar este personero de la vileza! Luis Abinader, apoyado por un sistema político con esta definición, ofende a este pueblo y altera la paz. No es signo de paz el compromiso con un plan de saqueo, espionaje y agresión militar que afecta a toda la región. Los medios corporativos intentan presentar como legítima la agresión contra Venezuela. Es el colmo del retorcimiento. Además, este discurso deja claro que la embestida es contra el avance político y contra la autodeterminación de los pueblos. El momento es de definición. Un poder ilegítimo y criminal constituye una permanente amenaza… Es deber de conciencia condenarlo y enfrentarlo.

El paramilitarismo, un engendro de la coerción de clase

Por Lilliam Oviedo El 30 de marzo transmitieron desde Friusa contenido basura del que suele transmitirse en plataformas instaladas con ese fin, y el 24 de abril pretenden tirar un sucio manto, con el mismo contenido, a la conmemoración del 60 aniversario de aquel abril marcado por la lucha libertaria. Sustituir la búsqueda de reivindicaciones y el ansia de libertad por el patrioterismo y el discurso de odio que genera enfrentamiento entre los grupos explotados, es la intención de los integrantes de un sistema político sustentado por el saqueo, el entreguismo y el pacto de impunidad y caracterizado, en consecuencia, por la podredumbre. Utilizan ahora a un joven de nombre Ángelo Vásquez, de origen humilde y vestido con uniforme negro, charreteras y cuantos adornos puedan simbolizar el autoritarismo. Lo han dotado de un vocabulario con algunas frases fijas, algunas ideas en círculo y una leyenda ingenua que la prensa corporativa y las plataformas de contenido basura gritan como verdad en un intento de impedir que se vean las manos detrás de él. Dicen que la organización (¿organización?) llamada Antigua Orden Dominicana fue creada por él a los 14 años de edad y ha crecido con el patrocinio económico y logístico de emigrantes que viven en Nueva York y en otras ciudades. ¡La mano invisible lo sigue siendo! Y, como patrocinio visible, los comunicadores corporativos presentan a creadores de contenido basura. El sostén del discurso de odio es el poder que ejerce la coerción de clase. El paramilitarismo de hojalata es solo la parte visible. Los medios de comunicación controlados por corporaciones y las plataformas para difusión de contenido basura, que se funden en la labor de fomentar el atraso político, hablan de traición a la patria y de difusión de antivalores, pero esa manipulación no soporta examen alguno. ¿Habrá peor traidor que quien propicia la explotación y realiza una labor ideológica dirigida a enfrentar entre sí a los explotados? UN SISTEMA INCAPAZ DE SUPERAR EL BALAGUERISMO. Desde el Palacio Nacional, desde la alta oficialidad de los cuerpos armados, desde asociaciones politiqueras imprecisamente llamadas partidos y desde los medios de comunicación controlados por corporaciones, se intenta fomentar la aceptación del paramilitarismo e imponer el enfoque fascista en el tratamiento de un tema de alto interés humanístico como es la migración. Se montan en la ola internacional de la ultraderecha. Donald Trump ascendió a la presidencia de Estados Unidos enarbolando el odio y prometiendo criminalizar la migración sin documentos y en Europa el discurso contra las personas migrantes es levantado por un liderazgo caduco, servil y siempre dispuesto a fungir como socio menor en las aventuras imperialistas concebidas por los estrategas para afianzar la resquebrajada hegemonía estadounidense. En Estados Unidos y en Europa, palabra y acción han ido de la mano en los gobiernos actuales y en los anteriores. La derecha dominicana, caduca, hija del atraso y sucia por las groseras prácticas de despojo y la permanente jornada de exterminio de jóvenes pobres, ha buscado como elemento de unidad interna la tarea de presentar como necesario el discurso fascistoide y como ejercicio de soberanía el enfrentamiento entre dominicanos y haitianos pobres. Es un recurso dirigido a invisibilizar (y si es posible a negar) la existencia de la lucha de clases. ¡Cuán cómodo resulta para la ultraderecha proclamar que son enemigos de los trabajadores dominicanos los trabajadores haitianos sobreexplotados y marcados con el sello de ilegales! Lo que le infunde temor es que se identifique al verdadero enemigo, al sector que explota, el que pretende revertir conquistas laborales y seguir negando el derecho a la sindicalización, el que disfruta de privilegios logrados a partir de salarios deprimidos y despojo de pequeñas y medianas propiedades a través de subterfugios legales y hasta de la fuerza de las armas. La sangre puede secarse y desaparecer de la vista, pero ensució para siempre las fortunas originadas por las tropelías de los miembros del anillo que rodeaba a Joaquín Balaguer y de los protegidos de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. La matanza de haitianos en la década de 1930 fue una ofensa a los dos países y lo es hoy la difusión del discurso de odio y la tolerancia a la sobreexplotación y al asedio. Si en 1971 fue indignante que Joaquín Balaguer, desde la Presidencia de la República, se mostrara tolerante ante las acciones de la mal llamada Banda Antiterrorista o Banda Colorá y a su jefe civil Ramón Pérez Martínez (alias Macorís), hoy es condenable y asqueroso que Luis Abinader y su ministra de Interior, Faride Raful, otorgaran permiso para que una marcha contra los haitianos residentes en Friusa, a pesar de que desde una plataforma de contenido basura uno de los patrocinadores de ese acto llamó a asistir portando escopetas, revólveres, metralletas o cualquier otro tipo de armas. ¡Qué retorcido concepto de democracia! ¡Qué forma más grosera de manipular a la opinión pública! Funcionarios que conceden permiso para realizar manifestaciones de racismo y xenofobia y para repudiar a los pobres, además de mentirosos son elitistas y enemigos de los sectores populares. En el pasado gobierno, en el año 2018, Ney Aldrin, como director de la Policía Nacional, dijo que los de la Antigua Orden Dominicana son jóvenes patriotas y que ojalá todos los jóvenes piensen, como ellos, en la patria. ¡Qué descaro! La Antigua Orden y grupos similares con nombres menos sonoros han agredido marchas por los derechos de los migrantes y amenazan a personas y organizaciones, pero esas acciones son minimizadas por los funcionarios. En estos casos, tolerancia y complicidad son sinónimos. ¿Hasta dónde llegarán acunando el paramilitarismo? El tratamiento que se da al tema en los medios de comunicación corporativos, llenos de seudoanalistas y opinadores pagados con el dinero del pueblo y que han prostituido sin reparos el ejercicio de la profesión, deja claro que la derecha como conjunto ha encargado la tarea. Se proponen, junto a la Antigua Orden Dominicana, empañar las fechas de abril con marchas contra los haitianos en lugar de condenar el uso de la fuerza