Muros que excluyen, puentes que salvan: el legado migratorio del Papa Francisco

Durante su pontificado, el Papa Francisco dejó una huella indeleble en la reflexión ética sobre las migraciones. Con una claridad profética, insistió en que la respuesta cristiana ante la crisis migratoria no puede fundarse en la exclusión ni en el endurecimiento de fronteras, sino en la hospitalidad, el diálogo y la solidaridad efectiva. “Una persona que solo piensa en construir muros y no en construir puentes no es cristiano”, afirmó en 2016 al cuestionar políticas que criminalizan a quienes buscan refugio o mejores condiciones de vida. Esa misma visión resurge con fuerza en su última carta en vida dirigida a la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, fechada el 11 de febrero de 2025, en la que el pontífice expresó su profunda preocupación ante las deportaciones masivas promovidas por la actual administración estadounidense de Donald Trump. Francisco advirtió que levantar muros —ya sean físicos, legales o administrativos— representa un obstáculo grave contra la dignidad humana, especialmente cuando se trata de personas migrantes obligadas a huir por pobreza extrema, violencia, persecución o catástrofes ambientales. El Papa no desconoce el derecho de los Estados Unidos a regular sus fronteras, pero subraya que este derecho nunca debe ejercerse a costa de los más vulnerables. Deportar sin un juicio justo o sin considerar las causas profundas de la migración “daña la dignidad de muchos hombres y mujeres, de familias enteras, y los coloca en un estado de particular indefensión, sentenció”. La verdadera justicia, sostiene, se mide por el trato que reciben los pobres y marginados, no por la rigidez legal o la eficacia administrativa. Este enfoque cobra especial relevancia en el contexto dominicano actual. La implementación de nuevos protocolos migratorios en hospitales públicos ha resultado en la detención y deportación de mujeres haitianas en situación de parto o posparto. En apenas un día, inspectores migratorios acudieron a más de 30 centros de salud, donde retuvieron a decenas de parturientas por no portar documentos válidos. Esta medida no solo vulnera el derecho básico a la atención médica, sino que traslada a mujeres y recién nacidos desde un estado de fragilidad clínica a uno de incertidumbre social y jurídica. Aplicar sanciones migratorias en espacios destinados al cuidado humano, como los hospitales, contraviene el espíritu evangélico de acogida que Francisco promovió con insistencia. Según el legado del pontífice, las políticas públicas deben ser juzgadas a la luz de la dignidad de la persona humana, y no al revés. Frente a una lógica de exclusión, propuso una visión alternativa: construir puentes mediante corredores humanitarios, leyes de integración y un acceso igualitario a servicios esenciales. “El verdadero amor cristiano —recordaba el Papa— se descubre al meditar en la parábola del Buen Samaritano: un amor abierto a todos, sin excepción”. En tiempos de endurecimiento migratorio, esta enseñanza representa un llamado urgente a repensar las políticas desde una ética del cuidado y de la fraternidad.
Papa León XIV: Un nombre con compromiso social

León XIV saluda desde el balcón de la basílica de San Pedro del Vaticano durante su primera aparición pública como sumo pontífice. Dylan Martinez (REUTERS) Por Thiago Zorrilla Acosta El nuevo papa estadounidense Robert Prevost eligió tomar el nombre de León XIV, una decisión que revela un claro compromiso con la justicia social y la continuidad del legado del papa Francisco. Esta tradición de adoptar un nuevo nombre comenzó en el siglo XI, cuando los pontífices empezaron a elegir nombres de obispos de la iglesia primitiva para simbolizar continuidad y misión. Natalia Imperatori-Lee, directora de estudios religiosos en la Universidad de Manhattan, explicó que la elección del nombre León XIV refleja la intención del pontífice de continuar el trabajo social iniciado por León XIII, quien fue papa desde 1878 hasta 1903. León XIII es recordado por su encíclica Rerum Novarum (1891), que abordó los derechos de los trabajadores y estableció una enseñanza económica católica crítica tanto del capitalismo desmedido como del socialismo estatal. “El nombre es un profundo signo de compromiso con los temas sociales. Este papa está diciendo que la justicia social será una prioridad y que dará continuidad al ministerio del papa Francisco”, destacó Imperatori-Lee. El nombre también remite al papa León I, famoso por su diplomacia en el año 452 d.C. al disuadir a Atila el Huno de saquear Roma, como recordó el cardenal Maurizio Piacenza en una entrevista con la televisión estatal italiana RAI. Además, León XIII elevó en 1901 el Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya a basílica papal, otro dato relevante sobre el legado de este nombre. Históricamente, durante el primer milenio, los papas usaban sus nombres de nacimiento. La excepción fue Mercurius, quien en el siglo VI cambió su nombre por Juan II debido a sus connotaciones paganas. A partir del siglo XI, con papas mayormente alemanes, la práctica de elegir nombres que representaran continuidad se arraigó. El reverendo Roberto Regoli, historiador de la Universidad Pontificia Gregoriana, señala que durante siglos, los papas elegían nombres de quienes los habían elevado a cardenal, siendo Juan el más popular, seguido por Benedicto y Gregorio. Sin embargo, desde mediados del siglo XX, la elección del nombre papal comenzó a reflejar más claramente los objetivos y la visión del pontificado. Con León XIV, el nuevo papa estadounidense reafirma su compromiso con los valores sociales y espirituales, marcando un nuevo capítulo en la historia de la Iglesia Católica.
León XIV, primer papa estadounidense en la historia

El recién elegido cardenal Robert Francis Prevost, Prefecto del Dicasterio para los Obispos (derecha), recibe su birrete de manos del papa Francisco al ser elevado a la cúspide en la Plaza de San Pedro del Vaticano, el 30 de septiembre de 2023AP Por Julio Guzmán Acosta El Vaticano.– Tras el histórico anuncio de “¡Habemus Papam!”, el cardenal protodiácono Dominique Mamberti dio a conocer hoy la elección del cardenal estadounidense Robert Prevost como nuevo sumo pontífice con el nombre de León XIV, convirtiéndose así en el primer papa de origen estadounidense en la historia de la Iglesia católica. En su primera bendición Urbi et Orbi, dirigida a la ciudad y al mundo, León XIV expresó su profundo agradecimiento por las enseñanzas del papa Francisco, quien lo nombró prefecto del Dicasterio para los Obispos el 30 de enero de 2023 y lo creó cardenal el 30 de septiembre del mismo año. El nuevo pontífice agradeció a los cardenales que lo eligieron y destacó la importancia de “construir puentes” y de “caminar como una Iglesia unida en busca de la paz y la justicia”. Subrayó que para lograrlo es fundamental trabajar sin miedo a proclamar el evangelio y ser misioneros en un mundo plagado de conflictos. Propuso avanzar hacia soluciones a los problemas que afectan a la humanidad “a través del diálogo con el encuentro, como un solo pueblo de paz”. Robert Prevost nació el 14 de septiembre de 1955 en Chicago, Estados Unidos. Es hijo de Louis Marius Prevost, de ascendencia francesa e italiana, y Mildred Martínez, de origen español. Obtuvo en 1982 una maestría en Teología con mención en Misión Intercultural en la Unión Teológica Católica de Chicago. Posteriormente, se trasladó a Roma para estudiar Derecho Canónico en la Universidad Angelicum, donde obtuvo su doctorado. Además del inglés, domina el español, italiano, francés y portugués. En la misa previa al cónclave, celebrada el 7 de mayo, el cardenal Giovanni Battista Re destacó la importancia de elegir “el Papa que la Iglesia y la humanidad necesitan en este momento de la historia tan difícil y complejo”. Re subrayó que “el mundo de hoy espera mucho de la Iglesia para la tutela de esos valores fundamentales, humanos y espirituales, sin los cuales la convivencia humana no será mejor ni portadora de bien para las generaciones futuras”. Agregó que el nuevo líder debe ser quien “mejor sepa despertar las conciencias y las fuerzas morales y espirituales en la sociedad actual”. León XIV asume un enorme reto: continuar la obra de su predecesor, el papa Francisco, quien con humildad y humanidad lideró la Iglesia católica en tiempos de grandes desafíos. El nuevo pontífice inicia así una nueva etapa, marcada por la esperanza de unidad, diálogo y paz para la comunidad católica mundial.