UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Antigua Orden: ignorancia atrevida que propicia desorden

Hay que ser un ignorante para atreverse a desconocer el papel que ha jugado la izquierda dominicana en losprocesos democráticos y de libertad en el país. Incluso, muchos de los que hablan y escriben por los diferentes medios de comunicación deberían reconocer que el Estado de derecho y la libertad de expresión de hoy se la debemos también a la izquierda. El ambiente de democracia que respira el pueblo dominicano tiene rostro de la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo. Tiene huellas del Movimiento Revolucionario 14 de junio y sangre de la heroicidad de Playa Caracoles y Nizaíto con Caamaño a la cabeza. Tiene la gallardía de los jóvenes asesinados en los doce años de Balaguer. Todos ellos fueron de izquierda, del sector progresista y revolucionario.   Los dominicanos debemos agradecer a Manolo Tavárez, Amaury German, Amín Abel, Orlando Martínez, Francisco Alberto Caamaño, entre otros, su sacrificio. Ellos fueron y son tantos que no hay espacio para mencionarles aquí. La lucha por la soberanía nacional, el patriotismo y los derechos fundamentales del pueblo dominicano han sido siempre la principal bandera de la izquierda dominicana. No existe un capítulo de la vida dominicana en la que no esté la sangre de la izquierda revolucionaria. Desde antes de la dictadura de Trujillo, el derrocamiento de ese régimen y durante la lucha por el retorno a la constitucionalidad y gobierno del profesor Juan Bosch, y que culminó en la revolución de abril del 1965. Después de eso, en los doce años de Joaquín Balaguer y gobiernos sucesivos, todos los procesos contaron con la participación de la izquierda. Una corriente e ideología que, aunque no sea del agrado de algunos, ha sido consecuente con las luchas de progreso y avance de la sociedad dominicana… Es por eso que el ver en la actualidad que un grupo como el de la Antigua Orden (AO) pretenda promover un supuesto “nacionalismo” con violencia dirigida hacia diferentes direcciones, incluyendo a la izquierda, es una deshonra para el sector que más sangre ha aportado a las libertades y derechos de la nación. Es una ofensa inaceptable de esa agrupación agredir a revolucionarios y ciudadanos patrióticos que conmemoraban los 60 años de la gesta heroica del 1965. Una lucha patriótica y antimperialista que tuvo como objetivo el respeto a la constitución y el regreso del gobierno de Juan Bosch derrocado por Estados Unidos y la oligarquía local (empresarios e iglesias) en el 1963.   No sé del nivel de comprensión que la AO pueda tener sobre las implicaciones que es para el país, su organización y los que le acompañan el abrirse tantos frentes en el camino con un discurso nacionalista y de patriotismo que encarnan ideas de odio en contra de los haitianos y de aquellos que señalan como prohaitianos.   Cuidado con eso, mucho cuidado… Cuando se plantean diferencias sobre asuntos delicados, la violencia no es aconsejable. La AO ha realizado actividades y los agredidos por la AO el 27 de abril no se metieron en ellas. El altar de la patria es un símbolo de los dominicanos y dominicanas, al igual que los símbolos de los héroes y mártir de las diferentes gestas. Pareciera que la AO vino a promover el desorden. Primero, realizan a la fuerza actividades sin permisos oficiales; segundo, amenazan a los comunicadores que no están en su dinámica de antihaitianismo; tercero, desafían al sector turístico y empresarial en el Este; cuarto, incluyen en sus planes ir detrás de los comunistas y dirigentes de izquierda irrumpiendo en sus eventos; quinto, maltratan a organismos internacionales, organizaciones no gubernamentales y agencias de desarrollo de las cuales el país es signatario, entre otros ataques y pretensiones. ¿Es que acaso no se puede discrepar de las ideas de odio disfrazadas de “nacionalismo y patriotismo” que promueve la AO y que atentan contra la paz y el orden establecido en la sociedad? La actitud agresiva de obligar a que la población piense como la AO es un atentado al derecho fundamental de la libre expresión del pensamiento. ¿Qué es lo que persigue la Antigua Orden más allá del control migratorio haitiano? Solo AO y sus mentoreslo saben, porque pareciese que no se trata de oponerse a la migración irregular del país haitiano, a lo cual tienen derecho, sino que sus acciones están mirando hacia otros estamentos del Estado, pasando las barreras de un marco jurídico de derechos individuales y colectivos que podrían ser interpelado legalmente debido a lo violento que se está tornando. No podemos esperar a que esa organización ultraderechista, ultranacionalista, extremista y fascista siga confundiendo a personas de buen corazón para atraerlo a esas ideas de odio.  No esperemos llegar a la \»Noche de los cristales rotos\», ese detestable hecho que Hitler y seguidores del nazismo realizaron el 10 de noviembre de 1938 en la Alemania y Austria, en la cual lincharon a cientos de judíos y dieron inicio al holocausto. ¡Paremos eso!

La Autocritica en la Izquierda: Una Necesidad Inevitable e Imprescindible

La izquierda política dominicana, a lo largo de la historia, hasido impulsora de profundas transformaciones sociales, luchando por la justicia, la igualdad y la dignidad de los dominicanos. Sin embargo, como cualquier movimiento político, no está exenta de errores, contradicciones y desviaciones que pueden alejarla de sus principios fundamentales. La autocritica no es solo una herramienta teórica, sino una necesidad imprescindible e histórica para evitar el dogmatismo, corregir errores y mantener la legitimidad de su lucha por el poder. Es más, junto a la crítica, son puntos obligatorios en todas reuniones de las estructuras política del partido que se denomina de izquierda. El Peligro del Triunfalismo y la autosatisfacción Uno de los principales riesgos que enfrenta la izquierda es caer en el triunfalismo o en la autosatisfacción ideológica y política. Es común que, en determinados momentos de éxito, los movimientos progresistas eviten reconocer sus errores, temiendo que ello pueda debilitar su posición. Sin embargo, la historia ha demostrado que la falta de autocrítica conduce a la desconexióncon la realidad social, lo que puede provocar el estancamiento y, en última instancia, la derrota política. El fracaso de algunos gobiernos de izquierda en América Latina, por ejemplo, no siempre ha sido producto de la conspiración externa o el asedio de la derecha, sino también de errores internos como la corrupción, el burocratismo, la falta de renovación de liderazgos o el distanciamiento de las bases populares. Reconocer estas fallas no significa traicionar la causa, sino fortalecerla. Lenin en una oportunidad subrayó que “De la política y de los partidos se puede decir-con las variantes correspondientes-lo mismo que de los individuos. No es inteligente quien no comete errores. Hombres que no cometan errores, no los hay ni puede haberlos. Inteligente es quien comete errores que no son muy graves y sabe corregirlos bien pronto. (Lenin, Vladimir, Enfermedad Infantil del izquierdismo en el comunismo, pag 16.) ¿Qué estamos haciendo mal en la izquierda? Explicamos que esta dicho en primera persona del plural: es decir que estoy incluido, soy parte del “nosotros”. Lo expreso así porque existe la tendencia a decir “la izquierda “no sabe por dónde ir,” laizquierda” está algo perdida y sin rumbo, expresándolo en tercera persona, lo que estaría excluyendo de la responsabilidad a quien lo enuncie, y somos parte de la debacle. El Dogmatismo y la Falta de Debate Interno Otro de los grandes problemas dentro de ciertos sectores de la izquierda es la tendencia al dogmatismo. La creencia de que las ideas propias son incuestionables e impide la evolución del pensamiento y la adaptación a nuevas realidades. La izquierda debe ser un espacio de debate constante, donde las ideas se pongan a prueba y se revisen sin temor a la disidencia interna. Las sociedades cambian, y con ellas deben cambiar también las estrategias y los discursos. La izquierda no puede aferrarse a esquemas del pasado que ya no corresponden a las necesidades actuales. La incapacidad de reformularse ha sido uno de los motivos por los cuales ha perdido apoyo y credibilidad en algunos sectores de la sociedad, especialmente entre las clases trabajadoras y sectores populares que no siempre se ven representadas por discursos demasiado abstractos o alejados de sus preocupaciones diarias. Autocritica y Conexión con la Sociedad Para que la autocrítica sea efectiva, debe estar acompañada de una voluntad genuina de escuchar y dialogar con la sociedad. Es un error considerar que la izquierda tiene el monopolio de la verdad absoluta y que las criticas que recibe provienen únicamente de sectores reaccionarios. Muchas veces, lasadvertencias sobre los errores vienen de los propios sectores populares o de voces progresistas que buscan un camino más expedito y efectivo para el cambio social y político. Esto implica un ejercicio de humildad política; reconocercuando las estrategias han fallado, cuando las alianzas han sido equivocadas o cuando las decisiones no han estado en correspondencias con los valores que se defienden. La izquierda no puede conformarse con defender lo existente si lo existente no está funcionando y no está dando los resultados esperados. La autocritica en la izquierda no debe ser vista como un acto de debilidad, sino como una muestra de fortaleza y madurez política. Un movimiento que se niega a revisar sus errores está condenado a repetirlos, y en un mundo en constante cambio, larigidez ideológica y política solo conduce al aislamiento y a la disolución. Si la izquierda dominicana quiere seguir siendo una fuerza transformadora, debe hacer de la autocrítica una prácticahabitual, no solo en momentos de crisis, sino como parte de su identidad política. Solo así podrá construir proyectos sólidos, capaces de responder a las necesidades del pueblo y de estar a la altura de los desafíos del siglo XXI.

Una izquierda que no avanza, en estos tiempos, está condenada a desaparecer

POR FORTUNE MODESTE VALERIO   La democracia representativa hace su entrada triunfar con el ascenso al poder del profesor Juan Bosch, como consecuencia de la victoria electoral del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), el 20 de diciembre de 1962. Fue juramentado presidente de la República, el 27 de febrero de 1963. La etapa democrática se caracterizó por una férrea dictadura, la de Trujillo, y, por  fin, se le abrió la puerta a la democracia. La vía para llegar al poder, por supuesto, fue la celebración de elecciones que no dejaron de celebrarse.  Durante un lapso de 62 años de existencia democrática, y de presencias de medidas políticas dictatoriales y sangrientas, la izquierda aún no ha comprendido la etapa democrática. No aprovecha el escenario democrático para involucrarse en los debates por la democracia, y hacerla más equitativa. Una ausencia que llega a despertar cuando se acercan las elecciones, prácticamente fuera de lugar, para alegar sus precariedades. Un comportamiento reincidente para justificar su abstención electoral.  La celebración de elecciones es la vía para llegar al gobierno en la etapa democrática. Inevitable tránsito histórico, para sacar el país a flote y poder desarrollar los recursos productivos y relaciones de producción. Y, sobre todo, garantizar reformas constitucionales que profundicen un clima de libertades públicas y políticas, y una economía inclusiva. En dictadura o democracia, el capitalismo amplía los cimientos económicos, políticos y sociales para consolidar el sistema. Ignorar este tránsito ha permitido que la izquierda esté vuelta loca y sin ideas, “dándole vueltas al parque”.   ¿Qué determina la participación de la izquierda en las elecciones? Las condiciones objetivas de sus fuerzas e influencias en las masas, El nivel de flujo y reflujo de la población, la situación económica del país y el nivel de conciencia política de la gente. Sin duda, en las condiciones actuales del país y de la izquierda, hay que participar en los certámenes electorales, por más reaccionarios que sean, atiborrados de irregularidades y conducidos por representantes de los que ostentan el poder. El proceso electoral debe ser utilizado por la izquierda, para avanzar en un terreno que le ha dado trabajo transitar, comenzar a romper la hegemonía política de la derecha y marchar hacia el poder.  Desde la caída de la tiranía trujillista hasta nuestros días, las izquierdas unidas nunca han participado en las elecciones celebradas. Todos los intentos culminaron en estrepitosos fracasos. Los han hecho de manera individual, alianzas parciales y unidos con la derecha. En ninguno de los casos han logrado conjugar el ansia de unidad de los revolucionarios, progresistas y democráticos. Un desafío pendiente a materializar para llegar a la población votante, avanzar en un terreno incómodo, y participar con autoridad, plena independencia y empezar a disputar el poder con los que se creen, por las desigualdades del sistema electoral, dueños y señores de la Casa de Gobierno.  Elecciones van y elecciones viene y las izquierdas tropezando, como siempre, con la misma piedra. No hay formas de que comprendan, en la etapa democrática, que ese tramo histórico se transita con objetivos alcanzables, identidad propia y sagacidad política ante los acontecimientos inesperados. La credibilidad y la confianza no se pueden perder. Son estímuluos que impulsan una incursión saludable en una democracia tan frágil. Además, cuando las derrotas se convierten en el norte del accionar, andar mal acompañados y cada paso que dan, en el tablero electoral, estar inspirado en la “visión de pulpería”, todo se va a pique.   Las coyunturas electorales tienen fecha de inicio y de vencimiento, lo he dicho varias veces. Esta acaba de concluir y el mundo no se ha acabado. ¡Ahora es que falta mambo! Pero no vengan con las cantaletas de siempre  al finalizar el  proceso electoral. Lo de ahora es en serio, Los resultados electorales fueron un desastre, incluso con aquellos que lograron, con alianzas con la derecha, alcanzar posiciones municipales, y congresuales. Ha quedado al desnudo la abstención electoral, alianzas con la derecha y la falsa creencia de sacrificar el todo por miserias particulares.   La debilidad de la izquierda le permite continuar por ese camino de derrotas, en forma recurrente, por ignorar la importancia de aprovechar la etapa democrática y lograr la unidad en todos los frentes de masas. Esta derrota electoral es la madre de todas. Se ha visto de todo, al por mayor y detalle. Es hora de cambiar, de cara al futuro, esas políticas improductivas o imitaremos a las gloriosas entidades revolucionarias del siglo pasado, que solo quedan las siglas históricas e imborrables recuerdos. 

Una táctica electoral que confunde

Por Fortune Modeste Valerio  Mucho ante de presentarse la presente coyuntura electoral, habíamos alertado a las entidades de izquierda, progresistas, democráticas y populares la necesidad de configurar una unidad de cara presencial al momento y poder aprovechar el espacio histórico y cíclico creado ante el descrédito moral, ético y político de dirigentes envejecidos por su mala práctica. Pero que va, no oyeron ni leyeron el menaje, no le hicieron caso. Cada uno tenía su agenda propia para posicionar su organización en alianzas con los partidos tradicionales y de derecha, mientras otros mantienen su posición de rechazar las elecciones en las condiciones actuales. El uno y el otro no podrán aprovechar la oportunidad de avanzar en un camino difícil dominado por una partidocracia que utiliza para su provecho su paso por el poder.  Fueron evidentes las violaciones a la Ley Orgánica De Régimen Electoral No. 15-19 en las pasadas elecciones municipales. Desde la compra de votos, transfuguismo, uso y abuso de recursos públicos, publicidad y propaganda a destiempo y desproporcionada. Infracciones fragantes sin sanciones ejemplarizadoras. En esta ocasión, a los antiguos inquilinos de la Casa de Gobierno les pagaron con la misma moneda. No comprendo cómo se puede avanzar sin guardar distancia, diferenciándose con los que usan y abusan de recursos públicos para su beneficio. Todos los gobiernos, en las últimas décadas, dilapidan los fondos estatales para hacer campañas irritantes, muy bien disimuladas, en los procesos electorales. Al aliarse con ellos, se envía un mensaje equivocado a la población, de nuy mal gusto. Si no hay diferenciación con los partidos tradicionales de derecha, se puede terminar de mala manera. La historia reciente de las relaciones muy mal llevadas de sectores de izquierda con la derecha ha terminado con el debilitamiento ideológico, político y organizativo de ese segmento de revolucionarios. En otros casos, el sistema capitalista se lo come con yuca hasta lograr su desaparición, perdiéndole solo recordar sus momentos de glorias. Nunca se ha presentado el caso de que la derecha pase a la izquierda.  Es el negocio del capa perros cuando se prostituye un comportamiento táctico y circunstancial. Cuando se contamina un comportamiento táctico en una coyuntura, los resultados se ven de inmediato. Y en este caso, las elecciones municipales que acaban de celebrarse son la mejor muestra del descalabro electoral, sin justificación alguna. Es una locura intentar presentarse de izquierda y de progresista, si no puede vivir sin la derecha. Una incoherencia lamentable, evidente que confunde a la población y produce un dolor de cabeza a su militancia. Es preciso tener en cuenta que las reglas del juego, en esta etapa democrática, las  impone la clase o grupo social dominante, donde las entidades de izquierda y progresistas están en desventajas. Es decir,  la correlación de fuerzas existentes no les favorece. Pero con posibilidades de crecer orgánica y en la voluntad política de la gente, si logra dominar con independencia las distintas formas de luchas y de organización de la población y los trabajadores.  Si se quiere alcanzar el cielo, no se debe estar con Dios y con el diablo al mismo tiempo. Si es Juan o es Juana, no somos locos. El pueblo no es bobo en materia electoral, conoce al cojo sentado y al ciego durmiendo. La izquierda, los revolucionarios con creatividad, destreza e inteligencia, está compelida a unir fuerza y voluntad para vencer las dificultades que impiden avanzar en un terreno fértil, pero que no encuentra la forma de levantar cabeza ante un pueblo sometido por partidos mayoritarios y tradicionales, una derecha insaciable e implacable.