Editorial

La corrupción en la República Dominicana: Un mal arraigado que exige cambio La corrupción es un fenómeno que no solo se observa en el ámbito global, sino que tiene raíces profundas en la República Dominicana, donde se ha convertido en una de las principales barreras para el desarrollo y el bienestar de la población. A medida que se conmemora el Día Internacional contra la Corrupción, es fundamental reflexionar sobre cómo este flagelo ha permeado todos los niveles de la sociedad dominicana, afectando no solo a las instituciones, sino también a la calidad de vida de millones de ciudadanos. Desde hace más de dos décadas, la ONU ha establecido esta efeméride no para celebrar, sino para crear conciencia sobre la urgencia de combatir la corrupción. En un país donde el soborno y la impunidad parecen ser prácticas comunes, la necesidad de erradicar este fenómeno se vuelve más apremiante que nunca. Según datos de la ONU, cada año se pierden billones de dólares en sobornos y robos a nivel mundial; sin embargo, en la República Dominicana, estas cifras se sienten de manera aún más dramática. La corrupción no solo afecta la economía, sino que también deteriora la confianza en las instituciones y en el sistema democrático. En el contexto dominicano, la corrupción está interrelacionada con otros delitos graves, como el narcotráfico y el contrabando, que prosperan en un entorno donde los controles son débiles y la venalidad de las autoridades es más evidente. Esta situación crea un ciclo vicioso que enriquece a unos pocos a expensas de las mayorías, provocando un daño irreparable a la educación, la salud y la seguridad de la ciudadanía. La burocracia engordada y la falta de inversión extranjera son solo algunas de las consecuencias de un sistema que se alimenta de la corrupción. Es alarmante observar cómo los recursos que deberían destinarse a mejorar la calidad de vida de la población se desvían hacia bolsillos corruptos, dejando a la sociedad en un estado de vulnerabilidad extrema. La corrupción, por lo tanto, no es solo un problema ético, sino una cuestión de justicia social y desarrollo sostenible. Conmemorar el Día Internacional contra la Corrupción en la República Dominicana debe ser un llamado a la acción. No podemos quedarnos de brazos cruzados ante un fenómeno tan arraigado. La población tiene el deber de transformarse en portavoces del cambio, denunciando los actos corruptos y exigiendo la rendición de cuentas. Es imperativo que los responsables de actos de corrupción enfrenten penas severas y que se garantice la independencia de los poderes del Estado. La educación juega un papel crucial en este proceso. Integrar valores de honestidad y transparencia en los sistemas educativos desde una edad temprana puede ser la clave para cultivar una nueva generación que rechace la corrupción como norma. La lucha contra la corrupción en la República Dominicana es un desafío monumental, pero no es insuperable. Requiere un compromiso colectivo que trascienda fronteras políticas y sociales. Solo así podremos aspirar a un futuro donde la justicia y la equidad prevalezcan, y donde la corrupción deje de ser un mal arraigado en nuestra sociedad.
Cuidar la mente limpia de los niños
• Aunque la corrupción es un fenómeno inherente al sistema social predominante en el país, por lo menos dentro de la niñez dominicana hay que hacer una labor profiláctica preventiva, destinada a cuidar la mente limpia de los futuros conciudadanos. Por Ramón A. (Negro) Veras 1.- La postura asumida por una persona en un momento dado define su estado de ánimo ante un hecho o fenómeno social. Su actitud la identifica. 2.- Adecuarse a una determinada situación es acomodarse; aclimatarse a las circunstancias; acostumbrarse a la habitualidad, a lo común y corriente. 3.- En el seno de la sociedad dominicana, la generalidad de sus miembros se comportan aceptando de buen agrado la forma como la misma está organizada, y tolerantes con los vicios que la acompañan. 4.- La ciudadana y el ciudadano dominicano se muestran de acuerdo; les da lo mismo que el medio donde desarrollan sus actividades siga degradado. De manera tácita han decidido dar aprobación al envilecimiento. 5.- Una comunidad humana debe de haber llegado a un profundo deterioro ético y moral para tranquilamente habituarse a moverse con las lacras que genera el orden social vigente. 6.- La mujer o el hombre, al familiarizarse con las manchas sistémicas, nos dice claramente que el ambiente donde está se contaminó por entero, que el sitio tocó fondo. 7.- Una mancha social tiene el rechazo de lo mejor de la comunidad, y motiva llamar a deshabilitarla, a desacostumbrarse a las porquerías que solo están para dañar socialmente. 8.- Si toda una generación de dominicanas y dominicanos resultó dominada por las malas costumbres, semejante situación debe ser enfrentada, no santificada. Si está primando lo licencioso, hay que cambiarlo por lo que sea virtuoso, honesto. 9.- Como la sociedad dominicana no es homogénea desde el punto de vista clasista, hay que confiar en que hay un sector de connacionales que no lleva gusto a continuar como hasta ahora, en el fango social en que nos estamos moviendo. 10.- Si creemos que no debemos aceptar, así por así, la degradación que tenemos a la vista y nos reduce como comunidad laboriosa y decente, lo que procede es accionar. 11.- En lugar de tolerar la podredumbre que nos avergüenza, caracterizada en el fenómeno de la corrupción y otros vicios, lo que conviene es rechazar, hacer un corte, desaposentar todo lo que huela a podrido del sistema. 12.- Por muy degradada que está la sociedad dominicana actual, en su interior hay comunitarios con sentido de honor y decoro que de seguro se suman a quienes están en condiciones de mandar al carajo a quienes han hecho del país una afrenta con sus acciones bochornosas. 13.- Aunque la corrupción es un fenómeno inherente al sistema social predominante en el país, por lo menos dentro de la niñez dominicana hay que hacer una labor profiláctica preventiva, destinada a cuidar la mente limpia de los futuros conciudadanos. 14.- El daño ético y moral de que ha sido víctima el país, por estar dominado por un régimen económico inservible, lo hace no apto para la decencia. Hay que luchar para construir un medio útil, aprovechable para gente buena, decente y sociable. 15.- No importa el estado de descalabro ético, moral, económico, social y político que padece el pueblo dominicano. Hay que confiar que de este mismo atolladero van a surgir las mujeres y los hombres que construirán el nuevo amanecer. 16.- Siempre, en todo momento, debemos pensar que lo que estamos viviendo es una etapa más de las tantas angustiosas soportadas por nuestro pueblo, pero, al final, cantará victoria.