Manuel Salazar sacude la ortodoxia izquierdista: “Las masas populares no esperan por nosotros, debemos salir a constituirlas”

Análisis / Reportaje Mientras las izquierdas latinoamericanas gobernaron en Brasil, Argentina, Bolivia, Chile, México y Colombia…, en la tierra de Duarte el movimiento progresista se redujo a fueros testimoniales. Los artículos de Manuel Salazar en Umbra.com.do encienden una alerta que incomoda: hay déficit de influencia popular, espíritu de zafra, fragmentación crónica y una realidad neocolonial que la izquierda no ha sabido leer ni constituir Por Julio Guzmán Acosta I. Un diagnóstico que duele porque es cierto La política tiene un género literario incómodo: el balance crítico. No el que se escribe para la tribuna ni el que se ensaya en reuniones de militantes con el tono de quien ya sabe la respuesta. El que duele. El que obliga a mirar las derrotas sin el consuelo de las buenas intenciones. Manuel Salazar, dirigente del Partido Comunista del Trabajo (PCT), ha publicado en Umbra.com.do una serie de artículos bajo el título Por el poder político que, leídos con atención, constituyen el ejercicio más honesto de autocrítica estratégica que las izquierdas dominicanas han recibido en los últimos años. No es un texto para aplaudir en ceremonia. Es un texto para leer con las manos manchadas de tierra, con el polvo de la calle todavía en los zapatos. Salazar no escribe desde la cómoda distancia del académico ni desde la nostalgia del guerrillero de salón. Escribe desde la militancia, desde el partido al que pertenece, y se incluye en el diagnóstico. “Estamos en déficit pronunciado de influencia en las masas”, confiesa. Y esa primera persona del plural es lo que da autoridad moral a su punzante crítica. Porque no señala con el dedo hacia afuera. Se sabe parte del problema. Y esa honestidad, en la política dominicana contemporánea, es tan rara como necesaria. Pero aquí no se trata solo de alabar la valentía de un artículo. Se trata de asumir un ejercicio que este periódico, y quien suscribe estas líneas, considera impostergable: confrontar la historia reciente de la izquierda dominicana con los resultados concretos. Y los resultados, hay que decirlo con todas las letras, son desoladores. Mientras las izquierdas latinoamericanas —en sus más diversas vertientes, desde el progresismo moderado hasta el socialismo del siglo XXI— han gobernado en Brasil, Argentina, Bolivia, Chile, Uruguay, México, Colombia, Honduras, Venezuela, Nicaragua y Ecuador, en la República Dominicana la izquierda se ha ido reduciendo a expresiones que, salvo honrosas excepciones locales, apenas superan el umbral de lo testimonial. No es un problema de mala suerte. Es un problema de método, de concepción, de arraigo y, como señala Salazar, de no haber sabido constituir a las masas populares como sujeto político. II. Lo que Salazar aporta: una gramática para nombrar la crisis Los artículos de Salazar no son un tratado ni pretenden serlo. Pero aportan coordenadas fundamentales para entender por qué la izquierda dominicana no termina de despegar. Al menos tres aportes merecen ser destacados con juicio crítico. Primer aporte: la crítica al “espíritu de zafra” y al activismo de calendario Salazar denuncia con crudeza una práctica extendida: la izquierda se activa en fechas emblemáticas —8 de marzo, 24 de abril, 1 de mayo, 25 de noviembre— y el resto del año desaparece del territorio. “Hemos sido arropados por esa dinámica”, escribe. Esa denuncia golpea una zona oscura de la militancia: la confusión entre la protesta ritual y la construcción orgánica. No se trata de desdeñar las jornadas conmemorativas, sino de advertir que sin trabajo de hormiga en los barrios, sin organización permanente, sin capacidad de respuesta cotidiana, esas fechas se convierten en un simulacro. La izquierda dominicana ha sido, en muchos tramos de su historia reciente, más experta en convocar a una marcha que en sostener una junta de vecinos o una lucha de dos años contra una mina. Salazar lo nombra sin eufemismos: “espíritu deportivo”. Y esa metáfora duele porque es exacta: se lucha por el triunfo efímero, no por el proceso. Segundo aporte: la caracterización de las masas populares dominicanas Lejos de las abstracciones que suelen poblar los documentos internos de los partidos de izquierda, Salazar se atreve a describir quiénes son hoy las masas populares en República Dominicana. Y la descripción, que debería ser obvia, resulta revolucionaria en un medio donde muchas organizaciones siguen pensando la lucha de clases con los lentes del proletariado industrial europeo del siglo XIX. Salazar lo dice claro: el empleo clásico en fábricas es mínimo. La informalidad es masiva. Hay más bancas de apuestas que escuelas. Motoconchistas, buhoneros, empleadas domésticas, jóvenes sin educación ni empleo, comunidades afectadas por desalojos y contaminación minera. Ese es el pueblo real. Y sobre ese pueblo, la izquierda tiene poca influencia y menos capacidad de convocatoria permanente. El dato de las bancas de apuestas —casi seis veces más que los centros educativos públicos— no es un adorno retórico. Es una radiografía de un país donde el capital especulativo, las remesas y una economía sumergida han desfigurado las formas clásicas de explotación. Salazar advierte que, si la izquierda no entiende esa nueva composición social, seguirá hablando para sí misma. Tercer aporte: los dos ejes reales de la lucha popular Salazar revisa quince años de luchas sociales y encuentra dos grandes ejes que han demostrado capacidad real de convocatoria: la defensa del medioambiente y los recursos naturales, y la lucha contra la corrupción y la impunidad. Desde la resistencia a la cementera en los Haitises (2009) hasta la lucha contra la mina de Romero en San Juan de la Maguana, pasando por Marcha Verde (2017) y la batalla de Loma Miranda, Salazar muestra que esas demandas han movilizado más pueblo que cualquier convocatoria estrictamente clasista de los últimos tiempos. Y ahí introduce una observación incómoda, pero necesaria: en ninguna de esas luchas, salvo en la del 4 % para educación liderada por la ADP, la clase obrera tradicional ha tenido un papel dirigente. La constatación no es un menosprecio a la clase obrera, sino una invitación a repensar las alianzas. Si las masas populares se movilizan hoy en torno al territorio, la dignidad ambiental y la
La Diplomacia del Subalterno: Abinader y el Arte del Servilismo

Ante la visita del secretario de Guerra estadounidense, el gobierno dominicano ha exhibido una complacencia que raya en la sumisión, abandonando la tradición de equilibrio diplomática que caracterizó a administraciones anteriores y alineándose de manera incondicional con los designios de la administración Trump, particularmente en su cruzada contra Venezuela. En los anales de la diplomacia dominicana, nunca se había presenciado un espectáculo tan lastimoso como el ofrecido esta semana por la administración de Luis Abinader. Con una deferencia que avergonzaría hasta al más leal de los vasallos, el gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha desplegado la alfombra roja para Pete Hegseth, secretario de Guerra de los Estados Unidos, en lo que constituye una clara demostración de servilismo geopolítico que marca un punto de inflexión en las relaciones internacionales de la República Dominicana. La escena en el Palacio Nacional habría provocado rubor incluso en los tiempos más oscuros de la Guerra Fría. Mientras Hegseth descendía de su avión militar para ser recibido con honores casi monárquicos, el presidente Abinader y su equipo se aprestaban a cumplir con el guión establecido en Washington: reforzar la \»Operación Lanza del Sur\» y, lo que es más grave, avalar la narrativa que justifica el creciente intervencionismo estadounidense en el Caribe so pretexto de combatir el narcotráfico. La Venezuela de Maduro como Pretexto Geopolítico No es difícil discernir el verdadero propósito detrás de esta súbita atención que Washington presta a Santo Domingo. La administración Trump, en su obsesión por derrocar al gobierno legítimo de Nicolás Maduro, ha encontrado en Abinader un aliado dispuesto a prestar su territorio y su legitimidad internacional para una causa que poco tiene que ver con los intereses nacionales dominicanos. El llamado \»Cartel de los Soles\», designado por Washington como organización terrorista, sirve de pretexto conveniente para una estrategia de cerco que viola abiertamente el principio de no intervención que durante décadas guió nuestra política exterior. Lo que estamos presenciando es la transformación de la República Dominicana en un portaaviones diplomático al servicio de los intereses hegemónicos norteamericanos. Mientras el gobierno de Abinader se presta a este juego peligroso, ignora deliberadamente que la soberanía no es moneda de cambio, sino principio fundamental de la existencia nacional. Ni siquiera durante el gobierno de Joaquín Balaguer, tan criticado por su alineamiento con Washington, se llegó a estos niveles de sumisión. La Ceguera Voluntaria ante los Problemas Domésticos Resulta particularmente cínico que este gobierno, tan solícito para con las demandas estadounidenses, muestre una incapacidad tan notable para limpiar su propia casa. Mientras Hegseth y Abinader conversaban sobre el narcotráfico internacional, los fantasmas domésticos del PRM acechaban en las sombras: regidores, exdiputados y dirigentes políticos vinculados al tráfico de drogas, procesados en cortes estadounidenses, constituyen un recordatorio patente de que la complicidad con el narcotráfico no es un fenómeno nuevo y que cada día toca las puertas del partido de gobierno, el PRM. Esta contradicción fundamental revela la verdadera naturaleza de la postura gubernamental: no se trata de una lucha genuina contra el narcotráfico, sino de un alineamiento político estratégico que sacrifica la soberanía nacional en el altar de los intereses estadounidenses. El gobierno dominicano, en su afán por congraciarse con Washington, ha terminado por convertirse en el peón perfecto en un tablero geopolítico cuyas reglas no ha contribuido a escribir. El Precio de la Subordinación La historia juzgará severamente este capítulo de la diplomacia dominicana. Cuando las aguas vuelvan a su cauce y la obsesión trumpista con Venezuela pase a los archivos históricos, quedará al descubierto el precio de esta política de subordinación: el debilitamiento de nuestra posición internacional, el sacrificio de principios diplomáticos fundamentales y la transformación de la República Dominicana en un satélite de la política exterior estadounidense. El verdadero patriotismo no se mide por la capacidad de congraciarse con las potencias, sino por la firmeza para defender los intereses nacionales frente a ellas. En este sentido, la administración Abinader ha fracasado estrepitosamente, intercambiando la dignidad nacional por un lugar en la foto junto al secretario de Guerra estadounidense. Las generaciones futuras recordarán este período como el momento en que la República Dominicana, voluntariamente, cambió su soberanía por un plato de lentejas geopolíticas.
La V Convención del Frente Amplio: El momento de la transformación o el riesgo de la irrelevancia

Un contexto de crisis y oportunidad La V Convención Nacional del Frente Amplio se convoca en un momento decisivo, cuando la República Dominicana transita una profunda encrucijada política y social. En un escenario global marcado por la inflación persistente, tensiones geopolíticas y recesiones en economías centrales, nuestro país sufre las consecuencias de un modelo económico y político desgastado y excluyente. El gobierno de Luis Abinader y el PRM, que arribó al poder alzando la bandera del cambio verdadero, ha resultado en una continuidad que profundiza las desigualdades: precios inalcanzables, servicios públicos en crisis y un creciente abismo social que oprime a las mayorías populares. El descontento se expresa con fuerza, y la impunidad y corrupción erosionan aún más la confianza ciudadana. Este contexto adverso abre una ventana histórica para el Frente Amplio, siempre que seamos capaces de convertir la indignación popular en una alternativa política progresista, revolucionaria y de izquierda, capaz de disputar el poder y transformar la realidad. De la protesta al poder: La estrategia municipal como base de la transformación Para erigirse como un partido de masas con vocación de poder real, el Frente Amplio debe trascender la política de denuncia simbólica y asumir la tarea concreta de construir desde abajo, desde los territorios, desde los espacios donde se vive y se siente el pulso cotidiano de la gente. El ámbito municipal es la trinchera fundamental donde se juega la vida de las mayorías: 1. Formación de cuadros técnicos y políticos en gestión municipal: necesitamos líderes comprometidos y capacitados en presupuestos participativos, transparencia, planificación urbana y administración pública. No basta con criticar al sistema; debemos ofrecer propuestas claras, viables y transformadoras. 2. Presencia activa y vigilante en las salas capitulares: fiscalizar cada sesión, denunciar irregularidades, y desde el Parlamento local impulsar políticas públicas que respondan a las necesidades reales: transporte digno, acceso al agua potable, manejo integral de residuos y servicios comunitarios. 3. Convertir las luchas sociales en victorias políticas: las demandas históricas por vivienda, salud y educación deben traducirse en proyectos legislativos y en la movilización organizada desde las bases populares. Conquistar a las mayorías: juventud, mujeres y nuevas formas de hacer política El futuro del Frente Amplio está condicionado a su capacidad de conectar con quienes hoy sienten la política como un espacio ajeno o excluyente: – Juventud: Proponer y ejecutar planes de primer empleo municipal, formación técnica y profesional, y construir una narrativa fresca y renovada en redes sociales, que escape al lenguaje burocrático y penetre en la cotidianidad de las nuevas generaciones. – Mujeres: Impulsar liderazgos femeninos en cada comunidad, con agendas claras contra la violencia de género, por derechos económicos y sociales, con iniciativas concretas como guarderías comunitarias y programas de apoyo a emprendedoras populares. – Menos discursos, más acción en la calle: Un dirigente que no camina y siente su barrio no puede pretender ser líder. La política revolucionaria se construye resolviendo los problemas concretos de la gente. Renovación o extinción: la dirección que el Frente Amplio necesita La V Convención debe marcar un punto de inflexión decisivo: – Dirección joven, plural y paritaria: es hora de desplazar a los dirigentes meramente simbólicos y abrir espacio a quienes trabajan día a día, hombro a hombro con el pueblo. – Militancia activa y comprometida: formar cuadros capaces de multiplicar la organización y de construir poder popular desde las bases, no meros espectadores pasivos. – Financiamiento transparente y autónomo: desarrollar iniciativas que generen los recursos económicos para el despliegue de nuestras actividades y garantizar la independencia política, económica y ética del partido. Conclusión: la hora de las definiciones Esta convención no puede ser un mero ejercicio retórico o formal. El Frente Amplio enfrenta una disyuntiva histórica: transformarse en una herramienta real de poder popular y cambio estructural, o condenarse a la irrelevancia política y social. El camino es claro: implantación territorial a través de la gestión municipal, renovación generacional y política, y conexión orgánica con las luchas cotidianas del pueblo dominicano. Si no respondemos con valentía y creatividad, otros ocuparán el espacio del descontento y la esperanza popular. La historia no perdona a quienes ven la oportunidad y no actúan. Julio Guzmán Acosta * Es miembro del Comité Político del Frente Amplio.
\»La sangre que no se seca: crónica de la conspiración que derribó a Trujillo\»

De Cayo Confites al Malecón: la ruta clandestina hacia el 30 de mayo El aire olía a pólvora y el miedo se apoderó esa noche de 1947 cuando los barcos de la expedición de Cayo Confites zarparon en secreto desde Cuba. Entre los 1,300 hombres apretujados en cubierta, un joven Juan Bosch mascullaba versos mientras revisaba su fusil. No sabían que Trujillo, alertado por sus espías, ya había movilizado cinco regimientos completos y tres destructores. Aquel primer intento masivo por derrocarlo fracasó como fracasarían otros cinco, hasta que en 1961 siete balas encontraron su destino en el cuerpo del tirano. Esta es la historia no de un día, sino de catorce años de conspiraciones que tejieron la telaraña final. En los calabozos de La Cuarenta, donde las paredes sudaban el terror de los presos, los guardias repetían una consigna: \»Aquí solo salen los que el Jefe perdona\». Pero en 1949, cuando Horacio Julio Ornes Coiscou y sus 52 hombres desembarcaron por Luperón, demostraron que había dominicanos dispuestos a morir antes que pedir perdón. Los sobrevivientes de aquella gesta -los que no fueron fusilados al amanecer- aprendieron que contra Trujillo no bastaba el valor: hacía falta paciencia de relojero. Así lo entendió el Movimiento 14 de Junio cuando planeó volar el podio durante la Feria de la Paz de 1955. Sus miembros, en su mayoría estudiantes idealistas, no contaban con que la SIM había infiltrado a su mecanógrafa. El asesinato de las Mirabal en noviembre de 1960 fue el detonante moral que aceleró lo inevitable. Cuando los esbirros estrangularon a las hermanas y luego las golpearon para simular un accidente, cometieron su error estratégico: subestimaron el poder de tres mujeres muertas. La indignación internacional rompió el cerco de silencio. Para enero de 1961, la OEA impuso sanciones y Estados Unidos retiró a su embajador. En palacio, Trujillo empezó a ver traidores en cada sombra. Los héroes del 30 de mayo eran un mosaico de dolores acumulados: Antonio de la Maza, cuyo hermano había sido asesinado; Amado García Guerrero, el ayudante militar que eligió la patria sobre el cargo; Salvador Estrella Sadhalá, el médico que curaba heridas ajenas mientras planeaba darle al país su cirugía definitiva. Se reunían en casas seguras del sector Gazcue, cambiando rutas y usando códigos. El plan era sencillo: interceptar el Chevrolet del dictador en su ruta habitual hacia San Cristóbal. Lo que no era sencillo era sobrevivir después. Cuando los disparos resonaron en la avenida, no fue el fin sino el principio de otra pesadilla. Ramfis Trujillo, el hijo del dictador, personalmente dirigió la cacería de los conspiradores. Nueve fueron capturados y ejecutados, sus cuerpos disueltos en ácido para que no quedaran mártires. Solo dos sobrevivientes -Imbert y Amiama Tió- llegarían a ver el amanecer democrático. Mientras, en un giro macabro, Joaquín Balaguer, el poeta cortesano, asumía la presidencia cuatro días después con un discurso de \»transición ordenada\». Hoy, cuando caminamos por el Malecón donde cayó Trujillo, el mar sigue contando la historia a quien quiera oírla. Los nombres de los héroes están en placas y calles, pero su verdadero legado -esa mezcla de coraje y desprendimiento- parece diluirse en cada nuevo escándalo de corrupción. Quizás porque, como dijo una vez Manolo Tavarez Justo , \»matar dictadores es más fácil que matar las causas que los producen\». A 64 años de aquella noche, la mejor forma de honrar a los ajusticiadores no es recordar cómo murieron, sino vivir como ellos soñaron.
Vargas Llosa ante la historia: la Casa de las Américas desmonta el mito del \»intelectual libre\» y denuncia su alianza con la reacción global

Por Julio Guzmán Acosta LA HABANA, 16 de abril de 2025. — En un análisis demoledor que trasciende el obituario convencional, la Casa de las Américas publicó hoy un ensayo crítico sobre Mario Vargas Llosa, diseccionando lo que califica como \»la más espectacular travesía ideológica de las letras latinoamericanas: del boom revolucionario al servicio orgánico a la derecha continental\». El texto, titulado Vargas Llosa y los cuervos de la reacción, aparece cuando aún resuenan los homenajes globales al Nobel peruano, fallecido el 13 de abril del presente año. De la complicidad al divorcio: la carta que marcó un siglo El artículo rescata un documento histórico: la carta de 1971 donde Haydee Santamaría, heroína del Moncada y fundadora de la Casa, le reprochaba al autor de Conversación en La Catedral su giro contra Cuba: \»Usted no ha tenido la menor vacilación en sumar su voz —una voz que nosotros contribuimos a que fuera escuchada— al coro de los más feroces enemigos de la Revolución Cubana\». Esta ruptura, según la institución, no fue un simple desencuentro, sino \»el primer acto de un teatro político donde Vargas Llosa asumiría el papel de intelectual global al servicio del neoliberalismo\». El ensayo detalla cómo el escritor pasó de denunciar dictaduras en sus novelas a apoyar figuras como Álvaro Uribe (acusado de paramilitarismo), Jair Bolsonaro (uno de los responsables de la devastación amazónica) y Javier Milei (cuya gestión económica ha pauperizado a Argentina). El doble estándar del \»liberal” La crítica enfatiza las contradicciones del pensamiento vargasllosiano: – En Israel: \»Denunció el imperialismo en Vietnam pero justificó los crímenes de Israel contra Palestina\» – En España: \»Criticó el franquismo pero apoyó a la derecha más reaccionaria, incluidos los ataques a la memoria histórica\» – En Perú: \»Defendió el voto como sacramento democrático, hasta que perdió con Fujimori; entonces declaró que lo importante era \’votar bien\’\». El texto subraya su \»entusiasmo por Margaret Thatcher\» (quien apoyó a Pinochet) y su \»silencioso respaldo a Keiko Fujimori\», heredera de una dictadura con miles de víctimas. Nobel, marqués y estrella de ¡HOLA! Con ironía mordaz, la Casa cuestiona la coherencia del \»intelectual libre\»: \»El joven que escribió \’Los cachorros\’ contra las élites terminó aceptando un marquesado de la corona española. El crítico del consumismo apareció en portadas de revistas del corazón. El novelista que retrató la opresión ahora tenía su estatua en Madrid, erigida por los mismos que persiguen migrantes\». El mito vs. la memoria Frente a los homenajes que lo presentan como \»defensor de la democracia\», el ensayo replica: \»Los pueblos no olvidan. Recuerdan al Vargas Llosa que comparó a Evo Morales con un \’perro del hortelano\’, al que defendió la invasión estadounidense en Irak con el pretexto de la libertad, al que llamó \’populistas\’ a quienes redistribuyeron la riqueza en América Latina\». La institución rescata un pasaje donde el propio escritor, al morir Cortázar, celebraba que no hubiera \»payasadas de cuervos revolucionarios\» en su funeral. \»Hoy —concluye el texto— son los cuervos de la reacción los que sobrevuelan su legado, ocultando que su pluma sirvió a los mismos poderes que sus novelas alguna vez cuestionaron\». Epílogo: ¿Separar al artista de su obra? La Casa insiste en que \»nadie puede arrebatarnos \’La guerra del fin del mundo\’ o \’La fiesta del chivo\’, pero advierte: \»Tampoco podemos olvidar que ese genio narrativo fue puesto al servicio de quienes hoy destruyen nuestros pueblos. Ese es el Vargas Llosa que la historia juzgará\». Nota editorial: El texto completo incluye referencias a documentos desclasificados sobre el apoyo de Vargas Llosa al Plan Cóndor y su reunión con Henry Kissinger en 1976, disponibles en el archivo digital de la institución.
Ecuador 2025: Noboa vs. González, el balotaje que definirá el rumbo del país

Por Julio Guzmán Acosta Quito, 13 de abril de 2025. — Este domingo 13 de abril, 13.7 millones de ecuatorianos decidirán en las urnas si el país continuará bajo el liderazgo del conservador Daniel Noboa o si dará un giro hacia el correísmo con Luisa González, en una segunda vuelta que refleja dos proyectos antagónicos para enfrentar la crisis económica, la inseguridad y la fractura social. El escenario: empate técnico y alianzas clave Tras una primera vuelta ajustada el pasado 9 de febrero —donde ambos candidatos empataron con 44% de los votos—, el balotaje se convirtió en una pulseada por captar el apoyo de los votantes de las fuerzas eliminadas. La gran sorpresa fue el respaldo del movimiento indígena, liderado por Leónidas Iza (5.25% en febrero), a González tras firmar un acuerdo programático el 31 de marzo. El pacto incluye la defensa de los derechos colectivos, el rechazo a la minería a cielo abierto y la protección de la educación intercultural, consolidando a la candidata de Revolución Ciudadana como favorita en las encuestas. Noboa, por su parte, sumó el respaldo de Andrea González (Sociedad Patriótica, 2.69%) y mantuvo el de Jan Topić —quien en 2023 lo apoyó pero ahora, inhabilitado para estas elecciones, sorprendió al volcarse hacia González—. Sin embargo, el oficialismo no logró capitalizar su ventaja inicial: su gestión, marcada por apagones, inseguridad y recesión, pesa en el electorado. Campaña: discursos en contraste Los cierres de campaña en Quito y Guayaquil resumieron las estrategias. González, rodeada de aliados, prometió \»unidad contra el neoliberalismo\», políticas públicas para mujeres y reactivación productiva. Noboa, con actos más austeros, insistió en el \»peligro del retorno correísta\». El debate del CNE, visto por 10.7 millones de personas, no alteró las tendencias: la candidata apeló a la esperanza; el presidente, al miedo. Lo que está en juego El próximo mandatario asumirá el 24 de mayo en un Ecuador con una economía frágil y una ciudadanía exigente. González representa la sombra de Rafael Correa y su modelo de intervención estatal; Noboa, la continuidad de un gobierno que no cumplió expectativas. Con el fantasma de la polarización sobre la mesa, el voto indígena y el descontento urbano podrían inclinar la balanza. La pregunta final: ¿Ecuador optará por el cambio o dará una segunda oportunidad al oficialismo? La respuesta, hoy en las urnas.
¿Estamos importando el fascismo del siglo XXI?

Lo más peligroso es que muchos jóvenes, que no vivieron la dictadura de Trujillo ni los 12 años de Balaguer, están siendo seducidos por este relato. Creen que se trata de un \»nacionalismo valiente\», cuando en realidad es el mismo fascismo reciclado, ahora con influencers y algoritmos como herramientas de propaganda. Por Julio Guzmán Acosta No es casualidad que, en solo unos años, Vox se haya convertido en la tercera fuerza política de España, que la ultraderecha gobierne en Italia, que sea la primera fuerza en Austria o que en Alemania la AfD avance sin freno. Tampoco es casualidad que en América Latina, figuras como Jair Bolsonaro y Javier Milei hayan llegado al poder explotando el miedo, el racismo y la demonización del migrante. Ahora, ese mismo virus del odio busca infectar la República Dominicana, y algunos, en su ingenuidad o complicidad, le están abriendo la puerta. De Friusa al Palacio Nacional: La Antigua Orden y el manual de la ultraderecha Lo que comenzó como una marcha en Friusa —donde grupos agitadores intentaron sobrepasar los límites del orden público para amedrentar a comunidades migrantes— ha escalado rápidamente. La Antigua Orden Dominicana, un movimiento que hasta hace poco era marginal, ahora anuncia una marcha hacia el Palacio Nacional y amenaza con un paro nacional si el gobierno no cede a sus exigencias. Este no es un fenómeno espontáneo. Es el mismo guion que siguieron Vox en España, Giorgia Meloni en Italia y Bolsonaro en Brasil: 1. Normalizar el discurso del odio (contra haitianos, contra la izquierda, contra los medios). 2. Crear una falsa épica de \»salvadores de la patria\», presentándose como los únicos capaces de \»limpiar\» el país. 3. Militarizar el lenguaje (hablan de \»invasión\», de \»defensa nacional\», de \»orden\»). 4. Infiltración en las instituciones, con abogados, exmilitares y hasta antiguos izquierdistas que, por oportunismo o resentimiento, se suman a la causa. Lo más peligroso es que muchos jóvenes, que no vivieron la dictadura de Trujillo ni los 12 años de Balaguer, están siendo seducidos por este relato. Creen que se trata de un \»nacionalismo valiente\», cuando en realidad es el mismo fascismo reciclado, ahora con influencers y algoritmos como herramientas de propaganda. El silencio cómplice del PRM y la cobardía de la oposición pretendiendo pescar en río revuelto Mientras esto ocurre, el PRM, un partido que presume de socialdemócrata, guarda silencio. No hay una condena firme, no hay una estrategia clara para contrarrestar esta amenaza. Peor aún: partidos como el PLD y la FP, en lugar de defender la democracia, se pliegan a la presión de estos grupos, criticando al gobierno por contener a manifestantes que buscaban provocar violencia en Friusa. ¿Acaso no aprendieron nada de Europa? Cuando la ultraderecha gana terreno, los partidos tradicionales son los primeros en caer. En Francia, el Rassemblement National está a las puertas del poder; en Alemania, la AfD ya gobierna regiones enteras. Si aquí no se actúa a tiempo, la Antigua Orden Dominicana podría convertirse en un partido con bancada en el Congreso. Lo que está en juego: ¿queremos ser el siguiente experimento del autoritarismo? No se trata de negar los problemas migratorios o de seguridad. Pero la solución nunca será el odio, la exclusión ni las milicias callejeras. Cuando un movimiento paramilitar y de ultraderecha empieza a hablar de \»paros nacionales\» y \»marchas contra el sistema\», está probando cuánto poder real tiene. Y si el Estado no marca límites claros, el siguiente paso será la impunidad de grupos paramilitares, como ya ocurrió en otros países. Qué hacer antes de que sea tarde 1. Exigir al PRM, al gobierno y a la oposición una posición firme: Que condenen sin ambigüedades a la Antigua Orden Dominicana y a cualquier grupo que promueva el odio. 2. Educar a los jóvenes: Recordarles que el autoritarismo no es \»modernidad\», sino un regreso a las peores páginas de nuestra historia. 3. Vigilar a los influencers y medios cómplices: Muchos difunden mentiras virales para ganar seguidores, sin importarles el daño social. 4. Prepararse para las elecciones: La ultraderecha no gana de golpe; avanza poco a poco, hasta que ya es demasiado tarde para detenerla. La República Dominicana no es Vox, no es Bolsonaro, no es Milei. Pero si no reaccionamos a tiempo, podríamos convertirnos en su próxima víctima. El momento de defender la democracia es ahora, antes de que el odio se disfrace de patriotismo y nos arrastre al abismo.
El fin de la era Almagro: ¿Una nueva OEA bajo el liderazgo de Ramdin?
La elección de Albert Ramdin como nuevo secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA) no solo marca el final de la controvertida gestión de Luis Almagro, sino que también representa una oportunidad para que el organismo regional comience a sanar las heridas causadas por años de polarización, desprestigio y sumisión a los intereses de Washington. La llegada de Ramdin, respaldada por países clave como Brasil, México, Colombia y Chile, augura un cambio de rumbo en la OEA, alejándose de la política de alineamiento automático con Estados Unidos y acercándose a una postura más autónoma y equilibrada. El nefasto legado de Almagro Luis Almagro dejará la OEA con un legado marcado por la división y el descrédito. Su gestión, caracterizada por un alineamiento vergonzoso con la política exterior estadounidense, convirtió a la organización en un instrumento de presión y no en un espacio de diálogo y cooperación. Su postura frente a crisis políticas en la región, como las de Bolivia, Perú y Venezuela, fue especialmente reprochable. En Bolivia, Almagro avaló el golpe de Estado contra Evo Morales en 2019, utilizando un informe cuestionable sobre las elecciones como justificación para la ruptura del orden constitucional. En lugar de defender la democracia, la OEA bajo su mando se convirtió en cómplice de un proceso que sumió al país en una profunda crisis política y social. Este episodio no solo manchó la reputación del organismo, sino que también dejó en evidencia su falta de independencia y su servilismo hacia los intereses de Washington. En Perú, la OEA guardó un silencio cómplice ante la crisis desatada tras la destitución del presidente elegido en las urnas, Pedro Castillo en 2022. Mientras las protestas se intensificaban y la represión se recrudecía, Almagro prefirió mirar hacia otro lado, evitando cualquier pronunciamiento firme que defendiera la estabilidad democrática y los derechos humanos. Este comportamiento no hizo más que reforzar la percepción de que la OEA, bajo su liderazgo, era un instrumento al servicio de los poderes fácticos y no de los pueblos. Pero quizás el capítulo más oscuro de la gestión de Almagro fue su obsesión por deslegitimar al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. En lugar de actuar como un mediador imparcial, Almagro se convirtió en un vocero de la agenda estadounidense, promoviendo sanciones, aislamiento y una retórica belicista que solo exacerbó la crisis venezolana. Su reconocimiento del autoproclamado Juan Guaidó como \»presidente interino\» en 2019 fue un acto de sumisión política que manchó la reputación de la OEA y la alejó de su mandato original: ser un espacio de diálogo y cooperación entre las naciones del continente. Ramdin: ¿Una nueva esperanza para la OEA? La elección de Albert Ramdin como sucesor de Almagro abre la posibilidad de un nuevo comienzo para la OEA. El hecho de que países como Brasil, México, Colombia y Chile hayan respaldado su candidatura es un indicio claro de que la región busca un cambio de rumbo. Estos gobiernos, junto a otros de centro y centroderecha, así como el apoyo unánime de la Caricom, han enviado un mensaje contundente: la OEA no puede seguir siendo un apéndice de la política exterior estadounidense. Ramdin, un diplomático experimentado y conocido por su capacidad de construir consensos, representa una oportunidad para restaurar la credibilidad del organismo. Su disposición a dialogar con el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela contrasta con la postura intransigente de Almagro y sugiere un enfoque más equilibrado y menos ideologizado. Además, su cercanía con China, un actor cada vez más influyente en la región, podría contribuir a un reequilibrio en las relaciones internacionales de la OEA, reduciendo la dependencia histórica de Washington. El desafío de Ramdin: reconstruir la credibilidad de la OEA Sin embargo, el desafío que enfrenta Ramdin es enorme. La OEA no solo necesita recuperar su credibilidad, sino también redefinir su rol en un contexto regional marcado por la fragmentación política, la desigualdad social y la creciente influencia de potencias extracontinentales. Para lograrlo, el nuevo secretario general deberá demostrar independencia, promover el diálogo inclusivo y, sobre todo, resistir las presiones de aquellos que buscan utilizar la OEA como un instrumento de dominación. El apoyo de países clave como Brasil, México, Colombia y Chile a la candidatura de Ramdin augura una nueva dinámica dentro de la OEA. Estos gobiernos, junto a otros de la región, parecen dispuestos a impulsar una agenda más autónoma y menos alineada con las políticas emanadas de Washington. Este giro podría marcar el inicio de una era de no alineamiento en la que la OEA recupere su papel como un espacio de diálogo y cooperación entre iguales, y no como un foro de imposiciones unilaterales. Conclusión En definitiva, la elección de Albert Ramdin representa una oportunidad para dejar atrás el nefasto legado de Almagro y reconstruir la OEA sobre bases más sólidas y democráticas. Sin embargo, el éxito de esta nueva etapa dependerá de la capacidad del nuevo secretario general para navegar en aguas turbulentas y demostrar que la OEA puede ser, por fin, un organismo al servicio de los pueblos de las Américas y no de los intereses de unos pocos. La región está expectante, y el tiempo dirá si Ramdin está a la altura del desafío.
El 10% de aumento salarial del empresariado es un desprecio a los trabajadores

Por Julio Guzmán Acosta En un acto que raya en lo absurdo y lo ofensivo, el empresariado dominicano ha presentado una propuesta de aumento salarial que, lejos de ser una solución, es una burla descarada a la clase trabajadora del país. Hablar de un mísero 10% de aumento al salario mínimo, en un contexto donde los trabajadores y sus familias enfrentan condiciones de vida cada vez más precarias, no solo es insuficiente, sino que refleja el profundo desprecio que los sectores empresariales tienen hacia quienes son, en última instancia, los verdaderos motores de la economía nacional. Mientras los trabajadores dominicanos luchan por cubrir necesidades básicas como alimentación, vivienda, salud y educación, los grandes empresarios continúan enriqueciéndose a costa de su esfuerzo. Cada año, las cifras de ganancias de las principales empresas del país se cuentan por miles de millones de pesos, mientras los salarios de los trabajadores se estancan en niveles que apenas les permiten sobrevivir. Esta desigualdad no solo es injusta, sino que es un obstáculo para el desarrollo del país y la dignificación de las condiciones de vida de la mayoría de los dominicanos. Un aumento ridículo en un contexto regional alarmante La propuesta del 10% es, además, una afrenta cuando se analiza el ranking salarial de los países de la región. Según datos recientes, República Dominicana se encuentra entre los países con los salarios mínimos más bajos de América Latina y el Caribe. Países como Costa Rica, Uruguay, Chile, Ecuador México y Guatemala tienen salarios mínimos que duplican e incluso triplican el nuestro, ocupando la República Dominicana el puesto nuçúmero 13 de 17 consultados en la región. En este contexto, proponer un aumento del 10% no solo es insuficiente, sino que perpetúa la brecha salarial que nos coloca en una posición de desventaja frente a nuestros vecinos regionales. Los trabajadores dominicanos merecen un salario que les permita vivir con dignidad, no apenas sobrevivir. La respuesta debe ser contundente Frente a esta propuesta ridícula, los trabajadores en sentido general y los líderes sindicales en particular deben dar una respuesta contundente. No podemos permitir que se siga menospreciando el valor del trabajo y la contribución de los trabajadores al crecimiento económico del país. Es hora de exigir, como mínimo, un aumento del 37% al salario mínimo, un porcentaje que, aunque no resuelva todos los problemas, sería un paso importante hacia la justicia salarial. Este aumento no es una demanda caprichosa, sino una necesidad urgente. Con el alza constante en los precios de los alimentos, el transporte, la energía y otros servicios básicos, los trabajadores necesitan un salario que les permita cubrir sus necesidades sin tener que recurrir a endeudamientos o sacrificios extremos. El gobierno de Abinader debe actuar En este escenario, el gobierno del presidente Luis Abinader tiene un papel crucial que desempeñar. No puede limitarse a ser un mero espectador en esta discusión, sino que debe actuar como mediador y garante de los derechos de los trabajadores. El gobierno tiene la responsabilidad de velar por el bienestar de la población y de asegurar que el crecimiento económico del país se traduzca en mejoras concretas para la mayoría de los ciudadanos. Abinader y su equipo deben presionar al empresariado para que asuma su responsabilidad social y reconozca el valor del trabajo de los dominicanos. Un aumento salarial justo no solo beneficiaría a los trabajadores, sino que también impulsaría la economía al aumentar el poder adquisitivo de la población y dinamizar el consumo interno. Conclusión La propuesta del empresariado dominicano de aumentar el salario mínimo en un 10% es una ofensa a la inteligencia y a la dignidad de los trabajadores. Refleja una mentalidad obsoleta y egoísta que prioriza las ganancias de unos pocos sobre el bienestar de la mayoría. Los trabajadores y sus representantes deben unirse para exigir un aumento del 37%, un porcentaje que, aunque insuficiente, sería un paso hacia la justicia salarial. El gobierno de Luis Abinader no puede permanecer indiferente ante esta situación. Debe actuar con firmeza y decisión para garantizar que los trabajadores dominicanos reciban un salario digno, acorde con su contribución al desarrollo del país. Solo así podremos construir una sociedad más justa y equitativa, donde el crecimiento económico beneficie a todos y no solo a una minoría privilegiada. La dignidad de los trabajadores no es negociable. Es hora de que el empresariado dominicano entienda que, sin trabajadores bien remunerados, no hay desarrollo posible. Y es hora de que el gobierno actúe en consecuencia.
Postura nacionalista de Sheinbaum: Un contraste con la posición entreguista del gobierno dominicano

Por Julio Guzmán Acosta La reciente declaración de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, sobre la vital contribución de los migrantes mexicanos en Estados Unidos, se ha escuchado con fuerza en un contexto de creciente tensión política y social. En medio de la retórica incendiaria del presidente Donald Trump y sus amenazas de deportación, Sheinbaum ha hecho un llamado claro y poderoso, afirmando que “los mexicanos en EE. UU. sostienen la economía de ese país”. Esta postura no solo es un acto de defensa hacia la comunidad mexicana en el extranjero, sino también una reafirmación de la dignidad y el valor del trabajo migrante, que a menudo es desestimado por los sectores más xenófobos de la sociedad y que hoy ha sido tomado como bandera de la ultraderecha en el mundo. En un momento en que los migrantes son objeto de ataques políticos y discursos despectivos, la presidenta mexicana se alza con una voz firme, indicando que, lejos de ser una carga, los migrantes son, de hecho, un pilar fundamental de la economía estadounidense. Este enfoque nacionalista y de protección a sus ciudadanos contrasta drásticamente con la postura de otros gobiernos de la región, como el del gobierno del PRM que encabeza Luis Abinader. La reciente situación con la empresa Barrick Gold, que ha sido criticada por sus prácticas de explotación y falta de responsabilidad social en la Republica Dominicana, pone de manifiesto un modelo de entrega y complacencia ante las inversiones extranjeras que deja a la población local en una situación de vulnerabilidad. En este contexto, el gobierno dominicano ha sido acusado de priorizar los intereses de una corporación sobre el bienestar de su propia gente, lo que genera un sentimiento de traición entre los dominicanos que esperan un liderazgo que defienda sus derechos y recursos. Mientras Sheinbaum se compromete a proteger a los mexicanos en el extranjero y a recibir a los deportados con los brazos abiertos, el gobierno dominicano parece dispuesto a sacrificar su soberanía y recursos naturales en pos de complacer a intereses foráneos. Este contraste es inquietante y pone de relieve la necesidad de un enfoque más nacionalista y protector por parte de las naciones latinoamericanas, que deben recordar que su principal responsabilidad es hacia su pueblo. La defensa del migrante no solo debe ser una cuestión retórica; debe traducirse en políticas efectivas que aseguren la dignidad y el respeto por los derechos humanos de aquellos que, en búsqueda de mejores oportunidades, se ven forzados a dejar su hogar. La postura de Sheinbaum es un recordatorio de que la verdadera fortaleza de una nación radica en su capacidad para cuidar de sus ciudadanos, tanto en casa como en el extranjero. Así, mientras México se erige como un ejemplo de dignidad y apoyo a sus compatriotas en el exterior, es imperativo que otros países de la región, como la República Dominicana, reconsideren sus prioridades y adopten un enfoque que priorice el bienestar de su población frente a la entrega incondicional a intereses foráneos. La historia nos enseña que una nación que se olvida de su gente, que no defiende sus derechos y recursos, está condenada a perder su esencia y su futuro. Es momento de que los líderes latinoamericanos se inspiren en la postura valiente y nacionalista de Sheinbaum y trabajen en pro de un auténtico desarrollo que beneficie a su pueblo por encima de todo.