UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

¡¡¡Qué bueno…!!!

Celebremos el que República Dominicana y Venezuela estén dando pasos para restablecer a plenitud las relaciones. Sea cual sea la parte que haya tomado la iniciativa, esa parte ha dado el primer paso en la dirección correcta y merece reconocimiento. Esa ruptura jamás debió producirse y por la causa y las circunstancias en que se produjo, desde aquí mismo critiqué al Gobierno dominicano por haberse sumado al concierto internacional que, con Estados Unidos a la cabeza, pretendió aislar y echar abajo al gobierno del presidente Nicolás Maduro, y franquearles las puertas del poder a los grupos más corrompidos y entreguistas de la política venezolana en estos tiempos. Esa ruptura se dispuso a causa de un asunto que sólo los venezolanos estaban llamados a resolver. El Gobierno dominicano pudo haberse opuesto al comportamiento del presidente Maduro en las últimas elecciones, pero alinearse y tomar partido por un bando, hasta romper las relaciones con el Estado venezolano, nunca tuvo justificación. Los venezolanos y dominicanos son pueblos hermanos, unidos por la vecindad geográfica, las aspiraciones comunes y son víctimas de la opresión de un enemigo común. Mucho le debe nuestro pueblo a la solidaridad venezolana, y sin hablar de la acogida que se le ofreció hasta morir a nuestro patricio Juan Pablo Duarte, basta tan sólo recordar la solidaridad encontrada en Venezuela por los luchadores contra la tiranía trujillista. Numerosos venezolanos dieron su sangre junto a la de los patriotas dominicanos en la expedición de junio de 1959, fue precisamente un hijo de Venezuela quien condujo el avión que trajo a los patriotas que vinieron por Constanza, y la solidaridad de la Revolución Bolivariana, desde los tiempos del presidente Hugo Chávez, es cosa bien conocida. El país también ha ofrecido hospitalidad y acogida solidaria a millares de venezolanos emigrantes.Ojalá pronto se subsane la herida que dejó abierta la ruptura; que se normalicen el tránsito en ambas direcciones, los tratos económicos, los servicios consulares, intercambios culturales y amistosos entre nuestros pueblos y, por demás, muy útil le resulta al país contar con una retaguardia petrolera asegurada en tiempos tan inciertos y tormentosos como los que vive el mundo en el presente. Bienvenido ese reencuentro y no olvidemos que la no injerencia y la neutralidad en los conflictos ajenos, son partes de la mejor diplomacia.

República Dominicana conmemora 181 años de independencia: una historia de lucha, resistencia y heroísmo

Por Julio Guzmán Acosta Santo Domingo, RD.- Este 27 de febrero, la República Dominicana celebra 181 años de independencia nacional, una fecha que marca el inicio de su vida como nación libre y soberana. La gesta independentista de 1844, liderada por los padres de la patria Juan Pablo Duarte, Matías Ramón Mella y Francisco del Rosario Sánchez, fue el punto de partida de una historia marcada por luchas, sacrificios y resistencia frente a invasiones, dictaduras y desafíos internos y externos. Sin embargo, la independencia no fue el final, sino el comienzo de una serie de batallas que han definido el carácter y la identidad del pueblo dominicano. La independencia y sus héroes La noche del 27 de febrero de 1844, la Bandera Dominicana, bordada por Concepción Bona y María Trinidad Sánchez, ondeó por primera vez en la Puerta del Conde, en Santo Domingo, simbolizando el nacimiento de la República Dominicana. Este acto fue precedido por el emblemático \»trabucazo\» de Matías Ramón Mella, que resonó como un llamado a la libertad. Aunque Juan Pablo Duarte no estuvo presente físicamente, su visión y liderazgo en la fundación de La Trinitaria en 1838 fueron fundamentales para consolidar el ideal independentista. La independencia de 1844 no fue la primera intentona libertadora. En 1821, José Núñez de Cáceres proclamó la llamada Independencia Efímera, que duró apenas dos meses antes de que Haití ocupara el territorio. Sin embargo, la gesta de 1844 marcó el inicio definitivo de la República Dominicana como un Estado libre e independiente. Luchas y resistencias posteriores La independencia no fue el fin de las batallas. En 1863, el país enfrentó la Guerra de la Restauración, liderada por Gregorio Luperón, para recuperar la soberanía tras la anexión a España en 1861. Este episodio histórico reafirmó el espíritu de lucha del pueblo dominicano y consolidó su determinación de mantener la libertad a toda costa. En el siglo XX, la República Dominicana enfrentó nuevos desafíos. La primera intervención militar estadounidense (1916-1924) fue resistida por patriotas que defendieron la soberanía nacional. Posteriormente, la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961) marcó uno de los períodos más oscuros de la historia dominicana, pero también fue testigo de la resistencia y el sacrificio de quienes lucharon por la libertad. Levantamientos armados y resistencia heroica El golpe de Estado al gobierno democrático de Juan Bosch en 1963 y la posterior segunda intervención militar estadounidense en 1965 desencadenaron un nuevo capítulo de resistencia. En 1963, Manuel Aurelio Tavárez Justo, líder del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, encabezó un levantamiento armado en las montañas dominicanas para restaurar el gobierno constitucional de Bosch. Aunque el movimiento fue derrotado y Tavárez Justo fue asesinado, su sacrificio se convirtió en un símbolo de la lucha por la democracia. En 1965, el coronel Francisco Alberto Caamaño Deño lideró la Guerra de Abril, un movimiento constitucionalista que buscaba restaurar el gobierno de Bosch y defender la soberanía nacional frente a la segunda intervención militar estadounidense. Caamaño se convirtió en un ícono de la resistencia dominicana, y su lucha inspiró a generaciones posteriores. En 1973, Caamaño regresó al país para liderar un nuevo levantamiento armado contra el gobierno de Joaquín Balaguer. Aunque esta gesta también fue derrotada y Caamaño perdió la vida, su legado de lucha y sacrificio sigue vivo en la memoria del pueblo dominicano. Luchas revolucionarias y sacrificio de jóvenes idealistas Durante los doce años de Joaquín Balaguer (1966-1978 y 1986-1996), muchos revolucionarios perdieron la vida defendiendo la libertad y la justicia. Figuras como Maximiliano Gómez (El Moreno), Amin Abel Hasbún, Otto Morales y los Palmeros, dirigidos por Amaury Germán Aristy, se alzaron en armas contra la opresión y la injusticia. Estos jóvenes idealistas, inspirados por un profundo amor a la patria, enfrentaron con valentía un régimen represivo y pagaron con sus vidas el precio de la lucha por un país más justo. Luchas contemporáneas: corrupción, impunidad y entrega En las últimas décadas, el pueblo dominicano ha enfrentado nuevos desafíos, como la corrupción, la impunidad y las políticas de gobiernos entreguistas a los dictámenes estadounidenses. Hoy, bajo el gobierno de Luis Abinader y el Partido Revolucionario Moderno (PRM), se ha vuelto a escenificar la entrega sin condiciones a las políticas de la adminsitración norteamericana, sirviendo nuestro país a las directrices que emanan del gobierno de Donald Trump y favoreciendo intereses extranjeros en detrimento de la soberanía nacional, prestándose además, a servir de puente para la agresión de paises hermanos como Venezuela. La lucha contra la corrupción y la defensa de los recursos naturales siguen siendo banderas de lucha para muchos dominicanos. Legado y reflexión El presidente de la Comisión Permanente de Efemérides Patrias, Juan Pablo Uribe, destacó que la independencia no fue un hecho aislado, sino el resultado de una larga lucha por la identidad y la libertad. \»Llegar al 27 de febrero de 1844 no fue un golpe de abracadabra en la historia, sino la construcción de una existencialidad en la isla y toda una epopeya en solitario que nosotros libramos antes de tener el gentilicio de dominicanos\», afirmó. Hoy, 181 años después, la República Dominicana conmemora su independencia con orgullo, pero también con la conciencia de que la lucha por la libertad, la justicia y la soberanía sigue vigente. Como dijo Matías Ramón Mella: \»No hay tiempo para volver atrás, tendremos que ser libres o morir… ¡Viva República Dominicana!\». La historia de resistencia y heroísmo del pueblo dominicano es un legado que inspira a las nuevas generaciones a seguir luchando por un futuro mejor.

¿Por qué Duarte fue apresado y deportado tras la fundación de la República?

No fue apresado y deportado por inmiscuirse en sórdidos asuntos de politiquería, sino por su actitud radical de oponerse a la perniciosa contaminación contra la soberanía nacional de la recién creada República Dominicana Por Santiago Castro Ventura Juan Pablo Duarte durante muchos años fue un héroe censurado, su pensamiento político atentaba contra las plataformas de regímenes cuyas doctrinas eran incompatibles con sus ideas. En esa tónica intelectuales de la clase dominante que han ejercido la historia para distorsionarla, siempre han tratado de presentarlo como un politiquero de su misma índole. Por eso, han difundido que Duarte tras la fundación de la Republica entró en abierta disputa por la presidencia con Pedro Santana, todo con el propósito de obviar el verdadero motivo de su apresamiento y deportación. En realidad el Padre de la Patria encabezó una jornada anticolonialista contra las maquinaciones que perseguían anexar el país a Francia, empezando por un protectorado y cediéndole Samaná a perpetuidad. Alegoría de Duarte y sus compañeros desterrados cuando llegan al hotelucho Shifferhaus, en Hamburgo. Fuente: Emilio Rodríguez Demorizi. Juan Isidro Pérez el ilustre loco. Editora Montalvo. Santo Domingo (C. T.) 1944. A Duarte por su descendencia de origen española también se le pretende imputar que era antihaitiano, solo fue un combatiente anticolonialista. En determinado momento para enfrentar la férrea tiranía de Boyer, no vaciló en aliarse a liberales haitianos en el movimiento insurgente de «La Reforma». Logrado el triunfo, estos liberales con el intelectual Hérard Dusmele a la cabeza auspiciaron que el poder quedara en manos de otro generalote reaccionario, Charles Riviére Hérard, quien de inmediato inició una feroz persecución contra los revolucionarios criollos. La jefatura de La Trinitaria (Duarte, Pérez y Pina) salió al exilio para evadir la tenaz   persecución, que tenía el propósito de fusilarlos.  Ya los haitianos habían ejecutados dominicanos cuando la fallida revolución proespañola de Los Alcarrizos en 1824. En diciembre de 1843, Charles Riviére Hérard se declaró presidente vitalicio y ocurrió una de las tantas confrontaciones internas entre los haitianos. Los bandos criollos de trinitarios y afrancesados ante esta coyuntura favorable, decidieron unirse para expulsar los haitianos del territorio nacional y fundar la República Dominicana, que en esos momentos era un objetivo común para ambos grupos. En el ínterin, los afrancesados tomaron el control del movimiento como se desprende de la lectura del manifiesto del 16 de enero de 1844, en el texto el vocablo «independencia» fue eliminado, siendo reemplazado por la palabra «separación», ambas expresiones tienen contenidos ideopolíticos muy diferentes. Inclusive en la noche del glorioso 27 de febrero lo trascendental fue la fundación de la República, pero «separación» se convirtió en la consigna dominante. Adrede los afrancesados segregaron el término «independencia», porque no les convenía para sus pérfidos propósitos ulteriores.  El 8 de marzo en la fatídica reunión de la Junta Central Gubernativa, se tomó una decisión que en principio permaneció oculta para la población, se impuso la solicitud de protectorado a Francia y la entrega a perpetuidad de la península de Samaná, que era el objetivo primario del llamado Plan Levasseur o negociación con el Gobierno francés. El texto de la solicitud establecía: “El Gobierno de Santo Domingo, en recompensa, cederá a Francia a perpetuidad la península de Samaná en los límites fijados por la naturaleza, y que la hacen península. […]  (Correspondencia del cónsul de Francia en Santo Domingo, 1844-1846.  Emilio Rodríguez Demorizi, edición y notas. Mu-Kien Adriana Sang, traductora. Colección Sesquicentenario de la Independencia Nacional. Santo Domingo, 1996. T. I p. 62). El 19 de marzo los dominicanos derrotaron a los haitianos en Azua, dirigidos en el  campo de batalla  por Antonio Duvergé que era un militar de carrera. No obstante,  Pedro Santana improvisado general en jefe, ordenó que los dominicanos pese a su contundente victoria (que puso a los haitianos a poner los pies en polvorosa), también huyeran, estos rumbo a Sabana Buey en Baní. Este error táctico provocó que los haitianos abandonaran los pedregosos caminos por donde intentaban retirarse y retornaron apoderándose del abandonado poblado de Azua. Para ellos se trataba de un lugar estratégico, donde se mantuvieran tres meses reabasteciéndose sin inconvenientes por la vía marítima. Duarte regresó de su primer exilio, tenía conocimientos militares, había alcanzado el rango de furrier en la Guardia Nacional organizada por los haitianos, una especie de cabo en la nomenclatura del Ejército francés. Por su preparación militar y su principalía política fue investido con el rango de general. Existía el temor que los haitianos hicieran un rodeo desde Azua dejando a Santana y sus tropas entretenidos en Sabana Buey e intentaran asaltar la ciudad de Santo Domingo. Duarte fue enviado con tropas para que junto a Santana hostilizaran al enemigo atrincherado en Azua. En histórica reunión debajo de un árbol de guatapanál en Sabana Buey, Santana se negó rotundamente a acometer a los haitianos. Duarte el 1 de abril solicitó a la Junta Central Gubernativa le permitiera marchar sobre los adversarios con las tropas que llevó a Sabana Buey desde Santo Domingo: “Es por tercera vez que pido se me autorice para obrar solo con la división que honrándome con vuestra confianza, el 21 del pasado, pusisteis bajo mi mando para que, en todo de acuerdo con el General Santana tomara medidas de seguridad y defensa de la Patria. Hace ocho días que llegamos a Baní y en vano he solicitado del Gral. Santana que formemos un plan de campaña para atacar al enemigo, que sigue en su depravación oprimiendo un pueblo hermano que se halla a dos pasos de nosotros. La división que está bajo mi mando solo espera mis órdenes, como yo espero las vuestras, para marchar sobre el enemigo seguro de obtener un triunfo completo, pues se halla diezmado por el hambre y  la deserción”  (Rosa Duarte. Apuntes de Rosa Duarte. Archivo y versos de Juan Pablo Duarte.  E. Rodríguez Demorizi, C. Larrazábal Blanco y V. Alfau Durán, editores. Instituto Duartiano. Santo Domingo, 1870. p. 75). La junta afrancesada le negó el permiso para que atacara solo con su división a los haitianos y le

El peligro de una nueva identidad

Por Carlo Lara   “Nada más intenso que el terror de perder la identidad”, Alejandra Pizarnik El tema haitiano en la República Dominicana despierta muchas pasiones, comentarios, análisis y debates en el ámbito político, económico y social a una dimensión inexplicable. Es común ver en los barrios, calles, municipios y provincias a la gente de todos los extractos sociales opinar y hacer juicios positivos y negativos sobre la difícil y complicada situación de Haití y su impacto en nuestro país. En los últimos días, hemos visto a diferentes líderes políticos y empresarios hacer alusión a la necesidad de regularizar la situación migratoria de los nacionales haitianos que laboran en el área agrícola y la construcción, alegando que son dos sectores que se han visto gravemente lacerados luego de que el gobierno dominicano encabezado por el presidente Luis Abinader, anunciara y ejecutara un amplio plan de deportaciones, con el propósito de devolver a su país de origen unos 10 mil indocumentados haitianos semanales. El argumento principal de los interesados del área agrícola, son las grandes pérdidas a la cual se enfrentaría el país en caso de que las plantaciones de arroz, tabaco, entre otros alimentos no cuenten con la mano de obra haitiana. El mismo planteamiento hacen los empresarios del sector construcción, quienes ya han anunciado la paralización de obras en la región Este y otros puntos del país debido a la escasez de trabajadores haitianos. Cada punto señalado por estos actores de la vida nacional y económica en tal sentido de alguna manera tienen razón, ahora bien, nos surge una importante interrogante: ¿Cuál sería el costo político, social y económico que pagaría la República Dominicana al privilegiar a estos sectores? Hablemos un poco del costo social y económico que por décadas ha arrastrado la República Dominicana al brindar concepciones a los nacionales haitianos en condición de indocumentados no solo en la agricultura y la construcción, debemos recordar que aéreas como la salud, la educación entre otras, también se han visto afectada con la proliferación de la migración haitiana indocumentada en el país. Nuestra reflexión la sustentamos en el hecho de que en la actualidad hay 200 mil alumnos de los casi 2 millones que cursan básica y secundaria en las escuelas públicas, de esta cantidad 143 mil, son de origen haitiano, representando el 71.5%. de la totalidad de extranjeros matriculados en las escuelas del país, según datos ofrecidos por el propio canciller dominicano Roberto Álvarez. Ahora bien, estarán estos niños en su gran mayoría hijos de padres indocumentados haitianos en la capacidad psicológica y con el compromiso social, moral y patriótico de asumir a los padres fundadores de la dominicanidad, ¡Por supuesto que no!, eso será imposible, y es simple, ellos pertenecen a otra cultura social y más que eso vienen de familias comprometidas moral y emocionalmente con su país de origen Haití. De igual manera no podemos dejar de mencionar que los últimos datos del repositorio de Información y Servicios de Estadística del Servicio Nacional de Salud (SNS) indicando que, durante los dos primeros meses del año 2024, en el país fueron atendidos 5,488 partos a madres de origen haitiano, representando el 35% de los 15,661 nacimientos documentados. Sería interesante conocer de parte de algunos empresarios y políticos que proponen regularizar a los nacionales haitianos que trabajan la agricultura y la construcción. ¿Cuál sería el mecanismo de regularización: permisos de trabajo o legalización?, ¿Están esto permisos contemplado en la Ley General de Migración? y por último ¿Este plan incluiría a sus familiares; esposas e hijos? Insistimos la República Dominicana necesita un marco legal que garantice el control de la migración de indocumentados haitianos, pero además que a través de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) y la Dirección General de Migración puedan generar estadísticas, seguras y confiables de cada uno de los nacionales haitianos en el país. El Estado está en la obligación de redoblar los esfuerzos en proteger los pasos fronterizos que durante décadas han sido un desorden, lleno de corrupción sin importar el gobierno de turno. Viendo este panorama complicado y difícil, nos surgen varias interrogantes; está la República Dominicana dispuesta a pagar un precio tan alto como la amenaza de perder su identidad para los próximos 30 años, a través del trueque de la llegada de cientos de haitianos que hoy algunos políticos y empresarios sugieren les sean entregados sus papeles para poder trabajar legal en el país. Decía la escritora y compositora americana Miley Cyrus: “Nunca debemos perder nuestra identidad, eso es lo que nos hace únicos y especiales”. Sabías palabras de Cyrus, en la actualidad la cantidad de nacionales haitianos en la República Dominicana es incierta, las autoridades no cuentan con datos certeros y definitivos de la cantidad de haitianos en el país, de lo que, si estamos seguros, es que son muchos en todo el territorio dominicano, situación que pone en peligro a corto y largo plazo la preservación de la identidad nacional. Del gobierno dominicano no hacer frente e instituir un marco legal y definitivo para todas las áreas económicas del país, en donde la mano de obra haitiana sea regulada como lo establece la Ley de Migración, es imposible contrarrestar una situación que se encuentra desbordada y en total descontrol. Sin lugar a duda que esta situación pone en peligro de extinción la identidad nacional debido a la proliferación de un grupo étnico que florece cada día sin control, forzando de manera inequívoca el nacimiento de una nueva sociedad integrada por jóvenes que no representan de ninguna manera el pensamiento de Juan Pablo Duarte y los demás próceres fundadores de la nación dominicana. El presidente Luis Abinader tiene el gran reto de proteger la identidad nacional, de preservar nuestras costumbres, cultura y religiones, implementar medidas humanas que permitan garantizar el respeto a los valores patrios y que el futuro de la sociedad dominicana no se encuentre bajo la amenaza de una mezcla cultural diferente e incompatible, esta sería la única forma de evitar que en la República Dominicana florezca una

Entre lo justo y lo enérgico

VISIÓN GLOBAL Por Nelson Encarnación   PERSPECTIVA: Uno de los pensamientos legados por Juan Pablo Duarte, fundador de nuestra nacionalidad, empieza con estas palabras: “El Gobierno debe ser justo y enérgico…”, lo que de antemano infiere lo contrario de la arbitrariedad, y, por consiguiente, negativo frente al autoritarismo. Quiero montarme en esa corta expresión duartiana para referirme a la decisión del presidente Luis Abinader de retirar el proyecto de reforma fiscal, a pesar de estar más que nadie consciente de la necesidad de su aprobación.¿Le faltó energía al jefe del Estado para sostener la reforma? Creo que no. Lo que estoy seguro es que le sobró lo justo que aconsejó el caudillo de nuestro nacimiento como país soberano. Para desistir de la reforma hay que pasarse de desprendido, sobre todo cuando se dispone de una mayoría tan significativa en las Cámaras Legislativas, suficiente para aprobar cualquier iniciativa sin contar con las demás fuerzas. Pero esto negaría lo justo para afincar lo autoritario. Ahora bien, el líder de la nación tiene que asumir riesgos cuando emprende políticas cruciales que no siempre serán del agrado generalizado, como en este caso concreto, porque la reforma no es un capricho de Luis, sino una necesidad. A mi entender—absolutamente simplista—el riesgo de hacer la reforma es mucho menor que no hacerla, tomándose en consideración que la acumulación de déficit fiscal y el consiguiente crecimiento del endeudamiento público, conspiran contra la estabilidad de la economía y crean una dependencia insostenible a mediano plazo. Los números hablan claro. En la medida crece la deuda y se necesita destinar más recursos para amortizarla, del mismo modo cae la capacidad del Gobierno para hacer inversiones en áreas de altísimo impacto, como mejoramiento del transporte público, nuevas carreteras, hospitales, más escuelas, obras de riego, entre otras infraestructuras. Te puede interesar:   !Escribidor autodefinido gris! Cuando se evalúe en el futuro la administración de Luis Abinader, los sensatos recordarán a un presidente abierto a las sugerencias y atendió las sugerencias razonadas que pusieron—como en este caso reparos a la reforma, pero, al mismo tiempo, que se dejó influir por el bullicio que nada positivo aporta. Al final, si no tiene para mostrar una amplia cartera de realizaciones materiales, poco le juzgarán su vocación a escuchar, mientras la mayoría le enrostrará no disponer una obra visible. Y esto último sólo se plasma con dinero. Otro elemento a tomar en cuenta es aun cuando el mandatario quisiera insistir con la reforma—ya dijo que no, lo que es un error—para buscar “consenso”, él sabe también mejor que cualquiera que se trataría de una misión casi imposible, pues los factores en contra están determinados a que no se apruebe ninguna reforma. Los sectores empresariales lo hacen desde su posición de intereses económicos y su vocación rentista, mientras los políticos tienen suficiente en juego de cara a futuras contiendas electorales. En medio de un ambiente con semejante nivel de contaminación, el gobernante no puede aspirar a consensuar nada.