60 años después para que no se olvide

El primero de junio de 1966 fueron celebradas en el país, con la presencia de las tropas de intervención yanquis, unas elecciones a todas luces amañadas y fraudulentas que trajeron nuevamente en el poder al Dr. Joaquín Antonio Balaguer Ricardo. Balaguer, incorporado a los quehaceres políticos años antes del ascenso al poder del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, al cual acompañó como uno de sus principales oradores en la campaña del 1930, y que gobernó el país por 31 años sembrándolo de tumbas y luto a lo largo y ancho del territorio. En la noche larga, oscura y tenebrosa que significó la llamada \»Era de Trujillo\» el autor de la Tebaida Lírica, fue subiendo escalón por escalón hacía la cúspide del poder. Fue Secretario de la Legación Dominicana en Madrid, Embajador Extraordinario en Colombia. Embajador Extraordinario en Ecuador. Embajador en México, Subsecretario de la Presidencia. Subsecretario de Relaciones exteriores, Secretario de Estado de Educación y Bellas Artes. Secretario de Estado de Relaciones Exteriores. Secretario de la Presidencia. El del 10 de enero de 1955 una nueva modificación constitucional reintrodujo la figura vicepresidencial, suprimida en 1942, con el propósito de colocar en esa posición en las elecciones de 1957 al hijo preferido del \»jefe”, general Rafael Leónidas Trujillo Martínez (Ramfis). Al no poder poner a Ramfis, El Tirano seleccionó a Balaguer como el acompañante vicepresidencial del hermano preferido, Héctor Bienvenido Trujillo Molina (Negro), quien ya había \»gobernado\» un periodo de cinco años solo. Es en su condición de vicepresidente, a Balaguer le tocó vivir las sanciones impuestas por la Organización de Estados Americanos (OEA), tras el atentado ordenado y orquestado por Trujillo contra su archirrival Rómulo Betancourt, presidente de Venezuela en agosto de 1960. Para buscar levantar las sanciones que la OEA había impuesto al país; en una maniobra de Trujillo, Negro renunció y Balaguer quedó de presidente, el 3 de agosto del 1960, bajo la tutela absoluta del dictador que siempre mantuvo en el Palacio el llamado Despacho del \»jefe\», donde se redactaban los decretos para que luego los \»presidentes\» de turnos (Jacinto Peynado, Negro Trujillo o Balaguer), los firmaran. El \»ascenso” de Balaguer a la \»Silla de Alfileres” como él solía llamar, se produjo justo 10 meses antes de que: El Generalísimo de los Ejércitos de la República Dominicana (título oficial otorgado por el Congreso mediante la Ley No.512 en 1933); el Benefactor de la Patria, El Padre de la Patria Nueva, El Perínclito de la Era, El Doctor (título honorífico), Benefactor de la Iglesia, El Reconstructor de la Independencia Financiera de la República, El Primer Maestro, El Primer Agricultor y cuantos títulos le dieran sus acólitos y alabarderos, cayera abatido por el plomo justiciero el 30 de mayo del 1961. Bajo la mirada inquisidora del hijo y heredero del tirano, Jefe de Estado Mayor Conjunto, de las fuerzas de Aire, Mar y Tierra (El Pato) General Rafael Leónidas Trujillo Martínez (Ramfis), Balaguer pronunció el panegírico ante el cadáver inmóvil de quien en 31 años de férrea dictadura hizo de la cárcel, el exilio o el cementerio, el destino de todo el que no comulgara con su régimen. El doctor como solían llamarlo sus acólitos trató de extender la dictadura más allá de la desaparición física del tirano y de la salida negociada de los familiares y sus allegados; sin poder lograrlo, por lo que el 18 de enero de 1962, ocho meses después de ajusticiamiento del \»Jefe\». Y tras el derrocamiento, el Consejo de Estado que presidía logró escalar las paredes de la Nunciatura de Santo Domingo, Sede de la representación del Vaticano parasolicitar asilo político, permaneciendo en la misma hasta el mes de marzo de ese año; fecha en que salió al exterior en su condición de exilado. Dos meses antes de refugiarse en la legación vaticana, Balaguer permitió el horrendo crimen de La Hacienda María, cuando el 18 de noviembre de 1961 Ramfis junto a su cuñado el coronel José Luis León Estévez, el coronel Gilberto Sánchez Rubirosa y parte de su séquito, bajo los efectos de sustancias alucinógenas asesinaron a los héroes del 30 mayo, Pedro Livio Cedeño, Salvador Estrella Sadhalá, Huáscar Tejeda Pimentel, Luis Manuel Cáceres Michel (Tunti), Roberto Pastoriza y Modesto Díaz. Permaneció fuera del país por más de tres años, impedido de entrar al territorio nacional por la Ley 5880, promulgada en mayo de 1962, normativa que penalizaba y perseguía las actividades trujillistas y sus personeros, tiempo en que junto a sus seguidores organizó el Partido Reformista, en el año 1964; organización de naturaleza conservadora y Neo trujillista con fines de retornar al país, a las lides políticas por las que sentía una pasión enfermiza. La inestabilidad del país a raíz del golpe de estado propiciado por el gobierno estadunidense de John F. Kennedy, contra el gobierno constitucional del profesor Juan Emilio Bosch y Gaviño, el 25 de septiembre de 1963, que trajo como resultado el levantamiento militar del 24 Abril, que derrocó el gobierno De facto de Donald Read Cabral y la posterior guerra patria por la segunda intervención de tropas Yankis en siglo pasado, posibilitó la llegada al país del Dr. Balaguer, pese a un impedimento de entrada que pesaba en su contra. Con el país ocupado por más de 42 mil marines yanquis junto a tropas de Brasil, Honduras, Paraguay y Costa Rica, legalizadas por la Organización de Estado Americanos (OEA), con la llamada “Fuerza Interamericana de la Paz” (FIP); comandada por el General de EEUU Bruce Palmer, y el brasileño Hugo Panazco Alvin. Parapeto con la cual Estados Unidos pretendió legitimar su segunda intervención militar al país en el siglo pasado y después de los intentos frustrados de una derrota militar del gobierno constitucionalista del coronel Francisco Caamaño Deño, con el ataque artero de las tropas invasoras los días 15 y 16 de junio de 1965, la única salida era la negociación por lo que el departamento de Estado comenzó a buscar una salida que logrará hacer por otra vía; lo que no habían podido
El coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez y la Operación Lazo. (Ni \’tozudez\’ ni \’suicidio\’)

El próximo 19 de mayo, se cumplen 60 años de la \»Operación Lazo\», acción militar en la que cayó herido de muerte el coronel Rafael Tomas Fernández Domínguez, y una pléyade de valientes soldados del pueblo y militares de la libertad\». No fue una acción \»suicida\» ni una egoísta \»tozudez”, por combatir. Rafael Tomás tenía un plan para tomar el Palacio Nacional desde antes de la insurrección de abril, en prevención de cualquier circunstancia que se presentara en defensa del gobierno del presidente Juan Bosch. De antemano podemos colegir que ese plan estaba exento de improvisación, aunque las condiciones de la guerra y la intervención de fuerzas extranjeras en apoyo de los golpistas del 63; imprimieron condiciones diferentes a su plan original; la acción no perdía su originalidad, la dificultaba, pero el coronel Fernández no era un hombre que se detenía ante las dificultades. El mayor Luna Cabrera, explicando el \»cuidado y la meticulosidad\» del coronel Fernández, explica lo siguiente: \»… visitaba con regularidad el Palacio Nacional y en cada visita probaba hasta donde podía llegar sin ser detectado por los centinelas que, ubicados en sitios estratégicos (frente a las oficinas de altos jefes militares, por ejemplo), tenían órdenes de no dejar pasar a nadie, aún fuera un oficial superior. Así, fue calculando distancias entre diferentes lugares en el Palacio Nacional y estudiando movimientos en el entorno del presidente.\» Desde que estalló la insurrección su preocupación era entrar al país. Con asombrosa rapidez llegó desde Chile, a Puerto Rico. Una vez en la Isla hermana, se dedicó a esa tarea: entrar a como dé lugar. La doctora Milagros Ortiz Bosch, en confirmación de esos esfuerzos señala: \»El profesor Bosch había restablecido la amistad entre el general Pedro Rafael Rodríguez Echavarría y el coronel Fernández Domínguez. Con motivo de su encuentro en relación con el viaje que hicieron a Caracas…\»; refiriéndose a las diligencias que éstos dos militares hicieron en Venezuela, en los días 27 y 28 de abril. Su preocupación por entrar al país llegaba a la desesperación, por esto escribe a su esposa, Arlette: \»…aunque sé que es una muerte segura, me voy, como sea, he agotado todos los recursos imaginables para poder entrar, pero ha sido imposible, imagínate, he pasado días enteros entre montes y cañaverales tratando de entrar en bote, ya que en avioneta no se puede, no se prestan, con razón a entrarme, hasta Venezuela he ido y todo resultó infructuoso.\» Él, venía como como pudiera. Al lograr el presidente Juan Bosch, que los yanquis lo trajeran en un avión; cumplió con la orden del presidente que lo convenció ante su negación de venir en un transporte yanquis. \»Si usted tiene que usar las armas del enemigo para combatirlo, se negaría\». Y, el coronel que respetaba y seguía al presidente, contestó: \»Sí, señor presidente, me iré en el avión de los enemigos…\» Aunque no podían entrar al país, se mantuvo siempre al tanto de la empresa militar, incluso llegó a dirigir desde Puerto Rico planes y acciones. Dejemos que sea la doctora Milagros Ortiz Bosch, la que explique la actuación del coronel Fernández: \»el 26 de abril, cerca del mediodía, a la puerta de la casa del profesor Juan Bosch, dijo un joven, yo soy Luis Soto. Era Rafael. Vestía traje marrón oscuro, camisa amarilla y corbata marrón. En sus manos venían los 4 mapas que jamás abandonó y su reliquia inseparable: La clave militar\». \»Los mapas eran, si mal no recuerdo, del área marítima del Caribe, de todos los espacios del territorio nacional, con aeropuertos o con capacidad para crearlos. Uno era del área metropolitana de la ciudad (defensas, destacamentos y fortalezas, etc.), Otros con esas mismas características en el área nacional. La clave militar consistía en un sistema o Código de comunicación secreto, construido a partir de cientos de palabras con valores y significación distinta, de la que nunca se separaba\». \»Algunas veces recibía llamadas desde Santo Domingo, anotaba números y me pedía que, rápidamente, buscara la significación correspondiente. Después él contestaba escribiendo más series de números. Con los mapas y la clave mantenía informado al profesor Juan Bosch de cuanto se relacionaba con el movimiento\». Todo calculado bajo su dominio y destreza, durante, largos meses de estudio y preparación. Ya en el país, al regresar el 14 de mayo y en vista del inicio, y giro desfavorable de la operación limpieza, decide tomar el Palacio Nacional. Razones de peso político y militar lo llevan a realizar el asalto. La acción contó con el apoyo y participación de todo el mando constitucionalista. El presidente Caamaño, pidió a Montez Arache que fuera. Y aunque este, más de tres décadas después, dijo que no estuvo de acuerdo, participó dirigiendo una de las tres columnas de combatientes. Los caídos, fueron: El coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, el instructor del Cuerpo de hombres rana, comandante Ilio Capozi, el comandante del 1J4 Juan Miguel Román Fernández y los dirigentes del 1J4, Euclides Morillo, José Jiménez, Ramón Tavárez y el internacionalista haitiano Jean Satour y otro de sus compatriotas, cuyo nombre no se ha registrado. Heridos varios combatientes, entre ellos, los catorcistas: Norge Botello y Amaury Germán. En ninguna circunstancia, a menos que no sea en interés de reducir la gran estatura militar y moral del coronel Fernández y todos los caídos, se debe argumentar que la Operación Lazo, fue una \»tozudez\» y mucho menos un \»suicidio\». De ser así, entonces, toda la lucha popular lo fue. Suicidio sería enfrentar los tanques en el puente, resistir la descomunal embestida de la operación limpieza, rechazar el intento de destrucción de Ciudad Nueva, el 15 y 16 de junio; tratar de extender la guerra en San Francisco de Macorís; así como el enfrentamiento al ataque genocida del Hotel Matum. Bosch y Fernández engañaron al Departamento de Estado. Se comprometieron a que el coronel volviera a Puerto Rico en el mismo avión; pero todo fue una estratagema para que Fernández entrara al país. Su llegada obedecía a la necesidad de que estuviera
Fallece Winston Vargas Valdez, destacado dirigente del MPD

Winston Franklin Vargas Valdez (Platón) en una reciente entrevista, quien falleció en el día de hoy. Por Julio Guzmán Acosta SANTO DOMINGO. — Winston Franklin Vargas Valdez, conocido como “Platón”, destacado dirigente del Movimiento Popular Dominicano (MPD), falleció esta tarde. Su militancia revolucionaria y su lucha en defensa de la justicia social marcaron su vida, que estuvo signada por años de cárcel y exilio. Platón fue un destacado dirigente de la agrupación revolucionaria y tuvo una participación activa en la contienda cívico-militar de 1965, que buscaba restituir el gobierno constitucional de Juan Bosch. Su compromiso con el MPD le costó persecución política, cárcel y exilio. En marzo de 1970 fue canjeado junto a otros compañeros por el coronel norteamericano Donald J. Crowley, secuestrado por un comando revolucionario, y enviado al exilio. En 1972, Vargas Valdez regresó clandestinamente al país para continuar su lucha política, pero fue capturado y permaneció varios años en prisión durante los doce años de gobierno de Joaquín Balaguer, un período caracterizado por la represión a los movimientos de izquierda. En una reciente entrevista con el periodista Fausto Rosario Adames en el programa “¿Y tú… qué dices?” transmitido por AcentoTV, Platón reveló detalles inéditos sobre las tensiones políticas internas durante y después de la Revolución de Abril de 1965. Destacó el rechazo que Francisco Alberto Caamaño mantuvo hacia el MPD y sus dirigentes, calificándolos incluso de “terroristas”. Esta animadversión se manifestó en la falta de alianzas y en la resistencia cubana a aceptar a los exiliados del MPD tras el secuestro de Crowley. Platón también narró cómo Maximiliano Gómez “El Moreno”, dirigente del MPD, participaba en las reuniones estratégicas del comando mayor de la revolución liderado por Caamaño, aunque con limitaciones políticas evidentes. Además, reveló que los presos políticos en La Victoria, previo al canje, contaban con explosivos y un revólver para protegerse ante posibles fusilamientos. La trayectoria de Winston Vargas Valdez es un testimonio de la lucha por los derechos y la democracia en la República Dominicana, marcada por su incansable militancia en el MPD y su resistencia frente a la represión estatal. En las próximas horas se ofrecerán detalles sobre las honras fúnebres de este emblemático dirigente revolucionario. Su legado permanecerá vivo en la memoria de quienes luchan por un país más justo.
En el 60 Aniversario de la revolución de abril. (Las enseñanzas a generalizar para continuarla hoy
La guerra de abril de 1965 fue continuidad de la lucha popular de masas iniciada tras la caída de la dictadura de Trujillo en 1961. El pueblo en lucha, reclamaba libertades públicas y derechos democráticos; la democratización de la vida social y política del país, así como una justa redistribución de las riquezas. Esa lucha ganó más amplitud e intensidad política tras el golpe de Estado al gobierno del profesor Juan Bosch en septiembre de 1963. El pueblo exigía el regreso del país a la constitución de 1963, liberal y avanzada para ese tiempo; y que había sido derogada por el golpe de Estado. La lucha popular de masas creó las condiciones políticas para la insurrección cívico- militar del 24 de abril de 1965. El 27 de abril, el pueblo en armas, liderado por el Coronel Francisco Alberto Caamaño, derrotó a las fuerzas golpistas. Ese día, en la batalla del Puente Duarte, el proceso revolucionario abría la posibilidad para la toma del poder por parte del pueblo; pero también para que la guerra civil se convirtiera en guerra patriótica de liberación nacional. Fue una revolución civil hasta el 28 de abril en que se convirtió en guerra patriótica, porque este día el imperialismo norteamericano intervino el país con 42 mil marines, para impedir el triunfo popular. (Una Primavera para el mundo, como la escribió René Del Risco Bermúdez, Rafael Solano le hizo música y la canta Fernando Casado). Así que Abril de 1965, es un proceso con grandes enseñanzas para la continuidad de la lucha revolucionaria del pueblo dominicano. Es la lucha popular de masas por reivindicaciones sociales y políticas, por una Constitución política cabe resaltar; que salta a crear elementos de guerra civil, y esta estalla el 24 de abril. Triunfa como guerra civil, y se convierte en guerra de liberación nacional el día 28 tras la intervención militar del imperialismo yanqui. Estas enseñanzas deben servir a los revolucionarios actuales para organizar la revolución dominicana, continuidad de las guerras, de Independencia de 1844; de la Restauración de 1863, y la Constitucionalista de abril de 1965, de la cual conmemoramos por estos dias el 60 aniversario. Seguimos luchando, en el curso de la historia. ¡Viva la revolución
La Revolución de Abril, un estallido esperado y legítimo del pueblo dominicano
Por más que hoy, a 60 años de distancia, parezca increíble la espontaneidad con que el pueblo dominicano se volcó a las calles aquel 24 de abril de 1965, la verdad es que la insurrección fue la consecuencia lógica de una crisis profunda y prolongada, alimentada por un régimen golpista que había usurpado el poder y ahogado la voz constitucional. En aquellos días, la rutina estuvo marcada por rumores constantes de un golpe revolucionario contra el Triunvirato, cuyo gobierno de facto representaba la negación de la voluntad popular expresada en las urnas. Sin embargo, nadie esperaba que la insurrección estallara justo al día siguiente de la Semana Santa. Fue de repente, casi como un acto natural, que miles de dominicanos —obreros, estudiantes, profesionales y vecinos de barrios como Villa Francisca— corrieron a la Avenida Duarte para apoyar a los militares que se habían levantado en defensa del gobierno legítimo de Juan Bosch. La espontaneidad de aquel levantamiento, lejos de ser una casualidad, fue una respuesta histórica a años de atropellos y violencia política. La represión contra movimientos democráticos y la masacre de los guerrilleros del Movimiento 14 de Junio a finales de 1963, sumados a la concentración abusiva del poder político y económico en manos de pocos —como denunció en su momento el Listín Diario— crearon un caldo de cultivo insostenible. Las tensiones internas se agravaron con la lucha de sectores militares patrióticos, como el grupo Enriquillo encabezado por el teniente coronel Rafael Fernández Domínguez y el coronel Francisco Caamaño Deño, quienes clandestinamente preparaban la restauración constitucional. La protesta contra el jefe vitalicio de la Policía Nacional y la destitución forzada que siguió evidenciaron la crisis institucional que atravesaba el país. La prohibición de manifestaciones, la represión a estudiantes y obreros, y la brutal violencia contra la histórica huelga del Central Romana a inicios de 1965, demostraron la incapacidad y la falta de voluntad del régimen para escuchar a su pueblo. Frente a este panorama, la insurrección del 24 de abril no fue una sorpresa, sino una explosión legítima de un pueblo cansado de la opresión y de la negación de sus derechos fundamentales. Recordar y reflexionar sobre esos días es entender que la Revolución de Abril no solo fue un levantamiento militar, sino una manifestación popular que clamaba por la democracia, la justicia y el respeto a la Constitución. Es también un recordatorio del valor del compromiso cívico y la necesidad permanente de defender la soberanía y los derechos ciudadanos frente a cualquier forma de autoritarismo. Hoy, a seis décadas de distancia, honramos el sacrificio de aquellos dominicanos que se atrevieron a desafiar el poder ilegítimo, y renovamos el compromiso de seguir luchando por los ideales de libertad y justicia que inspiraron aquel memorable abril de 1965.
Sesenta aniversario de la gesta patriótica y antiimperialista de abril de 1965

Por Julio Guzmán Acosta Santo Domingo — Este 24 de abril, la República Dominicana recuerda con solemnidad y respeto el 60 aniversario de la Revolución de Abril de 1965, un levantamiento cívico-militar que marcó un hito en la historia nacional por su firme defensa del orden constitucional y la voluntad popular. El movimiento comenzó ese día con el objetivo claro y decidido de restablecer el gobierno legítimo del presidente Juan Bosch, depuesto un año antes por un golpe de Estado. Esta gesta popular fue protagonizada por un amplio espectro social que unió sectores de la burguesía urbana con trabajadores y obreros, consolidando una alianza de clases en defensa de la democracia y la legalidad. La Revolución de Abril fue encabezada por figuras emblemáticas, entre ellas el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, quien se convirtió en un símbolo de resistencia, liderazgo y entrega en la lucha por los derechos del pueblo dominicano. Bajo su mando, las fuerzas constitucionalistas protagonizaron una lucha intensa en la capital, Santo Domingo, epicentro del conflicto, aunque el levantamiento no logró extenderse hacia las zonas rurales del país. Las demandas principales de este movimiento armado fueron la restitución del gobierno constitucional de Juan Bosch, la restauración del Estado de derecho, el respeto a la soberanía nacional y la garantía de los derechos y libertades democráticas para todos los dominicanos. En esencia, la Revolución de Abril representó el reclamo ferviente de un pueblo que exigía la autodeterminación y el fin de la usurpación del poder. Sin embargo, la respuesta internacional no tardó en llegar. El 28 de abril de 1965, apenas cuatro días después del inicio de la insurrección, Estados Unidos intervino militarmente con el despliegue de 42 mil marines, en lo que fue la segunda invasión norteamericana al país en el siglo XX. Esta acción transformó el conflicto en una confrontación de carácter internacional, que buscó sofocar la lucha libertaria y preservar intereses geopolíticos en la región. La invasión estadounidense no solo frustró las aspiraciones constitucionalistas, sino que convirtió la lucha en una guerra por la soberanía nacional, la libertad y el derecho inalienable del pueblo dominicano a decidir su destino sin injerencias externas. A pesar de la superioridad militar de la potencia extranjera, la resistencia dominicana, inspirada en ideales de justicia y democracia, perduró en la memoria colectiva como un símbolo de valentía y dignidad. Hoy, a seis décadas de ese momento crucial, la Revolución de Abril sigue siendo un referente histórico de la lucha por la democracia y la soberanía en la República Dominicana. Aunque se han alcanzado importantes conquistas sociales y políticas, las demandas fundamentales que impulsaron aquel movimiento aún inspiran a nuevas generaciones en la búsqueda de justicia, equidad y respeto a la voluntad popular. Este aniversario invita a reflexionar sobre el valor del compromiso ciudadano y la defensa de los principios democráticos, recordando que la historia de la República Dominicana está marcada por el coraje de un pueblo que no renunció a sus derechos y a su dignidad frente a la adversidad.
60 años de la Revolución de Abril: El legado de un pueblo que luchó por la constitucionalidad

El coronel Francisco Alberto Caamaño Deño que enfrentó las tropas imperialistas estadounidense en abril de 1965. Por Thiago Zorrilla Acosta El 24 de abril de 1965 marcó un antes y un después en la historia de la República Dominicana. Hace exactamente 60 años, el heroico pueblo dominicano se lanzó a las calles en defensa de la constitucionalidad y la democracia, exigiendo la restitución del gobierno legítimo de Juan Bosch, interrumpido por un golpe de Estado unos meses antes. Aquella rebelión popular, conocida como la Revolución de Abril, fue la expresión más clara del anhelo de un pueblo por recuperar sus derechos y libertades, y por restablecer un orden democrático que había sido violentamente quebrantado. Miles de dominicanos, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, se alzaron en armas con valentía y determinación para enfrentar a las fuerzas golpistas y reclamar justicia. Sin embargo, la esperanza de un pueblo se vio truncada ante la intervención directa de los Estados Unidos. Ante el avance de las fuerzas constitucionalistas, el gobierno estadounidense decidió intervenir militarmente por segunda vez en el siglo XX para proteger sus intereses en la región. El 28 de abril de 1965, unos 42 mil marines desembarcaron en suelo dominicano, sofocando con su poderío militar el movimiento libertario que buscaba devolver la legalidad al país. La resistencia del pueblo dominicano, a pesar de su coraje y entrega, fue ahogada en sangre. Tras varios meses de conflicto bélico y tensiones, se alcanzó finalmente un acuerdo para poner fin a la guerra civil, que dejó profundas heridas en la sociedad dominicana. Sesenta años después, el legado de aquella gesta heroica sigue vivo en la memoria colectiva. Aunque se han conquistado muchos derechos y avances sociales, la oligarquía criolla continúa manteniendo un dominio que limita el pleno ejercicio de las libertades y la justicia social. Muchas de las demandas y anhelos que impulsaron a aquel pueblo valiente en abril de 1965 aún permanecen pendientes. La Revolución de Abril es un recordatorio constante de la lucha por la dignidad, la soberanía y la democracia. Es un llamado a no olvidar que el camino hacia un país más justo y libre requiere compromiso y perseverancia, inspirados en el heroísmo de quienes hace seis décadas se alzaron por un sueño que sigue vigente.
“Golpes blandos” y movimientos sociales y religiosos: República Dominicana-1962 y 2020
La historia política de la República Dominicana ha estado marcada por movimientos sociales y religiosos que, en apariencia, surgieron como expresiones legítima y genuina de encarnación de la voluntad popular, y de sus aspiraciones más sentidas, pero en muchos casos fueron instrumentalizados para lograr cambios de regímenes. Estos fenómenos, que se han dado en diferentes momentos históricos, como en 1962 y entre 2019 y 2020, comparten características que invitan a reflexionar sobre su naturaleza y los intereses que los impulsaron. Aunque estos movimientos se presentaron como respuestas legítimas a problemas como la corrupción o la amenaza ideológica, como el caso del gobierno de Juan Bosch, su desarrollo y desenlace sugieren que fueron utilizados o instrumentalizados como herramientas para desestabilizar gobiernos y favorecer agendas externas o internas específicas. En ambos casos, la participación de actores internacionales, la manipulación de la opinión pública y la incorporación de líderes de estos movimientos a estructuras de poder posteriores plantean serias dudas sobre su independencia y autenticidad. Estos episodios no solo son relevantes para entender la historia dominicana, sino que también sirven como advertencia sobre los riesgos de la manipulación política en contextos democráticos. El contexto histórico: 1962 y la lucha contra el \»comunismo\» En 1962, la República Dominicana se encontraba en un momento crucial tras la caída de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. Las elecciones de ese año, que llevaron al poder a Juan Bosch, representaron un desafío para los intereses de Estados Unidos en el Caribe. Bosch, líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), promovía un gobierno progresista que incluía reformas agrarias, derechos laborales y una política exterior independiente. Para Washington, estas ideas eran percibidas como una amenaza comunista en un contexto de Guerra Fría, especialmente después del triunfo de la Revolución Cubana en 1959. La instalación de la AID-USAID en 1962 fue un movimiento estratégico de Estados Unidos para contrarrestar esta amenaza. A través de esta agencia, se canalizaron recursos económicos y técnicos hacia el país, no solo con el objetivo declarado de promover el desarrollo, sino también para ganar influencia política y debilitar a los movimientos progresistas. La Iglesia Católica, aliada con sectores conservadores, jugó un papel clave en esta estrategia al desacreditar a Bosch y presentarlo como un enemigo de los valores cristianos. Este clima de polarización facilitó el golpe de Estado contra Bosch en 1963, marcando el inicio de una larga historia de injerencia externa en la política dominicana. Movimientos sociales en el siglo XXI: ¿Expresión ciudadana o estrategia política? Entre 2019 y 2020, la República Dominicana fue escenario de un movimiento social que, al igual que en 1962, se presentó como una respuesta legítima a problemas endémicos como la corrupción. Sin embargo, el devenir de los acontecimientos y las revelaciones sobre su financiamiento y liderazgo han generado dudas sobre su verdadera naturaleza. Aunque la indignación ciudadana era real, la estructura y dirección del movimiento sugieren que fue aprovechado por grupos con intereses específicos, tanto dentro como fuera del país. Este movimiento exhibió características propias de un \»golpe blando\»: manipulación de la opinión pública, desestabilización política y guerra jurídica. La magnitud de la logística, la cobertura mediática y la movilización masiva sugieren una inyección de capital que trasciende la capacidad de un movimiento ciudadano espontáneo. Además, la incorporación de figuras clave a estructuras de poder posteriores generó suspicacias sobre la sinceridad de sus motivaciones. La sombra del financiamiento y la injerencia externa Uno de los aspectos más cuestionables de estos movimientos es su financiamiento. En ambos casos, la participación de actores internacionales, como la USAID, añade una capa de sospecha sobre su independencia. Aunque el apoyo de agencias internacionales puede ser crucial para fortalecer la sociedad civil, también plantea el riesgo de injerencia en los asuntos internos de un país. En el caso de los movimientos recientes, las acusaciones de financiamiento externo han reforzado la tesis de que fueron instrumentalizados para lograr un cambio de régimen.
Rafael Chaljub Mejía: Un legado de lucha, resistencia y cultura en su 83 cumpleaños

Julio Guzmán Acosta Hoy 16 de marzo de 2025, celebramos el 83 cumpleaños de Rafael Chaljub Mejía, una figura emblemática de la historia política revolucionaria y cultural de la República Dominicana. Su vida ha sido un testimonio de compromiso con las causas sociales, la lucha revolucionaria y el enriquecimiento de la identidad dominicana. Etapa de guerrillero y dirigente del Movimiento Revolucionario 14 de Junio Rafael Chaljub Mejía emergió como un joven revolucionario en la década de 1960, un período marcado por la resistencia contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo y los esfuerzos por construir una sociedad más justa. Fue parte del Movimiento Revolucionario 14 de Junio (1J4), una organización política liderada por Manuel Aurelio Tavárez Justo, que jugó un papel crucial en la lucha contra la dictadura de Trujillo, la opresión y en la defensa de los derechos del pueblo dominicano. Chaljub Mejía no solo fue un miembro activo de este movimiento, sino que también formo parte de uno de los frentes guerrilleros que se alzaron en armas reclamando la vuelta a la constitucionalidad y la reposición de Juan Bosch como presidente legítimo. Su valentía y dedicación lo convirtieron en uno de los militantes con más proyeccion de esta organización, que sentó las bases para la resistencia democrática en el país. Sin embargo, su lucha no estuvo exenta de sacrificios. Tras ser capturado por las fuerzas represivas del régimen, Chaljub Mejía estuvo en prisión, donde sufrió las duras condiciones de los centros de detención política. Ese tiempo de encierro no quebrantaron su espíritu; por el contrario, fortalecieron su convicción de lucha por la revolución, la justicia, la libertad y el socialismo. Liderato en el Movimiento Popular Dominicano (MPD) Tras la caída de la dictadura, Chaljub Mejía continuó su labor como dirigente político y después de la revolución de abril de 1965 junto a varios dirigentes del 14 de junio pasó a formar parte del Movimiento Popular Dominicano (MPD), una organización que lucho por la justicia social, la soberanía nacional y la transformación revolucionaria de la República Dominicana. Su liderazgo en el MPD fue fundamental para consolidar una visión política que priorizaba la defensa de los intereses de la clase obrera y de los sectores más vulnerables de la sociedad dominicana. Participación en la vida política durante los gobiernos de Joaquín Balaguer En los años más cruentos y represivos de los gobiernos de Joaquín Balaguer , Chaljub Mejía se convirtió en uno de los dirigentes más destacados del MPD en la región del Cibao y desde allí forjó un liderazgo que le llevó a ser parte del organismo que dirigia al la organizacion marxista en Santo Domingo y de ahí a la dirección nacional del MPD. En ese contexto marcado por una casería de los principales dirigentes y militantes de la izquierda por parte del gobierno de Joaquín Balaguer, Chaljub Mejía se mantuvo firme y fue asumiendo cada día mayor jerarquía política hasta que se convirtió en uno de los principales dirigentes del MPD, llegando a encabezar una de las fracciones en que se dividió el partido de Maximiliano Gómez (El Moreno), Otto Morales y Amín Abel. Su participación en la vida política durante esta época fue un ejemplo de resistencia y coherencia ideológica. A pesar de las limitaciones y los riesgos, Chaljub Mejía logró mantener viva la llama de la lucha revolucionaria, inspirando a nuevas generaciones de activistas y líderes sociales. Fundación del Partido Comunista del Trabajo (PCT) y su rol como primer Secretario General En 1980, Rafael Chaljub Mejía fue uno de los fundadores del Partido Comunista del Trabajo (PCT), una organización que desde su nacimiento proclamó como objetivo la lucha por el socialismo y de representar los intereses de la clase trabajadora y promover un proyecto de República Dominicana libre e independiente como la proclamaron los padres de la patria. Como su primer Secretario General, Chaljub Mejía desempeñó un papel clave en la consolidación del partido y en la difusión de sus ideales. Su pensamiento político, plasmado en numerosos escritos y discursos, sigue siendo una referencia para quienes buscan entender la historia de las luchas sociales en el país. Aporte a la cultura dominicana: investigaciones sobre el merengue típico Más allá de su trayectoria política, Rafael Chaljub Mejía ha dejado una huella indeleble en la cultura dominicana. Su pasión por el merengue típico, género musical que representa la esencia del pueblo dominicano, lo llevó a realizar investigaciones profundas y a publicar obras que han enriquecido el conocimiento sobre este arte. Su trabajo ha contribuido a preservar y difundir una de las expresiones culturales más auténticas de la República Dominicana. Bibliografía política y legado Chaljub Mejía es autor de una vasta bibliografía política que abarca temas como la historia de las luchas sociales, la teoría marxista y la realidad dominicana. Sus escritos son un referente para académicos, activistas y todos aquellos interesados en comprender las dinámicas políticas y sociales de la República Dominicana. En su 83 cumpleaños, Rafael Chaljub Mejía sigue siendo un símbolo de resistencia, intelectualidad y amor por la cultura dominicana. Su vida es un ejemplo de que la lucha por la justicia y la dignidad nunca cesa, y de que el arte y la política pueden caminar de la mano para construir un futuro mejor. ¡Feliz cumpleaños, Rafael Chaljub Mejía! Su legado perdurará en el corazón del pueblo dominicano. 16 de marzo de 2025
Reflexionando

Por Rafael Chaljub Mejía Hablo de los políticos del sistema. Por mucho tiempo se dijo que el nuevo liderazgo político surgiría cuando Joaquín Balaguer, Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez, los dirigentes dominantes de la vida política nacional, desaparecieran. Entonces nuevos líderes, figuras frescas, entrarían al escenario, con ideas avanzadas, despojados del aire tradicional del caudillo, con estilos nuevos de dirigir, ajenos a ese concepto mesiánico de la autoridad y el mando, y lo viejo quedaría definitivamente atrás. Aquellos tres grandes personajes, cada quién en su campo, eran productos acabados de una época, se habían forjado al calor de acontecimientos y circunstancias específicas, eran, a fin de cuentas, productos de la historia. De la anti historia en el caso de Balaguer, caudillo por excelencia de las fuerzas reaccionarias. Entonces, los más jóvenes trataban de hacerse aparecer como el relevo. Aquello parecía un velorio esperando el instante de la defunción para tomar posesión de la herencia y pasar a dominar el escenario. Los tres dirigentes desaparecieron, el quehacer político siguió su curso, los nuevos nombres, nuevas caras entraron en escena y si se pasa el balance y se hace la comparación correspondiente entre lo viejo y lo nuevo, es difícil admitir que la esperada renovación del liderazgo se produjo. Claro que la lucha no ha sido en vano. En materia de libertad política los dirigentes de esta época cuando han llegado al poder han respetado derechos y libertades que, especialmente bajo el gobierno balaguerista de los doce años, no podían ejercerse. Los estilos de manejar el Estado, la justicia, el Congreso, en algunos casos no son idénticos en la forma, y así podían citarse otros avances logrados a costa de muchos afanes y peleas. Pero si vamos al fondo, a los conceptos y las doctrinas que todo líder debe exhibir, dígame alguien cuáles son las tesis y concepciones, la visión del mundo y las corrientes teóricas e ideológicas que los dirigentes actuales postulan. Hay muchos jóvenes en actividad política, parte de ellos haciendo un gran esfuerzo por proyectar una imagen presidenciable, pero con discursos y conceptos que no rebasan el atrasado marco del orden neoliberal y con semejantes vacíos no puede hablarse de renovación, de cambios profundos ni nada parecido. Lo nuevo no se define tan sólo por la edad, sino por el contenido de las ideas y propuestas. Entonces, parece ser que un liderazgo real lo produce la historia, el fragor de un proceso, saber interpretarlo y ponerse a tono con sus exigencias.