Un perdón en tierra haitiana, gesto que engrandece a Gustavo Petro

Por Servicios umbral.local/ Jacmel, Haití. En un caluroso y convulso miércoles, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, se encontró en la orilla del Caribe, en la localidad costera de Jacmel, donde hizo una declaración que resonaría más allá de las aguas turquesas. \»Les pido perdón porque aquí llegaron unos colombianos blancos a matar al presidente de Haití\», dijo con voz firme, dirigiéndose a los presentes en un acto que buscaba reconstruir la relación entre ambos países tras el asesinato del entonces mandatario haitiano, Jovenel Moïse, en 2021. El eco de sus palabras, cargadas de responsabilidad y dolor, se mezclaba con los murmullos del público y el sonido de las olas. Junto a él, el presidente del Consejo Presidencial de Transición de Haití, Leslie Voltaire, escuchaba atentamente. Petro, que se ha convertido en un referente de la izquierda en Colombia, no solo vino a ofrecer disculpas por el acto violento que dejó una herida profunda en la nación caribeña, sino también a buscar un camino hacia adelante, intentando dejar atrás las sombras de un pasado violento que aún persiste. El asesinato de Moïse, un acto perpetrado por un grupo de mercenarios colombianos, ha sido un tema espinoso para Colombia. La condena reciente de un exmilitar colombiano a cadena perpetua en Estados Unidos por conspirar en el magnicidio ha reabierto viejas heridas. En el aire flotaba la pregunta: ¿cómo se repara el daño causado por compatriotas en un país que, al igual que Colombia, sufre de violencia y desestabilización? Petro, acompañado de varios ministros, llegó a Haití con la intención de discutir \»iniciativas en áreas clave como agricultura, comercio y cultura\» para promover un \»desarrollo sostenible\» entre ambas naciones. Sin embargo, su visita se vio empañada por la crítica de la oposición en Colombia, que cuestionó su presencia en Haití mientras el país enfrenta una crisis de violencia sin precedentes en la región del Catatumbo. \»¿Qué hace Gustavo Petro en Haití cuando lo que tiene que estar es en el Catatumbo enfrentando con la tropa la peor crisis humanitaria de los últimos años?\», se preguntaba la senadora opositora María Fernanda Cabal, en un video que circulaba por las redes sociales. La violencia desatada por el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y los enfrentamientos entre grupos armados han dejado un saldo trágico de 80 muertos y miles de desplazados en la región. En este contexto, la visita de Petro a Haití parecía, a ojos de muchos, una distracción de los problemas más urgentes. A medida que el sol avanzaba en el cielo, el mandatario colombiano descendió de un avión de la Fuerza Aeroespacial, recibiendo honores en una alfombra roja. La imagen contrastaba con la realidad que vive su país, donde la paz sigue siendo un anhelo distante. Petro, el primer presidente izquierdista de Colombia, ha hecho de la negociación y el diálogo su bandera, pero la violencia en su país pone en jaque esta ambición, llevando a muchos a cuestionar la efectividad de su liderazgo. La jornada en Jacmel culminó con un llamado a la cooperación entre Colombia y Haití, un intento de construir puentes en lugar de muros. Sin embargo, el eco del perdón ofrecido por Petro resonó en un contexto donde las heridas aún están abiertas, y la lucha por la paz sigue siendo un desafío monumental. Mientras el presidente se comprometía a trabajar por un futuro mejor, la realidad de la violencia en Colombia seguía acechando, recordando que el camino hacia la reconciliación es largo y tortuoso.
La ola de violencia sin precedentes fuerza la renuncia de Ariel Henry primer ministro de Haití

El primer ministro asumió el cargo desde el asesinato del presidente en 2021, y anuncia desde Puerto Rico la instalación de un consejo de transición encargado de dirigir a Haití hacia unas elecciones. AGENCIAS.- El primer ministro de Haití, Ariel Henry, presentó el lunes su renuncia como jefe de Gobierno del país caribeño en medio de una ola de violencia sin freno que asfixia a la población. Desde que se agravó la crisis a principios de marzo con la evasión de más de 3.000 presos, Henry no había logrado regresar a Puerto Príncipe y aguardaba en Puerto Rico, donde aterrizó de regreso de un viaje a Kenia. Había asumido el mando en julio de 2021 tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse, un magnicidio que sumió al país en el caos y en una inestabilidad institucional sin precedentes. La semana pasada, el expolicía Jimmy Chérizier, alias Barbecue, el líder de uno de los grupos en pugna amenazó con desatar “una guerra civil” si no se producía una renuncia del jefe del Ejecutivo. La dimisión fue adelantada por el presidente interino de la Comunidad del Caribe (Caricom) y mandatario de Guyana, Irfaan Ali, durante la clausura de una reunión de alto nivel sobre Haití celebrada en Jamaica. Pero poco después se pronunció el propio Henry. “El Gobierno que encabezo dimitirá inmediatamente después de la instalación de un consejo [de transición]”, aseguró en un discurso grabado y difundido a través de las redes sociales. “Quiero agradecer al pueblo haitiano por la oportunidad que me ha brindado. Pido a todos los haitianos que mantengan la calma y hagan todo lo que puedan para que la paz y la estabilidad vuelvan lo más rápido posible”, añadió el primer ministro. Un alto funcionario de la Administración de Joe Biden indicó en declaraciones a periodistas recogidas por Reuters que la decisión sobre la dimisión se fraguó el pasado viernes y que el primer ministro tiene permiso para permanecer en Puerto Rico o viajar a otros lugares de Estados Unidos. Aunque Henry ha manifestado su intención de regresar al país, las condiciones de seguridad en estos momentos no lo permiten, agregó la fuente gubernamental. Precisamente el viernes, el corazón político de Puerto Príncipe fue escenario de la enésima noche de violencia. Un grupo de manifestantes se enfrentó a las fuerzas de seguridad a las puertas del Palacio Nacional e intentó prender fuego a la sede del Ministerio del Interior hasta que los pandilleros fueron abatidos por los agentes. El objetivo de la revuelta era la toma de la casa presidencial en un momento de enorme debilidad institucional. El país está cerrado a cal y canto, la semana pasada quedaron suspendidas las conexiones desde Miami y Santo Domingo y en las redes sociales se difundieron imágenes de grandes agujeros en las paredes del aeropuerto de la capital. Los líderes de la Comunidad del Caribe se reunieron el lunes en Kingston para abordar la crisis y debatir el marco para facilitar una transición con el beneplácito de Estados Unidos. El Departamento de Estado había apremiado en los últimos días a Henry a “acelerar” ese proceso mientras los grupos armados exigían su renuncia sembrando. En la cita de Jamaica participaron organizaciones políticas, religiosas, de la sociedad civil y del sector empresarial. El propósito es que todos estos sectores estén representados en ese consejo provisional encargado de llevar a Haití a unas elecciones. Tras el asesinato de Moïse, esa fue una de las demandas centrales de la comunidad internacional. El país lleva desde 2016 sin pasar por las urnas y el primer ministro pospuso la fecha en varias ocasiones escudándose en los graves problemas de inseguridad. El secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, junto al mandatario de Guyana, Irfaan Ali, y el primer ministro de Jamaica, Andrew Holness, durante la reunión de emergencia celebrada en Jamaica, el lunes 11 de marzo.POOL (ASSOCIATED PRESS/LAPRESSE) El propio secretario de Estado, Antony Blinken, apostó, antes de que se formalizara la renuncia, por un consejo “independiente” y “de base amplia” encargado de abordar las urgencias de Haití. Unas “necesidades inmediatas” de la población, que además de vivir cercada por la violencia ha lidiado en los últimos años con la miseria y una permanente crisis humanitaria que ha desencadenado una migración masiva. Todos los haitianos piden ayuda internacional. Pero esa misión nunca ha llegado. Naciones Unidas ultima el envío de un contingente de apoyo policial al país, que, con 11 millones de habitantes, tiene menos de 10.000 policías. Kenia se ofreció para liderar el plan y se comprometió a mandar al menos a 1.000 agentes. Otros países, como España, también han ofrecido apoyo humano y material, todo bajo el paraguas financiero de Estados Unidos, que por el momento ha prometido una inversión logística de 200 millones de dólares.