UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

La Mancha del Flágelo: Excusa para Agredir a Pueblos Soberanos

Un editorial a contracorriente El reciente acuerdo que concede a Estados Unidos el uso de espacios aéreos estratégicos dominicanos bajo el pretexto de la lucha antidrogas no es una simple cooperación bilateral: es la consolidación de un entreguismo histórico que atraviesa los últimos gobiernos y compromete la soberanía nacional en proyectos geopolíticos ajenos. No hay otra forma de calificarlo: lo firmado por Luis Abinader con el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, es la claudicación institucionalizada. Bajo la máscara de la “Operación Southern Spear”, se autoriza el uso de la Base Aérea de San Isidro y del Aeropuerto Internacional de Las Américas para operaciones logísticas extranjeras. Se nos pide creer que esto es “cooperación”, cuando la historia demuestra que tales concesiones siempre han sido la antesala de mayores injerencias. Resulta revelador —y patético— que esta decisión cuente con el beneplácito de expresidentes como Danilo Medina y Leonel Fernández, y sea celebrada por la ultraderecha local. Es la confirmación de que existe una clase política unificada en su servilismo hacia Washington, incapaz de defender los intereses nacionales cuando estos chocan con los dictados del Norte. ¿De qué lucha contra el narcotráfico nos hablan, cuando es notoria la infiltración de dineros obscenos en campañas electorales y la impunidad de que gozan testaferros y lavadores en altas esferas? ¿Cómo se explica que Estados Unidos proclame su alianza con “gobiernos ejemplares” en esta lucha, mientras indulta a narcotraficantes confesos como Juan Orlando Hernández y legitima a figuras siniestras en otros países? La verdadera agenda tras la “Lanza del Sur” no es el combate al tráfico de drogas, sino la consolidación del control militar estadounidense sobre una región rica en recursos naturales. Es la misma lógica que justifica el bloqueo criminal contra Cuba, las amenazas de invasión a Venezuela, y el ofrecimiento de recompensas por jefes de Estado soberanos. El Caribe se ha convertido en el patio trasero de una estrategia hemisférica que busca frenar cualquier avance progresista y garantizar el saqueo de nuestros recursos. No es casualidad que este acuerdo se enmarque en el Acuerdo de Interdicción Marítima y Aérea firmado por Joaquín Balaguer en 1995 —el mismo presidente impuesto por la intervención yanqui de 1966—. Es la misma línea de continuidad que explica el envío de tropas dominicanas a Irak por Hipólito Mejía, o el retiro del embajador en Venezuela por Danilo Medina. Es la herencia maldita de una clase política que ha gobernado para intereses extranjeros. La prensa tradicional que responde a los intereses del gran capital, presentan esta sumisión como “diplomacia madura”. Nosotros la llamamos por su nombre: traición. Traición a la soberanía por la que lucharon Duarte, los trinitarios y Luperón. Traición a un pueblo que merece relaciones internacionales basadas en el respeto mutuo, no en la subordinación. Frente a esta farsa, solo cabe la resistencia consciente. Denunciar este acuerdo no es anti estadounidense: es la defensa elemental de nuestra dignidad como nación. Es el rechazo a convertirnos en complices de una estrategia de agresión contra pueblos hermanos. Es honrar la memoria de quienes soñaron una República Dominicana libre, no un protectorado disfrazado. El momento exige claridad: o somos soberanos o somos colonia. No hay términos medios.

El descarado entreguismo de Abinader y sus secuaces

El acuerdo que permite a Estados Unidos utilizar el Aeropuerto Internacional de Las Américas y la Base Aérea de San Isidro para operaciones logísticas de vigilancia y soporte relacionadas con la Operación Southern Spear (en español, Lanza del Sur) tiene la firma de Luis Abinader y lo retrata. Este acuerdo (que es una imposición) afianza su definición de lacayo consumado. Las generaciones venideras asociarán al nombre de Luis Abinader los calificativos que no figuran en las crónicas de los medios corporativos financiados por una clase dominante unificada a partir de la misión de fomentar el atraso político y perpetuar el servilismo. Los expresidentes Danilo Medina y Leonel Fernández conocían del acuerdo antes de la visita del secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, el pasado 26 de noviembre. La ultranacionalista y ultraderechista Fuerza Nacional Progresista lo calificó como correcto y muy necesario. Y no hay que seguir nombrando piezas de este podrido sistema que es, en conjunto, sumiso y vendepatria. A Pete Hegseth, a Marco Rubio y a otros funcionarios estadounidenses que presentan a las autoridades dominicanas como líderes en la lucha contra el narcotráfico ningún medio les ha preguntado si esta condición es compatible con la afluencia de recursos de sucio origen en las campañas electorales y la colocación en puestos electivos y administrativos de reconocidos narcotraficantes. ¿Desde cuándo el narcotráfico paga para que le asesten golpes? ¿Una parte de la narrativa carece de sentido o es necesario asumir su veracidad porque procede de los centros de poder? Los portaaviones desplegados en el Caribe y en el Pacífico, rodeando los centros donde se concentra una buena parte de los recursos naturales de este continente y donde hay países cuyos gobiernos Estados Unidos califica como hostiles, son instrumentos de agresión, de espionaje, de intimidación y hasta de crimen. ¿Acaso no han sido ejecutadas decenas de personas que transitan por esa zona, personas que no fueron juzgadas previamente y que nadie puede asegurar que constituían una amenaza que solo podía detenerse aplicándoles, de facto, la pena de muerte? En términos políticos, ¿con qué derecho Estados Unidos desconoce las normas legales y los preceptos de convivencia agregando al prolongado asedio contra Cuba (que el gobierno de Trump mantiene e intensifica), la amenaza de invadir a Venezuela? ¿Cómo se explica que, impunemente, haya puesto precio a la cabeza del presidente Nicolás Maduro y acuse de narcotraficante al presidente de Colombia, Gustavo Petro? Queda claro que Lanza del Sur no es una operación contra el narcotráfico sino contra el avance político y por la imposición de gobiernos de ultraderecha en una zona rica en recursos naturales estratégicos. Busca perpetuar el saqueo. Tratan de apropiarse del petróleo, las tierras raras y otras riquezas. En esas andanzas, el poder estadounidense asigna a voluntad los calificativos de narcotraficante y terrorista, y también los retira a conveniencia. ¿Qué ha pasado con el expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández y con Ahmed Al-Charáa, el actual presidente de Siria? Un narcotraficante indultado y un terrorista investido… Los ejemplos sobran. Y evidencian la falacia. La gobernadora de Puerto Rico, Jennifer González; la presidenta de Trinidad y Tobago, Christine Carla Kangaloo y Abinader, son solo socios menores en un proyecto diseñado y dirigido desde el norte. Son politiqueros oportunistas que buscan protección y migajas. ¡Y no les da vergüenza! ¿HABLAMOS DE PAZ? En un plan de agresión, espionaje, conspiración y turbia manipulación política compromete Luis Abinader el nombre de República Dominicana. Dio su consentimiento Danilo Medina, quien en el año 2018 retiró de Venezuela al embajador dominicano sumándose al coro de la derecha. Lo hizo también Leonel Fernández, quien en el año 2000 envió policías a Kosovo sumándose a una acción que era de factura imperialista aunque estuviera cobijada por la Organización de las Naciones Unidas. No hay constancia de que fuera consultado Hipólito Mejía, pero su consentimiento es tácito. Él se autodefinió como lacayo. Y no se puede tomar esta autodefinición como parte de su chabacanería. Hay que recordar que, entre los años 2003 y 2004, siendo presidente, dispuso el envío a Irak de 600 militares dominicanos para apoyar la invasión yanqui. Es la herencia de Joaquín Balaguer, el gobernante que coordinó la unificación de la clase dominante aplicando un modelo de despojo y servilismo, tarea que inició en 1966 cuando el interventor yanqui lo colocó en la silla presidencial. Es Balaguer el firmante (en 1995) del Acuerdo de Interdicción Marítima y Aérea que sirve de marco a la infamante concesión que hizo Abinader. ¡Nada mejor podía dejar este personero de la vileza! Luis Abinader, apoyado por un sistema político con esta definición, ofende a este pueblo y altera la paz. No es signo de paz el compromiso con un plan de saqueo, espionaje y agresión militar que afecta a toda la región. Los medios corporativos intentan presentar como legítima la agresión contra Venezuela. Es el colmo del retorcimiento. Además, este discurso deja claro que la embestida es contra el avance político y contra la autodeterminación de los pueblos. El momento es de definición. Un poder ilegítimo y criminal constituye una permanente amenaza… Es deber de conciencia condenarlo y enfrentarlo.

Fallece Winston Vargas Valdez, destacado dirigente del MPD

Winston Franklin Vargas Valdez (Platón) en una reciente entrevista, quien falleció en el día de hoy. Por Julio Guzmán Acosta SANTO DOMINGO. — Winston Franklin Vargas Valdez, conocido como “Platón”, destacado dirigente del Movimiento Popular Dominicano (MPD), falleció esta tarde. Su militancia revolucionaria y su lucha en defensa de la justicia social marcaron su vida, que estuvo signada por años de cárcel y exilio. Platón fue un destacado dirigente de la agrupación revolucionaria y tuvo una participación activa en la contienda cívico-militar de 1965, que buscaba restituir el gobierno constitucional de Juan Bosch. Su compromiso con el MPD le costó persecución política, cárcel y exilio. En marzo de 1970 fue canjeado junto a otros compañeros por el coronel norteamericano Donald J. Crowley, secuestrado por un comando revolucionario, y enviado al exilio. En 1972, Vargas Valdez regresó clandestinamente al país para continuar su lucha política, pero fue capturado y permaneció varios años en prisión durante los doce años de gobierno de Joaquín Balaguer, un período caracterizado por la represión a los movimientos de izquierda. En una reciente entrevista con el periodista Fausto Rosario Adames en el programa “¿Y tú… qué dices?” transmitido por AcentoTV, Platón reveló detalles inéditos sobre las tensiones políticas internas durante y después de la Revolución de Abril de 1965. Destacó el rechazo que Francisco Alberto Caamaño mantuvo hacia el MPD y sus dirigentes, calificándolos incluso de “terroristas”. Esta animadversión se manifestó en la falta de alianzas y en la resistencia cubana a aceptar a los exiliados del MPD tras el secuestro de Crowley. Platón también narró cómo Maximiliano Gómez “El Moreno”, dirigente del MPD, participaba en las reuniones estratégicas del comando mayor de la revolución liderado por Caamaño, aunque con limitaciones políticas evidentes. Además, reveló que los presos políticos en La Victoria, previo al canje, contaban con explosivos y un revólver para protegerse ante posibles fusilamientos. La trayectoria de Winston Vargas Valdez es un testimonio de la lucha por los derechos y la democracia en la República Dominicana, marcada por su incansable militancia en el MPD y su resistencia frente a la represión estatal. En las próximas horas se ofrecerán detalles sobre las honras fúnebres de este emblemático dirigente revolucionario. Su legado permanecerá vivo en la memoria de quienes luchan por un país más justo.

Orlando Martínez: coherencia, consistencia y vigencia

Ágora El pasado lunes 17 se conmemoró el 50 aniversario del asesinado de Orlando Martínez, ejemplo de intelectual público indoblegable, del periodismo comprometido con la verdad, la honestidad profesional y la defensa de la justicia. También, de la rebeldía contra todo poder de vocación avasallante, sin importar signo o color político, un valor que defendió con una convicción y consistencia a tal punto que, como dice A. Camus, lo situó “por encima de sí mismo”.  Por y con ese valor enfrentó la maquinaria de terror y muerte enquistada en las insondables entrañas el régimen de los 12 años de Balaguer, conocida y tolerada por éste. Con arrojo enfrentó las amenazas de esa maquinaria que terminó segándole la vida. Orlando fue uno de esos jóvenes que llegaron a la militancia política bajo el embrujo de la década de los 60, la década de la consolidación y expansión de profundas transformaciones en las esferas de la política, de la cultura y de las luchas por la democracia. Tuvo la suerte de llegar a la militancia revolucionaria no solo impulsado por el ideal de justicia y libertad que signaron esa década, sino con una incesante y profunda búsqueda del conocimiento, de la verdad y la objetividad. Esas infaltables herramientas en la mochila de Orlando determinó la coherencia y limpieza de su rebeldía, expresada en un rostro generalmente serio y en una sonrisa, a vece tímida, pero en extremo cariñosa para con sus amigos, con los que compartía sus preocupaciones políticas e intelectuales. El resentimiento le fue ajeno. Su avidez de conocimiento, su sólida formación cultural y política y su valentía y objetividad hicieron de él una referencia para el ejercido del periodismo en nuestro país. Su columna Microscopio, cuyos artículos están recogidos en un libro del mismo nombre, es un ejemplo.   En uno de esos artículos, publicado en fecha 15 de enero de 1973 se expresan esos atributos, cuando refiriéndose al régimen de Balaguer dice con perspicacia: “Nos guste o no, este es el gobierno más estable de la última década”, recordando que lo había escrito una semana antes, agregó que algunos le pedían una explicación de ese aserto, diciendo que esa estabilidad la daban “las dificultades que concretamente existen en estos momentos para cambiar por otro el gobierno del Dr. Balaguer, ya sea por un golpe de Estado, un levantamiento revolucionario o unas elecciones generales”. Para fundamentar su afirmación, hizo un exhaustivo análisis de la coyuntura del momento en la que destacaba: el sostén militar del régimen, la significativa debilidad de la clase obrera, la frustración política sectores de las capas medias antes muy activos políticamente, la desmovilización de los sectores marginados por la política de construcción del régimen que generaba empleos, la debilidad de la que llamó extrema izquierda por su falta de formación política y la debilidad del entonces PRD por su crisis y divisiones internas. Para lograr la profundidad de ese juicio, esa objetividad, se requería no sólo una sólida formación política/intelectual, sino valentía para enfrentar la subjetivad reinante en la generalidad de la oposición de centro como de izquierda. Era la coyuntura existente un mes antes de la acción guerrillera de Caamaño… La agudeza de Orlando, el nivel de aceptación que tenían sus Microscopios en vastos sectores de la población puso el periodismo dominicano en su mejor momento en la lucha por la democracia en el país y sirvió de estímulo para que una generación de periodistas jugase ese papel estelar en la lucha por la democracia dominicana durante los 12 años de Balaguer y contra el posterior fraude electoral a Peña Gómez. En una entrevista que me hicieron ayer en la emisora Radio Santa María, me preguntaron que cuál hubiese sido la posición de Orlando sobre la situación actual que vive el país, respondí que él mantendría su rebeldía contra la injusticia y que seguro estaría en la misma lista en que la ultraderecha dominicana tiene a esos periodistas que hoy mantienen su lucha contra la impunidad, el respeto a los derechos fundamentales de la población y contra el odio y la xenofobia. Finalmente, algunos dicen que Orlando se había alejado de su militancia en el PCD. No es cierto, él mantuvo su jerarquía en acuerdo a la especificidad de su trabajo. Como otros. Por nuestra amistad iniciada en sus vistas a Paris, donde yo era delegado de ese partido, al igual que él en la Federación Mundial de la Juventud Democrática en Budapest, mantuvimos aquí conversaciones sobre cuestiones partidarias hasta el día en que lo asesinaron. Como periodista, Orlando mantuvo la coherencia y el compromiso por la verdad, lo mismo que como militante sin ataduras a ningún dogma. 50 años después de ser asesinado su método de análisis mantiene su consistencia y vigencia.

Reflexionando

Por Rafael Chaljub Mejía Hablo de los políticos del sistema. Por mucho tiempo se dijo que el nuevo liderazgo político surgiría cuando Joaquín Balaguer, Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez, los dirigentes dominantes de la vida política nacional, desaparecieran. Entonces nuevos líderes, figuras frescas, entrarían al escenario, con ideas avanzadas, despojados del aire tradicional del caudillo, con estilos nuevos de dirigir, ajenos a ese concepto mesiánico de la autoridad y el mando, y lo viejo quedaría definitivamente atrás. Aquellos tres grandes personajes, cada quién en su campo, eran productos acabados de una época, se habían forjado al calor de acontecimientos y circunstancias específicas, eran, a fin de cuentas, productos de la historia. De la anti historia en el caso de Balaguer, caudillo por excelencia de las fuerzas reaccionarias. Entonces, los más jóvenes trataban de hacerse aparecer como el relevo. Aquello parecía un velorio esperando el instante de la defunción para tomar posesión de la herencia y pasar a dominar el escenario. Los tres dirigentes desaparecieron, el quehacer político siguió su curso, los nuevos nombres, nuevas caras entraron en escena y si se pasa el balance y se hace la comparación correspondiente entre lo viejo y lo nuevo, es difícil admitir que la esperada renovación del liderazgo se produjo. Claro que la lucha no ha sido en vano. En materia de libertad política los dirigentes de esta época cuando han llegado al poder han respetado derechos y libertades que, especialmente bajo el gobierno balaguerista de los doce años, no podían ejercerse. Los estilos de manejar el Estado, la justicia, el Congreso, en algunos casos no son idénticos en la forma, y así podían citarse otros avances logrados a costa de muchos afanes y peleas. Pero si vamos al fondo, a los conceptos y las doctrinas que todo líder debe exhibir, dígame alguien cuáles son las tesis y concepciones, la visión del mundo y las corrientes teóricas e ideológicas que los dirigentes actuales postulan. Hay muchos jóvenes en actividad política, parte de ellos haciendo un gran esfuerzo por proyectar una imagen presidenciable, pero con discursos y conceptos que no rebasan el atrasado marco del orden neoliberal y con semejantes vacíos no puede hablarse de renovación, de cambios profundos ni nada parecido. Lo nuevo no se define tan sólo por la edad, sino por el contenido de las ideas y propuestas. Entonces, parece ser que un liderazgo real lo produce la historia, el fragor de un proceso, saber interpretarlo y ponerse a tono con sus exigencias.