Manuel Salazar plantea una hoja de ruta para reunificar a la izquierda dominicana con la vista puesta en 2028

El histórico dirigente del Partido Comunista del Trabajo, Manuel Salazar, propone abandonar la fragmentación que ha limitado electoralmente a la izquierda dominicana y construir una plataforma amplia que incorpore a sectores independientes y reservas democráticas con miras a las elecciones de 2028 y a un proyecto político de largo plazo. Por Julio Guzmán Acosta SANTO DOMINGO.— En un momento en que el sistema político dominicano comienza a mirar hacia las elecciones de 2028 y el desgaste de las lealtades partidarias tradicionales abre nuevos espacios de competencia, el dirigente histórico del Partido Comunista del Trabajo (PCT), Manuel Salazar, ha colocado sobre la mesa una reflexión que trasciende el calendario electoral inmediato: la necesidad de construir una alternativa unitaria capaz de reunir a las izquierdas orgánicas, las izquierdas no orgánicas y las reservas democráticas del país. Más que un simple llamado a la unidad, el planteamiento constituye una autocrítica sobre los resultados obtenidos durante décadas por las organizaciones progresistas y una invitación a revisar los métodos de construcción política. Salazar parte de una premisa sencilla, pero de profundas implicaciones: repetir estrategias que apenas han producido votaciones de entre cinco y diez mil sufragios significaría prolongar un ciclo de marginalidad electoral que limita la incidencia de la izquierda en los grandes debates nacionales. Su diagnóstico no descansa en la ausencia de ciudadanos identificados con valores progresistas, sino en la dispersión de esas fuerzas. Según sostiene, la mayoría de quienes simpatizan con postulados de izquierda no militan en organizaciones políticas, mientras miles de ciudadanos participan de luchas sociales, ambientales, sindicales y democráticas sin formar parte de estructuras partidarias. Desde esa perspectiva, la propuesta adquiere un carácter eminentemente práctico. En lugar de plantear la absorción de sectores independientes por las organizaciones existentes, Salazar propone construir un espacio amplio, incluyente y plural, donde la pertenencia partidaria deje de ser el principal requisito de participación. Su planteamiento supone abandonar viejas prácticas de exclusión, reducir las confrontaciones internas y privilegiar una agenda común basada en la ética pública, la transparencia, la defensa de los derechos sociales y la lucha contra la corrupción. El dirigente del PCT también introduce un elemento de realismo político al reconocer que la construcción de una opción electoral competitiva no depende únicamente de la voluntad de las organizaciones tradicionales de izquierda, sino de su capacidad para conectar con un amplio segmento ciudadano que hoy no se siente representado por ninguna fuerza política organizada. Ese razonamiento encuentra puntos de contacto con el escenario político actual. Diversos estudios de opinión muestran un crecimiento del electorado sin identificación partidaria estable, fenómeno que obliga a todas las organizaciones a replantear sus estrategias de captación y representación. Sin embargo, Salazar advierte que ese espacio político también está siendo disputado por otras propuestas y por la abstención, por lo que entiende indispensable ofrecer una alternativa que proyecte posibilidades reales de gobierno y no solo una presencia testimonial en las boletas electorales. En su reflexión aparece otro aspecto significativo: la distinción entre la táctica electoral y el proyecto histórico. Para el dirigente comunista, las elecciones de 2028 representan un objetivo inmediato, pero no el fin último del proceso político. La prioridad estratégica continúa siendo la construcción de un movimiento social y político capaz de mantenerse más allá de un proceso electoral específico. La propuesta también incorpora criterios éticos para la eventual integración de nuevos actores. Salazar plantea que cualquier espacio unitario debería excluir a personas vinculadas con corrupción administrativa, narcotráfico, crimen organizado, violencia de género, racismo o cualquier otra práctica incompatible con los valores democráticos. Más allá de coincidir o discrepar con sus planteamientos ideológicos, el artículo introduce una discusión que trasciende a la izquierda dominicana: cómo convertir la fragmentación política en capacidad de articulación y cómo transformar afinidades sociales dispersas en una fuerza electoral organizada. El debate queda abierto. Si esa visión logra traducirse en acuerdos concretos entre organizaciones políticas, movimientos sociales, sectores independientes y reservas democráticas será uno de los factores que comenzará a definir el mapa político dominicano de cara a las elecciones de 2028 y, según plantea el propio Salazar, incluso más allá de esa fecha.
2026: La Gran Prueba de Fuego para PRM, FP, PLD y La Izquierda

El año preelectoral encuentra a las tres principales fuerzas políticas y a la izquierda en encrucijadas distintas: el oficialismo PRM enfrenta una renovación interna que medirá fuerzas, la opositora FP debe administrar su momentum sin triunfalismos, el PLD tiene la urgente tarea de definir una candidatura presidencial que reviva sus esperanzas y la izquierda afrontará el desafío de unificarse y dar el salto que les permita una mayor representación en el aparato del Estado. Por Servicios umbral.local/ SANTO DOMINGO. – El año 2026 se perfila como el laboratorio político determinante para el escenario electoral de 2028. En esta antesala definitiva, los tres principales partidos del país —el oficialista Partido Revolucionario Moderno (PRM), la opositora Fuerza del Pueblo (FP) y el debilitado Partido de la Liberación Dominicana (PLD)— enfrentan desafíos de naturaleza distinta que pondrán a prueba su cohesión interna, su estrategia y su capacidad de proyectar viabilidad de poder. Mientras la FP llega con la ventaja de tener una candidatura presidencial definida en la figura de su líder Leonel Fernández, el PRM y el PLD cargan con procesos internos de alta complejidad que podrían reconfigurar sus liderazgos y su posicionamiento ante el electorado. PRM: La Batalla por el Control en la Era Post-Abinader Para el partido de gobierno, 2026 será un año de cambios estructurales. La organización estrenará nuevas autoridades, en un proceso que se anticipa como un termómetro de las fuerzas internas de cara a 2028. Se da por hecho que el presidente Luis Abinader asumirá la presidencia del partido, mientras que la secretaría general —actualmente en manos de Carolina Mejía, quien tiene aspiraciones presidenciales— será el principal botín en disputa. La salida de Carolina Mejía y José Ignacio Paliza, tras ocho años al frente, abre una vacante que medirá la fortaleza de la dupla fundacional Abinader-Hipólito Mejía. Si la secretaría general permanece bajo el dominio de la corriente hipolitista, se confirmaría la continuidad del liderazgo compartido. Si, por el contrario, es ocupada por una figura del luisismo puro, marcaría un rebalance de poder hacia el presidente. El proceso de renovación, que debe completarse en el primer semestre, será también la primera arena donde se medirán los precandidatos presidenciales. La organización deberá hilar fino para evitar que las aspiraciones se desborden prematuramente. Una incógnita crucial es si los aspirantes que ocupan cargos de confianza en el gobierno —como los ministros David Collado, Eduardo Sanz Lovatón, Wellington Arnaud, Tony Peña Guaba y Guido Gómez Mazara— renunciarán para dedicarse por completo a la campaña interna, un movimiento que representaría un desafío para la gestión de Abinader. Paralelamente, el PRM inició una campaña de afiliación para depurar el padrón que se usará en las primarias de 2027, y ya definió que someterá a votación interna todos los cargos de elección popular para 2028, una decisión tomada en un retiro de la cúpula en Jarabacoa que busca institucionalizar la competencia. FP: El Reto de Administrar el Momentum La Fuerza del Pueblo cierra 2025 en un momento político favorable. Tras concluir con éxito su primer congreso de elección de autoridades, la organización ganó visibilidad con una marcha multitudinaria el 30 de noviembre y mantuvo una oposición efectiva, centrada en temas como la indexación salarial y el caso de corrupción en el Senasa. Su gran ventaja competitiva es la claridad: Leonel Fernández es su candidato presidencial definido, lo que le otorga una ventaja temporal sobre sus rivales. Sin embargo, el 2026 encuentra al partido verde “en un buen momento político, pero sin agenda”, según análisis internos. El principal desafío para la FP será desarrollar una estrategia renovada que combine su rol de contrapeso —con ruedas de prensa, juramentaciones de figuras de otros partidos y críticas al gobierno— con una oferta programática que vaya más allá de la oposición. La organización debe evitar que el triunfalismo se instale en sus filas y trabajar urgentemente en su talón de Aquiles: el fortalecimiento del liderazgo local, su mayor debilidad desde su fundación. PLD: La Urgente Búsqueda de un Salvavidas El Partido de la Liberación Dominicana llega a 2026 en la incómoda posición del tercer lugar en las preferencias electorales. Su reto es existencial: encontrar una candidatura presidencial que proyecte posibilidades de triunfo y frene la hemorragia de militantes hacia otras organizaciones. El partido morado, bajo el liderazgo de Danilo Medina, logró salir airoso de su renovación interna, pero ahora enfrenta el delicado proceso de escoger un candidato. Una comisión de unidad acordó convocar al Comité Central en enero y definir la candidatura en el último trimestre de 2026, un calendario que busca consenso entre las diversas facciones. A la carrera se espera que se sumen el excandidato Gonzalo Castillo y el exministro Juan Ariel Jiménez, uniéndose a los ya oficializados Abel Martínez, Francisco Javier García, Charles Mariotti y Francisco Domínguez Brito. El nombre de la exvicepresidenta Margarita Cedeño sigue en el tablero. El gran riesgo para el PLD es que este proceso genere una nueva división o un choque con las autoridades electorales, que ya han emitido sentencias y advertencias para que se respeten los plazos legales. Nuevos Actores en el Tablero El 2026 también marcará la irrupción de nuevos proyectos que buscarán personería jurídica ante la JCE. El más destacado es Avancemos, liderado por el exdirigente peledeísta Carlos Amarante Baret, que ya ha establecido acercamientos con la FP y mantiene una agenda opositora. Otros, como Patria para Todos de Fulgencio Severino, intentarán recuperar su reconocimiento. En un escenario con 34 partidos y 10 movimientos accidentales, la fragmentación del voto opositor podría ser un factor decisivo. El Frente Amplio, que pese a los escasos votos alcanzados en las elecciones de 2024, logró mantener su reconocimiento electoral, busca crear un polo de izquierda, que junte en una misma marca electoral a las principales organizaciones de izquierda, movimientos sociales y gente de izquierda sin partido, para lograr unos resultados electorales, que pasen de ser testimoniales y logren ser influyentes, obteniendo representación importante en ayuntamientos y alcanzando representación parlamentaria de peso. En definitiva, 2026 no será un año de campaña
La Antigua Orden y el silencio cómplice del Gobierno: una amenaza para la democracia dominicana

En los últimos años, un fenómeno preocupante ha ido tomando fuerza en la República Dominicana: la irrupción de grupos extremistas como la llamada Antigua Orden (AO), que bajo un discurso nacionalista violento, promueven el odio, la intolerancia y la exclusión, especialmente contra la comunidad haitiana y sus descendientes. Lo más alarmante es que, hasta la fecha, el gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha optado por mirar para otra parte, permitiendo que estos grupos operen con impunidad y, en muchos casos, reciban apoyo ideológico y financiero de sectores nostálgicos del régimen de Trujillo y de los doce años sangrientos de Joaquín Balaguer. Estos “carajos”, como se les podría llamar en el lenguaje popular, no solo desconocen la compleja realidad histórica y social del país, sino que ni siquiera saben escribir correctamente el nombre de la República Dominicana. Pero, más allá de sus errores formales, lo grave es que pretenden usurpar el discurso patriótico para dividir y enfrentar a dominicanos y haitianos, sembrando miedo y violencia. La izquierda y el movimiento social: pilares de la democracia imperfecta Es fundamental recordar que la democracia dominicana, con todas sus imperfecciones, no apareció por generación espontánea ni cayó del cielo. Fue conquistada a pulso por la izquierda, los movimientos sociales, sindicales y populares que, a lo largo de décadas, enfrentaron dictaduras, represión y exclusión. Desde la heroica expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo, hasta la Revolución de Abril de 1965 y la resistencia durante los doce años de Balaguer, estos sectores dejaron sangre, sudor y lágrimas para que hoy podamos disfrutar de derechos y libertades que algunos pretenden tirar por la borda con discursos de odio. Despreciar esa historia, desconocer ese sacrificio y descalificar el papel de la izquierda y los movimientos sociales es un acto de ingratitud y de ignorancia. Pero es, además, una peligrosa señal de que el país puede estar retrocediendo hacia épocas oscuras, donde la intolerancia y el autoritarismo reinaban. La provocación de la Antigua Orden y la complacencia estatal La AO no solo se limita a vociferar en redes sociales; han protagonizado actos de violencia, agresiones contra periodistas, activistas y ciudadanos que conmemoran fechas históricas, por último, en sus discursos y arengas públicas, han lanzado mensajes anticomunistas y contra la izquierda revolucionaria dominicana. Todo eso coronado con mensajes en espacios públicos con consignas que exaltan a Trujillo y a Pedro Santana, en el país, y en extranjero a ultraderechistas como Trump o Javier Milei, símbolos de intolerancia. Lo peor es que estos actos no han provocado una respuesta firme del gobierno del PRM, que parece más preocupado por mantener una frágil estabilidad política que por defender la democracia y la convivencia pacífica. Esta mirada hacia otro lado se interpreta como un permiso tácito para que estas agrupaciones sigan ganando terreno, alimentando un caldo de cultivo que puede terminar en enfrentamientos sociales. El caso Julio Manuel Rodríguez Grullón: víctimas de la intolerancia La actitud provocadora de la AO se refleja también en la reciente destitución del doctor Julio Manuel Rodríguez Grullón, exdirector del Instituto Duartiano, por expresar una verdad elemental y sensata: que dominicanos y haitianos deben convivir con respeto y diálogo. Su remoción, en un organismo dedicado a preservar la memoria de Juan Pablo Duarte, es una muestra clara de la intolerancia que domina ciertos sectores, empeñados en convertir la historia en un arma para dividir y no para unir. Rodríguez Grullón no traicionó a la patria; simplemente recordó el pensamiento real de Duarte, un hombre que luchó por la independencia sin odiar ni deshumanizar a los haitianos, reconoció su valentía y buscó la cooperación política cuando fue posible. Su pecado fue enfrentarse a los discursos de odio y exclusión, que hoy están siendo promovidos por grupos como la Antigua Orden y sus aliados trujillistas. Un llamado urgente a la unidad y la acción Este país no puede permitirse que un puñado de extremistas, apoyados por viejos sectores autoritarios, siga atacando los cimientos de nuestra democracia. Es hora de que todos los dominicanos, sin importar su ideología, se unan para detener a estos “bichos raros” que amenazan la paz social y el respeto mutuo. El gobierno del PRM debe dejar de lado la complacencia y actuar con firmeza contra la violencia y el discurso de odio. La sociedad civil, los partidos políticos, los medios de comunicación y los intelectuales tienen la responsabilidad histórica de denunciar y aislar estas expresiones retrógradas. La República Dominicana es un país diverso, con una historia compleja y un futuro que debe construirse sobre la base de la verdad, la justicia y el respeto a todos sus habitantes, sean dominicanos o haitianos. Solo así lograremos consolidar una democracia genuina y duradera. No permitamos que la intolerancia y la provocación destruyan lo que tantos han construido con sacrificio. ¡Basta de impunidad para la Antigua Orden! ¡Por una República Dominicana unida, justa y democrática!
La izquierda convoca a la ‘Caminata por la defensa de los derechos laborales’ en el Día del Trabajador

Las organizaciones de izquierda llaman a los trabajadores y al pueblo a la caminata del Primero de Mayo. Por Brendalis Reyes Santo Domingo, 30 de abril de 2025 — Las principales organizaciones de izquierda en República Dominicana hicieron un llamado a la ciudadanía a participar este jueves 1 de mayo en la ‘Caminata por la Defensa de los Derechos Laborales’, en conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores y Trabajadoras. La movilización partirá a las 10:00 de la mañana desde el parque Enriquillo, ubicado en el sector Villa Francisca, y concluirá en la calle El Conde esquina Palo Hincado, frente a la estatua del coronel Francisco Alberto Caamaño. El Partido Comunista del Trabajo (PCT), el Movimiento Caamañista (MC), el Movimiento Popular Dominicano (MPD), el Partido Patria Para Todos/as (PPT), la Fuerza de la Revolución (FR) y el Referente de la Izquierda Dominicana (RID) se unieron para convocar a esta caminata que busca visibilizar la difícil situación que enfrentan los trabajadores dominicanos hoy en día y exigir mejoras en sus condiciones laborales. Un llamado a la reflexión y la acción En una declaración conjunta, las organizaciones recordaron los orígenes del Día Internacional del Trabajo, que conmemora las históricas huelgas de 1886 en Chicago, Estados Unidos, donde los obreros lucharon por la reducción de la jornada laboral de 12 a 8 horas y mejores condiciones de trabajo, enfrentando una sangrienta represión. Actualmente, afirmaron, la realidad laboral en República Dominicana es “deprimente y preocupante”. Casi el 60% del mercado laboral es informal y los salarios mínimos en el sector privado son insuficientes para cubrir las necesidades básicas. Más del 60% de los trabajadores perciben menos de 22 mil pesos mensuales, y en la microempresa el ingreso promedio apenas alcanza los 11,400 pesos, mientras que la canasta básica ronda los 46 mil pesos. Exigencias y denuncias Las organizaciones denunciaron además que la seguridad social no protege adecuadamente a los trabajadores ni a sus familias, y que el sistema de salud es deficiente, costoso y discriminatorio según la condición económica. También criticaron la falta de seguridad ciudadana, el deficiente transporte público, la dificultad para acceder a una vivienda digna y la limitada oferta de educación de calidad que, señalaron, sigue siendo un privilegio para pocos. Una de las preocupaciones centrales fue la vulneración del derecho a la sindicalización. “El capitalista, llamado empleador, le niega el derecho al trabajador a la sindicalización, inventándole acusaciones si intentan formar un sindicato”, alertaron. Asimismo, lamentaron los intentos del Gobierno y de los empresarios por eliminar la cesantía, un derecho histórico de los trabajadores. Unidad y lucha Frente a este panorama, la izquierda revolucionaria, antiimperialista y progresista convocó a la clase obrera a integrarse a la Unión Clasista de Trabajadores (UCT) e impulsar la formación de sindicatos en todos los sectores productivos y de servicios. “¡Trabajadores unidos, jamás serán vencidos! ¡En la unidad está el triunfo!”, concluyeron las organizaciones firmantes, reafirmando su compromiso con la defensa de los derechos laborales y sociales de los dominicanos. La ‘Caminata por la Defensa de los Derechos Laborales’ promete ser un espacio de reivindicación y lucha que marcará este Día del Trabajador en República Dominicana. Para más noticias y coberturas sociales siga con Servicios umbral.local/
La izquierda ha luchado toda la vida por la democracia

BATEANDO A LA IZQUIERDA De buena a primera, encontramos oposición a la democracia con argumentos inverosímiles, extraídos de una película de ficción. Nunca de una opinión juiciosa, como dicen los colombianos, creativa e inteligente. Un intento para justificar el aislamiento electoral y a un rechazo sistémico sin ton ni son. Pretender un sistema político, imparcial y al servicio de la población, es ignorar su esencia de clase en países pobres, atrasados y dependientes. Lo que tenemos es una \»caricatura de democracia\», la misma que opera en América Latina y el Caribe, con instituciones sesgadas, incompetentes y contaminadas. Sin embargo, las fuerzas progresistas y de izquierda han obtenido triunfos y derrotas electorales en reiteradas ocasiones. Por un lado, se encuentra la oposición a participar en el proceso democrático, en específico en el periodo electoral, en las votaciones. Y, por el otro, están los divididos en fracciones que se involucran con intenciones muy diversas. No existe unificación de criterios en torno a ¿qué buscar en la democracia? Hasta ahora, los resultados han sido desastrosos y deprimentes: desde convertirse en comodín de los sectores oligárquicos y burgueses. Y concluir en ridículas presencias en el conteo final de los votos. Históricamente, entre dictadura y democracia, la izquierda ha preferido la democracia. Su posición la ha sustentado en los diversos programas de gobiernos presentados a la sociedad y a la población. Y en el respaldo militante, con las armas en las manos, a la Constitución de 1963 y al retorno a la presidencia, sin elecciones, del profesor Juan Bosch. En la actualidad se encuentra despistada y sin ideas claras. Desperdiciando la oportunidad para reencontrarse de nuevo, despojándose de posiciones que desnaturalizan su esencia revolucionaria. Las luchas de los hombres y mujeres de la izquierda han sido por la democracia. No se registra en los anales de la historia que lo hayan hecho para instalar el socialismo y el comunismo. Por lo menos, documentos fidedignos con planteamientos precisos no se han visto. Lo que se puede confirmar es su firme convicción de transitar el tramo democrático dentro del sistema actual. Y fue una acertada posición política e ideológica, solo que no comprendieron ni comprenden la estructura, el funcionamiento y su composición de clases en países enmarcados en las condiciones históricas, económicas y sociales como República Dominicana. Ha mediado, más o menos, del siglo pasado, las ideas de izquierda tomaron cuerpo y se relacionaron en el seno de un exclusivo sector de la intelectualidad y la clase trabajadora. Una vinculación dinámica que permitió que los principales medios de producción y de estudios de la época recibieran la presencia de sus integrantes. Encabezaron círculos de intelectuales, entidades educativas y fueron dirigentes de importantes sindicatos o uniones de trabajadores. En un periodo histórico de dictadura cruel y sangrienta. La presencia de las ideas de izquierda se sitúa en la etapa democrática del capitalismo, en su versión dictadura. Su objetivo fue alcanzar la democracia, oponiéndose a la tiranía de Trujillo. Por su trabajo en la clase trabajadora y en la intelectualidad, fueron perseguidos con sañas en todo el territorio nacional. No obstante la agresividad, lograron crear y organizar a los trabajadores en sindicatos fuertes que materializaron importantes manifestaciones para conseguir reivindicaciones sociales y económicas. Al desaparecer la dictadura de Trujillo, por su ajusticiamiento, el país entró en una etapa de inestabilidad política e institucional en que los bienes estatales pasaron a ser saqueados por el sector oligárquico que se oponía a la tiranía y a sus familiares. Las ideas democráticas y de izquierda se afianzan en la población y los trabajadores, creando una resistencia nacional para enfrentar al grupo social, dominante e insaciable, dispuesto a aplastar con sangre las manifestaciones por la institucionalidad democrática del Estado. En los periodos de 1960 a 1978, la izquierda pudo desempeñar episodios de glorias y enormes sacrificios por la democracia dominicana. Desde las conquistas de libertades públicas y políticas, garantías de los derechos humanos y la participación de la oposición en los certámenes electorales celebrados. Hasta el abonar con sangre, el camino que se transita en la actualidad. El asesinato cobarde y criminal del doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo y sus compañeros, fue el inicio de una feroz cacería en contra de la cúpula y de militantes del movimiento revolucionario. De tal magnitud de que hoy, los revolucionarios no han podido recuperarse de ese fuego combinado de balas asesinas y de una muy sofisticada lucha ideológica con resultados sorprendentes. Alcanzar la “nueva democracia” continúa siendo el anhelo sagrado de la izquierda, con el compromiso de profundizar y completar la etapa democrática de un capitalismo atípico. En casi cinco décadas de gobernanza, la corrupción y la impunidad y la entrega de nuestros recursos naturales a potencias extranjeras han sido las prendas indelicadas de los que han cruzado por el poder. La revolución democrática burguesa puede ser conducida por progresistas, democráticos y revolucionarios; con la capacidad de gobernar con principios éticos y patrióticos que, garanticen no desviar el curso histórico de la democracia.