UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Marea ciudadana sacude Estados Unidos: más de 3.300 protestas exigen el fin del “autoritarismo” de Trump

Bajo el lema ‘No Kings’, la mayor movilización contra el mandatario recorre los 50 estados con un reclamo doble: frenar los abusos del ICE y detener la “guerra ilegal” en Irán. Bernie Sanders y Jane Fonda encabezan la jornada central en Minnesota, donde la muerte de dos ciudadanos estadounidenses a manos de la Patrulla Fronteriza encendió la chispa del descontento nacional. La desaprobación al presidente alcanza el 59%, su nivel más alto en dos mandatos. Por Redacción Internacional umbral.local/ No son las primeras, pero sí son las las más numerosas hasta el momento. Este sábado, Estados Unidos asistió a la tercera jornada del movimiento ‘No Kings’ —“No reyes”—, una convocatoria que ha logrado tejer una coalición de unos 400 grupos, entre los que figuran Amnistía Internacional, la Unión de Libertades Civiles Estadounidenses (ACLU), centrales sindicales y organizaciones vecinales, para plantar cara frontal a la Casa Blanca. La cita, ha sido superior a las dos ediciones anteriores —la de octubre pasado congregó a 7 millones de personas en 2.700 eventos, y la de junio de 2025 sumó 5 millones en 2.100 puntos—, ha desplegado más de 3.300 concentraciones en los 50 estados del país. El detonante inmediato es doble y se ha ido alimentando en los últimos meses. Por un lado, los operativos migratorios del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) y la Patrulla Fronteriza, que en enero dejaron dos ciudadanos estadounidenses asesinados en Minnesota: Renee Good y Alex Pretti. El suceso, que aún no ha sido esclarecido en su totalidad, encendió la indignación más allá de las fronteras estatales y se convirtió en el símbolo de lo que los manifestantes denominan “los abusos de un poder sin freno”. Por otro lado, la guerra en Irán —que este sábado cumplió su primer mes— ha sido calificada por los organizadores como “una guerra ilegal”, impulsada por el presidente Donald Trump sin el debido escrutinio del Congreso ni consenso internacional. “Los estadounidenses están hartos de este caos constante, y están listos para unirse en solidaridad contra los actos excesivos y atroces de la Administración de Trump contra las familias trabajadoras y los inmigrantes”, señaló la coalición en un comunicado difundido horas antes del inicio de las marchas. El lema ‘No Kings’ resume una crítica de fondo: la percepción generalizada de que el segundo mandato del magnate ha derivado hacia prácticas autoritarias que socavan las bases republicanas del sistema. La jornada principal tuvo como epicentro Mineápolis, la mayor ciudad de Minnesota. Allí, a las 14:00 horas del centro de Estados Unidos (19:00 GMT), se reunieron e intervinieron dos figuras emblemáticas del progresismo estadounidense: el senador Bernie Sanders, cuya candidatura presidencial movilizó a millones de jóvenes en las últimas décadas, y la actriz y activista Jane Fonda, veterana de las luchas sociales desde los años de Vietnam. Junto a ellos, Liz Schuler, presidenta de la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO), dio voz al malestar de los trabajadores organizados, un sector que en anteriores movilizaciones se mantuvo más cauto y que ahora se sumó sin ambages. Pero el pulso no se limita al Medio Oeste. Desde las plazas de Nueva York hasta los parques de Los Ángeles, pasando por las capitales del sur y las ciudades medianas del cinturón industrial, las protestas han brotado como una reacción en cadena. La consigna es clara: frenar los operativos migratorios que, denuncian, han sembrado el terror en comunidades enteras, y exigir el cese de una guerra que consideran una aventura unilateral sin salida clara. El contexto político añade combustible a las calles. Una encuesta publicada el miércoles por Fox News —medio habitualmente afín al trumpismo— reveló que el 59% de los estadounidenses reprueba la gestión del presidente, la cifra más alta registrada en sus dos mandatos. El dato ha sido interpretado por los analistas como un termómetro del desgaste acelerado que sufre la Administración, especialmente tras el inicio del conflicto en Irán y la escalada retórica contra los inmigrantes. Las marchas de este sábado no solo han medido fuerzas: también han ensayado una oposición articulada y con capacidad de convocatoria sostenida. El movimiento ‘No Kings’, que nació en 2025 como una respuesta dispersa a las primeras órdenes ejecutivas de Trump, ha logrado en menos de un año consolidar una estructura nacional con capacidad para movilizar a millones de personas en tres jornadas sucesivas. Los organizadores han informado que en esta tercera edición se han superado los 7 millones de asistentes de octubre pasado, un récord que, ha enviado una señal inequívoca a la Casa Blanca y al Congreso. Mientras tanto, en las calles de Mineápolis, los manifestantes ya ondean pancartas que mezclan el rechazo a la guerra con la defensa de los derechos migrantes. “No Kings, no war, no ICE”, se lee en una de ellas. “Trump escucha: el pueblo no se arrodilla”, advierte otra. El eco de estas consignas recorre hoy cada rincón del país, desde las metrópolis costeras hasta los pequeños condados del interior. Estados Unidos vuelve a salir a la calle, y esta vez lo hace con la determinación de quien ya no cree en las promesas, sino en la presión colectiva como única herramienta para doblegar lo que percibe como un desborde autoritario. La jornada ha transcurrido sin incidentes mayores y las fuerzas de seguridad se han mantenido en alerta. La pregunta que flota en el aire es si esta marea ciudadana logrará traducirse en un freno efectivo a las políticas de Trump o si, por el contrario, el presidente redoblará la apuesta en su pulso contra las instituciones. Por ahora, las calles hablan. Y su mensaje es inequívoco: no quieren reyes.

Bad Bunny: La Voz Indómita en la Noche Dorada

Un grito desde el escenario más brillante: cuando la música desnudó la barbarie y reclamó los nombres robados. Por Julio Guzmán Acosta La madrugada de este lunes, mientras Estados Unidos dormía entre pesadillas de protestas y divisiones, los Grammy no fueron solo una fiesta. Fueron un juicio. Bajo los reflectores de la industria musical más poderosa del mundo, se levantó un tribunal improvisado donde los acusados tenían nombres: ICE, la política migratoria de la administración Trump, el olvido calculado hacia los cuerpos que cruzan fronteras. Y desde ese estrado, con el trofeo del Álbum del Año en la mano, Bad Bunny —el huracán boricua que ha redefinido el pop global— lanzó un veredicto inapelable, una frase que ya resuena como estribillo de una generación: “No somos salvajes, no somos animales, no somos aliens, somos humanos”. Pero aquel no fue un discurso aislado. Fue el coro final de una sinfonía de rabia y dignidad que atravesó toda la gala. Mientras en Mineápolis y otras ciudades ardían las calles por la justicia racial y migratoria, las alfombras rojas se llenaron de insignias discretas pero elocuentes, pequeños emblemas de resistencia prendidos en trajes de diseñador. Y luego, llegaron las voces. Una tras otra, como testigos en un proceso colectivo, desfilaron para dejar su testimonio. Billie Eilish, con su fría contundencia adolescente, sentenció: “No existe tal cosa como una persona ilegal en tierras indígenas robadas. A la mierda con ICE”. Olivia Dean, ganadora a mejor artista nueva, hurgó en la memoria familiar: “Estoy aquí como nieta de un inmigrante, soy producto de la valentía”. Y en el centro de la burla y la sátira, el presentador Trevor Noah clavó su dardo más afilado contra el presidente Trump, comparando su deseo por Groenlandia con la ambición de los artistas por el Grammy a Canción del Año —un chiste que provocó la inmediata y furibunda reacción del mandatario, quien amenazó con demandar al “pobre, patético, sin talento y tonto presentador”. Pero entre todas las intervenciones, la de Bad Bunny emergió con la fuerza de un manifiesto. No fue un agradecimiento protocolario. Fue una interrupción deliberada del guion, un “antes de agradecer a Dios” que trastocó el orden de lo permitido. Al gritar “¡Fuera ICE!” y reclamar la humanidad intrínseca de los migrantes, el artista performó un acto de desobediencia cultural en el corazón mismo del sistema. No habló solo como ganador, sino como portavoz de una comunidad sistemáticamente deshumanizada por leyes y retóricas que reducen vidas a adjetivos: “ilegales”, “extranjeros”, “alienígenas”. La prosa de la noche, así, fue literaria en su tragedia y en su resistencia. Cada discurso, cada insignia, cada mirada a cámara compuso un relato alternativo al oficial: el de un país que, en sus artistas más celebrados, se reconoce plural, mestizo, fundado por y sobre migrantes. Un país que, paradójicamente, celebra en esa misma gala a quienes le recuerdan sus deudas más íntimas. Los Grammy de esta madrugada no premiaron solo la excelencia musical. Premieron, quizá sin quererlo del todo, el coraje de usar el micrófono más amplificado del mundo para decir las verdades más incómodas. Y en ese gesto, Bad Bunny y sus compañeros transformaron trofeos en testimonios, aplausos en solidaridad, y una gala de entretenimiento en un capítulo urgente de la crónica social de nuestro tiempo. Porque, al final, la música puede callar muchas cosas, pero anoche eligió, claramente, gritar.

Frente Amplio denuncia represión y redadas contra migrantes en EE.UU. 

Partido condena uso de Guardia Nacional y políticas racistas que afectan a comunidades migrantes, incluyendo dominicanos Por Thiago Zorrilla Acosta Por medio de la Secretaría de Asuntos Internacionales el Frente Amplio emitió un enérgico pronunciamiento en rechazo a las recientes redadas migratorias y la brutal represión ejercida por el régimen de Donald Trump en Los Ángeles y otras ciudades de Estados Unidos. En su comunicado, el Frente Amplio calificó estas acciones, que incluyen el despliegue de la Guardia Nacional contra manifestantes y comunidades migrantes, como una grave violación de los derechos humanos y un acto de terrorismo de Estado. Según la organización política, dichas medidas forman parte de una política fascista y racista que criminaliza la migración y profundiza la división de la clase trabajadora, favoreciendo los intereses del capital financiero y el imperialismo. La organización política de izquierda denunció el uso de la fuerza militar contra civiles y el trato inhumano hacia miles de personas migrantes, entre ellas dominicanos y dominicanas que viven bajo la constante amenaza de persecución y deportación. La represión, advirtieron, no solo vulnera derechos fundamentales, sino que también busca desarticular el creciente movimiento popular en demanda de justicia y dignidad. Reafirmando su compromiso con la solidaridad internacionalista, el Frente Amplio, partido que dirige la presidenta María Teresa Cabrera hizo un llamado a las organizaciones progresistas, de derechos humanos y movimientos sociales para intensificar esfuerzos en defensa del pueblo migrante y la unidad de la clase trabajadora a nivel global. Este pronunciamiento se inscribe en un contexto de creciente tensión social en EE.UU., donde las políticas migratorias y la respuesta estatal a las protestas recrudecen el conflicto social y político en torno a derechos fundamentales y justicia social.

Tropas contra protestas en Los Ángeles: Celebridades alzan la voz contra la militarización

Artistas y actores condenan el despliegue de la Guardia Nacional ordenado por Trump para frenar manifestaciones Por Julio Guzmán Acosta El despliegue de la Guardia Nacional en Los Ángeles, a instancias del presidente Donald Trump, para contener las crecientes protestas contra las redadas migratorias, ha provocado una ola de críticas y reacciones en la industria del entretenimiento estadounidense. Figuras como Mark Ruffalo, Halle Berry, Pedro Pascal y Ava DuVernay han expresado públicamente su rechazo a esta medida que consideran una militarización injustificada contra manifestantes pacíficos. Mark Ruffalo, nominado al Oscar, fue contundente en su mensaje a través de Instagram: “Estás apuntando tus armas en la dirección equivocada”. Su pronunciamiento fue respaldado por colegas como Halle Berry y Marisa Tomei, mientras que Pedro Pascal, actor chileno nacionalizado estadounidense, celebró la diversidad del país y llamó a proteger a quienes defienden esa pluralidad con el hashtag #RESISTE. En la reciente ceremonia de los premios BET, la rapera Doechii, galardonada con un Grammy, utilizó su discurso para condenar “ataques despiadados que están sembrando miedo y caos en nuestras comunidades en nombre de la ley y el orden”. Denunció que el Gobierno emplea fuerzas militares para reprimir protestas legítimas y subrayó la gravedad de separar familias y silenciar la voz del pueblo con violencia. La directora Ava DuVernay denunció haber sido testigo de la utilización de gas lacrimógeno y balas no letales contra manifestantes pacíficos, mientras que Eva Longoria calificó el uso de marines como una acción “antiamericana”. La modelo y presentadora Chrissy Teigen criticó el autoritarismo del presidente, señalando que “actúa como un rey que ignora los controles y equilibrios”. En un tono aún más enérgico, la cantante y actriz Reneé Rapp manifestó su indignación contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la administración actual, calificando esta situación como “una maldita vergüenza”. Finneas, músico y hermano de Billie Eilish, relató haber sido víctima de gas lacrimógeno durante una protesta pacífica, mientras Lisa Rinna alertó sobre la intención de Trump de declarar la ley marcial en Los Ángeles, advirtiendo a la población sobre el riesgo de violencia. Por su parte, el presidente Trump defendió su decisión argumentando que, sin la intervención militar, “esa ciudad una vez hermosa y grandiosa estaría ardiendo en este momento”. En un discurso ofrecido en Fort Bragg, Carolina del Norte, calificó a la urbe como escenario de una “invasión por un enemigo externo” y comparó a los manifestantes con “animales” que “portan con orgullo las banderas de otros países”. Este episodio tensiona aún más el debate sobre el uso de la fuerza en la gestión de conflictos sociales, y las voces del mundo artístico se suman con fuerza al reclamo por el respeto a los derechos civiles y la libertad de expresión.

La administración Trump busca transformar las deportaciones en un Negocio Eficiente \»Tipo Amazon\»

Una vista aérea de la Instalación de Procesamiento del ICE en Luisiana Central, el martes 8 de abril de 2025, en Jena, LuisianaGERALD HERBERT/AP Por Julio Guzmán Acosta En un giro controversial hacia la gestión de las deportaciones, el director interino del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), Todd Lyons, ha propuesto un enfoque empresarial para el sistema de deportaciones de Estados Unidos. En una reciente conferencia de seguridad fronteriza en Phoenix, Lyons sugirió que la agencia debería \»tratar esto como un negocio\» y aspirar a un modelo de funcionamiento similar al de Amazon, buscando \»entregar su producto en 24 horas\». Esta declaración ha generado críticas y preocupaciones sobre la deshumanización del proceso de deportación. Actualmente, alrededor de 7,000 personas se encuentran detenidas en centros de inmigrantes en Luisiana, un estado que ha visto un aumento significativo en su capacidad de detención. Si el Gobierno del presidente Donald Trump continúa con sus políticas migratorias, se espera que la capacidad para detener a inmigrantes se expanda de las actuales 41,000 camas a cerca de 100,000, lo que representa una posible bonanza para las empresas penitenciarias privadas. La Cámara de Representantes ha aprobado una iniciativa de gastos que incluye un asombroso presupuesto de 175,000 millones de dólares para fortalecer la aplicación de las leyes de inmigración, lo que equivale a 22 veces el presupuesto anual del ICE. Esto ha llevado a que múltiples empresas presenten ofertas para operar centros de detención, y ya se han adjudicado contratos por miles de millones de dólares. Luisiana, que no tiene frontera con México, ha logrado convertirse en un lugar clave para los centros de detención. Atraída por costos laborales bajos y una oferta de cárceles vacías, la agencia ha tomado el control de varios penales en el estado. Según datos recientes, Luisiana ocupa el segundo lugar en Estados Unidos en cuanto a espacio de detención para inmigrantes, solo detrás de Texas. Sin embargo, este enfoque empresarial ha suscitado preocupaciones sobre el bienestar de los detenidos. Críticos del sistema afirman que se está intentando aislar a los detenidos, dificultando su acceso a abogados y sistemas de apoyo, lo que podría facilitar su expulsión. Las instalaciones de detención, muchas de las cuales están ubicadas en áreas rurales, están a horas de distancia de las principales ciudades donde se concentran los abogados y organizaciones defensoras de derechos de los inmigrantes. Las quejas sobre las \»condiciones deplorables\» en las que viven los detenidos son comunes. La falta de acceso a apoyo legal y la lejanía de sus familias hacen que muchos se sientan desalentados en su lucha contra la deportación. \»La detención juega un papel crucial en facilitar la cruel agenda de deportación masiva de Trump\», afirmó Carly Pérez Fernández, portavoz de Detention Watch Network. El ICE ha implementado audiencias por video como una alternativa a las comparecencias en persona, pero muchos abogados, como Homero Lopez de Immigration Services and Legal Advocacy, consideran que estas videoconferencias son \»deshumanizantes\». Lopez prefiere el contacto personal en audiencias más relevantes, ya que la falta de conexión puede llevar a los jueces a no comprender adecuadamente la situación de los detenidos. La propuesta de tratar las deportaciones como un negocio eficiente plantea serias preguntas sobre la ética y los derechos humanos en el contexto de la inmigración en EE.UU. Mientras las empresas privadas se benefician de un sistema de detención en expansión, los derechos de los inmigrantes se encuentran en el centro de un debate intenso y urgente. La dirección que tome el país en esta materia no solo afectará a miles de personas, sino que también definirá el futuro de la política migratoria estadounidense.