Frente Amplio rechaza visita de Marco Rubio a la República Dominicana

Por Servicios umbral.local/ Santo Domingo.- En medio de un día soleado en la capital dominicana el gobierno se prepara para recibir al secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, quien llegará el próximo miércoles como parte de su primera gira internacional desde que asumió el cargo. Sin embargo, la expectativa por esta visita ha provocado un amplio y firme rechazo de amplios sectores del país entre los que se encuentra el Frente Amplio, que ha levantado la voz en contra de lo que considera una injerencia inaceptable en los asuntos internos del país. Desde sus oficinas en el centro de la ciudad, los líderes del Frente Amplio emitieron un comunicado donde rechazan con fuerza en la visita del jefe de la diplomacia estadounidense. En sus declaraciones, la organización política expresó su preocupación y rechazo a la visita de Rubio, argumentando que esta representa un intento de imponer una agenda política alineada con los intereses hegemónicos de Washington. “La soberanía nacional y la estabilidad del país están en juego”, señalaron, resaltando la importancia de mantener la independencia ante cualquier tipo de injerencia extranjera. El Frente Amplio no se detuvo ahí. En el comunicado, se hizo hincapié en el historial de Marco Rubio, conocido por su apoyo a sanciones económicas y bloqueos contra países como Cuba y Venezuela, medidas que, según el partido, han tenido un impacto devastador en las poblaciones de estas naciones. “Rubio ha promovido una postura ultraconservadora, que ignora las realidades sociales de Latinoamérica y el Caribe, y se ha convertido en un símbolo de las políticas de presión contra gobiernos progresistas”, argumentan. A medida que se avecina la llegada de Rubio al país, la crítica hacia el personaje se intensifica. Las palabras del Frente Amplio circulan en las redes sociales y en el ambiente político, donde muchos ciudadanos sienten que la llegada del secretario de Estado podría significar un cambio en la relación entre la República Dominicana y sus vecinos latinoamericanos. “Es un firme aliado de gobiernos de ultraderecha”, dicen, refiriéndose a su apoyo a regímenes que, según ellos, han desmantelado los derechos sociales y criminalizado la protesta. La organización política también subrayó que la designación de Rubio como secretario de Estado refuerza una política exterior estadounidense que, a su juicio, busca desestabilizar gobiernos soberanos. “La militarización y la represión contra sectores progresistas son parte de su agenda”, advierten, al tiempo que critican la imposición de modelos económicos y políticos que no se adaptan a las necesidades de los países de la región. En un tono desafiante, el Frente Amplio afirmó que Rubio no es un diplomático en busca de cooperación, sino un operador político que responde a intereses específicos. “Su objetivo no es fortalecer lazos de hermandad ni promover el desarrollo, sino asegurar que la República Dominicana se alinee con una política exterior hostil a la autodeterminación de nuestros pueblos”, señalaron, enfatizando el riesgo de dejarse llevar por las presiones externas. A pocos dias de la visita no grata de Marco Rubio, el Frente Amplio hace un llamado al Gobierno dominicano para que no ceda ante las presiones del político estadounidense. En su discurso, se resalta la importancia de fortalecer las relaciones con otras naciones de América Latina y el Caribe, basadas en el respeto mutuo y la cooperación, en lugar de alinearse con agendas que no reflejan los intereses del pueblo dominicano. La controversia en torno a la visita de Marco Rubio abre un debate más amplio sobre la política exterior de la República Dominicana y su papel en la dinámica de América Latina. Los sectores progresistas han elaborado un programa que incluye varios actos con los cuales se pretende movilizar a los dominicanos en contra de la injerencia extrajera y de rechazo a ese odioso visitante. El país se encuentra en un punto de inflexión donde la defensa de la soberanía y la autodeterminación se convierten en temas centrales en la agenda nacional. En un contexto donde el eco de la historia reciente aún resuena, el rechazo del Frente Amplio a la visita de Rubio no es solo un acto de resistencia, sino un llamado a la unidad y a la reflexión sobre el futuro de la política exterior dominicana. Mientras las voces de protesta se alzan, la nación se enfrenta a la pregunta de cómo navegar en un mundo donde las influencias externas son cada vez más palpables y la soberanía es un valor que debe ser defendido con firmeza. La visita de Marco Rubio se convierte así en un símbolo de las tensiones que persisten en la región, donde la lucha por la autodeterminación y el respeto a los derechos de los pueblos se mantiene vigente.
Angustia y desamparo: El dominicano en Estados Unidos ante la política antiinmigrante

Por Julio Disla Por décadas, la comunidad dominicana en Estados Unidos ha sido un pilar fundamental tanto para la economía estadounidense como para la dominicana. A través de su arduo trabajo en sectores esenciales como la construcción, la hospitalidad y los servicios de salud, han contribuido significativamente al desarrollo de la nación que los acoge. Además, con las remesas que envían a sus familias, han sostenido una parte importante de la economía de la República Dominicana. Sin embargo, a pesar del invaluable aporte, hoy enfrentan una creciente angustia ante las políticas antiinmigrantes del nuevo gobierno estadounidense y la falta de respaldo por parte de las autoridades dominicanas. Miedo, Humillación y Desprotección Las recientes medidas de endurecimiento migratorio han puesto a muchos dominicanos en una posición de vulnerabilidad. Las redadas, el aumento de las deportaciones y las restricciones en los procesos de regularización generan incertidumbre y temor entre quienes residen en la nación norteamericana, especialmente aquellos que aún no han conseguido su estatus legal. La amenaza de separación familiar y la posibilidad de perder años de esfuerzo y sacrificio han sumido a muchos en un estado de ansiedad constante. Más allá de las políticas gubernamentales, la hostilidad hacia los inmigrantes ha crecido en la sociedad estadounidense, promoviendo actitudes discriminatorias y episodios de humillación para aquellos que, a pesar de ser parte activa del tejido social y económico, son tratados como una carga o una amenaza. Esto no solo afecta a los indocumentados, sino también a aquellos con estatus legal que, en un ambiente de creciente xenofobia, pueden ser blanco de racismo y exclusión. Un Gobierno Ausente ante la Crisis Frente a esta crisis, el gobierno dominicano ha mostrado una preocupante indiferencia. Mientras otros países han brindado apoyo legal y político a sus diásporas, la comunidad dominicana en EE.UU. ha quedado prácticamente desamparada. No existen programas de asistencia jurídica efectivos para ayudar a quienes enfrentan procesos de deportación, ni iniciativas diplomáticas contundentes para exigir un trato justo a sus ciudadanos en el extranjero. Esta inacción contrasta con el peso que la comunidad dominicana tiene en la economía nacional. Las remesas enviadas por los dominicanos en los Estados Unidos representan una de las principales fuentes de ingresos del país, contribuyendo a la estabilidad de miles de familias y al crecimiento económico. A pesar de esto, el gobierno no ha diseñado estrategias concretas para proteger a quienes sostienen una parte importante de la nación desde el extranjero. La Urgencia de una respuesta gubernamental Es imperativo que el gobierno dominicano asuma un papel más activo en la defensa de los derechos de su comunidad en esta urbe. Se necesitan consulados que realmente actúen en favor de los dominicanos en situación de riesgo, ofreciendo asistencia legal y diplomática. Asimismo, el país debe ejercer presión política para garantizar que sus ciudadanos no sean tratados de manera injusta o discriminatoria. La diáspora dominicana ha demostrado su lealtad y compromiso con la nación. Ahora es el turno del gobierno de demostrar que no están solos. Protegerlos no sólo es un deber moral, sino también una acción estratégica para garantizar la estabilidad de un país que sigue dependiendo en gran medida del esfuerzo y sacrificio de sus ciudadanos en el extranjero.
Oportunidades laborales y formación adecuada a las necesidades del pais, son claves para frenar la emigración
En el contexto actual de la política migratoria estadounidense, donde la deportación masiva de inmigrantes se ha convertido en una realidad alarmante, los gobiernos latinoamericanos están siendo puestos a prueba. La forma en que cada nación responde a esta crisis no solo revela su capacidad de gestión, sino también su compromiso con la dignidad y el bienestar de sus ciudadanos. En este sentido, la República Dominicana se enfrenta a un reto crucial: la creación de mejores oportunidades laborales y programas de formación que reduzcan la necesidad de emigrar. La reciente actitud del gobierno dominicano, que ha optado por una postura de indiferencia ante la deportación de sus ciudadanos, es preocupante. Mientras otros países de la región, como México, Colombia, Honduras y Brasil, han implementado planes integrales para recibir y reintegrar a sus deportados, la administración de Luis Abinader se ha limitado a aceptar la autoridad de Estados Unidos en este asunto. Esta falta de sensibilidad no solo desatiende las necesidades de los migrantes, sino que también subestima el potencial de desarrollo que podría surgir al invertir en la formación y el empleo en el país. La emigración no es solo una decisión personal; es un fenómeno complejo que a menudo es impulsado por la falta de oportunidades. Al proporcionar mejores condiciones laborales, así como acceso a educación y capacitación, el gobierno dominicano podría ofrecer a sus ciudadanos alternativas viables para prosperar en su propio país. Invertir en programas de formación técnica y profesional, así como en políticas que fomenten el emprendimiento y la innovación, son pasos necesarios para construir un futuro más prometedor. La creación de empleos dignos y bien remunerados no solo beneficia a los individuos, sino que también fortalece la economía nacional. Una población empleada es una población que contribuye al crecimiento del país, que paga impuestos, que consume y que, en última instancia, puede contribuir a un ciclo de desarrollo sostenible. La falta de oportunidades laborales es un caldo de cultivo para la desesperanza y la migración. No se trata solo de evitar que nuestros ciudadanos abandonen el país, sino de ofrecerles razones para quedarse y construir su vida aquí. Es imperativo que el gobierno dominicano reoriente sus políticas hacia el desarrollo económico inclusivo. Esto implica no solo la creación de empleo, sino también la facilidad para la adquisición de viviendas, con politicas crediticias avaladas por el Estado y la promoción de un entorno en el que los jóvenes y adultos puedan adquirir las competencias necesarias para afrontar los desafíos del mercado laboral. Esto no solo es una cuestión de justicia social, sino también de estrategia económica. La migración debe ser vista como una opción, no como una necesidad. Para ello, es fundamental que nuestros líderes entiendan que la verdadera fortaleza de una nación se mide por su capacidad para ofrecer un futuro digno a sus ciudadanos. La solidaridad y la empatía deben ser los principios rectores de nuestra política migratoria interna y externa. En resumen, la situación actual nos brinda una oportunidad única para reflexionar sobre nuestras prioridades como nación. Es hora de que la República Dominicana tome un papel proactivo en la creación de un entorno que fomente la estabilidad y el desarrollo, reduciendo así la presión migratoria. Solo así podremos garantizar que nuestros ciudadanos tengan las oportunidades que merecen, y que sean ellos quienes decidan, desde una posición de libertad y elección, si desean emigrar o permanecer y contribuir al desarrollo del país.
Injerencismo y algo más

El mismo que ahora se proclama defensor de la “democracia” en Venezuela, aupado por una vieja y agresiva oligarquía y de unos exponentes de la corrupción como los Juan Guaidó, Juan Capriles y Leopoldo López, entre otros. Pocas veces la democracia había tenido peores defensores. Por Rafael Chaljub Mejía En tantos años vividos, nunca había visto a nuestro país convertido en escenario de un acto como el escenificado ayer en el Palacio. Por los alcances negativos de ese acto, por los personajes y las instituciones internacionales allí representados y por lo que significa el involucrar a nuestro país y su Estado nacional en una acción conjunta con las fuerzas más retrógradas y reaccionarias de toda nuestra región. El protagonista fue el señor Edmundo González, detrás de cuya figura desabrida hay todo un pasado que lo convierte en reo de acusaciones como aquella de haber sido colaborador de la CIA en las sangrientas represiones dirigidas por esa agencia yanki contra los movimientos insurgentes en Centroamérica, de la cual fueron víctimas hasta varios sacerdotes. El mismo que ahora se proclama defensor de la “democracia” en Venezuela, aupado por una vieja y agresiva oligarquía y de unos exponentes de la corrupción como los Juan Guaidó, Juan Capriles y Leopoldo López, entre otros. Pocas veces la democracia había tenido peores defensores. Los expresidentes colombianos Álvaro Uribe, cuyo mandato quedó marcado por su siniestra alianza con los grupos paramilitares y grupos peores aún; Iván Duque, criatura del mismo Uribe y Andrés Pastrana que en esta cruzada contra Venezuela y su gobierno camina ahora junto a ellos. Así sigue la lista de amigos de González, los mejicanos Felipe Calderón y Vicente Fox, el mismo Fox del tristemente célebre: “Come y te vas”, con el cual alguna vez intentó inútilmente humillar al presidente Fidel Castro. Hablar de democracia y decir que son estos sus defensores es un monumental contrasentido. Lo de ayer tiene implicaciones mucho mayores. Está a la vista que actualmente gran parte del mundo va siendo copada por una ola de matices fascistas y ultra reaccionaria. El ascenso de Donald Trump viene a reforzarla. Esa tendencia crece en nuestra región, como si se buscara organizar una internacional ultraconservadora. El acto de ayer le da un importante aliento a esa amenaza y es esa una razón más para denunciarlo. Ha dicho el señor González que viajará a Caracas a tomar posesión de la presidencia que ya la institucionalidad de Venezuela le entregó al presidente Nicolás Maduro. Ojalá haya desistido de esa idea y que si intentara ponerla en práctica, no salga de aquí y nos evite el sonrojo de servir de punto de partida de una aventura que no puede terminar en nada bueno. Definitivamente, hubiese sido mejor una prudente neutralidad en este conflicto que deben solucionar los propios venezolanos.
La contradictoria postura del gobierno dominicano hacia Venezuela

Por Servicios umbral.local/ La reciente decisión del gobierno dominicano, encabezado por Luis Abinader, de recibir a Edmundo González como jefe de Estado de Venezuela, es un claro ejemplo de incoherencia en la política exterior de la República Dominicana. Esta acción no solo contradice la postura oficial del gobierno dominicano de no reconocerlo como presidente electo, sino que también plantea serias interrogantes sobre las intenciones y la dirección de nuestra política internacional. Edmundo González, a quien muchos medios han señalado como un agente de la CIA, es un personaje polémico que deja un rastro de sangre en su camino. Su papel como embajador de Venezuela en El SAlvador y su participación en acciones que han llevado a la mjuerter a miles de ciudadanos inocentes ese país son ampliamente documentados. En este contexto, recibirlo como jefe de Estado es, a todas luces, una contradicción que pone en entredicho la integridad y la coherencia de la política exterior dominicana. El 28 de julio pasado, Nicolás Maduro fue reelegido en las elecciones, un resultado que ha sido validado por el Consejo Nacional Electoral de Venezuela. Este hecho refuerza la legitimidad del actual presidente y la necesidad de la comunidad internacional de respetar los procesos democráticos en la región. Al recibir a González, el gobierno dominicano no solo ignora la voluntad del pueblo venezolano, sino que también se presta a ser cómplice de las estrategias desestabilizadoras impulsadas por Estados Unidos y la Unión Europea. Venezuela es un país y un pueblo hermano, con una rica historia cultural y social que merece nuestro respeto y apoyo. La República Dominicana, como nación soberana, no debe convertirse en un escenario para las maniobras políticas de la derecha internacional, que busca desestabilizar gobiernos legítimamente elegidos en América Latina. La historia ha demostrado que estas intervenciones solo conducen a más violencia y sufrimiento para los pueblos afectados. Es fundamental que el gobierno dominicano reevalúe su postura y actúe con coherencia. La política exterior debe estar guiada por principios de respeto a la soberanía y autodeterminación de los pueblos. La República Dominicana tiene la responsabilidad de ser un faro de esperanza y solidaridad en la región, no un cómplice en los planes de desestabilización que solo benefician a unos pocos. En conclusión, la equivocada postura del gobierno del PRM al recibir a Edmundo González no solo es un error de cálculo político, sino también una falta de respeto hacia un pueblo que, en medio de adversidades, busca su camino hacia la paz y la democracia. Es hora de que la República Dominicana asuma un papel más proactivo y responsable en la defensa de la soberanía y el bienestar de nuestros hermanos venezolanos, rechazando cualquier intento de injerencia extranjera que solo busca sembrar el caos y la división.
La injerencia del gobierno dominicano en los asuntos internos de Venezuela nada bueno nos traerá

Por Julio Guzmán Acosta El reciente anuncio del gobierno dominicano, encabezado por el presidente Luis Abinader, de recibir a Edmundo González Urrutia y a varios expresidentes de la región en un acto que busca rechazar el nuevo mandato de Nicolás Maduro, plantea serias interrogantes sobre el papel que la República Dominicana debe asumir en el contexto político de Venezuela. No podemos permitir que nuestra nación se convierta en un paraguas para actos antidemocráticos que, lejos de fortalecer la democracia, solo contribuyen a la polarización y la injerencia en los asuntos internos de otro país soberano. La Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) establece en su Capítulo 1, numeral 2, que es política de esta entidad «fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos». De igual manera, la Carta de la Organización de los Estados Americanos (OEA) resalta en su capítulo 3, literal e), que «todo Estado tiene derecho a elegir, sin injerencias externas, su sistema político». Estos principios son la base de las relaciones internacionales y deben ser respetados por todos los países. Sin embargo, el gobierno dominicano ha decidido intervenir en los asuntos internos de la República Bolivariana de Venezuela al recibir a un ex-candidato presidencial señalado como un ex-agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Esta decisión no solo contradice los principios de no injerencia, sino que también pone en riesgo las relaciones históricas y de solidaridad que hemos construido con el pueblo venezolano a lo largo de los años. Desde las luchas contra la dictadura de Trujillo hasta la cooperación que hemos recibido a través de Petro Caribe, Venezuela ha sido un aliado en momentos críticos de nuestra historia. La pregunta que surge es: ¿A qué intereses esta sirviendo el gobierno dominicano al convertirse en sede de un evento injerencista en la situacion interna de otro pais hermano y que reúne a las fuerzas más oscuras, conservadoras y de derecha en el continente, auspiciadas por el Departamento de Estado de EE.UU.? Es evidente que esta acción no se alinea con los intereses de la República Dominicana ni con la voluntad de un pueblo que ha sufrido las consecuencias de la intervención militar en dos ocasiones por parte de Estados Unidos. Además, el respaldo a figuras como González Urrutia, cuya historia está manchada por la participación en actos de violencia y represión, es una provocación innecesaria. El pasado tenebroso de este individuo, vinculado a la creación de grupos armados responsables de masacres, no debería ser motivo de celebración ni de apoyo. En lugar de fomentar la paz y la reconciliación, este acto solo alimenta el ciclo de violencia, desconfianza y desestabilización en en la región. Lo más conveniente para nuestro país es el respeto a las normas elementales de convivencia entre naciones, que dictan la no injerencia en los asuntos internos de otros Estados. Debemos permitir que sean los propios venezolanos quienes resuelvan sus problemas, sin la sombra de intervenciones externas que solo buscan intereses geopolíticos y económicos. Es momento de rechazar esa visita inapropiada y provocadora de González Urrutia y de cuestionar el papel que está jugando el gobierno del PRM que encabeza Luis Abinader en la política internacional. La República Dominicana no debe ser un cómplice de la injerencia estadounidense en Venezuela. En lugar de eso, debemos reafirmar nuestro compromiso con la paz, la soberanía y el respeto mutuo entre los pueblos de América Latina y el Caribe. Por eso hay que decir con fuerza: Fuera las manos yankis de Venezuela, y que prevalezca el principio de autodeterminación que todos los países merecen. Estados Unidos, la Unión Europea y el concierto de países que promueven la política de acoso a Venezuela y su legítimo gobierno, como han fracazado, a pesar del criminal bloqueo que le han impuesto y del saqueo que han hecho de muchas de sus reservas de divisas y oro, hoy recurren a la puesta en marcha de un nuevo plan y para eso estan usando al gobierno dominicano, que como sumiso, se ha puestado para acoger un evento que puede desatar un conflicto militar de consecuencias para toda la region. El pueblo dominicano no puede quedarse de brazos cruzados, debemos decirle al mundo, no a Edmundo González , no a la injerencia del gobierno dominicano en los asuntos de Venezuela, no a Estados Unidos y su criminal acoso al gobierno legitimo de Venezuela.