UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Irán aprieta el cerco sobre Ormuz y negocia con Omán el control total del estratégico paso

Teherán advierte que el acceso al estrecho “ya no será como antes” y anuncia conversaciones con su vecino para definir un nuevo mecanismo de tránsito. Trump niega cualquier acuerdo y sentencia: “Son aguas internacionales, nadie las va a controlar” Por Brendalis Reyes Teherán. – El pulso geopolítico en el corazón del comercio energético mundial se intensificó ayer con una advertencia que encendió todas las alarmas en Occidente. Las autoridades iraníes anunciaron que el acceso al estrecho de Ormuz, arteria vital por donde transita cerca del 20% del petróleo que se consume en el planeta, “ya no será como antes”, al tiempo que revelaron la apertura de negociaciones con Omán para lograr el control total del paso. “Sin duda, las condiciones y la regulación de paso a través del estrecho de Ormuz ya no serán como antes. Aparecerá un procedimiento totalmente diferente”, sentenció Ali Beghani Kani, subsecretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, durante un foro internacional celebrado en Moscú. El diplomático precisó que “Irán y Omán, como países costeros aledaños, mantienen negociaciones para determinar el mecanismo de paso por el estrecho de Ormuz”, según reportó la agencia rusa Interfax. Las conversaciones, que incluyen a figuras de primer nivel como el jefe negociador iraní Mohamad Baqer Qalibaf y el canciller Abás Araqchí, se desarrollan en Catar. Fuentes cercanas a la prensa iraní señalaron que el eventual acuerdo contemplaría la reapertura del estrecho —actualmente bloqueado— y el levantamiento de las sanciones económicas contra Teherán. El controvertido expediente nuclear quedaría, según ese esquema, para una fase posterior. Beghani Kani confirmó además que continúan los “contactos indirectos” con Estados Unidos, aunque aclaró que “no se han puesto de acuerdo en nada”. A pesar de que Rusia insistió nuevamente en su propuesta de empobrecer el uranio enriquecido en posesión de la república islámica, el diplomático iraní fue contundente: Teherán y Washington no están discutiendo esas reservas. Trump cierra la puerta En un contrapunto que evidenció la fractura diplomática, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, descartó de manera tajante cualquier posibilidad de que Irán logre control sobre el estrecho de Ormuz. “Son aguas internacionales, nadie las va a controlar. Vamos a vigilarlas. Las vigilaremos, pero nadie las va a controlar”, declaró Trump en una breve pero enérgica intervención. El mandatario estadounidense subrayó también su oposición a que potencias como Rusia o China se hagan con el control de las reservas de uranio enriquecido que actualmente posee Irán, un mecanismo que ya había sido contemplado en el acuerdo multilateral firmado con Teherán en 2015. Con esta postura, Trump deja claro que su administración no está dispuesta a ceder ni un ápice en lo que considera una cuestión de seguridad nacional y libertad de navegación. Mientras las aguas del Golfo Pérsico se mantienen en vilo, la comunidad internacional observa con atención los movimientos de una mesa de negociación que podría redefinir el equilibrio energético del mundo. Por ahora, lo único cierto es el anuncio de Teherán: el estrecho de Ormuz, testigo mudo de décadas de tensiones, se prepara para un nuevo capítulo. Y nadie sabe aún cómo terminará la historia.

Irán mantiene restricciones en Ormuz y condiciona el tránsito marítimo a coordinación con sus Fuerzas Armadas

El canciller iraní, Abbas Araqchi, aseguró que los buques de países no enfrentados con Teherán podrán navegar por el estrecho de Ormuz siempre que exista coordinación previa con las autoridades militares iraníes. En medio de negociaciones suspendidas con Estados Unidos y tras más de tres meses de conflicto regional, Teherán admite que la situación sigue siendo compleja, mientras Washington endurece su discurso y crece la preocupación internacional por la seguridad de una vía estratégica para el comercio mundial de petróleo y gas. Por Julio Guzmán Acosta El Gobierno de Irán reiteró que los buques pertenecientes a países que no mantienen un conflicto directo con Teherán podrán continuar navegando por el estrecho de Ormuz, aunque bajo una condición expresa: la coordinación previa con las fuerzas armadas iraníes. La declaración fue formulada por el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi, en medio de una creciente incertidumbre internacional por la seguridad de una de las rutas marítimas más sensibles para el comercio energético global. Durante su participación en la reunión de ministros de Asuntos Exteriores del BRICS celebrada en India, Araqchi afirmó que únicamente los países “en guerra” con Irán quedarían excluidos del libre tránsito por el estratégico brazo de mar. No obstante, reconoció que la situación en torno al estrecho de Ormuz continúa siendo “muy complicada”, reflejando la fragilidad del actual escenario diplomático y militar en Medio Oriente. En una publicación difundida a través de X, el canciller iraní reveló que transmitió al ministro de Asuntos Exteriores de la India, Subrahmanyam Jaishankar, el compromiso histórico de Irán con la seguridad marítima en la zona. “Irán siempre cumplirá con su deber histórico como protector de la seguridad en Ormuz”, expresó. La República Islámica mantiene de facto restricciones severas sobre la navegación en el estrecho, por donde transita aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas transportado por vía marítima. Las medidas fueron reforzadas tras los ataques lanzados el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra territorio iraní, hecho que agravó la confrontación regional y elevó la presión sobre los mercados internacionales de energía. Aunque Washington y Teherán anunciaron un alto el fuego el mes pasado, los intentos por alcanzar un acuerdo de paz estable continúan estancados. Las negociaciones, mediadas por Pakistán, atraviesan una etapa crítica luego de que ambas partes rechazaran mutuamente las últimas propuestas presentadas la semana pasada. Araqchi admitió que Irán “no tiene confianza” en Estados Unidos y sostuvo que solo estaría dispuesto a reanudar conversaciones serias si Washington demuestra una verdadera voluntad política. Según el ministro iraní, los “mensajes contradictorios” enviados por la administración estadounidense han generado dudas profundas sobre las intenciones reales de la Casa Blanca. El jefe de la diplomacia iraní negó, sin embargo, que el proceso de mediación pakistaní haya fracasado definitivamente. Aseguró que las conversaciones atraviesan “dificultades”, aunque todavía existe margen para la diplomacia. La tensión entre ambas naciones se ha visto agravada por las campañas de ataques aéreos ejecutadas por Estados Unidos e Israel, las cuales interrumpieron abruptamente dos rondas de negociaciones con Teherán en los últimos trece meses. En ese contexto, Araqchi advirtió que Irán intenta preservar el actual cese al fuego para dar espacio a la diplomacia, aunque también se mantiene preparado para retomar las hostilidades si fuese necesario. Entre los principales puntos de fricción permanecen las aspiraciones nucleares iraníes y el control estratégico sobre el estrecho de Ormuz, considerado un enclave decisivo para la estabilidad energética mundial. Horas antes de las declaraciones del canciller iraní, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que su paciencia con Teherán “se está agotando” y reveló haber conversado con el mandatario chino, Xi Jinping, sobre la necesidad de reabrir plenamente el estrecho. Consultado sobre una eventual mediación china, Araqchi sostuvo que Teherán valora cualquier iniciativa diplomática orientada a reducir la tensión regional. “Tenemos muy buenas relaciones con China. Somos socios estratégicos y sabemos que los chinos tienen buenas intenciones”, declaró. El ministro iraní concluyó manifestando su expectativa de que las negociaciones permitan restablecer completamente la seguridad en el estrecho de Ormuz y avanzar hacia la normalización del tráfico marítimo internacional. La prolongación del conflicto contrasta con las previsiones iniciales formuladas por Trump, quien había asegurado que la confrontación tendría una duración breve de “dos o tres semanas”. Sin embargo, más de tres meses después del inicio de las hostilidades, no se vislumbra un desenlace inmediato y la crisis continúa generando incertidumbre política, económica y militar a escala global.

Trump revela un pacto nuclear en ciernes y un \»regalo\» de Irán que agita las aguas del golfo

El presidente estadounidense asegura que los representantes iraníes han aceptado renunciar definitivamente al arma atómica, mientras insinúa una concesión estratégica sobre el estrecho de Ormuz que reconfiguraría el tablero energético global Por: Redacción Internacional umbral.local/   En el vértigo de la diplomacia y el estruendo de las amenazas, surge a veces un instante suspendido, una pausa donde la posibilidad de un acuerdo se abre paso entre las grietas del conflicto. Ese instante, según lo describe la voz desde la Casa Blanca, ha llegado. El presidente Donald Trump reveló este martes, con la naturalidad de quien anuncia un desenlace largamente esperado, que los representantes de Irán con los que Washington sostiene diálogos han aceptado una condición hasta hace poco impensable: nunca poseerán un arma nuclear. “Están hablando con nosotros, y lo que dicen tiene sentido”, afirmó el mandatario en la ceremonia de juramentación del nuevo secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin. La declaración, vertida casi al pasar, condensaba en pocas palabras la compleja trama de negociaciones que, según la administración republicana, se teje en paralelo al pulso militar que aún sacude la región. Trump enumeró sus exigencias con la contundencia de quien dicta los términos: “Los puntos uno, dos y tres son: ustedes no pueden tener un arma nuclear”. Y luego, la afirmación que todo lo cambia: “Han acordado que nunca tendrán un arma nuclear”. No hubo en sus palabras matices ni ambages. Lo que por meses se presentó como una amenaza existencial —el umbral atómico iraní— se transformó, según la versión oficial estadounidense, en una concesión pactada en el silencio de las salas de negociación. Una metamorfosis que contrasta con los bombardeos que Washington inició a finales de febrero, justificados entonces en la urgencia de una amenaza directa e inminente. Los analistas han señalado desde entonces las contradicciones de esos razonamientos, pero la narrativa de la Casa Blanca ha mutado: ya no es la inminencia del peligro, sino la promesa de su desactivación, lo que ocupa el centro del relato. Trump describió a los interlocutores actuales de Teherán como figuras “muy diferentes” de aquellas con las que Estados Unidos negoció en el pasado. Sin dejar de confesar que no deposita en ellos una confianza plena, el presidente introdujo un elemento que añade una capa de misterio y expectativa a este incipiente entendimiento: Irán, según sus palabras, le ha hecho a su país “un regalo muy grande”. El presidente se permitió insinuar sin explicar. “Tiene un valor económico tremendo”, dijo, antes de revelar que el obsequio está “relacionado con el petróleo y el gas” y con el flujo de crudo en el estrecho de Ormuz, ese paso angosto y estratégico por donde navega una quinta parte del petróleo que mueve al mundo. La frase, deliberadamente críptica, encendió de inmediato las especulaciones en los mercados energéticos y las capitales extranjeras, donde se interpreta como un posible acuerdo para desbloquear la vía marítima que Irán ha mantenido parcialmente cerrada en los últimos meses. El contexto de estas revelaciones no es casual. Un día antes, Trump había anunciado el aplazamiento por cinco días de los ataques contra centrales eléctricas iraníes, una amenaza que había suspendido sobre la infraestructura energética de la república islámica. La condición para esa pausa, según el mandatario, era que Irán desbloqueara el estrecho de Ormuz. Ahora, con la mención de ese “regalo”, la administración estadounidense sugiere que la respuesta iraní podría estar en camino. La diplomacia, en este caso, avanza sobre un suelo movedizo. Irán no ha confirmado oficialmente los términos que Trump atribuye a sus representantes, y el silencio de Teherán se ha convertido en otro actor de esta contienda. Pero las palabras del presidente estadounidense trazan ya una narrativa de desenlace: la guerra que parecía inminente se convierte, en su versión de los hechos, en un acuerdo que reescribe las reglas de la energía global y desactiva, al menos sobre el papel, el fantasma nuclear que ha obsesionado a Occidente durante más de dos décadas. Mientras tanto, el mundo observa ese estrecho de Ormuz, ese umbral de aguas turbulentas donde confluyen el petróleo, la geopolítica y la voluntad de dos naciones que, por ahora, han encontrado en el diálogo un puente precario pero no menos real. Queda por saber si el puente resistirá el peso de la historia o será apenas un espejismo en medio del desierto de la desconfianza.