Regular la migración con transparencia y firmeza
La República Dominicana tiene el derecho soberano de controlar sus fronteras y regular los flujos migratorios, especialmente cuando se trata de migración irregular que afecta la seguridad nacional, los servicios públicos y la cohesión social. Sin embargo, este ejercicio legítimo debe realizarse con estricto respeto a los derechos humanos de los migrantes y, sobre todo, con una estrategia integral que ataque no solo los síntomas, sino las causas profundas del problema. En las últimas semanas, las autoridades han intensificado las redadas y deportaciones de nacionales haitianos en situación irregular, una medida que, aunque legal, resulta insuficiente si no va acompañada de acciones contundentes contra las redes de corrupción que operan en la frontera. Mientras el gobierno anuncia con bombo y platillo las expulsiones masivas, en la misma frontera, bajo la mirada cómplice de funcionarios civiles y militares, cientos de indocumentados continúan entrando al país, alimentando un negocio ilícito que lucra con la necesidad y la desesperación de miles de personas. La doble moral fronteriza No hay política migratoria efectiva sin erradicar la corrupción en la frontera. Resulta hipócrita expulsar a miles de haitianos indocumentados mientras autoridades dominicanas —encargadas de vigilar los pasos fronterizos— permiten el ingreso ilegal a cambio de sobornos. Este tráfico de personas no solo socava la seguridad nacional, sino que perpetúa un ciclo perverso: los migrantes son deportados por un lado, mientras por otro se les permite entrar nuevamente, en un juego macabro que beneficia a mafias locales. Pero el problema no se limita a los haitianos. Ciudadanos chinos, venezolanos y colombianos también se mueven con impunidad en el país, muchos de ellos sin documentos regulares, gracias a la misma red de complicidades. ¿De qué sirve la retórica de \»mano dura\» si no se ataca el corazón del problema? Hacia una solución integral El Estado dominicano debe: 1. Desmantelar las redes corruptas en la frontera, investigando y sancionando a funcionarios cómplices, sin importar su rango. 2. Fortalecer los controles migratorios con tecnología y capacitación, más allá de las operaciones mediáticas. 3. Garantizar procesos de deportación transparentes y humanos, evitando abusos y violaciones a los derechos de los migrantes. 4. Trabajar con Haití y otros países, en políticas migratorias coordinadas que aborden las causas de la migración irregular. La migración no se resuelve solo con redadas. Exige una estrategia clara, coherente y libre de dobles discursos. La República Dominicana tiene derecho a proteger sus fronteras, pero ese derecho debe ejercerse con justicia, eficiencia y, sobre todo, limpiando primero su propia casa.
EDITORIAL
El Regreso de Trump: Un nuevo capítulo en la ola reaccionaria global La semana pasada, el mundo se sacudió con la noticia del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, un acontecimiento que marca el inicio de un nuevo capítulo en la política estadounidense y, por extensión, en el escenario global. La victoria del expresidente no solo representa un cambio de liderazgo, sino también el resurgimiento de una ola reaccionaria que amenaza con deshacer años de avances en derechos humanos y sociales. Desde su primera campaña, Trump ha sido un abanderado de políticas de derecha que han fomentado la xenofobia y la criminalización de los inmigrantes. Su retórica incendiaria, que lo ha llevado a referirse a los migrantes como \\\»enemigos internos\\\», ha creado un ambiente de hostilidad y miedo. Con su regreso, se anticipa un endurecimiento de las políticas migratorias, que podrían incluir expulsiones masivas y un aumento en la vigilancia de comunidades inmigrantes. El trumpismo, más que una simple agenda política de extrema derecha es un fenómeno que se alimenta de la desinformación y la manipulación. Trump ha demostrado una habilidad inquietante para contaminar el debate público, utilizando mentiras y medias verdades para socavar la confianza en las instituciones democráticas. En un mundo donde las noticias falsas pueden cambiar el rumbo de la opinión pública, su regreso a la presidencia plantea serias preguntas sobre el futuro de la democracia en Estados Unidos y más allá. La victoria de Trump también tiene implicaciones geopolíticas significativas. Su estilo impredecible y su falta de complejos en el manejo de relaciones internacionales podrían alterar los equilibrios con potencias como China y Rusia. La situación en Gaza y el papel de Vladímir Putin en la escena global son solo algunos de los temas que se verán afectados por la reactivación de una agenda que prioriza el nacionalismo y el aislamiento sobre la cooperación internacional. En este contexto, el papel del periodismo se vuelve más crucial que nunca. La necesidad de un periodismo riguroso, veraz e independiente se hace evidente ante la amenaza de la desinformación que Trump y sus aliados han cultivado. La lucha contra la ola reaccionaria no solo es una cuestión de política, sino de defender los valores democráticos y los derechos humanos que han sido conquistados con tanto esfuerzo. La agitación que se avecina no solo afectará a Estados Unidos, sino que también tendrá repercusiones en Europa y América Latina, donde los movimientos de extrema derecha se ven fortalecidos por el ejemplo de Trump. La historia ha demostrado que el ascenso de líderes autoritarios a menudo va de la mano con la erosión de los derechos civiles y la persecución de aquellos que se atreven a disentir. En este nuevo tiempo de incertidumbres, es fundamental que la sociedad civil se mantenga alerta y comprometida en la defensa de la verdad y la justicia. La lucha contra la desinformación y la promoción de un discurso inclusivo son tareas que deben ser asumidas por todos. La historia nos enseña que la democracia no es un estado permanente, sino un proceso que requiere vigilancia constante. Así que, en este momento crítico, hacemos un llamado a todos: apoyen el periodismo independiente y comprometido. La verdad es nuestra mejor arma contra la ola reaccionaria que amenaza con arrastrarnos hacia un pasado que creíamos superado. La lucha apenas comienza, y cada voz cuenta.