UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Una agricultura estratégica planificada

República Dominicana, por su ubicación geográfica, sus tierras fértiles, sus recursos naturales, su estabilidad política, su clima y microclimas, y su cultura productiva, tiene en su sector agrícola una verdadera mina de oro. Desde la época colonial hemos arrastrado los mismos males en nuestra agricultura: falta de visión estratégica, poco valor agregado a la producción, baja productividad. Así, salvo algunas excepciones, hemos transcurrido hasta nuestros días. Se han desarrollado acciones importantes, pero al no estar articuladas y complementadas, frecuentemente terminan en fracasos, frustraciones y pérdidas de recursos, y tal vez lo peor: en un descrédito de las instituciones, que crea una atmósfera de desconfianza. Sería oportuno que el Ministerio de Agricultura, en su rol estratégico, coordine las acciones operativas con las instituciones ejecutivas del sector: Banco Agrícola, Dirección de Tecnificación de Riego, Inespre, Intabaco, Bioarroz, IDIAF, etc. Como un director de orquesta que hace posible la melodía, pues si cada instrumento va por su lado, en vez de música, lo que se produce es ruido. Nuestro país tiene el potencial de convertirse en la huerta del Caribe, está llamada a eso. Podemos hacer de nuestro sector agrícola no sólo un instrumento para la seguridad y soberanía alimentaria, sino también un pilar sólido y fuerte de nuestra economía. Debemos diferenciar lo que son acciones sociales para mitigar la pobreza rural, de lo que son acciones agrícolas para crear riqueza e impactar en la economía. Pues las segundas son las que permiten tener recursos para las primeras. Debemos pasar de la política de “apaga fuegos”, donde las energías se van en resolver las cosas del día a día, a trabajar en torno a una visión clara de hacia dónde queremos ir.

Mi querido Pai

El 24 de abril se conmemoró el 60 aniversario de la gesta patria de 1965. Donde nuestro pueblo se levantó cual David y venció: primero, al Goliat de la opresión interna y luego al Goliat invasor. El heroísmo de los dominicanos estremeció al mundo e inspiró a otros pueblos. Quiero dedicar estas líneas a honrar la memoria de un humilde dominicano que supo ponerse a la altura de las circunstancias y destacar como uno de los comandantes más aguerridos de esa gesta: Eligio Antonio Blanco Peña “El Pai”. Quien el pasado sábado abandonó este mundo terrenal dejándonos un legado perenne. Siendo un adolescente el Pai enfrentó la dictadura de Trujillo, más tarde luchó contra el Triunvirato. En la Revolución de Abril su bravura y determinación lo convirtieron en una leyenda de la Zona Norte, donde se luchó con mayor intensidad la brutalidad de las tropas invasoras y sus serviles dominicanos. También formó parte del grupo encargado del alzamiento de San Francisco de Macorís, que buscaba extender la revolución. Firme opositor al régimen de Balaguer, siendo el preso político que más tiempo padeció encarcelado en nuestro país, negándose radicalmente a ceder en sus principios o aceptar el exilio. Consagró su vida a la lucha sindical y a organizar a obreros y campesinos para luchar por sus derechos. El Pai, sin dudas, constituye uno de los mayores ejemplos de determinación, entrega y constancia en la historia de nuestro pueblo. Paz a su alma y honra eterna a su memoria. Con el puño en alto te digo: “Patria o muerte, mi querido Pai”.

Migración irregular haitiana

Es entendible la preocupación, incluso la rabia, que sienten muchos dominicanos ante la desbordada y descontrolada migración haitiana. No se tiene registro de cuántos haitianos hay aquí, ni mucho menos sus nombres o cómo identificarlos. Así mismo es el calvario de los haitianos, que están a expensas de que en cualquier momento los atrapen como en África atrapaban a los negros para venderlos como esclavos. Son constantemente víctimas de extorsiones, chantajes y atropellos. Decía una persona entrevistada en la marcha del pasado domingo en Friusa: “No es que los dominicanos no estén dispuestos a hacer el trabajo que hacen los haitianos, lo que no están es dispuestos a hacerlo por el precio que ellos lo hacen, pues como están ilegales, lo hacen por menos de lo que vale”. Eso perjudica al trabajador dominicano que se ve desplazado, y al trabajador haitiano que recibe un pago injusto. Pero hay quienes se benefician ahorrando dinero de mano de obra, evadiendo el pago de la seguridad social, y teniendo trabajadores que no reclaman sus derechos. También se benefician los que se dedican al tráfico ilegal de migrantes, incluidos jefes militares y dirigentes políticos, sin cuya participación eso no fuera posible. No confundamos la causa con la consecuencia. No pensemos que el “enemigo” es el haitiano migrante, quien huye desesperado a donde le dejen ir y en las condiciones que se lo permitan. La migración ilegal se debe a la falta de voluntad, y esa falta responde a intereses. Si queremos soluciones, lo primero es identificar quienes se benefician, y a partir de ahí entender la raíz y definir una estrategia. Una cosa es evidente: la actual situación es insostenible e intolerable.

La mejor forma de honrar a Caamaño

Por Claudio Caamaño Vélez “Francisco Alberto Caamaño Deñó es un prisionero que mi gobierno no resiste”. Así fue como Balaguer sentenció la vida del dominicano más trascendente del siglo XX, símbolo de la lucha antiimperialista en América Latina. “¡Viva Santo Domingo libre!” fueron las últimas palabras de aquel hombre que personificó la bravura y dignidad del pueblo dominicano, antes de que su cuerpo inerte cayera sobre el frío suelo del valle La Lechuguilla, en el corazón de la cordillera Central. Cada año la Fundación Caamaño honra su memoria y la de sus compañeros en el lugar donde fue ejecutado, hoy Memorial Presidente Caamaño, en Valle Nuevo. Este año acudimos cientos de personas, que acampamos y participamos en los actos. Cada año supera al anterior. Pero cómo dijo una vez mi prima Tania Quisqueya Caamaño Vélez, su hija: “La mejor forma de honrar a un hombre como Francisco Alberto Caamaño Deñó es mejorando y dignificando la vida de todos los dominicanos, porque todos tenemos derecho a la educación, la salud, la vida y a ser felices”. Por lo que el verdadero homenaje es seguir avanzando en ese país que él soñó. Las circunstancias determinan el método; hoy, gracias a la lucha de ellos, tenemos la oportunidad de luchar de otra manera. Sigamos avanzando hacía la libertad plena de nuestro pueblo, esa libertad que existe en los pueblos bien educados y con sus necesidades básicas satisfechas. Sigamos trabajando por el desarrollo integral de nuestro país, que además de desarrollo económico, implica desarrollo social. La mejor forma de honrar a nuestros héroes es continuar la lucha por la cual lo dieron todo.

Migración y mano de obra

Por Claudio Caamaño Vélez   La migración es un fenómeno natural de la humanidad, impulsada principalmente por la necesidad económica, donde personas salen de sus países y van a otros que tendrán mejores condiciones con la esperanza de prosperar. En los países receptores la mano de obra migrante se dedica a hacer aquellos trabajos que los ciudadanos de ese país no hacen, sea por su dureza o su baja remuneración. En la República Dominicana la mano de obra haitiana es fundamental en áreas como la construcción y la agricultura. Razón por la cual esos sectores se han visto afectados con las medidas tomadas por el gobierno para poner control al desborde migratorio, fruto de la inestabilidad social, económica y política que vive Haití. Por un lado, debemos darle razón al gobierno, pues está cumpliendo con su responsabilidad de aplicar las leyes, sobre todo ante una situación insostenible como la que se vive hoy día. Por otro lado, hay que reconocer la necesidad de mano de obra migrante en sectores que sí o sí requieren grandes cantidades de mano de obra. Una solución podría ser la creación de un registro de trabajadores extranjeros, donde los trabajadores registren sus empleados y el Estado Dominicano levante los datos biométricos de estos, quedando el empleador como garantía ante las autoridades de migración. Esto permitiría regularizar la mano de obra migrante, dotándoles de un estatus que les permita vivir con dignidad y tranquilidad. Así también contribuirían a la seguridad social y aportarían recursos al Estado. Con una medida así, sin dudas, el país se beneficiaría mucho… Aunque a algunos se les acabaría su negocio. Veremos qué sucede.