¡Sabor a Revancha ! La vinotinto se Corona ante EE. UU. y le Responde en el Diamante a 100 Kilómetros de MAR-A-LAGO
La novena sudamericana derrota 3-2 al Dream Team estadounidense en una final de infarto, con una reacción en la novena entrada que silenció el LoanDepot Park de Miami y desató la fiesta en toda Venezuela, en una victoria con sabor a revancha deportiva y a reivindicación patriótica a solo 100 kilómetros de Mar-a-Lago. Por Redacción de Deportes umbral.local/ Pocas cosas dan un mejor guion que el deporte. Y pocos deportes escriben historias como el béisbol. Anoche, en el LoanDepot Park de Miami, la selección de Venezuela firmó la página más gloriosa de su historia al conquistar por primera vez el Clásico Mundial de Béisbol, derrotando 3-2 a un combinado estadounidense que llegó a esta cita con un rooster de superestrellas equiparable, por calidad y nombres, al Dream Team del baloncesto en Barcelona 1992. Pero aquella constelación de superdotados, encabezada por Aaron Judge, Bryce Harper y Alex Bregman, no hizo temblar a la novena criolla. Por el contrario, los dirigidos por Omar López tejieron una gesta que será contada de generación en generación: remontaron en la parte alta de la novena entrada, rompieron el corazón del gigante del norte y exorcizaron, de paso, los fantasmas de la eliminación sufrida en cuartos de final durante la edición de 2023, cuando Trea Turner les conectó un grand slam en la octava. El encuentro de esta noche tenía, sin embargo, un doble valor simbólico que trascendía lo meramente deportivo. Por un lado, el contexto político: las recientes declaraciones de Donald Trump sugiriendo que Venezuela debería ser anexionada a Estados Unidos, la captura del presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores por fuerzas estadounidenses hace algo más de dos meses, y el trato vejatorio hacia los migrantes venezolanos, que paradójicamente fueron mayoría en las gradas del estadio de Miami, convirtieron este partido en una especie de revancha existencial. Por el otro, estaba la deuda pendiente con la historia: esa eliminación de 2023 que aún escocía en el alma del fanático venezolano. Nada en el juego de los sudamericanos tuvo la sombra del nerviosismo o de los complejos de quien se percibe como inferior. Desde el primer instante, Venezuela saltó al diamante con la agresividad de los predestinados. Ronald Acuña Jr., el primer bate, conectó imparable al primer lanzamiento del partido, marcando el tono de lo que sería una noche de puro vértigo. Pelota que parecía bateable, pelota a la que le daban con la madera. Como si los muchachos de la Vinotinto quisieran demostrar que el béisbol no es el mismo deporte cuando se juega con el corazón desbocado. Esa intensidad no se perdió ni siquiera cuando el gigante pareció despertar de su letargo en la parte baja de la octava entrada. Los venezolanos mostraron una concentración prácticamente perfecta en un deporte que cobra caro los errores. Fue un partido de picheo, como no podía ser de otra forma en una finalísima a un solo juego. La apuesta estadounidense fue arriesgada: abrieron con el novato de 24 años Nolan McLean, de los Mets de Nueva York, con apenas ocho aperturas en Grandes Ligas. Del otro lado, Caracas apostó por la experiencia del veterano Eduardo Rodríguez. Y fue ahí, en ese duelo de estilos, donde los amantes del deporte reafirmaron su conexión más íntima con el diamante. McLean jugó con la mente de los bateadores caribeños con una navaja suiza que pasaba del sweeper al sinker con una naturalidad pasmosa. Mientras, el experimentado Rodríguez pasmó a jonroneros de época como Judge y Bregman con una técnica confiable y efectiva: el cambio de velocidad y la recta cortada. En ese toma y daca, los dos equipos llegaron a cero hasta que, en la tercera entrada, Maikel García —uno de los jugadores más valiosos del torneo— impulsó la primera carrera con un elevado de sacrificio. El éxito de McLean terminó abruptamente en la quinta, cuando Wilyer Abreu, el jardinero de los Red Sox que ya había sido verdugo de Japón en cuartos de final, conectó un jonrón solitario para poner el 2-0. Los venezolanos colgaron el cero hasta la fatídica octava. Fue entonces cuando el guion cambió, los fantasmas regresaron y los depredadores olieron la sangre. El relevista Andrés Machado regaló base por bola a Bobby Witt Jr. y, acto seguido, Bryce Harper —la gran figura de los Phillies de Filadelfia— mandó la pelota a volar para empatar el partido 2-2. Pero así no podía terminar. El contexto, el ambiente en el estadio y las sensaciones en el dugout venezolano al entrar en la alta de la novena no daban señales de rendición. Ni siquiera cuando subió a la loma Garrett Whitlock, el lanzador que hasta ese momento había tenido un torneo para enmarcar. El béisbol es también un ajedrez humano. Quienes no lo conocen piensan muchas veces que se trata de un deporte inerte. La realidad es que el movimiento es constante, pero ocurre en la cabeza de los estrategas. Y esa fue la diferencia en el momento más importante de la final. Luis Arráez trabajó a Whitlock en una batalla psicológica de la que terminó arrancando una base por bola. Acto seguido, los sudamericanos colocaron a Javier Sanoja como corredor emergente. Minutos más tarde, en una jugada de fotografía que quedará grabada en la memoria colectiva de un país, Sanoja robó la segunda base para poner en circulación la carrera de la victoria. Fue, probablemente, la jugada más importante en la historia del béisbol venezolano. Como acto de cierre del suspense, emergió Eugenio Suárez para cerrar la pinza de una estrategia impecable: conectó un doblete remolcador que permitió a Sanoja anotar el 3-2 definitivo. Quedaba la baja de la novena. Tensión máxima. El lanzador venezolano Daniel Palencia consumó la hazaña con tres outs de rutina que sonaron como un estallido de liberación para todo un pueblo. Venezuela conquistó su primera corona mundial, frente a Estados Unidos y a solo 100 kilómetros de Mar-a-Lago, la residencia de Donald Trump. La alegría desbordó las gradas del LoanDepot Park y se extendió como pólvora por cada rincón de Venezuela.
Una fiesta que no se detiene: la Alcaldía del DN vuelve a encender el Malecón con otra pantalla gigante para el choque RD vs Corea
El próximo desafío del equipo dominicano en el Clásico Mundial de Béisbol será transmitido en vivo en la Plaza Santo Domingo desde las 5:00 de la tarde. La iniciativa \»¡Volvemos pa\’l Malecón!\» repite la exitosa convocatoria del miércoles, cuando cientos de fanáticos vibraron con el triunfo ante Venezuela en un ambiente de hermandad y pasión deportiva. Por: JULIO GUZMÁN ACOSTA SANTO DOMINGO – Apenas el eco del fervor por la victoria frente a Venezuela comenzaba a disiparse en la brisa del Caribe, cuando la Alcaldía del Distrito Nacional anunció que la fiesta en el Malecón no tiene fecha de caducidad. El escenario vuelve a estar listo. La pantalla gigante que congregó a cientos de almas el miércoles en la Plaza Santo Domingo se encenderá nuevamente este viernes para que la capital complete, desde su frente marítimo, el ritual colectivo de animar al equipo de todos. La cita es desde las 5:00 de la tarde. El duelo será a las 6:30. Enfrente, Corea del Sur. En el corazón de los asistentes, la República Dominicana. Bajo el lema \»¡Volvemos pa\’l Malecón!\», la Alcaldía del Distrito Nacional ha decidido reeditar la experiencia que convirtió el primer encuentro del equipo en el torneo en una verbena popular, donde el sudor y la esperanza se mezclaban con el olor a yaniqueque y el grito unísono del \»¡Vamos, vamos, vamos!\» La jornada del miércoles quedó grabada en la memoria reciente del fanático capitalino. El loanDepot Park de Miami fue testigo de un triunfo que supo a gloria: 7 carreras por 5 frente a una poderosa selección venezolana. Pero la verdadera celebración, la que nace en la garganta del pueblo, no ocurrió en Florida, sino a orillas del Ozama, donde cada jugada se vivía con el alma contenida y cada out se celebraba como un triunfo anticipado. Ahora, la selección que dirige el manager dominicano enfrenta una prueba de fuego: un partido de muerte súbita ante Corea del Sur. No hay margen para el error, no hay espacio para la concesión. Es el béisbol en su estado más puro, el que obliga a dar lo mejor de sí en cada lanzamiento. Y el dominicano, fiel a su esencia, responderá desde las gradas improvisadas del Malecón. La Plaza Santo Domingo, ese punto de encuentro donde la ciudad se asoma al mar, se vestirá una vez más de banderas, de sudor y de esperanza. Las familias, los niños con guantes que sueñan con ser estrellas, los veteranos que recuerdan gestas pasadas y los jóvenes que apenas descubren la emoción del Clásico, todos están convocados. Porque hay partidos que no se juegan solo en el diamante. Hay partidos que se juegan en cada rincón del país donde un dominicano sostiene la respiración ante un lanzamiento. Y este viernes, desde las 5 de la tarde hasta que el último out selle el destino del equipo, el Malecón volverá a ser el estadio de todos.
El combinado de República Dominicana jugará en Miami el Clásico Mundial de Béisbol 2026
Las semifinales y la final serán disputadas en Miami, empezando el 15 de marzo. SERVICIOS umbral.local/ El anuncio de los grupos para el Clásico Mundial de Béisbol de 2026 ha generado una ola de expectativas y emociones entre los aficionados del deporte. La República Dominicana, una nación con una rica historia en béisbol, se enfrentará a rivales de calibre en la soleada Miami, compartiendo grupo con Venezuela, Países Bajos, Israel y un competidor aún por definir. Este evento, que se perfila como una celebración del talento y la pasión por el béisbol, promete ser un espectáculo que capturará la atención de fanáticos alrededor del mundo. La preparación para la próxima edición del torneo, que será la segunda en la que participen 20 selecciones, ya está en marcha. Los equipos y sus seguidores deben estar listos para una competencia que, sin duda, estará llena de momentos memorables y actuaciones destacadas. Al igual que en la edición de 2023, el torneo se organizará en cuatro grupos de cinco equipos cada uno, con los dos mejores de cada grupo avanzando a los cuartos de final, que tendrán lugar en Houston y Miami el 13 y 14 de marzo. La estructura del torneo garantiza que si el equipo de Estados Unidos, una potencia en el deporte, avanza a los cuartos de final, jugarán el viernes 13 de marzo, independientemente de su posición final en la fase de grupos. Esta misma regla se aplica a los actuales campeones, Japón, que tienen asegurado su juego el 14 de marzo, siempre que se clasifiquen entre los dos primeros de su grupo. Estas disposiciones subrayan la importancia de los equipos titulares y su atractivo para los espectadores y patrocinadores. Las etapas finales del torneo, incluyendo las semifinales y la final, prometen ser un clímax emocionante con sede en Miami a partir del 15 de marzo. A medida que el torneo se acerca, la anticipación crece para descubrir qué otros cuatro equipos se unirán a la contienda, determinados por las clasificatorias que están por venir. Puerto Rico, con su fervoroso apoyo al béisbol, también será anfitrión de un grupo en la primera ronda, presentando a los Boricuas, junto con Cuba, Panamá, Canadá y otro equipo que está en la carrera por clasificar. La inclusión de Puerto Rico como sede refleja la expansión global del béisbol y su capacidad para unir a las naciones en una competencia amistosa pero feroz. En resumen, el Clásico Mundial de Béisbol de 2026 se perfila como un evento que no solo pondrá a prueba la habilidad y estrategia de los equipos participantes, sino que también celebrará la diversidad y el espíritu internacional del béisbol. Con equipos de todo el mundo compitiendo por la gloria, el torneo promete ser una fiesta del deporte que recordaremos durante años.