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El nuevo Papa: historia, elección y horizonte de un pontificado con sello americano

I. Introducción: Un pontificado que rompe fronteras El 8 de mayo de 2025, el humo blanco emergió de la Capilla Sixtina bajo el cielo de Roma, desatando un murmullo global de expectación. Tras cuatro intensas votaciones, los 133 cardenales electores proclamaron un hito sin precedentes: Robert Francis Prevost, misionero estadounidense-peruano, se convertía en el primer Papa estadounidense de la historia, adoptando el nombre de León XIV. «Habemus Papam» —anunció el cardenal protodiácono desde el balcón de San Pedro, y millones de fieles aplaudieron con emoción contenida. Su elección no solo marca un giro geopolítico en los 2,000 años de cristianismo, sino que encarna las esperanzas de una Iglesia que busca reinventarse desde las periferias: «La Iglesia tiene que caminar con los tiempos.» Con un legado pastoral forjado en las comunidades más humildes de Perú y una visión reformista, liberal, heredada del Papa Francisco, León XIV llega para escribir un nuevo capítulo: ¿Será este el pontificado que reconcilie tradición y modernidad? II. Breve historia del papado: De San Pedro al siglo XXI El papado, institución única en la historia occidental, se remonta al siglo I d. C., cuando el apóstol Pedro —primer obispo de Roma y «piedra fundacional», según el Evangelio— sentó las bases de una sucesión que hoy alcanza su 267.º eslabón con León XIV. Datos claves de dos milenios: Pontífices emblemáticos: Benedicto IX (1032–1045), elegido a los 20 años, sigue siendo el Papa más joven. Clemente X (1670–1676) asumió el cargo a los 79 años, el de mayor edad. Pío IX (1846–1878) ostenta el pontificado más largo (31 años y 7 meses). Urbano VII (1590) murió tras solo 13 días, víctima de la malaria, el más breve, luego que la Iglesia Católica excluyó de la lista de papas legítimos a Esteban II, quien gobernó la Iglesia por solo 3 días en el año 752, por no llegar a ser nombrado como Papa. Renuncias y crisis: Desde la dimisión de Benedicto XVI en 2013 —la primera en 600 años—, el papado dejó de ser irrevocablemente vitalicio. III. El Vaticano: De necrópolis romana a Estado soberano Breve historia de un microestado con macro influencia: Siglos I–IV: El Mons Vaticanus, colina fuera de la Roma imperial, albergó el martirio y la tumba de San Pedro (64–67 d. C.). Siglo IV: El emperador Constantino erigió la primera Basílica de San Pedro (326 d. C.) sobre la necrópolis apostólica. Siglo VIII: Nacen los Estados Pontificios (756), tras la donación de tierras por Pipino el Breve al Papa Esteban II. 1870: La unificación italiana bajo Víctor Manuel II anexó los Estados Pontificios (territorios gobernados directamente por los papas en la península italiana desde el siglo VIII hasta 1870, que llegaron a abarcar gran parte del centro de Italia), reduciendo al Papa a «prisionero en el Vaticano». 1929: Los Pactos de Letrán entre Pío XI y Benito Mussolini crearon el Estado de la Ciudad del Vaticano (44 hectáreas), soberano y neutral. Funciones como Estado: Sede espiritual y administrativa de 1,300 millones de católicos en el mundo. Gobierno teocrático: monarquía absoluta (el Papa) y burocracia internacional (Curia Romana). Diplomacia global: relaciones con 183 países y presencia en la ONU como Observador Permanente. IV. Continuidad y crisis: El poder papal en la encrucijada El papado ha oscilado entre el esplendor temporal y la fragilidad espiritual. Su momento más crítico llegó en 1870, cuando Pío IX perdió los Estados Pontificios, transformando al Papa de «monarca territorial» en «voz moral global». Hoy, aunque su autoridad religiosa sigue intacta, desafíos como los escándalos de abusos sexuales contra menores, encubrimiento institucional, abusos de poder y financieros, la secularización y las divisiones internas exigen un liderazgo audaz. La Guardia Suiza: Simbolismo y lealtad Fundación: Creada en 1506 por el Papa Julio II, aprovechando la reputación de los mercenarios suizos. Sacrificio histórico: En 1527, durante el Saco de Roma, 147 guardias murieron protegiendo a Clemente VII. Actualidad: 135 soldados suizos, católicos, solteros al ingresar, de entre 19 y 30 años, custodian al Papa con trajes diseñados por Miguel Ángel. Su juramento se realiza cada 6 de mayo. V. León XIV: Un pontífice en el puente entre mundos Robert Francis Prevost (Chicago, 1955) personifica el sueño de una Iglesia sinodal (una que escucha, discierne y decide con el Pueblo de Dios). Formado en la Orden de San Agustín (OSA), sirvió 40 años en Perú, como misionero en Cajamarca y luego como obispo de Chiclayo (2015–2023). Como Prefecto del Dicasterio para los Obispos (2023), se consolidó como arquitecto de reformas: transparencia financiera, inclusión de clérigos indígenas, y nuevos nombramientos episcopales. Claves de su elección: Perfil pastoral: Conocedor de la pobreza y el cambio climático en comunidades andinas. Puente continental: Ciudadanía estadounidense y corazón latinoamericano. Reformismo pragmático: Defensor del Sínodo de la Amazonía (asamblea especial celebrada en 2019 para discutir los desafíos pastorales, ecológicos y sociales en la región amazónica, que abordó temas como la ordenación de hombres casados y el papel de la mujer en la Iglesia) y crítico silencioso del clericalismo. Contrastes con Francisco: Formación agustiniana frente al jesuitismo de Francisco. Origen norteamericano con experiencia latinoamericana, frente a un Francisco latinoamericano con formación europea. Mayor experiencia directa en misiones rurales e indígenas. Enfoque más pragmático en administración, frente al estilo profético de Francisco. Coincidencias con Francisco: Visión compartida de una Iglesia pobre para los pobres. Compromiso con la paz, justicia social, cambio climático, y mayor participación de mujeres en el Dicasterio. En el caso de la comunidad LGBT, su postura ha sido poco clara. Defensa del modelo sinodal y la descentralización del poder vaticano. Crítica al clericalismo y a la Iglesia como «aduana» de la fe. VI. El Cónclave de 2025: Un voto por la esperanza El cónclave más diverso de la historia (133 cardenales de 68 países) reflejó una Iglesia en transición. La elección en cuatro votaciones —rápida para estándares modernos— mostró consenso ante urgencias globales: crisis migratorias, cambio climático, desigualdad post pandemia, necesidad de paz y fracturas internas. Mensajes inaugurales de León XIV: «Una Iglesia que escucha, que camine con los tiempos».

¿Está el nuevo Hitler en la Casa Blanca?

Algunos discursos han exaltado un nacionalismo extremo, con frases como “América First” (América Primero). Aunque el patriotismo es común en la política, el ultranacionalismo implica un enfoque excluyente que puede marginar a comunidades inmigrantes o minorías étnicas. En ocasiones, altos funcionarios incluido el presidente han promovido políticas que restringen la inmigración, justificándolas con retorica que describe a ciertos grupos como amenazas a la seguridad o la identidad nacional. Por Julio Disla El análisis de las tendencias ideológicas y prácticas de los funcionarios públicos siempre ha sido un tema delicado y de gran relevancia, especialmente cuando se trata de lideres y representantes de una nación tan influyente como Estados Unidos. Sin embargo, es importante abordar el tema con rigor, contexto histórico y una definición clara de términos como el “fascismo”. El fascismo, como ideología, se caracteriza por el autoritarismo, el ultranacionalismo, la supresión de la disidencia, el militarismo, el culto a la personalidad y el uso de propaganda para consolidar el poder. Aunque este término es frecuentemente asociado con figuras histórica como Benito Mussolini y Adolfo Hitler, en el discurso contemporáneo suele utilizarse para describir practicas o discursos percibidos como autoritarios o antidemocráticos. Raíces históricas del fascismo En las primeras décadas del siglo pasado, los ideales socialistas iban ganando terreno a pasos agigantados. Como corolario de ello, en 1917 se produjo la primera revolución socialista de la historia en la Rusia Zarista. Un año después, en 1918, se produce un movimiento revolucionario similar en Alemania, que no logró imponerse en el tiempo. Simultáneamente van surgiendo movimiento de izquierda en diversos países, e innumerables partidos comunistas se van creando en el mundo, siguiendo el ejemplo de la revolución bolchevique. La clase obrera industrial, con poderosos y combativos sindicatos, desafiaban abiertamente el orden capitalista e imperialista. Los aires de cambios se difundían por todo el planeta. En ese mar revuelto, aparecen los planteos nazis en Alemania, con su enfermiza idea eugenésica de “raza superior”, enarbolada básicamente por la figura de Adolfo Hitler, y fascista, como Benito Mussolini, en Italia. Secundariamente, siguiendo ese clima de derechización, en España triunfa sobre el intento de revolución socialista el ultraconservador y archicatolico falangista de Francisco Franco. Ese fascismo/nazismo intentó disciplinar al proletariado “subversivo” en sus propios países, sometiéndolo, tratando de borrar toda referencia al “socialismo”, aplastando brutalmente, con sangre y fuego, todo intento de cambio social. En el singular caso de Alemania, las élites económicas de aquello tiempos buscaron, a través de ese personaje tan singular que fue Adolfo Hitler, un psicópata y criptorquidico. Con el propósito de recuperar el terreno cedido en la Primera Guerra Mundial, saliendo a conquistar el mundo luego de la humillación del Tratado de Versalles, donde el país perdió el 13 % de su territorio y una decima parte de su población. En Italia y en España, salvando las distancias, se dieron propuestas políticas casi similares. El miedo visceral al socialismo en las burguesías europeas y su ánimo de destruir ese “mal ejemplo” de la Revolución Bolchevique, propiciaron esos movimientos de ultraderecha. Hoy, casi un siglo después, asistimos a un renacer de políticas hiper conservadora y anticomunistas que recuerdan aquellos engendros. Un espíritu de ultraderecha, nazi fascista (con grupos que incluso adoptan su simbología) empiezan a recorrer el mundo, con proyectos ultraconservadores siempre basados en una perspectiva antipopular radical, pero, curiosamente, manejados de tal manera, que son aprobados por las grandes mayorías, y votados alegremente en elecciones libres dentro del orden democrático-burgués. En ese clima de generalizado avance de las ultraderechas (Javier Milei, Jair Bolsonaro, Georgia Meloni, Viktor Orbán, Marine Le Pen, Vox en España, Geert Wilders, AFD en Alemania) etc., y se inscribe la figura del nuevo presidente de los Estados Unidos Donald Trump, quién asumió su segundo mandato el pasado 20 de enero. A continuación, se identifican elementos del fascismo que algunos intelectuales y sectores progresistas han señalado en ciertas practicas o discursos de los actuales funcionarios de la Casa Blanca en este nuevo periodo que encabeza Donald Trump. 1.Ultranacionalismo y retórica de exclusión Algunos discursos han exaltado un nacionalismo extremo, con frases como “América First” (América Primero). Aunque el patriotismo es común en la política, el ultranacionalismo implica un enfoque excluyente que puede marginar a comunidades inmigrantes o minorías étnicas. En ocasiones, altos funcionarios incluido el presidente han promovido políticas que restringen la inmigración, justificándolas con retorica que describe a ciertos grupos como amenazas a la seguridad o la identidad nacional. 2.Culto a la personalidad El liderazgo carismático, una de las características centrales del fascismo, se ha observado en la forma en que ciertos funcionarios, incluido el presidente han centralizado su figura como símbolo casi indiscutible de autoridad y éxito. La lealtad absoluta y la glorificación de la figura del presidente Donald Trump han sido promovidas, incluso con declaraciones públicas que descalifican a opositores como “enemigos del pueblo”, una terminología que resuena con regímenes autoritarios. 3.Desinformacion y propaganda La manipulación de información y el uso de propaganda son herramientas clásicas de los regímenes fascistas. Algunos funcionarios han sido acusados de difundir desinformación o de atacar a los medios de comunicación como “falsos” o “enemigos de la verdad”. Esta desconfianza hacia las instituciones mediáticas independientes puede erosionar la transparencia y la rendición de cuentas, pilares fundamentales de una democracia funcional. 4.Estrategias de polarización La división intencional de la sociedad, con discursos que enfrentan a diferentes sectores de la población, ha sido una táctica recurrente en regímenes fascistas. Algunos funcionarios de la Casa Blanca han empleado un lenguaje divisivo, fomentando antagonismos entre “nosotros” y “ellos”, ya sea en términos políticos, raciales o económicos. Reflexión final Trump no es Hitler, aunque sus estilos histriónicos y avasalladores los acerquen, igual que a Javier Milei, pero tiene un aire de matón de barrio que lo evidencia como un peligro para la humanidad: ¿Qué otro mandatario se refiere a otros Estados como países de la mierda”?