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Pete Hegseth y la guerra silenciosa contra Cuba

El secretario de Guerra de Estados Unidos aterriza en Guantánamo y, con él, la sombra de una escalada militar contra Cuba se hace más densa en el Caribe Por: Redacción Internacional En la mañana de este miércoles, sin estridencias ni grandes titulares en la prensa occidental, Pete Hegseth, el hombre que dirige la maquinaria de guerra del Pentágono, pisó la Base Naval de Guantánamo. Ese pedazo de tierra cubana que Estados Unidos ocupa por la fuerza desde 1903, y que ningún tratado bilateral, ninguna resolución internacional —ni siquiera las recurrentes condenas de la Asamblea General de la ONU— ni ninguna lógica de derecho ha logrado devolver a su legítimo dueño. Esta no es una visita protocolaria. No es una inspección rutinaria. No es un acto administrativo. Es un mensaje. Y hay que leerlo con calma, porque en la calma está la claridad. El contexto de una escalada ¿Qué está pasando exactamente? Hegseth ha llegado a Guantánamo en un momento que ya no puede describirse como de \»tensión diplomática\». Lo que ocurre hoy entre Estados Unidos y Cuba es una escalada silenciosa pero feroz, tejida con varios hilos que ahora se tensan al mismo tiempo: el bloqueo energético impuesto por órdenes ejecutivas en enero y mayo de 2026, diseñado para asfixiar la vida cotidiana en la isla; la acusación montada desde el Departamento de Justicia contra Raúl Castro, una maniobra jurídica sin pruebas que busca criminalizar a la dirigencia revolucionaria; la presencia del portaaviones USS Nimitz navegando en aguas del Caribe, a distancia de ataque; y las filtraciones del medio Politico hablando abiertamente de \»opciones militares\» sobre la mesa en Washington . En ese contexto, Hegseth no viene a tomar café con los mandos medios. Viene a revisar personalmente la preparación operativa de la base. Viene a evaluar tropas. Viene a comprobar con sus propios ojos si Guantánamo está lista para cumplir un papel en un escenario que nadie debería descartar: el de una agresión militar contra Cuba. Las declaraciones de Hegseth: advertencia y provocación Vestido con uniforme de camuflaje y arengando a las tropas estacionadas en la base —unas 3.000 efectivos—, Hegseth no dejó dudas sobre el carácter de su visita. \»Sería imprudente que el gobierno de Cuba intentara procurarse o acceder a tipos de armas que pudieran alcanzar esta base o el territorio estadounidense\», advirtió ante los soldados, en referencia a reportes no confirmados sobre la supuesta compra por parte de La Habana de 300 drones militares de origen ruso e iraní . Y fue más lejos: \»De lo contrario, estarían abriendo la puerta a una confrontación que no solo no quieren, sino que no podrían sostener\». En un tono que alternaba la amenaza con una pátina de falsa cordialidad, el jefe del Pentágono agregó: \»Lo que pase con el futuro de Cuba está en manos del presidente de Estados Unidos y del liderazgo de Cuba. Y esperamos muy pronto convertirnos en amigos del liderazgo de Cuba. Por ahora, vamos a ver qué pasa\» . Sus palabras fueron vitoreadas en varias ocasiones por los jóvenes soldados que lo escuchaban. Pero la declaración más alarmante llegó cuando la prensa le preguntó directamente sobre la posibilidad de una operación militar para capturar al presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, similar a la ejecutada contra Nicolás Maduro en Venezuela. La respuesta de Hegseth fue escueta pero elocuente: \»Todas las opciones están sobre la mesa\» . Y añadió, en una comparecencia posterior ante las tropas: \»El presidente espera que seamos fuertes y firmes en la manera en que respondemos y aportamos poder de fuego. Y ciertamente lo haremos si es necesario\» . La reacción de Cuba: denuncia y alerta La respuesta del gobierno cubano no se hizo esperar. El canciller Bruno Rodríguez denunció que Washington está montando \»un expediente fraudulento para justificar la guerra económica despiadada contra el pueblo cubano y la eventual agresión militar\» . En sus declaraciones, Rodríguez calificó los reportes sobre supuesta compra de drones como \»calumnias\» filtradas por el propio gobierno estadounidense para crear un casus belli. Por su parte, el embajador de Cuba ante la ONU, Ernesto Soberón, sentenció en su cuenta de X: \»El futuro de Cuba —país soberano e independiente— pertenece única y exclusivamente al pueblo y al gobierno cubanos. Quienquiera que piense que el futuro de Cuba está en otras manos se equivoca por completo\» . El presidente Miguel Díaz-Canel, quien recientemente advirtió sobre tres posibles escenarios de agresión —económico, político y militar—, fue aún más enfático: si las amenazas estadounidenses se materializan, \»ello provocará un baño de sangre con consecuencias incalculables, además del impacto destructivo sobre la paz y la estabilidad regional\» . Díaz-Canel ha insistido en la necesidad de que el país se prepare para su defensa, para evitar cualquier \»sorpresa\» o \»derrota\» . ¿Por qué esta visita es tan grave? Porque el Secretario de Guerra de Estados Unidos —equivalente al Ministro de Defensa en cualquier país del mundo— no se desplaza hasta una base ocupada en territorio enemigo sin que haya algo muy grande detrás. En el lenguaje militar, una visita de este nivel en tiempo de máxima tensión tiene tres objetivos claros: evaluar la capacidad de respuesta inmediata de la base —Hegseth quiere saber si las tropas pueden ejecutar órdenes de combate en cuestión de horas—; elevar la moral de sus efectivos, enviando al jefe del Pentágono como una señal: \»Prepárense, esto es serio\»; y enviar un mensaje directo a La Habana que dice, sin rodeos: \»Estamos aquí, en su territorio, y podemos movernos cuando queramos\». No es protocolo. Es estrategia. Y es provocación. Esta visita se suma a una serie de movimientos de alto nivel en las últimas semanas. A finales de mayo, el general del Comando Sur de Estados Unidos visitó Guantánamo y se reunió con mandos militares cubanos. Dos semanas antes, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a La Habana para entregar un mensaje directo de Trump a los funcionarios cubanos . La coreografía es clara: Washington está rodeando a la isla con una presión inédita desde