El Voto de la Conciencia Universal: Treinta y Tres Años de Condena Ininterrumpida al Bloqueo que Ahoga a Cuba

En una jornada cargada de simbolismo diplomático, la Asamblea General de la ONU volvió a alzar su voz contra lo que las naciones soberanas califican de política ilegal e inhumana. Con 165 votos a favor y apenas 7 en contra, el mundo reafirmó su rechazo al cerco estadounidense, desafiando una campaña de presión sin precedentes y subrayando el aislamiento creciente de Washington en el escenario global. Por Virtudes Álvarez Sampedro NACIONES UNIDAS.— Como un ritual de condena que se repite con la persistencia de las mareas, la Asamblea General de las Naciones Unidas volvió a clamar al cielo. Por trigésima tercera vez consecutiva, el concierto de naciones soberanas elevó su voz para exigir el fin de un bloqueo económico, comercial y financiero que, con más de seis décadas de imposición, se ha convertido en el episodio de sanciones más longevo de la historia moderna. La resolución, presentada por Cuba, obtuvo 165 votos a favor, 7 en contra y 12 abstenciones, en una jornada marcada por la renovada coacción estadounidense y el debate sobre el impacto de un cerco que la mayoría considera ilegal y criminal. El resultado, no obstante, mostró las grietas abiertas por una campaña de presión político-diplomática orquestada desde Washington. El respaldo global sufrió un ligero retroceso: algunos países latinoamericanos y europeos, que tradicionalmente se alineaban con La Habana, modificaron su postura. Argentina, Paraguay, Hungría, Macedonia del Norte y Ucrania se sumaron a Estados Unidos e Israel en el voto negativo, mientras una docena de naciones optó por la abstención. Pese a estas deserciones, la abrumadora mayoría del Sur Global —África, Asia y el Caribe— se mantuvo firme, insistiendo en que el bloqueo “contraviene los principios de igualdad soberana y no injerencia” consagrados en la Carta de la ONU. Desde el púlpito de la sede neoyorquina, el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, denunció con tono grave el carácter “extraterritorial e ilegal” de una política que calificó de “castigo colectivo”. “Se aplica con fría premeditación sobre millones de personas”, afirmó, revelando que el gobierno estadounidense desplegó una inusual ofensiva para torcer voluntades. “Algunos países recibieron llamadas directas del Departamento de Estado en los días previos a esta sesión”, acusó, en alusión a las tácticas de coerción que antecedieron al sufragio. La sesión estuvo marcada por la tensión diplomática. La delegación de Estados Unidos, que no contó con la presencia de su embajador permanente, Mike Waltz, protagonizó un episodio de rara agresividad. La intervención del representante estadounidense, descrita por varios observadores como “inusualmente grosera y calumniosa”, obligó a la presidencia a llamarlo al orden. Sobre sus palabras, Rodríguez sentenció con desdén: “No solo miente, sino que ofende con su grosería e incultura”. El bloqueo, iniciado formalmente en 1960 y reforzado con leyes como la Helms-Burton de 1996, ha supuesto para la isla pérdidas acumuladas superiores a los 160.000 millones de dólares, según cálculos oficiales. Sectores vitales como la salud, la energía y la alimentación sufren sus efectos asfixiantes, diseñados —en opinión de analistas— para generar descontento social y forzar un cambio de régimen. Sin embargo, este consenso moral anual carece de consecuencias prácticas. A diferencia de las resoluciones del Consejo de Seguridad, las de la Asamblea General no son vinculantes. Estados Unidos, pues, no tiene obligación legal de acatarlas, y de hecho ha ignorado sistemáticamente todas las condenas previas. No obstante, cada octubre, este ejercicio democrático global se convierte en un termómetro de la legitimidad internacional. Y el veredicto de 2025 vuelve a ser claro: Washington se encuentra cada vez más solo, aislado en su empeño de mantener una política que el mundo, casi unánimemente, juzga como un relicto de la Guerra Fría y un baldón para la dignidad de los pueblos.
Abinader se reunirá en Nueva York con el presidente de Kenia para hablar de la misión en Haití
THIAGO ZORRILLA ACOSTA Santo Domingo, – En el marco de la 79º Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente Luis Abinader se prepara para sostener un encuentro decisivo con su homólogo keniano, William Ruto, en la ciudad de Nueva York. Esta reunión no solo simboliza un acercamiento diplomático, sino que también pone de relieve la crisis persistente que asola a Haití, un país cuya situación se ha vuelto insostenible, según los líderes regionales. La visita de Abinader a la Gran Manzana no es un viaje cualquiera; es un grito de alerta en busca de respuestas y soluciones. Durante años, la comunidad internacional ha observado con una mezcla de preocupación y apatía la descomposición de Haití, un territorio donde el 80% de su extensión está bajo el control de bandas criminales. La conversación entre Abinader y Ruto se centrará en el papel de la misión keniana en Haití, que ha desplegado hasta ahora 400 efectivos policiales, pero cuya presencia ha sido valorada como insuficiente. \\\»Estamos aquí para hacer un llamado a la comunidad internacional\\\», afirmó Abinader. \\\»Hace tres años vine a gritar por la situación como estaba Haití… deben cumplir con los compromisos que han asumido\\\». Estas palabras, cargadas de urgencia, reflejan un malestar palpable por la falta de acción concreta en el ámbito internacional. A medida que Abinader se prepara para dirigirse a la Asamblea, se perfila una declaración que exigirá no solo atención, sino también un apoyo tangible para Haití. El presidente Ruto, por su parte, recientemente visitó Puerto Príncipe, donde anunció el despliegue de otros 600 policías kenianos, lo que elevará a mil el número de agentes de su país en Haití. Este aumento se presenta como un intento de frenar la violencia y restaurar el orden, en un contexto donde los desafíos son abrumadores. Desde el fin de semana, se ha visto una mayor presencia de fuerzas internacionales, con la llegada de una veintena de militares y cuatro policías de Jamaica, así como la suma de dos soldados de Belice, que se unen a la misión de seguridad respaldada por la ONU. Sin embargo, la situación sigue siendo grave. La inestabilidad y la falta de gobernanza han generado un clima de temor y desconfianza entre la población haitiana. Las calles de Puerto Príncipe son un reflejo desgarrador de una nación que lucha por obtener la atención y el respaldo que necesita. Abinader, consciente de este contexto, enfatiza que el estatus actual de Haití es \\\»estable\\\» desde la llegada de las fuerzas kenianas, pero advirtió que se requiere un respaldo aún mayor para lograr una solución duradera. Mientras la comunidad internacional se congrega en Nueva York, el mensaje es claro: Haití no puede esperar más. Las palabras de Abinader resuenan como un eco de desaprobación hacia aquellos que han hecho promesas que aún no se han cumplido. Este encuentro entre líderes, por tanto, no solo es un gesto diplomático, sino un esfuerzo por recuperar la humanidad en un escenario global donde la indiferencia podría resultar letal para un pueblo que anhela paz y estabilidad. En una era donde la crisis se ha convertido en la norma, el compromiso y la acción deberán surgir desde los foros internacionales hacia el terreno donde se libra la batalla por la vida y el bienestar de millones de haitianos. La voz de Abinader será, sin duda, una de las muchas que anhelarán un cambio real, un cambio que ya es tiempo de reivindicar.