¡Orejona, París y gloria eterna! El PSG reina desde los doce pasos y el Arsenal llora su primera corona
Budapest. La ciudad de las aguas termales hirvió esta noche con un fuego distinto. El Puskás Aréna, coloso de hormigón y luz que ha visto batallas épicas, fue testigo de una final que no se decidió con magia ni con furia, sino con el latido helado de los penaltis. El Paris Saint-Germain, ese equipo que parecía destinado a desmoronarse tras la partida de su estrella, escribió su propia leyenda: segunda Copa de Europa consecutiva. El Arsenal, tan cerca del cielo londinense, se estrelló contra el travesaño del destino. Por la Redacción de Deportes umbral.local/ El partido arrancó con un mazazo para los parisinos. Apenas seis minutos habían corrido cuando Havertz, ese fantasma que siempre aparece donde más duele, fusiló a Safonov tras un rebote fortuito. Marquinhos despejó hacia dentro, Trossard desvió sin querer y el alemán, con el ángulo convertido en un suspiro, rompió las redes. Era el sueño Gunner hecho relámpago: tenían la final donde querían, con el PSG tambaleándose como un boxeador grogui en la primera campanada. Pero Luis Enrique, ese estratega que lleva la locura ordenada en las venas, no pidió calma. Pidió orgullo. Movió sus fichas como quien reordena un tablero que se le escapaba. Retrasó a Fabián, subió los laterales, metió a Doué y Kvaratskhelia por dentro para morder la espalda de Rice. Y poco a poco, como una marea que no entiende de derrotas, el PSG fue empujando al Arsenal contra su propia área. Gabriel, coloso de acero, repelió todo centro. Raya, que soñaba con el récord imbatido, volaba entre palos. Pero el muro inglés tenía una grieta. Y en el minuto 62, Siebert no dudó: penal. Mosquera, el joven héroe que jugaba con el corazón en la mano, derribó por detrás a Kvaratskhelia. Dembélé tomó el balón como quien empuña un puñal familiar. Respiración honda. Carrera pausada. Raya adivinó el lado, pero la pelota entró pegada al palo, como si tuviera dueño. 1-1. Budapest tembló. El resto fue una batalla de guerreros exhaustos. Gyökeres entró para formar una doble punta feroz. Barcola estrelló su juventud contra un Raya gigante. Vitinha besó el larguero con un disparo que hizo contener el aliento al mundo. Y al final, cuando los músculos ya no obedecían y el reloj marcaba 120 minutos de pura épica, llegó el veredicto cruel: los penaltis. Allí, en esa soledad infinita del manchón blanco, el PSG fue más frío. Safonov, el arquero ruso que parecía un convidado de piedra, se vistió héroe, al ver desde el campo como dos jugadores del Arsenal fallaban sus penaltis. El Arsenal, que nunca había tocado la Orejona, la sintió pasar rozando sus dedos. Saka miraba al cielo. Odegaard escondió el rostro. Y Dembélé, el mismo que falló en tantas noches de gloria, vio desde el campo abrazado a sus compañeros, como se ganaba la segunda Orejona. Cuando el balón besó la red, en el último y definitivo penalti, París estalló desde Budapest hasta el Sena. Luis Enrique, con los brazos abiertos como quien abraza un sueño largamente postergado, lloró sin disimulo. Dos años seguidos. Dos Copas. Un proyecto que nació entre escombros y ahora toca el Olimpo con los pies descalzos. El Real Madrid ya no está solo en el club de los bicampeones consecutivos de la era Champions. El PSG acaba de escribir su nombre con letras de oro. Y el Arsenal, ay, el Arsenal… tendrá que esperar. La primera Orejona seguirá siendo esa mujer esquiva que baila al otro lado del cristal. Budapest, noche eterna. La gloria tiene acento francés y los penaltis, a veces, dictan sentencias justas.
El Descalabro del Real Madrid en Europa

Por Julio Guzmán Acosta El Santiago Bernabéu, normalmente un fortín de ilusiones y esperanzas, se convirtió en un escenario de desilusión y desánimo para los aficionados del Real Madrid. La noche que resultó ser el último partido de la Champions League para el equipo merengue, dejó una huella amarga en la historia del club, con el actual campeón de Europa cayendo eliminado de forma estrepitosa frente al Arsenal inglés . El equipo, que la temporada pasada se alzó con el trofeo más codiciado del viejo continente, ha dejado de ser el coloso que una vez fue, y se presentó en el campo como una sombra de sí mismo. Los 90 minutos de juego fueron un desfile de errores y desconexiones. Los jugadores, que en su día mostraron una cohesión y una calidad indiscutibles, parecieron deambular por el terreno de juego, incapaces de crear jugadas que pusieran en jaque al equipo Inglés . La afición, que había mantenido la esperanza desde la dolorosa derrota en Londres por 3-0, se conjuró para una remontada épica que nunca llegó. La pasión de los hinchas contrastó con la apatía de los jugadores, quienes parecieron dejar en la grada la garra y la determinación que los caracterizaba. K. Mbappé fue una sombra del jugador por el que suspiró por varios años el Real Madrid. En su primer temporada en el equipo blanco, en ninguno de los partidos importantes ha aparecido. Los egos individuales se alzaron como obstáculos insalvables, y la falta de un juego en equipo se convirtió en la condena definitiva del equipo blanco. Mientras por otro lado, el FC Barcelona, rival eterno, sufría para avanzar a las semifinales, el Madrid dejó claro que en esta temporada les falta fútbol. La diferencia se notó en la cancha; el dominio de los azulgranas en sus en los últimos enfrentamientos directos fue contundente, con goleadas que dejaron a la hinchada merengue preguntándose qué había pasado con su equipo. El entrenador, Carlo Ancelotti, ya estaba sentenciado. La crítica se intensifica, y las dudas sobre su capacidad para recuperar al equipo se han convertido en un clamor en las gradas y en los medios. Su estilo de juego, que antes deslumbraba, parece haber caído en la mediocridad. Los aficionados se preguntan, con una mezcla de resignación y angustia, cuántos goles podría recibir su equipo en la final de la Copa del Rey contra el FC Barcelona, un encuentro que se dibuja como un nuevo descalabro en la temporada. Las estadísticas son elocuentes: en sus enfrentamientos directos, los azulgranas han infligido derrotas dolorosas, con marcadores que han alcanzado los cuatro y cinco goles. La pregunta que resuena en cada rincón del Bernabéu es clara: ¿será esta la temporada en la que el Real Madrid se rinda ante su eterno rival? La respuesta está por verse en Sevilla, donde se disputará la final de la Copa del Rey. Mientras tanto, la afición blanca aguarda con el corazón en un puño, temiendo que el sueño de recuperar la grandeza se convierta en una pesadilla. El Real Madrid, el gigante de Europa, enfrenta un momento crucial: el tiempo de las respuestas llegó, y el futuro del club pende de un hilo en un escenario que, por ahora, solo refleja sombras.
Entrevista a Mariona Caldentey: Un viaje desde el fútbol en Mallorca hasta el Arsenal

Por Julio Guzmán Acosta En la actualidad, Mariona Caldentey es sinónimo de trabajo duro y dedicación en el mundo del fútbol femenino. La jugadora española, que ha hecho historia con el FC Barcelona y ahora brilla en el Arsenal, nos abre las puertas a su vida, sus recuerdos y sus ambiciones. ¿Por qué dirías que eres futbolista? Siempre he sentido que el fútbol ha estado presente en mi vida. Desde pequeña, mi hermano jugaba y mi padre entrenaba, así que el ambiente estaba ahí. No fue un camino planeado; simplemente se fueron dando las cosas. Nunca imaginé que el fútbol podría convertirse en mi trabajo, pero aquí estoy, y es un gran motivo de felicidad para mí. Comenzaste tu carrera en Mallorca, una isla de gran talento futbolístico. ¿Cómo influye tu origen en tu trayectoria? Es cierto que Mallorca ha dado muchos futbolistas, y quizás hay algo en nuestra educación o la forma en que crecemos que nos impulsa. Aunque no contemos con muchas estructuras para el fútbol femenino, hemos logrado abrirnos camino. La falta de recursos ha hecho que seamos más resilientes y nos ha obligado a tirar de talento joven. Eso ha sido una ventaja. Hiciste el salto del Collerense al Barcelona a los 18 años. ¿Cómo fue esa transición? Fue un cambio monumental. En el Collerense, muchas veces entrenábamos en horarios poco cómodos y sin los recursos adecuados. Llegar al Barcelona, donde un año después se convirtió en un club profesional, fue un sueño. La estructura, el apoyo y, sobre todo, el nivel de competencia fueron un gran cambio que me ayudó a crecer como jugadora. Has vivido la evolución del Barça de primera mano. ¿Cómo ha sido esa experiencia? Es algo verdaderamente especial. A lo largo de los años, hemos crecido como equipo. Si bien llegaron jugadoras de fuera que nos mejoraron, la base siempre ha sido la misma. El club confió en nosotras y nos dio las herramientas necesarias para crecer. El dominio del Barça en Europa es el resultado del trabajo duro y la constancia. De los veinticinco títulos que ganaste con el Barcelona, ¿cuál es el que más valoras? Sin duda, la última Champions es la que más significa para mí. Ganar al Lyon en casa, siendo mi último partido con el Barça y logrando el cuarto título, fue emocionalmente insuperable. Es un recuerdo que llevaré siempre en mi corazón. Después de diez años en el Barcelona, ¿nunca consideraste salir antes? Nunca. Para mí, renovar y quedarme era lo más natural. Siempre he sido del Barça, y cada año allí fue un regalo. Hasta el último momento, no pensé en irme. El 5 de junio anunciabas tu salida. ¿Qué te llevó a tomar esa decisión? Fue una decisión muy personal. Agradezco al club por su transparencia y apoyo durante el proceso. Fue difícil, lloré mucho, pero sentí que era el momento de buscar nuevos retos y experiencias. Estoy feliz de haber dado ese importante paso en mi carrera profesional. ¿Por qué eliges Inglaterra y al Arsenal para tu nueva etapa? Tenía claro que quería irme a Inglaterra; están haciendo un gran trabajo con el fútbol femenino. Elegí el Arsenal por su estilo de juego y la mentalidad que tienen. Me recuerda al Barça en sus inicios, un club con potencial y ganas de mejorar. Me siento en un entorno donde puedo crecer. ¿Cómo ves la posibilidad de cruzarte con el Barça en la Champions? Estaría muy emocionada, pero prefiero que no nos crucemos hasta la final. Este año, la Champions será muy competitiva, y cualquier equipo puede dar la sorpresa. ¿Puede el Arsenal ganar la Champions? Estamos en un buen momento, aunque hemos tenido altibajos. La Champions requiere que estemos en nuestra mejor forma y enfrentarnos a los mejores equipos. Pero tenemos potencial, y vamos a darlo todo. ¿Sigues los partidos del Barça? Sí, siempre que puedo. Sigo disfrutando de sus partidos y sufriendo cuando las cosas no van bien. Espero que sigan mejorando. Pina ha emergido como una figura clave en el Barcelona. ¿Te sorprende su evolución? No me sorprende en absoluto. Conozco su talento desde hace tiempo. Tiene la calidad y ahora está demostrando su capacidad para ser constante. Me alegra por ella y espero que le vaya bien, aunque no en los partidos contra el Arsenal. ¿Estás en tu mejor momento como futbolista? Me siento bien físicamente y he aprendido mucho de mis lesiones pasadas. Estoy en un proceso de adaptación, pero tengo confianza en mí misma y en el equipo. Has sido capitana de España en la última ventana internacional. ¿Cómo fue esa experiencia? Fue un honor, aunque fue circunstancial. Hay otras jugadoras con más experiencia que yo, pero llevar el brazalete siempre es un orgullo. ¿Crees que el ruido alrededor de la selección se calmará algún día? Ojalá. No es fácil lidiar con eso, y queremos centrarnos en el fútbol. Solo pedimos respeto por nuestro trabajo. El próximo verano es la Eurocopa. ¿Cuáles son tus expectativas? Después de ganar el Mundial, nuestras expectativas son altas. Sabemos que será difícil, pero estamos preparadas para luchar por el título. Estas navidades, ¿cómo las vives? Es un tiempo de familia, música y tradiciones. Tengo una costumbre con mis primos de darnos un baño en el mar, ¡aunque esté helado! Es una manera divertida de empezar el año. ¿Qué le pides al 2025? Salud para todos, un título con el Arsenal y la Eurocopa con la selección. Por último, tu libro está siendo un regalo popular. ¿Cómo surgió la idea de escribirlo? No era algo que había planeado, pero la editorial se puso en contacto con mi agente. Fue un buen momento para compartir mi historia. Espero que a la gente le guste, ya que es un reflejo de mi trayectoria y experiencias. Mariona Caldentey no solo es una gran futbolista; es un ejemplo de perseverancia y dedicación. Su viaje continúa en el Arsenal, y su historia apenas comienza a escribirse.