La Sombra del Águila: Una Alianza que Entrega la Soberanía Dominicana a la Estratégica de EE.UU. en el Caribe

En un despliegue diplomático sin precedentes, una sucesión de altos funcionarios estadounidenses ha sellado acuerdos clave con el gobierno dominicano, en lo que se compromete la Soberanía Nacional en 141 años de relaciones bilaterales alrededor de ejes urgentes: el combate al narcotráfico, la explotación de tierras raras, la crisis migratoria haitiana y la seguridad regional. Por Julio César Guzmán Acosta SANTO DOMINGO.— La República Dominicana se ha convertido en el epicentro de una ofensiva diplomática estadounidense que, visita tras visita, teje una agenda común con el gobierno del presidente Luis Abinader. Funcionarios de alto rango del Pentágono, el Departamento de Estado y el Congreso de los Estados Unidos han desfilado por el Palacio Nacional en los últimos meses, cada uno con un capítulo específico de una colaboración y subordinación que Washington considera vital para sus intereses en el Caribe. El acuerdo más reciente, firmado el 26 de noviembre con el secretario de Guerra, Pete Hegseth, (que muchos sectores han calificado como contrario a la Soberanía Nacional), concede acceso temporal a espacios restringidos en la Base Aérea de San Isidro y el Aeropuerto Internacional de Las Américas para operaciones logísticas estadounidenses contra el narcotráfico. “Es una iniciativa conjunta entre nuestros países contra el narcotráfico y el narcoterrorismo”, afirmó Hegseth, mientras el presidente Abinader explicó que la medida permitirá el reabastecimiento de combustible y el transporte de equipos y personal técnico. La lucha contra las drogas sintéticas ha sido otro pilar de esta cooperación. El pasado 30 de abril, autoridades de ambos países celebraron una conferencia internacional sobre el tema, que derivó en anuncios de entrenamientos conjuntos entre la DEA y la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD). El objetivo declarado: fortalecer las capacidades estratégicas para perseguir el tráfico de fentanilo y otras sustancias que transitan por el Caribe hacia Europa. Pero el alcance de esta alianza va más allá de la seguridad. El 6 de febrero, el secretario de Estado Marco Rubio sostuvo conversaciones cruciales con Abinader sobre tierras raras, migración y crimen organizado. Rubio dejó clara la importancia estratégica que Washington otorga al yacimiento dominicano de estos minerales, esenciales para la tecnología moderna: “Esperamos poder trabajar juntos… nuestro Ejército ha ayudado a identificar algo que será sumamente importante para el futuro del mundo y la economía moderna”. La crisis en Haití ha emergido como un tema recurrente en cada encuentro. Tanto Rubio en febrero como el entonces secretario de Estado Antony Blinken en septiembre de 2024 abordaron la inestabilidad fronteriza como una amenaza regional que exige cooperación estrecha. “Estados Unidos está comprometido a trabajar junto a la República Dominicana y el pueblo dominicano para apoyar estos esfuerzos”, declaró Blinken durante su visita. Antes de la llegada de Hegseth, una delegación bipartidista del Congreso estadounidense, encabezada por Brian Mast, ya había recalado en Santo Domingo para discutir seguridad regional y oportunidades económicas. “Estados Unidos tiene una relación cercana con República Dominicana para colaborar en la seguridad regional. La visita de nuestra delegación reafirmó este hecho”, señaló Mast. En 141 años de relaciones diplomáticas y siendo Estados Unidos el principal socio comercial dominicano, nunca antes un gobierno dominicano se había plegado incondicionalmente a la política manada de Washington, comprometiendo seriamente la soberanía del país. Esta nueva fase de visitas de alto nivel refleja la evolución de una alianza histórica hacia una asociación estratégica de subordinación multidimensional, donde los intereses de seguridad, económicos y geopolíticos de Washington encuentran en el gobierno de Luis Abinader y el PRM un aliado dispuesto a plegarse sin condiciones la estrategia militarista de la administración Trump en la convulsa geografía del Caribe y que tiene en la agresion a Venezuela su principal objetivo .
Antony Blinken descarta cambio de política de EEUU hacia Cuba

Por Servicios umbral.local/ A pesar de los crecientes llamados en Estados Unidos y en el ámbito internacional para el cese del bloqueo económico impuesto a Cuba, el secretario de Estado, Antony Blinken, afirmó que no se anticipan cambios en la política hacia la isla antes del 20 de enero de 2025. Durante una comparecencia ante un comité del Congreso, Blinken dejó en claro que la administración Biden no tiene planes de modificar su enfoque hacia Cuba, el cual ha sido objeto de críticas y condenas en múltiples ocasiones a nivel global. “Como he dicho, no anticipo ningún cambio en nuestra política hacia Cuba por parte de esta Administración”, declaró Blinken, quien también fue consultado sobre la posibilidad de retirar a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo. La respuesta fue contundente: “No anticipo ningún cambio”. Esta afirmación reafirma la continuidad de una política que ha generado divisiones tanto en el ámbito político estadounidense como entre los aliados internacionales del país. Cuba ha sido objeto de sanciones desde 1960, y su inclusión en la lista de patrocinadores del terrorismo ha sido un punto focal en la relación entre ambos países. La nación caribeña fue designada por primera vez en 1982, durante la presidencia de Ronald Reagan, y aunque fue retirada en 2015 bajo la administración de Barack Obama como parte de un esfuerzo por normalizar las relaciones, fue reincorporada en enero de 2021 por Donald Trump, un estatus que la administración Biden ha decidido mantener. La comunidad internacional ha expresado su rechazo a estas políticas. Desde 1992, la Asamblea General de la ONU ha adoptado numerosas resoluciones pidiendo el levantamiento del bloqueo, considerando que este afecta gravemente al pueblo cubano y limita su desarrollo económico y social. En las últimas ediciones de esta votación, la gran mayoría de los países miembros han apoyado el fin de las sanciones, destacando la presión global sobre Estados Unidos para que revise su postura. Sin embargo, a medida que se acerca el final del mandato de Biden, se hace evidente que la política hacia Cuba seguirá siendo un tema complicado y controversial. La falta de cambios en esta política, a pesar de las voces que claman por una apertura y una solución diplomática, plantea interrogantes sobre el futuro de las relaciones entre ambos países. Además, la situación en Cuba sigue siendo precaria, con un contexto económico difícil y un descontento social que ha llevado a muchos cubanos a buscar mejores condiciones de vida en el extranjero. Las sanciones, según críticos, no solo afectan al gobierno cubano, sino que impactan directamente en la vida cotidiana de los ciudadanos y su acceso a servicios básicos. Mientras tanto, la presión internacional y los llamados al diálogo y la cooperación continúan. Organizaciones humanitarias y gobiernos de diversas partes del mundo siguen abogando por una postura más comprensiva y humanitaria hacia la política estadounidense respecto a la isla, reclamando un cambio que permita la reconciliación y el desarrollo sostenible en Cuba. La espera se extiende, mientras la comunidad internacional observa con atención las decisiones que tomará el próximo gobierno estadounidense.
Venezuela califica de \\\»ridículo\\\» reconocimiento de EE. UU. a Edmundo González como \\\»presidente electo\\\»
Por Servicios umbral.local/ Caracas, 20 nov. En un clima de tensión política y social, el gobierno de Nicolás Maduro se reafirma en el poder tras las elecciones del 28 de julio, donde fue proclamado para un tercer período presidencial. Sin embargo, la reciente declaración de Estados Unidos, que reconoce al opositor Edmundo González Urrutia como “presidente electo”, ha encendido las llamas de la controversia y ha puesto de manifiesto la injerencia de Washington en los asuntos internos de Venezuela. El canciller venezolano, Yván Gil, no tardó en responder a lo que calificó de “ridículo” reconocimiento por parte de la administración Biden. En un mensaje en Telegram, citó un refrán popular: “Del único lugar que no se vuelve es del ridículo”, dejando claro que el gobierno venezolano no acepta la legitimidad de la postura estadounidense. Gil, aludiendo a la historia reciente, recordó cómo en 2019, el entonces presidente Donald Trump reconoció a Juan Guaidó como presidente interino, un movimiento que fue ampliamente criticado y que no logró desestabilizar el gobierno legítimo de Maduro. Antony Blinken, secretario de Estado de EE. UU., insistió en que el pueblo venezolano se había pronunciado “rotundamente” a favor de González Urrutia, quien se encuentra en el exilio tras una orden de captura en su contra. Este reconocimiento, que llega casi cuatro meses después de las elecciones, se presenta como un nuevo intento de Washington por influir en la política venezolana, desafiando la soberanía del país sudamericano. La oposición, liderada por María Corina Machado, ha respaldado la proclamación de González Urrutia, alegando que el 80% de las actas recopiladas por testigos electorales apoyan su victoria. Sin embargo, el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela proclamó a Maduro como ganador sin detallar el escrutinio, lo que ha generado protestas que han dejado un saldo trágico de 28 muertos y miles de detenidos. La respuesta de la comunidad internacional ha sido variada. Mientras algunos países han respaldado la posición de EE. UU., otros han defendido el derecho de Venezuela a decidir su propio destino sin interferencias externas. La situación es de normalidad en Venezuela y la libertad de 225 presos que participaron en los disturbios poselectorales lo confirma. En este contexto, González Urrutia, desde su exilio, agradeció el reconocimiento de EE. UU., afirmando que “honra el deseo de cambio de nuestro pueblo”. Sin embargo, muchos en Venezuela ven este gesto como una intromisión en su soberanía, un recordatorio de que, a pesar de la proclamación de un nuevo líder opositor, la lucha por el poder en el país sigue siendo un campo de batalla donde las fuerzas externas juegan un papel crucial. La victoria de Nicolás Maduro, a pesar de las acusaciones de fraude y la presión internacional, refleja la complejidad de la política venezolana. En un país donde la polarización es la norma, el desafío a la intervención extranjera se convierte en un tema central. La pregunta que queda en el aire es: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno de EE. UU. para imponer su visión de la democracia en Venezuela, y qué consecuencias tendrá esto para el pueblo venezolano? La historia reciente sugiere que la lucha por el poder en Venezuela está lejos de terminar, y que la soberanía del país seguirá siendo un tema de debate en el escenario internacional.
Agresión contra un país “amigo”

Por Nelson Encarnación PERSPECTIVA: Una importante figura de la política estadounidense se ocupó de aclarar, muy tempranamente, que los Estados Unidos no tenían ni amigos ni enemigos, sino intereses, a partir de lo cual el comportamiento de esa gran nación ha estado en línea con aquel juicio tan categórico. Es por ello que un día se mueven en las fronteras de Dios, y al siguiente se bañan en el fuego del diablo con tal naturalidad que dejan perplejos a más de uno. En tales condiciones, hace dos semanas que el secretario de Estado, Antony Blinken, habló al presidente Luis Abinader para agradecerle por la determinante colaboración de nuestro país para la evacuación segura de estadounidenses atrapados en el pandemónium que es Haití, una situación mantenida en parte por la inacción de Washington para ayudar sinceramente a su solución. Pero no bien se ha apagado el sonido de la voz de Blinken en los oídos de nuestro presidente, cuando el Departamento de Estado—es decir, el empleo de Blinken—se despacha una agresión injustificada contra un país supuestamente amigo, condición que, dicho de pasada, queda en serio cuestionamiento. El informe contiene una serie de mentiras que no tienen otra explicación que no sean mala fe o desinformación, pues en referencia directa al caso de los haitianos indocumentados, nuestro país ejerce el mismo derecho que Estados Unidos a repatriar a quienes se encuentren en condición irregular. Creo que no se trata de desinformación, pues el Gobierno estadounidense cuenta con muy buenos canales de información y se encuentra al tanto de todo lo que acontece en sus áreas geográficas de influencia. Por consiguiente, se trata de mala fe, de manipulación con los fines con que suelen manejarse, o sea, el armado de expedientes que guardan hasta una mejor oportunidad. Las repatriaciones de indocumentados que realizan las autoridades dominicanas ocurren al amparo de las mismas prerrogativas legales que las estadounidenses, con la diferencia de que no se puede mostrar un espectáculo tan violatorio de los derechos humanos como aquellas imágenes donde agentes de frontera montados a caballo aporrean a haitianos. Tampoco nuestra Armada establece bloqueos marítimos para impedir que los haitianos lleguen a través de las aguas territoriales dominicanas. Cabe mencionar igualmente las frecuentes y masivas repatriaciones llevadas a cabo por las autoridades migratorias de los Estados Unidos, solo con la diferencia de que nosotros lo hacemos en camiones o autobuses y ellos en aviones. Pero igualmente son repatriaciones. Y son repatriados enviados al mismo territorio que el informe reclama como peligroso por la inseguridad que genera el predominio de las bandas criminales que utilizan armas de fuego traficadas justamente desde el territorio norteamericano. Es decir que, al hablar de derechos humanos de los haitianos, somos nosotros quienes deberíamos de emitir informes para condenar a los Estados Unidos, ya que ha sido notorio, público y comunicacional el atropello que el mundo ha conocido contra esos inmigrantes.