La Doble Moral Del PLD

Mientras la justicia condena a familiares de Danilo Medina por corrupción, la cúpula peledeísta se deslinda y exige explicaciones solo si los implicados fueran \»dirigentes formales\». Por Virtudes Álvarez Sampedro SANTO DOMINGO.— La justicia dominicana ha comenzado a escribir, con sentencias firmes y acuerdos de culpabilidad, un capítulo incómodo para la élite gobernante del pasado reciente. Alexis Medina, hermano del expresidente Danilo Medina, cumple una condena de siete años por corrupción. Maxy Montilla, cuñado del mismo exmandatario, ha aceptado su culpabilidad y el decomiso de 3,000 millones de pesos. Ambos casos, emblemáticos y reveladores, pintan un entramado de desfalco al Estado durante las gestiones del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Sin embargo, la dirigencia morada, lejos de asumir responsabilidades políticas, se atrinchera en un discurso de victimización y negacionismo. La reacción oficial del PLD ha sido calibrar sus declaraciones con precisión tacticista. A través de su vicepresidente Yván Lorenzo, el partido asegura estar conformado por \»hombres y mujeres honestos\» y tilda los procesos judiciales de \»instrumentalización de la justicia\» por parte del gobierno actual. Lorenzo fue enfático al señalar que, de comprobarse actos de corrupción en un \»dirigente formal\» —no en familiares o colaboradores—, se le exigiría dar explicaciones al país. Esta distinción sutil entre \»dirigentes\» y \»colaboradores allegados\» parece ser el muro el cual la cúpula peledeísta busca refugiarse de cualquier salpicadura moral. No obstante, dentro del mismo partido surgen voces que rompen la unanimidad. Congresistas como Gustavo Sánchez y Charlie Mariotti admiten que los imputados \»abusaron de la confianza\» del expresidente Medina y deben ser encarcelados. Esta grieta interna revela la tensión entre la lealtad partidaria y la evidencia judicial irrefutable. La sociedad dominicana observa con escepticismo creciente este ejercicio de equilibrismo retórico. Mientras los tribunales desentrañan redes de corrupción que llegaron a las altas esferas del poder, la dirigencia del PLD insiste en reducir estos casos a \»temas domésticos\» —como los definió Lorenzo—, negándose a abordar el fondo del problema: la presidencia de Danilo Medina facilitó un sistema que permitió el enriquecimiento ilícito de su círculo íntimo. El verdadero juicio, sin embargo, no solo ocurre en los tribunales. Se desarrolla en la arena pública, donde la ciudadanía demanda coherencia y rendición de cuentas. La historia juzgará si el PLD logra evadir su responsabilidad política tras la cortina de humo de la \»persecución\», o si finalmente asume que el poder conlleva una obligación inquebrantable con la transparencia.
El PLD y las Cuentas Pendientes
El Partido de la Liberación Dominicana (PLD), ha levantado su voz para denunciar lo que considera una persecución política tras la reciente condena a Alexis Medina, hermano del expresidente Danilo Medina. Sin embargo, en su defensa apasionada, la organización política parece olvidar que durante sus veinte años en el poder, la corrupción se instaló en el Estado como un invitado permanente. La historia reciente del país está marcada por los escándalos que salpicaron a numerosos funcionarios del PLD, muchos de los cuales llegaron al gobierno con modestos recursos y terminaron sus mandatos con fortunas inexplicables. Urbanizaciones lujosas, vehículos de alta gama y cuentas en el exterior se convirtieron en el patrimonio común de una clase política que, en teoría, debía servir al pueblo. El modus operandi fue variado pero constante: sociedades creadas expresamente para facturar al Estado, obras públicas con sobreprecios escandalosos, contratos adjudicados a dedo y un sistema de influencias que permitía monetizar cualquier gestión gubernamental. El caso de Alexis Medina, condenado por crear una red de empresas para beneficiarse de contratos estatales, parece más bien la punta visible de un iceberg de irregularidades. Resulta llamativo que el PLD, en su comunicado oficial, no haya hecho ninguna autocrítica sobre este periodo. Tampoco ha explicado cómo cuadran los patrimonios actuales de muchos de sus dirigentes con los salarios que percibieron como servidores públicos. La justicia dominicana, que durante años pareció mirar hacia otro lado, ahora comienza a pedir cuentas. Más allá de las acusaciones de lawfare o persecución política, lo cierto es que el país asiste a un momento de rendición de cuentas. La condena a Alexis Medina no cierra el capítulo, sino que abre uno nuevo en el que la sociedad dominicana espera que todos los responsables, sin excepción, respondan por sus actos. El PLD tiene derecho a defenderse, pero la ciudadanía tiene aún más derecho a saber la verdad sobre lo ocurrido durante dos décadas en las que el Estado pareció convertirse en botín de unos pocos. La justicia, aunque tardía, debe seguir su curso. Porque como bien dice el refrán popular: \»No hay atajo sin trabajo, ni fortuna sin razón\».
El juicio de Alexis Medina y la sombra de la justicia

¿Justicia o Lawfare? El PLD denuncia \»persecución política\» tras condena a Alexis Medina Por Julio Guzmán Acosta El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) alzó la voz como un trueno en tarde de sequía. La sentencia que condenó a Alexis Medina —hermano del expresidente Danilo Medina— a siete años de prisión por corrupción no fue, según ellos, el epílogo de un proceso judicial, sino el acto final de una obra política montada desde el Ministerio Público. \»La justicia no se construye con titulares\», clamó el comunicado del partido morado, donde cada palabra parecía tallada con el cincel de la indignación. Acusan al órgano acusador de haber tejido, durante cinco años, \»una narrativa de criminalización\» con hilos sueltos: imputaciones sin pruebas, filtraciones mediáticas y una docena de nombres arrastrados al lodo aunque el tribunal finalmente los absolviera. El peso de lo no dicho Mientras el PLD celebra la absolución de Carmen Magaly Medina (hermana del expresidente) y el \»descargo\» de otros acusados, guarda silencio sobre los siete años de prisión impuestos a Alexis. Tampoco menciona los cinco años con multa para Víctor Matías Encarnación, ni las condenas a José Dolores Santana (6 años) o Wascar Méndez (5 años). \»No había estructura criminal\», insiste el partido. Pero los jueces dictaminaron lo contrario: Alexis Medina creó un \»entramado societario\» para beneficiarse de obras públicas. ¿Dónde queda, entonces, la línea entre la defensa partidaria y el reconocimiento de los hechos probados? La sombra del lawfare El PLD no duda: habla de \»lawfare\» —esa guerra jurídica que, según ellos, usa procesos penales como armas políticas—. \»El MP fue herramienta de persecución\», acusa. Pero omiten un detalle crucial: durante sus 20 años en el poder (12 con Leonel Fernández, 8 con Danilo Medina), fueron ellos quienes moldearon esas mismas instituciones que hoy denuncian. La pregunta que flota Mientras el partido exige \»verdad y legalidad\», la sociedad dominicana se queda con un sabor amargo: ¿Fue esta sentencia un golpe contra la corrupción o, como alega el PLD, un espectáculo para criminalizar a la oposición? El tribunal ya dio su veredicto. La historia, quizás, tenga otro. Lo único claro es que, en República Dominicana, la justicia nunca viene sola: siempre llega acompañada de sospechas, réplicas y ese eco persistente que pregunta: ¿A quién beneficia?
El PLD y la herencia de la impunidad: cuando la corrupción se convirtió en política de Estado

La sentencia contra, Alexis Medina Sánchez, hermano del expresidente Danilo Medina, no es solo la condena a un hombre, sino el juicio histórico a toda una estructura de poder que convirtió al Estado dominicano en un botín partidario y familiar. Siete años de prisión para Alexis, cinco para sus cómplices, y una multa millonaria son apenas un reflejo pálido de lo que realmente ocurrió durante los ocho años de gobierno del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) encabezado por Danilo Medina Sánchez : la sistemática y descarada depredación de los recursos públicos, con la complicidad de todo un partido que alguna vez se jactó de ser heredero de Juan Bosch. El tribunal fue claro: Alexis Medina no actuó solo. Utilizó su condición de hermano del presidente para tejer una red de empresas fantasmas —Dominical Supply, General Supply, y otras— que se enriquecieron a costa del erario público. Lavado de activos, tráfico de influencias, enriquecilimiento ilícito, asociación de malhechores. Los delitos son tantos que cuesta creer que esto no haya sido una política de Estado. ¿Acaso Danilo Medina, presidente en ese entonces, no sabía? ¿O simplemente miró hacia otro lado mientras su hermano y sus allegados saqueaban las arcas nacionales? Pero la responsabilidad no recae únicamente en los Medina. El PLD en su totalidad —sus dirigentes, sus legisladores, sus operadores judiciales— fueron cómplices de este esquema mafioso. Leonel Fernández, quien hoy se presenta como crítico, gobernó antes que Danilo y creo las estructuras clientelistas, sabiendo que tarde o temprano le tocaría a otro peledeista usarlas. ¿Dónde estaban los \»valores boschistas\» cuando se repartían contratos entre amigos? ¿Dónde estaba la \»ética revolucionaria\» cuando se desviaban miles de millones? El tribunal, aunque no condenó formalmente al PLD, dejó al descubierto la podredumbre de un partido que perdió el rumbo. Absolver a Magaly Medina, otra hermana del expresidente, solo confirma que la justicia aún no llega a todos los culpables. Mientras, otros imputados —como Víctor Matías Encarnación— recibieron penas risibles: cinco años suspendidos y una multa irrisoria. ¿Es esto justicia o una burla? Lo más grave es que este no fue un caso aislado. Fue el modus operandi de un gobierno que entendió el poder como un mecanismo de enriquecimiento privado. Las pruebas están ahí: más de 200 millones de pesos recuperados en acuerdos con algunos imputados, empresas fantasma que facturaban al Estado sin prestar servicios, funcionarios que hacían la vista gorda. Todo bajo el amparo de un partido que, en vez de servir al pueblo, sirvió a una cleptocracia. Hoy, el PLD intenta distanciarse de los condenados, pero la historia ya los juzgó. La sentencia de Alexis es solo el primer capítulo de una deuda pendiente con la justicia. Falta que se investigue a Danilo, a los ministros cómplices, a los legisladores que aprobaron leyes a medida, a toda una dirigencia que normalizó el robo. Mientras el país sigue pagando las consecuencias de tanto saqueo, queda una pregunta en el aire: ¿Cuándo será juzgado, realmente, el PLD? Porque mientras no se haga, esta sentencia será solo un castigo simbólico en un sistema que sigue protegiendo a los poderosos. Julio Guzmán Acosta Analista político
La caída del heredero: 7 años para Alexis Medina

Una sentencia histórica sacude los cimientos del poder en República Dominicana Por Virtudes Álvarez Sampedro La madrugada del jueves llegó con un veredicto que resonará en los anales de la justicia dominicana. Entre las sombras de la noche, las tres magistradas del Segundo Tribunal Colegiado del Distrito Nacional tejieron con hilos de ley el destino de Alexis Medina, hermano del expresidente Danilo Medina, condenándolo a siete años de prisión en Najayo. El reloj marcaba las 4:13 AM cuando se selló este capítulo judicial, tras cinco horas de deliberación que desentrañaron una red de corrupción tejida entre 2012 y 2020. Las juezas Claribel Nivar Arias, Yissel Soto y Clara Sobeida Castillo encontraron al otrora poderoso hermano de Danilo Medica Sánchez y empresario culpable de tres delitos que manchan el tejido social: soborno, lavado de activos y asociación de malhechores. La sentencia no solo encierra entre rejas al hermano de un expresidente, sino que impone una sanción económica sin precedentes: RD$500 millones que deberán pagar conjuntamente las empresas cómplices de esta trama. El Estado, víctima y actor civil en este drama judicial, recibirá además el peso de 150 salarios mínimos como multa personal para Alexis. Mientras la justicia descargaba a Magalys Medina, hermana menor del clan, otros siete actores de este entramado recibieron su castigo. Desde los cinco años para los esposos Paola Molina Suazo y Carlos Martín Monte de Oca, hasta los seis años de José Dolores Santana Carmona, la sentencia dibuja un mapa de culpabilidades que se extiende como mancha de aceite. Las empresas involucradas -Dominical Supply, General Supply y otras seis compañías- quedaron marcadas con el hierro candente de la prohibición: nunca más podrán contratar con el Estado dominicano. Sus licencias comerciales, canceladas; sus derechos, extinguidos. El Ministerio Público, que había pedido 20 años para Alexis y 10 para Magalys, vio cómo la justicia templaba su espada sin llegar al filo máximo solicitado. Sin embargo, el mensaje es claro: ni el apellido ni la cercanía al poder protegen de la acción de la ley. Esta sentencia, pronunciada en la quietud de la noche, despierta hoy como un terremoto político que sacude los cimientos del establishment dominicano. Najayo recibirá a un recluso cuyo apellido fue sinónimo de poder, en un giro kafkiano que parece extraído de las páginas del realismo mágico caribeño.