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El coraje no se rinde: el fantasma de Hilda Gautreaux y el grito de las mujeres que retumba en la garganta de América Latina

En un continente que gira a la derecha y donde ser mujer es una sentencia, la conmemoración del 8M se vivió como un pliego de urgencia. Desde Santo Domingo Este, un pequeño busto en honor a una combatiente de la revolución de 1965 se convirtió en trinchera simbólica. Mientras México levantaba barricadas de metal contra la ira, Brasil contaba sus muertas una a una, Chile se preparaba para el vendaval ultraconservador y Centroamérica sobrevivía al exterminio de sus luchas, en la República Dominicana el eco de Hilda Gautreaux recordó que la memoria también es un campo de batalla. Por: JULIO GUZMÁN ACOSTA  SANTO DOMINGO — La geografía de América Latina se tiñó este domingo de un púrpura que no solo vestía, sino que denunciaba. En una región que oscila peligrosamente hacia el abismo del conservadurismo, donde la ultraderecha gobierna con la arrogancia de quien cree que los derechos se otorgan por decreto y no por conquista, las mujeres salieron a las calles con un solo nudo en la garganta: \»Paren de matarnos\». Pero mientras las grandes capitales acaparaban los reflectores con el pulso electoral de Lula en Brasil, el liderazgo puesto a prueba de Claudia Sheinbaum en México, la alerta máxima en una Chile que despide gobiernos amigos y recibe profetas del retroceso, y las centroamericanas sobreviven a la persecución más feroz de las últimas décadas, en un rincón de Santo Domingo Este se libraba una batalla silenciosa y necesaria contra el olvido. Fue en el busto que lleva su nombre, resguardado por el paso terco de quienes aún creen en las utopías, donde el Movimiento de Mujeres Trabajadoras (MMT) y la Unión Clasista de Trabajadores (UCT) se congregaron para honrar a Hilda Gautreaux Mazara. No era un acto más en la agenda del 8M. Era un ritual de resistencia, un recordatorio de que antes de que el continente virara al abismo, ya hubo mujeres que empuñaron un fusil y una idea para cambiar su destino. La figura de Gautreaux, abogada, combatiente de la Guerra de Abril de 1965, emerge en este 2026 no como una estatua de bronce frío, sino como un espejo donde mirarse. \»Fue de las primeras en acudir al llamado de la Revolución de Abril\», recordaban los presentes. En un país que a veces padece de amnesia histórica, evocar a la mujer que participó en la toma de la Fortaleza Ozama, que trasladó prisioneros con arma en mano y que defendió el puente Duarte bajo las bombas, es un acto de desagravio a la historia oficial que suele relegar a las mujeres a un segundo plano. Luz Eneyda Mejía, presidenta del MMT y vocera del homenaje, alzó la voz no solo para recordar a la revolucionaria, sino para anclar su ejemplo al presente más inmediato. \»Mujeres dominicanas tenemos en Hilda Gautreaux una de las máximas representantes de la clase trabajadora y una muestra de que siendo mujer se puede lograr todo lo que se proponga\», sentenció Mejía. \»Ella nos enseñó que no hay revolución sin mujeres y que no hay libertad que valga si la conseguimos solo para nosotras y no para las que vienen detrás\». Pero el homenaje tuvo también un filo de denuncia. Lejos de la algarabía de las efemérides comerciales, las trabajadoras dominicanas recibieron el 8 de marzo con \»presagios de retrocesos\». En un país donde la precariedad laboral acecha, las organizadoras alertaron contra las amenazas de una flexibilización laboral que pretende, según denunciaron, \»aumentar la jornada laboral de 8 a 12 horas\» y eliminar los domingos como días feriados obligatorios. Es la otra cara del giro conservador: la que no solo mata con balas, sino con la erosión de los derechos que costaron sangre conseguir. Mientras en el sur del continente las mujeres desafían a los nuevos profetas del odio, en el Caribe la memoria de Hilda Gautreaux se yergue como un faro. La historia de la combatiente que vio destrozar las piernas del poeta haitiano Jacques Viau en las calles de fuego de 1965, es la historia de todas aquellas que hoy ven cómo sus derechos son destrozados por la indiferencia de los gobiernos y la violencia de una sociedad que no termina de perdonarles el atrevimiento de existir en igualdad. Al iniciar la tarde, frente al busto, parientes, compañeros de luchas y moradores de la zona cerraron filas. No hubo grandes discursos mediáticos, solo la certeza de que, como dijo una de las asistentes, \»Hilda no ha muerto\». En cada mujer que se niega a callar, en cada trabajadora que resiste la precariedad, en cada joven que pregunta quién fue esa guerrillera, el legado de Gautreaux encuentra un nuevo campo de batalla. En un continente que parece empeñado en retroceder un siglo, el coraje de aquellas que lo dieron todo sigue siendo la única garantía de que, aunque paren, no nos matarán a todas. MÉXICO: Muros de metal frente a la marea púrpura CIUDAD DE MÉXICO — Miles de mujeres abarrotaron las calles de las principales ciudades de México con el recuerdo fresco de casos recientes de feminicidios que han puesto, nuevamente, el foco en la violencia machista de un país que cuenta cada año a sus muertas por centenares. En Ciudad de México, las feministas marcharon desde el mediodía en el icónico Paseo de la Reforma para concentrarse en el Zócalo capitalino. Una de las imágenes del día ha sido, nuevamente, el contraste entre la frustración e ira por la impunidad del 95% en los crímenes de género y el Palacio Nacional, sede del poder Ejecutivo, perimetrado con vallas metálicas. Con una camiseta de tirantes y un vestido decorado con los carteles de búsqueda de las ausentes, Araceli, una artista de 26 años, ironiza: \»¿Dónde están los muros que nos protegen a nosotras?\». La rabia de la marea púrpura en el país norteamericano no es para menos. México cerró 2025 con poco menos de 2.798 asesinatos de mujeres. De ese total, la justicia solo ha abierto diligencias por feminicidio en 725 casos. Dicho de otra forma: cada día