El voto evangélico continúa favoreciendo ampliamente a Flávio Bolsonaro, pero dirigentes religiosos, sectores progresistas y figuras conservadoras alejadas del bolsonarismo muestran que el poderoso universo protestante brasileño está lejos de constituir un bloque político uniforme.
Redacción | Internacional
BRASILIA.— Con más de 47 millones de fieles y una influencia política que no ha dejado de crecer durante las últimas décadas, los evangélicos vuelven a ocupar un lugar central en la batalla por la Presidencia de Brasil.
Tradicionalmente asociado en los últimos años con la derecha y, especialmente, con el bolsonarismo, este electorado continúa inclinándose mayoritariamente hacia Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal (PL). Sin embargo, algunas señales revelan fisuras en ese espacio y la existencia de sectores religiosos dispuestos a dialogar —e incluso votar— por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
La pregunta que comienza a aparecer en la recta final de la campaña es hasta dónde puede llegar esa apertura.
Un electorado de 47 millones de personas
El peso de los evangélicos en Brasil difícilmente puede exagerarse. El Censo de 2022 contabilizó 47,4 millones de evangélicos entre la población de diez años o más, equivalentes al 26,9%. En 2010 eran 35 millones, el 21,6%, lo que supone un crecimiento de 5,2 puntos porcentuales en doce años.
Ese crecimiento demográfico ha ido acompañado de una expansión de su influencia social, parlamentaria y electoral.
Jair Bolsonaro comprendió tempranamente esa realidad. Aunque procede del catolicismo, durante su ascenso político construyó una estrecha relación con importantes líderes pentecostales y neopentecostales, convirtiendo el voto evangélico en uno de los pilares de su coalición electoral.
Ahora es su hijo Flávio Bolsonaro quien intenta conservar esa herencia.
Flávio conserva una amplia ventaja
Los números más recientes muestran que Lula todavía enfrenta grandes dificultades para penetrar en ese electorado.
La encuesta Quaest divulgada el 21 de septiembre coloca a Flávio Bolsonaro con 58% frente al 28% de Lula entre los evangélicos en una eventual segunda vuelta. Una semana antes, Flávio aparecía con 51%, lo que indica una recuperación considerable dentro de ese segmento.
El panorama general de la elección es mucho más estrecho: la misma Quaest registró a Lula con 37% y Flávio con 33% en primera vuelta, mientras que en una eventual segunda vuelta aparecían con 41% y 42%, respectivamente, dentro del margen de error. El estudio entrevistó presencialmente a 2.004 electores entre el 17 y el 20 de septiembre, con margen de error de dos puntos porcentuales.
Es decir, el universo evangélico continúa diferenciándose claramente del conjunto del electorado.
Pero esa fotografía tampoco cuenta toda la historia.
El caso Master sacudió el discurso de la moralidad
Uno de los episodios que tensionaron la campaña de Flávio Bolsonaro fue el escándalo alrededor del antiguo Banco Master y su propietario, Daniel Vorcaro.
Investigaciones periodísticas revelaron que Flávio solicitó recursos a Vorcaro para financiar Dark Horse, una película sobre la vida de su padre, Jair Bolsonaro. El propio senador confirmó haber realizado la petición, aunque negó haber recibido personalmente dinero, haber ofrecido contraprestaciones o haber intermediado negocios gubernamentales.
Los desembolsos atribuidos a Vorcaro para la producción alcanzaron R$61 millones, según informaciones originalmente reveladas por The Intercept Brasil y posteriormente verificadas por otros medios brasileños.
El episodio resultó especialmente sensible dentro de un sector político que durante años hizo de la lucha contra la corrupción y de los llamados “valores cristianos” elementos centrales de su discurso.
Sin embargo, el caso Master terminó adquiriendo dimensiones mucho mayores y alcanzó también al Supremo Tribunal Federal.
El escándalo llega al Supremo
El ministro André Mendonça levantó a comienzos de septiembre el secreto de material relacionado con comunicaciones encontradas en el teléfono de Vorcaro.
Entre los documentos figura un contrato por R$131 millones entre el Banco Master y el bufete de Viviane Barci de Moraes, esposa del ministro del Supremo Alexandre de Moraes. Informaciones basadas en los metadatos del documento señalan además que Moraes revisó una versión del contrato; el despacho explicó que fue consultado para comprobar posibles impedimentos legales.
El material contiene asimismo mensajes enviados por Vorcaro que los investigadores relacionan con Moraes. Sin embargo, existen limitaciones relevantes: las respuestas del interlocutor no pudieron ser recuperadas en numerosos casos y los documentos no demuestran por sí mismos que las solicitudes realizadas por Vorcaro fueran atendidas. La Procuraduría General de la República también cuestionó aspectos del procedimiento utilizado en la investigación.
La controversia trasladó parte del foco político desde los vínculos de Vorcaro con Flávio Bolsonaro hacia las relaciones del antiguo banquero con diferentes figuras del poder brasileño.
Otoni de Paula rompe el esquema tradicional
Pero quizá una de las señales políticas más llamativas procede de un lugar inesperado.
El pastor y diputado federal Otoni de Paula, dirigente evangélico conservador y antiguo aliado de Jair Bolsonaro, anunció que no apoyaría a Flávio Bolsonaro.
Su candidato para la primera vuelta es Ronaldo Caiado, del PSD. Pero Otoni fue más lejos: declaró que, si una segunda vuelta enfrentara a Lula con Flávio Bolsonaro, votaría por primera vez por el dirigente del PT y llegó a plantear un movimiento denominado “Direita com Lula” —“Derecha con Lula”—.
La posición resulta políticamente significativa precisamente porque Otoni insiste en que mantiene sus convicciones conservadoras.
No representa una conversión ideológica hacia el PT, sino el ejemplo de un dirigente de derecha que establece una frontera entre conservadurismo y bolsonarismo.
La Iglesia Universal tampoco marcha como un bloque
Otra señal procede del Republicanos, partido históricamente relacionado con la Iglesia Universal del Reino de Dios.
La organización decidió oficialmente mantenerse neutral en la elección presidencial de 2026. En la consulta interna previa, 17 direcciones estatales favorecieron la neutralidad, nueve defendieron respaldar a Flávio Bolsonaro y solamente una se inclinó por Lula.
La decisión no significa que sus principales dirigentes hayan abandonado a la derecha. Marcos Pereira, presidente nacional del Republicanos, expresó personalmente su respaldo a Flávio, mientras el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, también se mantiene próximo al candidato del PL.
Pero institucionalmente el partido decidió no acompañarlo en la primera vuelta.
La posición muestra hasta qué punto intereses regionales, alianzas partidarias y estrategias electorales pueden pesar tanto como las afinidades religiosas.
Soberanía: un punto donde Lula encuentra coincidencias
Existe además otro dato revelador.
Una encuesta BTG/Nexus realizada durante la controversia por los aranceles impuestos por Estados Unidos mostró que 50% de los evangélicos consultados consideraba que las medidas tenían una motivación política dirigida contra el gobierno de Lula y destinada a influir en las elecciones brasileñas, mientras 36% las interpretaba principalmente como una decisión comercial y económica.
El resultado sugiere que una parte considerable de los evangélicos puede coincidir con determinados argumentos del Gobierno —como la defensa de la soberanía brasileña frente a presiones extranjeras— sin que esa coincidencia se convierta automáticamente en apoyo electoral a Lula.
Esa diferencia es fundamental.
También existe una izquierda evangélica
Detrás de las grandes iglesias pentecostales y de figuras conservadoras como Silas Malafaia existe otro universo menos visible: pastores, movimientos sociales y organizaciones evangélicas vinculadas a posiciones progresistas.
Uno de sus rostros más conocidos es el pastor Henrique Vieira, diputado federal y dirigente del PSOL.
Un análisis publicado este año por el Instituto Democracia em Xeque sobre las narrativas religiosas en las redes constató el predominio de dirigentes vinculados al bolsonarismo entre las figuras evangélicas de mayor alcance, pero identificó también a Vieira y a Carlos Bezerra Jr. entre las pocas voces de ese universo digital alineadas con el gobierno de Lula.
También existen movimientos organizados que intentan disputar ese terreno. En septiembre, una frente evangélica favorable a Lula lanzó incluso una campaña para tratar de conquistar votos religiosos para el presidente.
Además, un análisis de las candidaturas legislativas de 2026 señala una presencia creciente de candidatos que se identifican públicamente como evangélicos dentro de partidos de izquierda y de la base gubernamental, otra señal de que religión e identificación partidaria no mantienen una relación automática.
¿Hay entonces evangélicos con Lula?
Sí, los hay. Pero los datos disponibles aconsejan distinguir entre la existencia de una corriente evangélica favorable a Lula y un desplazamiento general del voto evangélico hacia la izquierda.
Lo primero está claramente documentado. Lo segundo, por ahora, no aparece en las encuestas.
A pocos días de las elecciones, Flávio Bolsonaro conserva una ventaja de alrededor de treinta puntos sobre Lula dentro de ese segmento según la última Quaest. (JC)
Lo que sí parece estar cambiando es la idea de que existe una equivalencia absoluta entre ser evangélico, ser conservador y ser bolsonarista.
Brasil llega así a las elecciones de 2026 con una comunidad evangélica más numerosa, políticamente decisiva y también más compleja de lo que sugieren las etiquetas tradicionales.
La disputa de Lula quizá no consista en conquistar mayoritariamente ese electorado en esta elección, sino en reducir una distancia que durante años permitió al bolsonarismo convertir las iglesias y sus entornos sociales en uno de sus territorios políticos más sólidos.




