A 59 años de su captura en Bolivia, sus cartas y los documentos desclasificados revelan el camino del argentino que hizo de Cuba una patria y del internacionalismo una razón para abandonar el poder. El Día del Guerrillero Heroico fue instituido el 15 de octubre de 1967.
Por Julio Guzmán Acosta
Umbral | La puerta de tu información
8 de octubre de 2026 · Reportaje histórico
La última batalla de Ernesto Che Guevara terminó antes que su vida. El 8 de octubre de 1967, en la quebrada del Yuro, Bolivia, el comandante que había contribuido a cambiar la historia de Cuba quedó herido y fue capturado por soldados bolivianos. Lo trasladaron a una escuela rural de La Higuera. Allí, donde debían aprender a leer los niños del lugar, pasó sus últimas horas.
Al día siguiente, el 9 de octubre, fue ejecutado. Tenía 39 años.
Entre ambas fechas existe una diferencia que la memoria debe preservar: el Che sobrevivió al combate y fue asesinado cuando estaba prisionero. Los documentos desclasificados reunidos por el National Security Archive confirman esa secuencia, ocultada inicialmente entre versiones contradictorias sobre su muerte.
Su historia había comenzado lejos de aquellas montañas. Antes de la boina, del uniforme y de la fotografía convertida en símbolo, estuvo el joven argentino que recorrió América Latina y encontró razones para transformar su propia vida.
Cuándo se declaró el Día del Guerrillero Heroico
El 15 de octubre de 1967, el Consejo de Ministros de Cuba instituyó el 8 de octubre como Día del Guerrillero Heroico. Fidel Castro comunicó el acuerdo durante una comparecencia por radio y televisión en la que confirmó al pueblo cubano la muerte de Guevara.
La decisión estableció aquella jornada como fecha de recordación nacional. También dispuso que la bandera permaneciera a media asta durante treinta días y que se suspendieran los espectáculos públicos durante tres días. El homenaje multitudinario en la Plaza de la Revolución fue convocado para el 18 de octubre.
La conmemoración quedó vinculada al último combate del Che. Con el tiempo se precisaron las circunstancias de su ejecución, ocurrida al día siguiente. En un discurso de 1987, el propio Castro reconoció esa diferencia y explicó que el 8 de octubre había permanecido como una tradición conmemorativa.

Así, el calendario conserva la jornada de su resistencia; la investigación histórica establece el momento de su muerte.
Argentina: el origen de un camino continental
Ernesto Guevara nació en Rosario, Argentina, en 1928. El asma acompañó su infancia y siguió con él durante sus años de viajes y militancia. Estudió medicina y, en 1952, emprendió un recorrido por América Latina que contribuiría a transformar su mirada sobre el continente.
Después regresó para completar sus estudios y volvió a viajar. En Guatemala conoció el proceso reformista de Jacobo Árbenz y presenció su derrocamiento en 1954, respaldado por la CIA. Aquella experiencia reforzó su interpretación de que la desigualdad y la dependencia tenían raíces políticas que exigían una transformación profunda.
El médico empezó a mirar más allá de la enfermedad individual. En su pensamiento, el hambre, la explotación y la pobreza formaban parte de un mismo padecimiento social. Su respuesta tomaría el rumbo de la revolución.
Argentina continuó presente en los vínculos familiares. En su carta de despedida a sus padres, escrita en 1965, reconoció cuánto los había querido y cuán difícil le resultaba expresar ese cariño. Habló también de su cuerpo fatigado y de la voluntad con la que esperaba sostener sus decisiones.
Esas palabras permiten acercarse a una intimidad que el símbolo suele esconder. El hombre que asumía responsabilidades extraordinarias seguía siendo un hijo que intentaba explicar su ausencia.
La revolución cubana: de expedicionario a comandante
En México conoció a Fidel Castro en 1955. Se incorporó al grupo que preparaba el regreso armado a Cuba para combatir la dictadura de Fulgencio Batista. En diciembre de 1956 participó en la expedición del Granma y sobrevivió a la dispersión que siguió al desembarco.

La Sierra Maestra fue el escenario de su formación como jefe militar. Ganó la confianza de Castro, alcanzó el grado de comandante y asumió el mando de una columna.
A finales de 1958 dirigió la ofensiva sobre Santa Clara. La toma de la ciudad y la neutralización del tren blindado contribuyeron decisivamente al derrumbe de las fuerzas de Batista, quien huyó de Cuba el 1 de enero de 1959.
La victoria cubana fue una obra colectiva, construida por fuerzas guerrilleras, redes clandestinas y sectores sociales que enfrentaron a la dictadura. Dentro de aquella convergencia, Guevara adquirió una influencia que lo situó entre los principales dirigentes del nuevo poder.
Cuba dejó de ser solamente el país cuya liberación había acompañado. Se convirtió en el lugar donde su proyecto político encontró una primera realización.
La Habana: construir después de vencer
El triunfo abrió responsabilidades distintas de las del combate. Guevara presidió el Banco Nacional y fue ministro de Industrias. Defendió la planificación, la diversificación económica y una industrialización acelerada.
La construcción resultó más compleja que la voluntad de sus protagonistas. Sus programas encontraron dificultades y resultados adversos. Sus ideas también entraron en tensión con criterios soviéticos sobre el rumbo económico cubano.
El balance histórico incluye, además, su responsabilidad en La Cabaña, donde ejerció mando y estuvo vinculado a tribunales y ejecuciones revolucionarias. Es una dimensión controvertida de su trayectoria que debe permanecer dentro de cualquier investigación sobre su figura.
La entrega personal no vuelve incuestionables las decisiones políticas. En el Che convivieron el ideal de emancipación, la disciplina del combatiente y la aceptación de la violencia revolucionaria. Comprender esa convivencia permite examinar su vida con la profundidad que merece.
Cuba, la patria que eligió
La carta de despedida a Fidel Castro ofrece una de las explicaciones más íntimas de su relación con Cuba.
En 1965 renunció a sus cargos, a su grado de comandante y a la ciudadanía cubana. Sin embargo, afirmó que los vínculos con el país pertenecían a una naturaleza que los nombramientos no podían crear ni deshacer. Expresó el dolor de dejar a sus seres queridos y al pueblo que lo había recibido como hijo.
Su despedida permite reconocer una pertenencia afectiva que sobrevivía a la renuncia formal. Argentina permanecía en el origen y en la familia; Cuba ocupaba el lugar de una patria construida mediante la experiencia compartida.
En El socialismo y el hombre en Cuba, publicado en 1965, escribió que «el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor».
Ese amor, dentro de su pensamiento, debía convertirse en justicia, ejemplo y compromiso con otros pueblos. El mismo texto expone el costo familiar de una militancia que exigía una entrega casi absoluta.
Sus cartas dejan ver ese costo: cada partida era también una separación.
Por qué el Che abandonó el poder en La Habana
Guevara tenía influencia, responsabilidades y reconocimiento. Su decisión de marcharse exige mirar el mundo desde la convicción que expresó en su despedida: otros pueblos requerían sus esfuerzos y él podía asumir misiones que Fidel, como gobernante de Cuba, no podía emprender personalmente.
El internacionalismo era parte central de su proyecto. Consideraba que la lucha contra el imperialismo debía extenderse más allá de una revolución nacional.
En el Mensaje a la Tricontinental, publicado en 1967, propuso multiplicar los frentes de confrontación para obligar a Estados Unidos a dispersar sus fuerzas. Vietnam aparecía como referencia de una resistencia cuyo ejemplo buscaba extender. El texto reconoce los sacrificios y tragedias de esa estrategia armada.
Su camino pasó primero por el Congo, donde participó en una campaña guerrillera fallida en 1965. Después regresó clandestinamente a Cuba y preparó una nueva misión.
Bolivia sería el siguiente escenario de aquella apuesta.
Bolivia: la distancia entre el proyecto y la realidad
Guevara llegó clandestinamente a Bolivia en 1966. La posición del país, vecino de varias naciones sudamericanas, ofrecía posibilidades para un proyecto de expansión revolucionaria.
Pero la experiencia cubana no se repitió. La guerrilla sufrió aislamiento, tensiones con dirigentes comunistas bolivianos, pérdidas y dificultades de comunicación y abastecimiento. La base social que necesitaba no alcanzó la dimensión esperada.
Los registros estadounidenses aportan información sobre esas dificultades, aunque deben leerse considerando que fueron producidos por instituciones comprometidas con derrotar a la insurgencia.
La campaña dejó una lección dolorosa: el coraje podía sostener a los combatientes, pero no reemplazaba las condiciones políticas ni el respaldo social necesarios para una revolución.
La Higuera: la muerte de un prisionero
La persecución contó con asistencia estadounidense. Documentos desclasificados acreditan el entrenamiento del Segundo Batallón Ranger boliviano por fuerzas especiales de Estados Unidos y la participación de agentes de la CIA.
Según la documentación publicada por el National Security Archive, Félix Rodríguez transmitió en La Higuera la orden de ejecución del alto mando boliviano y dio instrucciones para que las heridas pudieran parecer de combate.
Después vinieron las versiones contradictorias y el entierro clandestino. Los restos identificados como los de Guevara regresaron a Cuba en 1997 y fueron sepultados en Santa Clara.
La escuela de La Higuera quedó asociada a una verdad que los documentos permiten establecer: el hombre capturado el 8 de octubre seguía vivo cuando terminó su última batalla.
El hombre detrás de la memoria
A 59 años de aquellos hechos, el Che conserva una fuerza simbólica que atraviesa generaciones. Su trayectoria reúne la sensibilidad del médico, la determinación del comandante, las responsabilidades del dirigente y los límites de una estrategia que terminó derrotada.
Recordarlo exige atender a todo ese recorrido. Su amor hacia Cuba está expresado en sus cartas; el cariño hacia su familia argentina también. Su internacionalismo aparece en sus escritos y en las campañas que decidió emprender.
Dejó La Habana convencido de que su deber continuaba en otras tierras. En Bolivia perdió la posibilidad de llevar adelante ese proyecto y, después de su captura, perdió la vida por una orden de ejecución.
El 8 de octubre recuerda su último combate. El 9 obliga a recordar el asesinato del prisionero. Entre ambas jornadas permanece el hombre: herido, cautivo y todavía vivo, antes de que las balas cerraran su historia y comenzara la larga disputa por su memoria.




