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Se despide la leyenda Argentina: el genio que no quería irse

El capitán cerró más de dos décadas con la Albiceleste entre agradecimientos, recuerdos y una confesión que tocó el corazón de sus seguidores: quería seguir allí toda la vida.

Por Julio Guzmán Acosta | Umbral
7 de octubre de 2026

Buenos Aires.— Lionel Messi tenía el micrófono en la mano y una vida entera atravesándole la voz. Había terminado el partido, pero todavía necesitaba quedarse. El hombre que tantas veces encontró espacios donde nadie los veía buscaba ahora unos minutos más dentro del estadio, cerca de su gente, bajo el cielo de la camiseta que había defendido durante más de veinte años.

Su despedida de la selección argentina, el martes 6 de octubre en el Monumental, llegó después de una victoria por 3-0 ante Benín. Messi dejó un gol y dos asistencias en su última presentación con la Albiceleste. Luego llegaron las palabras y el esfuerzo por decir adiós.

“He hablado más que nunca pero no quiero irme de aquí”, confesó.

En esa frase cabía el peso de la noche. Porque hasta los genios, cuando aman profundamente un lugar, quisieran detener el reloj.

La grandeza también tiene una voz vulnerable

Escribo estas líneas desde la admiración que siempre he sentido por Leo Messi. Su fútbol me ha dado razones para celebrar la belleza: una pelota pegada al pie, un cambio de dirección, un pase que descubre una puerta donde todos veíamos una pared.

Pero esta vez la emoción estaba en su voz.

Antes de recorrer los triunfos, Messi pensó en su padre. Antes de hablar de lo conseguido, habló de lo querido. El capitán dejó aparecer al hijo, al compañero y al hombre que siente el dolor de separarse de una parte esencial de su vida.

“Jugar con Argentina es lo más lindo que te puede pasar”, expresó.

Quienes hemos seguido su trayectoria sabemos cuánto costó llegar a esa plenitud. Hubo derrotas, cuestionamientos y finales que dejaron heridas. Durante años, cada regreso con la selección traía una nueva exigencia sobre sus hombros. Él siguió buscando, siguió jugando, siguió creyendo.

Por eso conmueve escucharlo decir que, incluso en los momentos más difíciles, nunca dejó de pelear. La perseverancia también forma parte de su obra.

Un capitán agradecido con sus compañeros

En su despedida, Messi repartió el reconocimiento entre los compañeros con quienes ganó y aquellos con quienes no pudo levantar un trofeo. Recordó el compromiso de todos y agradeció al grupo que lo acompañó en las conquistas del Mundial, de América y de la Finalissima.

Habló de los futbolistas que tenía a su lado como de hombres capaces de entregarlo todo por la camiseta. En ese agradecimiento se reconoce una forma de entender el fútbol: el talento encuentra su mayor alcance cuando puede confiar en los demás.

También repasó el desgaste físico y emocional del encuentro ante Inglaterra en el último Mundial y explicó que Argentina llegó con lo justo al tramo decisivo. Sus palabras reconocieron el esfuerzo de un equipo que volvió a perseguir el sueño de ser campeón.

La afición, esa patria que viaja

Messi agradeció las canchas llenas, los viajes y la presencia de los argentinos allí donde jugara la selección. Recordó especialmente la emoción de regresar a ese estadio después de conquistar el Mundial, una escena que, según contó, todavía lo conmueve cuando vuelve a verla.

Hay triunfos que se prolongan en la memoria de quienes los celebraron juntos. Para sus seguidores, aquella alegría seguirá teniendo su rostro, sus brazos levantados y el número diez sobre la espalda.

Ahora le tocará acompañar desde otro lugar. Prometió apoyar a los jugadores que permanecen y a los que vendrán, y pidió unidad para afrontar los momentos difíciles. Su despedida conservó así la preocupación del capitán por el futuro de su equipo.

Gracias, Leo, por enseñarnos a mirar

A quienes admiramos su grandeza nos queda agradecerle también por la manera en que nos hizo mirar el juego. Después de Messi, aprendimos a esperar lo extraordinario en una jugada aparentemente sencilla.

Su despedida de la Albiceleste duele porque termina una costumbre feliz: buscarlo sobre el césped y sentir que, mientras él estuviera allí, todavía podía ocurrir algo memorable.

Leo no quería soltar el micrófono. Quería quedarse un poco más.

Y quienes hemos disfrutado su fútbol entendimos ese deseo.

También nosotros necesitábamos unos minutos más.