Si disfrutas nuestro contenido y crees en una información clara y cercana, tu apoyo nos ayuda a seguir informando sin límites.

UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Si disfrutas nuestro contenido y crees en una información clara y cercana, tu apoyo nos ayuda a seguir informando sin límites.

Reevaluemos el voto exterior

Por Nelson Encarnación 

Nadie discute que el voto de los dominicanos en el exterior es una gran conquista y un reconocimiento a los aportes que hacen nuestros compatriotas allende los mares, no solo en términos económicos cuantificables por vía de las remesas, sino directamente a familiares y allegados mediante otros medios.

Ese derecho llegó unido al reconocimiento de la doble ciudadanía, al establecerse la no pérdida de la original por nacimiento, lo que permite que cientos de miles conserven su arraigo nativo, lo cual se manifiesta en el apego a lo nacional en varios aspectos, incluido el político.

Pero esta última cuestión es solo un apego emocional que no se expresa en un ejercicio de ciudadanía, una de cuyas derivaciones esenciales es la participación en procesos electorales.

Veamos las recién pasadas elecciones, sobre las cuales se discute ahora mismo la gran abstención que por primera vez supera el 46% en unas presidenciales.
Sin embargo, esto es muy relativo, pues es oportuno tener en cuenta el gran impacto que sobre la abstención general ha tenido la ausencia de votantes en las circunscripciones del exterior, donde, de un padrón de inscritos de 863,785 electores, apenas concurrieron 162,953, para un pírrico 1.86%.

Si se desagregan estos 700,832 registrados no concurrentes, la abstención real bajaría significativamente, situándose en un 39%, cifra que, de todos modos, todavía se considera elevada, si se toma en cuenta el histórico en las presidenciales.
¿Qué hacer frente a una situación que deja ver que el voto en el exterior solo motiva a los activistas políticos?

Los actores políticos y la Junta Central Electoral pudieran implementar una modalidad en la que los dominicanos del exterior mantengan sus derechos electorales, pero solo para escoger a los diputados de ultramar.

Incluso, se pudiera estudiar—al segregarlos de la presidencial—la creación de dos senadurías, para Europa y América, que junto con las siete diputaciones, serían más útiles que la propia Presidencia.

Esta separación del padrón presidencial no sería negación de derechos, sino, por el contrario, un mayor reconocimiento, vía la representación congresual.
Sabemos que es un tema polémico, pero los propios líderes comunitarios deberían entender que un derecho solo sirve si se ejercita.

Y sobre lo económico, debemos entender que, en esas condiciones, la inversión para el montaje electoral del exterior es casi un dispendio. Que se estudie.

Populismo a la americana

Una de las características que definen la personalidad del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, es su sinceridad a la hora de expresar...

¿Por qué Carolina?

Carolina Mejía llega al debate presidencial con una ventaja que pocos aspirantes pueden exhibir: una gestión ya sometida al escrutinio ciudadano. Su paso por...

El primer cursillo de marxismo

A sesenta y cuatro años de aquel primer cursillo de marxismo-leninismo organizado en República Dominicana tras la caída de la dictadura de Trujillo, el...

Sin papel ni jabón

La muerte de decenas de recién nacidos en la Maternidad La Altagracia vuelve a colocar bajo escrutinio las condiciones de higiene en los hospitales...