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Lula lleva la «motosierra» de Milei al debate y presiona a Flávio Bolsonaro por su proyecto para Brasil

El presidente cuestionó a su adversario sobre ajuste fiscal, privatizaciones y soberanía, mientras el senador respondió con críticas al costo de vida y acusaciones contra el entorno familiar del mandatario.

Por Julio Guzmán Acosta | Umbral

SÃO PAULO.— La motosierra no estuvo sobre el escenario, pero su sombra atravesó el debate. Luiz Inácio Lula da Silva recurrió al símbolo político del presidente argentino, Javier Milei, para interrogar a Flávio Bolsonaro sobre el rumbo económico que propone para Brasil. La pregunta condensó una de las disputas centrales de la campaña: cuánto Estado conservar, dónde recortar y quién terminaría pagando la cuenta.

El encuentro del domingo 18 de octubre, organizado por la cadena Bandeirantes en São Paulo, fue el primer enfrentamiento directo entre ambos candidatos en esta campaña. Llegó a una semana de la segunda vuelta, prevista para el 25 de octubre, con el país dividido entre dos proyectos que buscan conquistar a los indecisos. El calendario contempla otro debate el 23 de octubre. 

La motosierra como pregunta económica

Lula buscó colocar a su adversario ante las consecuencias de sus propuestas de reducción del gasto público. Al mencionar a Milei, intentó asociar el programa del candidato del Partido Liberal con una política de ajuste cuyos efectos sociales ocupan un lugar destacado en la discusión regional.

Flávio respondió cuestionando el modelo económico del mandatario. El presidente defendió su gestión y reivindicó el crecimiento acompañado de inclusión social; el senador insistió en el endeudamiento de las familias y en las dificultades para comprar alimentos.

La discusión dejó expuestas dos maneras de dirigirse al elector: Lula habló de distribución del ingreso y capacidad de consumo; Flávio apeló al bolsillo doméstico, donde las estadísticas se convierten en compras aplazadas y alimentos que dejan de llegar a la mesa. La referencia a la motosierra fue uno de los cruces más destacados del intercambio económico. 

Seguridad: endurecimiento penal y coordinación federal

La inseguridad abrió otro frente de confrontación. Flávio propuso clasificar al Primer Comando de la Capital, al Comando Vermelho y a las milicias como organizaciones narcoterroristas. También defendió ampliar la capacidad penitenciaria y endurecer la respuesta contra sus dirigentes.

Lula puso el énfasis en la coordinación entre instituciones. Defendió la propuesta de reforma constitucional sobre seguridad y vinculó su aprobación con la creación de un ministerio específico que fortalezca la actuación del Gobierno federal.

Las intervenciones reflejaron diferencias de enfoque: el senador destacó el castigo y la recuperación territorial; el mandatario, la organización de una respuesta nacional frente a estructuras criminales que atraviesan las fronteras de los estados. 

Las investigaciones entran en campaña

El debate se volvió especialmente áspero cuando las preguntas alcanzaron a los familiares y a las relaciones financieras de ambos candidatos.

Lula exigió explicaciones sobre los recursos solicitados al banquero Daniel Vorcaro para financiar Dark Horse, la película sobre Jair Bolsonaro. Flávio sostuvo que el dinero estaba destinado a la producción y respondió con señalamientos sobre las investigaciones relacionadas con Fábio Luís Lula da Silva, hijo del presidente, y la empresaria Roberta Luchsinger.

El mandatario afirmó que corresponde a la Policía Federal esclarecer esos hechos y sostuvo que su hijo había facilitado información para las pesquisas. Más adelante, desafió a su adversario a autorizar el acceso a los datos bancarios y telefónicos de ambas familias.

Las acusaciones ocuparon buena parte del encuentro. Su intensidad electoral, sin embargo, no sustituye el trabajo de los investigadores ni convierte los señalamientos en responsabilidades judicialmente probadas. 

Soberanía, salud y empresas públicas

Lula también cuestionó la cercanía de la familia Bolsonaro con Washington y preguntó por el futuro de los recursos estratégicos brasileños. Flávio defendió sus gestiones en Estados Unidos como una actuación destinada a proteger a las empresas nacionales.

En salud, el senador planteó mejoras de gestión y modernización del Sistema Único de Salud (SUS). El presidente reclamó conocimiento de la red pública y de las condiciones que enfrentan sus usuarios. Flávio reconoció resultados deficientes en el área durante el Gobierno de su padre, aunque defendió actuaciones de aquella administración.

Las privatizaciones completaron la disputa sobre el papel del Estado. Lula acusó a su adversario de pretender privatizar Petrobras y defendió la permanencia de empresas públicas estratégicas. Esa afirmación formó parte de su ofensiva electoral y debe distinguirse de una decisión gubernamental ya adoptada. 

La batalla por el encuadre

La confrontación también se libró con el cuerpo. Flávio apareció repetidamente detrás de Lula mientras este hablaba, haciendo gestos que introducían sus reacciones en la imagen del presidente. El comportamiento provocó quejas y convirtió el encuadre televisivo en otro territorio de disputa. 

Entre preguntas insistentes, respuestas desviadas y gritos de los asistentes, las propuestas tuvieron que abrirse paso. Brasil salió de la noche del domingo con las diferencias políticas a la vista y con interrogantes pendientes: cómo aliviar las deudas, contener la violencia y financiar servicios públicos capaces de responder a la población.

El próximo 25 de octubre, esas preguntas acompañarán al elector hasta la urna. Allí, lejos de los focos del estudio, cada ciudadano dará su respuesta.