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El voto hispano y las elecciones congresuales de 2026

 ¿Se está debilitando la coalición electoral que llevó a Trump nuevamente a la Casa Blanca?

En las elecciones presidenciales de 2024, Donald Trump obtuvo aproximadamente el 48% del voto hispano, uno de los resultados más altos alcanzados por un candidato republicano entre ese electorado en las últimas décadas. Su victoria presidencial coincidió con la conquista republicana de ambas cámaras del Congreso: el Senado y la Cámara de Representantes.

Dos años después, las encuestas muestran un panorama diferente. Una parte importante de los hispanos que respaldaron a Trump expresa ahora desaprobación hacia su gobierno, mientras disminuye el respaldo declarado a candidatos republicanos para las elecciones congresuales de noviembre de 2026.

¿Estamos ante una modificación temporal de las preferencias políticas o ante el debilitamiento de una coalición electoral que contribuyó al triunfo republicano de 2024?

La respuesta exige examinar la historia reciente, el crecimiento del electorado hispano, su distribución geográfica y, particularmente, el efecto que puede tener la pérdida de votos republicanos aun cuando estos no se transfieran directamente al Partido Demócrata.

El voto hispano y las victorias republicanas

En 2004, George W. Bush obtuvo aproximadamente el 40% del voto hispano presidencial. Veinte años después, Trump alcanzó el 48%, superando ampliamente los resultados obtenidos por otros candidatos republicanos durante ese período.

John McCain recibió aproximadamente el 31% en 2008; Mitt Romney, el 27% en 2012; y el propio Trump, el 28% en 2016 y el 36% en 2020.

La evolución muestra que el respaldo hispano republicano no ha seguido una trayectoria uniforme. Ha experimentado avances y retrocesos considerables.

Las elecciones congresuales ofrecen una perspectiva igualmente interesante.

En 2002, durante la presidencia de Bush, los republicanos obtuvieron aproximadamente el 37% del voto hispano y aumentaron su representación en la Cámara de Representantes.

En 2006, ese respaldo descendió hasta alrededor del 30%. Los republicanos perdieron treinta escaños y el control de la Cámara.

En 2018, durante el primer mandato de Trump, el 72% de los votantes hispanos respaldó a candidatos demócratas y el 25% a republicanos. Ese año, los republicanos perdieron 41 escaños.

Sin embargo, en 2022, la distribución cambió sustancialmente: los demócratas obtuvieron el 60% del voto hispano y los republicanos el 39%.

La ventaja demócrata pasó de 47 puntos en 2018 a 21 en 2022: una reducción de 26 puntos.

Durante ese mismo período, los republicanos pasaron de 199 escaños obtenidos en 2018 a 222 en 2022.

No significa que el voto hispano explique por sí solo esa ganancia de 23 escaños. Pero la coincidencia ilustra un fenómeno electoral fundamental: los republicanos no necesitan conquistar la mayoría del electorado hispano para beneficiarse de una reducción de la ventaja demócrata.

En 2024, Trump llevó esa tendencia todavía más lejos al obtener aproximadamente el 48% del voto presidencial hispano. Su victoria coincidió, además, con la recuperación republicana del Senado y la conservación de la mayoría en la Cámara de Representantes.

Un electorado cada vez más numeroso

El crecimiento de la población hispana con derecho al voto constituye otro elemento fundamental.

En el año 2000, aproximadamente 14.3 millones de hispanos reunían los requisitos para votar en Estados Unidos. En 2024 eran 36.2 millones y para 2026 se proyectan alrededor de 38.95 millones.

Entre 2022 y 2026, el número de hispanos elegibles aumentó en aproximadamente 5.25 millones, frente a un incremento nacional neto de 8.45 millones.

Por tanto, el crecimiento del electorado hispano representa alrededor del 62% del aumento neto del electorado elegible estadounidense durante esos cuatro años.

Este cálculo no significa que todos esos nuevos electores acudirán a las urnas. Pero sí demuestra que el crecimiento hispano ocupa un lugar considerable dentro de la expansión del universo electoral.

Su distribución territorial también es importante.

En 2024, aproximadamente 22.8 millones de los 36.2 millones de electores hispanos elegibles residían en cinco estados: California, Texas, Florida, Nueva York y Arizona. Representaban el 63% del total nacional.

Los 13.4 millones restantes, equivalentes al 37%, estaban distribuidos entre los otros 45 estados y Washington D. C.

California concentraba aproximadamente 8.7 millones; Texas, 6.7 millones; Florida, 3.8 millones; Nueva York, 2.2 millones; y Arizona, 1.4 millones.

Sin embargo, la cantidad de electores no determina automáticamente su influencia congresual. Un estado puede tener millones de hispanos concentrados en distritos con amplias ventajas partidarias, mientras otro puede contar con comunidades menores ubicadas en distritos que se deciden por unos pocos miles de votos.

Los hispanos no constituyen un bloque electoral uniforme

Hablar del voto hispano como si se tratara de una sola comunidad puede conducir a conclusiones equivocadas.

Los mexicanos constituyen el grupo de origen hispano más numeroso en Estados Unidos y mantienen una presencia especialmente importante en California, Texas y Arizona.

Los puertorriqueños tienen concentraciones relevantes en Nueva York, Florida, Pensilvania y otros estados del noreste.

Los cubanos mantienen una presencia especialmente significativa en Florida, donde históricamente han mostrado una inclinación republicana mayor que la de otras comunidades hispanas.

Los dominicanos constituyen otra comunidad importante, particularmente en Nueva York, Nueva Jersey, Florida, Massachusetts y Pensilvania.

Aproximadamente el 39% de la población estadounidense de origen dominicano reside en Nueva York; el 15%, en Nueva Jersey; el 12%, en Florida; y alrededor del 8% en cada uno de los estados de Massachusetts y Pensilvania.

En conjunto, estos cinco estados concentran aproximadamente el 82% de la población dominicana del país.

También debe destacarse la comunidad salvadoreña, una de las más numerosas de origen centroamericano, con concentraciones importantes en California, Texas y el área metropolitana de Washington.

Estas diferencias demográficas, geográficas e históricas explican por qué un porcentaje nacional de respaldo demócrata o republicano no permite anticipar automáticamente el comportamiento de cada comunidad.

¿Qué ha cambiado desde la victoria de Trump?

La investigación de Pew Research Center publicada en octubre de 2026 presenta cifras que merecen especial atención.

Entre los votantes hispanos registrados, el 51% declara preferencia por candidatos demócratas a la Cámara de Representantes, frente al 24% que prefiere candidatos republicanos. Otro 18% permanece indeciso y el 7% se inclina por otras candidaturas.

La ventaja demócrata declarada es de 27 puntos.

No sería correcto comparar directamente ese 24% republicano con el 48% presidencial obtenido por Trump en 2024 como si se tratara de la misma elección o del mismo universo de votantes.

Pero la encuesta permite examinar específicamente a los hispanos que votaron por Trump en 2024.

Entre ellos, el 65% declara actualmente preferencia por candidatos republicanos al Congreso, el 11% por candidatos demócratas, el 14% por otras candidaturas y el 10% permanece indeciso.

Es decir, el 35% de los hispanos que votaron por Trump en 2024 no expresa actualmente preferencia por un candidato republicano al Congreso.

No significa que todos hayan cambiado de partido ni que finalmente dejarán de votar republicano. Pero constituye una señal de que el respaldo electoral obtenido por Trump en 2024 no se reproduce íntegramente en las preferencias congresuales declaradas para 2026.

La aprobación presidencial entre sus propios votantes hispanos también ha disminuido considerablemente: del 93% al comienzo de su segundo mandato al 57% en octubre de 2026.

Entre el conjunto de votantes hispanos registrados, la aprobación de Trump se sitúa en el 24%.

Además, el 70% considera que las políticas de su administración han perjudicado a los hispanos y el 55% interpreta su voto congresual como un voto contra Trump.

Estos indicadores describen un ambiente político diferente del que acompañó la victoria republicana de 2024.

Los votos que se pierden también cuentan

Existe un aspecto fundamental para comprender las posibles consecuencias electorales de esta disminución del respaldo republicano.

Los demócratas no necesitan recibir directamente todos los votos que pierdan los republicanos para que se reduzca la ventaja de estos últimos.

Un elector que votó republicano en 2024 puede decidir apoyar a un demócrata, abstenerse o votar por una tercera candidatura.

Cada comportamiento tiene consecuencias diferentes.

Si un voto pasa directamente del candidato republicano al demócrata, la diferencia entre ambos se modifica en dos votos.

Si ese elector se abstiene o vota por un tercero, el candidato republicano pierde un voto sin que necesariamente aumente el total demócrata.

Consideremos una elección hipotética en la que un republicano obtiene 100,000 votos y un demócrata 98,000.

Si 2,001 electores republicanos deciden abstenerse, manteniéndose constantes los demás resultados, el demócrata termina superando al republicano.

Si esos electores cambian directamente al candidato demócrata, bastarían 1,001 para invertir el resultado.

Por tanto, una disminución del respaldo republicano puede tener efectos electorales aun cuando una parte de quienes abandonan esa preferencia no vote por los demócratas.

Este razonamiento adquiere relevancia ante la encuesta de octubre de 2026, en la cual el 35% de los hispanos que votaron por Trump en 2024 no declara actualmente apoyo a candidatos republicanos al Congreso.

La cifra no constituye una medición de abstención futura, pero permite identificar diferentes mecanismos por los cuales podría reducirse el respaldo republicano.

Los distritos donde pequeñas variaciones adquieren importancia

Las elecciones de 2024 ofrecen ejemplos concretos.

En el distrito 34 de Texas, el demócrata Vicente González derrotó a la republicana Mayra Flores por una diferencia de 5,177 votos.

En una contienda con ese margen, una transferencia directa de apenas 2,589 votos entre candidatos habría sido suficiente para invertir el resultado.

En el distrito 28 de Texas, el demócrata Henry Cuellar obtuvo una ventaja aproximada de 13,262 votos.

En cambio, en el distrito 15, la republicana Mónica De La Cruz ganó por aproximadamente 31,839 votos.

Florida presenta otra realidad. En 2024, la republicana María Elvira Salazar ganó su distrito por aproximadamente 68,451 votos y Carlos Giménez por unos 94,777.

Estos resultados demuestran que la influencia del voto hispano no depende solamente de su cantidad, sino también de la diferencia electoral existente en cada distrito.

Pensilvania ofrece un ejemplo adicional.

En el distrito congresual 7, que comprende Allentown y otras localidades de Lehigh Valley, la elección de 2024 se decidió por aproximadamente cuatro mil votos.

Allentown tiene una presencia significativa de puertorriqueños y dominicanos. Aunque sus 55 precintos electorales votaron mayoritariamente demócrata en las presidenciales de 2024, en 52 de ellos se registró un desplazamiento relativo hacia los republicanos respecto de 2020.

La enseñanza es importante: una comunidad puede continuar favoreciendo al mismo partido y, sin embargo, modificar considerablemente su contribución al resultado general.

La economía y el descontento electoral

La economía constituye una preocupación compartida entre los votantes hispanos.

Según Pew, el 86% de los hispanos registrados considera que la economía es muy importante para decidir su voto congresual.

Ese porcentaje alcanza el 89% entre quienes apoyan candidatos demócratas y el 78% entre los republicanos.

Las cifras muestran que las preocupaciones económicas atraviesan las preferencias partidarias.

También ha aumentado la motivación declarada entre los hispanos que apoyan candidatos demócratas.

El porcentaje que se considera extremadamente motivado para votar pasó del 41% en 2022 al 53% en 2026, mientras quienes consideran importante el control del Congreso aumentaron del 58% al 77%.

La participación efectiva será determinante.

En las elecciones de 2022, una proporción considerable de hispanos que había votado en 2018 no acudió a las urnas. Por tanto, las diferencias de participación también contribuyen a explicar las variaciones electorales entre un período y otro.

La situación actual combina tres elementos: una disminución de la aprobación presidencial entre los hispanos, un aumento de la motivación declarada entre los simpatizantes demócratas y una preocupación económica ampliamente compartida.

¿Qué nos dicen los números sobre noviembre de 2026?

La información disponible permite formular una hipótesis electoral concreta.

En 2024, Trump alcanzó aproximadamente el 48% del voto hispano y los republicanos obtuvieron el control de ambas cámaras del Congreso.

Dos años después, las encuestas registran una reducción importante de su aprobación entre los hispanos y una proporción considerable de antiguos votantes de Trump que no expresa actualmente respaldo a candidatos republicanos.

Esta disminución podría manifestarse de distintas maneras: mediante transferencias directas hacia los demócratas, abstención de antiguos votantes republicanos o apoyo a otras candidaturas.

Los tres mecanismos pueden reducir el total de votos republicanos o modificar la diferencia entre los principales partidos.

La distribución territorial del electorado hispano hace especialmente relevante observar los cambios en California, Texas, Florida, Nueva York y Arizona, que concentran aproximadamente el 63% de los hispanos elegibles registrados en 2024.

Sin embargo, el efecto sobre la representación congresual dependerá principalmente de dónde ocurran esas variaciones y de cuán estrechos sean los resultados en cada distrito.

Los datos de octubre muestran señales de debilitamiento del respaldo republicano entre sectores del electorado hispano, pero no permiten convertir automáticamente esa tendencia en una cifra de escaños ni en un resultado electoral definitivo.

La cuestión central es si el acercamiento hispano al Partido Republicano registrado en 2024 representó una transformación duradera o una configuración electoral que comienza a modificarse durante el segundo mandato de Trump.

Conclusión

A la luz de los datos examinados, las encuestas de octubre de 2026 muestran una tendencia favorable a los demócratas entre los votantes hispanos registrados, en contraste con el avance republicano observado en 2024.

El debilitamiento del respaldo republicano puede manifestarse mediante votos que se transfieran a los demócratas, abstenciones de antiguos votantes republicanos o preferencias por terceras candidaturas. Cualquiera de estos comportamientos puede reducir los márgenes republicanos, especialmente en distritos donde las elecciones anteriores se decidieron por diferencias estrechas.

En consecuencia, los indicadores actuales apuntan a un voto hispano más favorable al Partido Demócrata que el registrado en 2024, aunque la magnitud de esa variación y sus efectos sobre la composición del Congreso dependerán de la participación efectiva y de su distribución territorial.

No se trata únicamente de los votos que los demócratas puedan ganar, sino también de los que los republicanos podrían dejar de recibir.

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